la-verdad-y-el-engano

Carlos Caso-Rosendi

“Cuando Jesús vio acercarse a Natanael, dijo de él: ‘Aquí verdaderamente hay un israelita en quien no hay engaño’” (Juan 1:47 NVI)

La Iglesia está en el crisol en este momento, pero sabemos que Dios es bueno, incluso cuando tenemos que sufrir el mal. Ya está claro que la Iglesia ha sido infiltrada maliciosamente. Claramente, la fuente de este mal es el padre del engaño y la mentira. A un nivel más terrenal, hace tiempo que sabemos que en la primera mitad del siglo XX, los soviéticos comenzaron a plantar agentes en la Iglesia con el objetivo de destruirla desde adentro. Entre otros, lo sabemos a través de Bella Dodd, una activista sindical norteamericana que fue expulsada del Partido Comunista en 1949 y finalmente se convirtió a la fe católica.

Dodd declaró que la operación comenzó en la década de 1930 cuando aproximadamente mil cien hombres se infiltraron en varios seminarios. El plan consistía en ordenar a esos hombres como sacerdotes para que ascendieran a posiciones influyentes en la jerarquía ecelsiástica. A principios de la década de 1950, algunos de los infiltrados ya eran cardenales. El plan tuvo éxito más allá de sus esperanzas más optimistas. (School of Darkness, Bella Dodd, Jerome Library Press)

Otro desertor comunista, Ion Mihai Pacepa, que se desempeñó como oficial de alto rango en la policía secreta rumana, reveló algo bastante sorprendente, aunque no sea realmente una gran sorpresa: un asesor ruso de alto nivel del Servicio de Inteligencia rumano fue el “diseñador” de la Teología de la Liberación. Pacepa también revela que el plan no se limitó a la Iglesia Católica sino que incluyó a otras organizaciones cristianas. ( Former Soviet spy: We created Liberation Theology, Catholic News Agency, 1 de Mayo de 2015)

Dos libros importantes arrojan luz sobre otros planes para corromper a la Iglesia: Good Bye Good Men – How Liberals Brought Corruption into the Catholic Church, por Michael S. Rose (Regnery Publishing, 2002) y The Homosexual Network: Private Lives and Public Policy , por Enrique T. Rueda. (Devin Adair Co., 1982) Este último libro documenta la influencia de la ideología homosexual en la Iglesia Católica y otras organizaciones. Los que estaban al tanto de las revelaciones de Dodd, Rueda, Rose y otros, no fueron tomados por sorpresa cuando surgió la crisis actual.

Es fácil ver ahora que esos agentes infiltrados introdujeron engañosamente ciertas creencias entre los católicos para debilitar su fe. Uno de los primeros fue un ecumenismo falso , un concepto opuesto a la enseñanza de la comunión católica, que somos un solo cuerpo. A esto le siguió rápidamente el universalismo , negando la enseñanza católica de que no hay salvación fuera de la Iglesia. A esto le siguió lógicamente el indiferentismo, la creencia de que todas las religiones son válidas a pesar de la afirmación apostólica de que “hay un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos”, lo cual es enseñanza apostólica de la Iglesia desde el principio. (Efesios 4:5-6) Finalmente, la inmoralidad sexual se extendió entre el clero hasta el punto que hoy se ve a simple vista.

Hay algunos en la jerarquía que piensan que los “pecados por debajo del cinturón” no son tan importantes. Si eso fuera así ¿por qué entonces Nuestra Señora de Fátima le dijo a la pequeña Jacinta que los pecados de la carne envían más almas al Infierno que ninguna otra falta? Allí vemos otra falsa creencia resultante de la Revolución Sexual. Los pecados de la carne pueden parecer menos serios, pero afectan directa o indirectamente la vida de toda persona. Actualmente, todos estamos obligados a vivir en un mundo hiper-sexualizado, una especie de Sodoma global. Perder el alma por un pecado “no tan importante”, incluso si casi “todos los demás” lo hacen, es un pobre consuelo si terminamos en el infierno.

La tristemente depravada historia de vida de un Cardenal recientemente laicizado nos muestra cómo, una vez establecidas, estas falsas creencias fueron utilizadas cínicamente por los infiltrados en su búsqueda de un mayor poder eclesiástico. Es obvio que estos individuos corruptos tienen el control de grandes áreas de la Iglesia católica en este momento, tal vez incluso de la curia romana. La abominación del abuso sexual clerical ha revelado la cínica duplicidad de aquellos que han perdido casi dos décadas produciendo soluciones parciales, documentos inefectivos y “procedimientos” que no hacen más que demostrar la ineptitud de nuestro episcopado. Los corazones de los zorros no están exactamente interesados ​​en arreglar los agujeros en la cerca del gallinero.

Finalmente, debemos darnos cuenta de que aquellos que pasaron casi un siglo trabajando para obtener tal influencia no se van a arrepentir así nomás y marchar hacia el desierto para vivir una vida de oración y penitencia. ¿Cómo podemos saber con certeza si esos no son incrédulos como Marcial Maciel, quien al parecer rechazó displicentemente los sacramentos en su lecho de muerte? Es obvio que este problema gigantesco solamente puede resolverse mediante una intervención sobrenatural. Dios sigue estando en control y actuará en el momento adecuado para salvar a su Iglesia. Él ha permitido que esto se desarrolle para nuestra instrucción y purificación.

Tenemos mucho trabajo que hacer además de dedicarnos a una intensa penitencia y oración. No hace falta un matemático para darse cuenta de que un número reducido de sacerdotes leales no puede formar adecuadamente miles de millones de católicos mal catequizados. El Cardenal Gerhard Müller nos dijo recientemente que “Hoy en día, muchos cristianos ya ni siquiera saben las enseñanzas básicas de la Fe, por lo que existe un peligro cada vez mayor de perder el camino a la vida eterna.”

Los infiltrados se aprovecharon de nuestra mala formación para estafar los fieles. Esto también muestra el alcance de su trabajo destructivo: muy pocos parecen conocer bien la fe. Todos tenemos que involucrarnos en aprender la verdad y ayudar a enseñarla a otros. “Quien no está conmigo está contra mí, y quien no junta conmigo, desparrama” (Mateo 12:30). Es imperativo para el bien de la Iglesia y para la salvación de nuestras almas que Cristo nos encuentre ocupados juntando con él.

“¿No se extravían los que traman el mal? Pero aquellos que piensan en hacer el bien encuentran amor y fidelidad.” (Proverbios 14:22 NVI)

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