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¡Oh Jesús, a Ti me entrego!

Como se puede ver en esta novena, mucho de lo que Nuestro Señor quiere que hagamos se enfrenta a las normales inclinaciones y razonamientos humanos. Sólo podemos ascender al nivel de los pensamientos de Nuestro Señor a través de la gracia de Dios y la ayuda del Espíritu Santo.

Debes dejar de lado tus problemas, dejar de preocuparte y dejar de tratar de resolverlos tú mismo. Debes creer, confiar y permitir que Nuestro Señor te rescate de tí mismo y provea a tus deseos y necesidades resolviendo tus problemas como sólo Él puede.

“Jesús, Ocúpate Tú”, deben ser las primeras palabras que vengan a nuestra mente y fluyan de nuestros labios. Después de todo, hemos intentado hacer las cosas a nuestra manera y ¡mira en qué nos ha resultado!

Simplemente haz lo que dice la oración, abre tu corazón y mente en amor y cierra tus ojos en confianza pidiéndole a Jesús que Él se encargue de todo. Él lo hará.

Traducción del francés de la antigua estampita religiosa:

¡Que viva Jesús!

¡He aquí el corazón que tanto ha amado a la humanidad! ¡Es puro amor y misericordia!

Venid a mí … vosotros que estáis cansados y afligidos y yo os confortaré… –Mateo 11:26

Dondequiera que esta imagen sea expuesta y honrada, atraerá toda clase de bendiciones. – Nuestro Señor a Santa Margarita María de Alacoque.

Novena de la Entrega

Dada por Jesús al Padre Dolindo Ruotolo

Día 1

¿Por qué te confundes al preocuparte? Déjame a mí el cuidado de tus asuntos y todo será paz. Te digo que todo acto de verdadera, ciega y completa entrega a mí, produce el efecto que deseas y resuelve toda complicación.

Oh Jesús, yo me entrego a Ti, ¡Ocúpate Tú!

(Repítelo 10 veces)

Día 2

Entregarse a mí no significa inquietarse, ni estar amargado, ni perder la esperanza, ni tampoco significa ofrecerme una oración pidiéndome que te siga y transforme tu preocupación en plegaria. La inquietud, el estar nervioso y pensar en las consecuencias de las cosas están en contra de esta entrega, ¡profundamente en contra! Es como la confusión que siente el niño cuando le pide a su madre atender a sus necesidades, y luego intenta ocuparse de esas necesidades por sí mismo resultando en que sus propios esfuerzos entorpecen lo que su madre hace. Rendirse significa cerrar plácidamente los ojos del alma, rechazar los pensamientos ansiosos y ponerse a mi cuidado para que sólo yo actúe, mientras dices: “Ocúpate Tú.”

Oh Jesús, yo me entrego a Ti, ¡Ocúpate Tú!

(Repítelo 10 veces)

Día 3

¡Cuántas cosas realizo cuando el alma, tanto en sus necesidades espirituales como en aquellas materiales, se vuelve a mí, me mira y me dice: “Jesús, ocúpate Tú”, cierra los ojos y reposa! Obtienes pocas gracias cuando te atormentas tratando de producirlas, sin embargo obtienes muchísimas cuando te encomiendas plenamente en oración a mí. En el dolor, tu oras para que yo obre, pero para que obre como crees que debo obrar… No te diriges a mí, sino que quieres que yo me adapte a tus ideas; no eres un enfermo que le pide al médico que lo cure, sino que le sugieres la cura. No obres así, sino ora como te he enseñado en el Padrenuestro:

“Santificado sea tu nombre”, es decir, sea glorificado en esta necesidad mía.

“Venga a nosotros tu reino”, o sea, todo contribuya a tu reinado en nosotros y en el mundo.

“Hágase tu voluntad así en la tierra, como en el cielo”, es decir, dispón Tú, en esta necesidad, como mejor te parezca en lo tocante a nuestra vida temporal y eterna.

Si me dices de verdad: “hágase tu voluntad”, que es lo mismo que decir: “Jesús, ocúpate Tú”, yo intervendré con toda mi omnipotencia y venceré las mayores dificultades.

Oh Jesús, yo me entrego a Ti, ¡Ocúpate Tú!

(Repítelo 10 veces)

Día 4

Mira, ¿tú ves que la enfermedad avanza en vez de menguar? No te turbes, cierra los ojos y dime con confianza: “Hágase tu voluntad. Jesús, ocúpate Tú.”

Te digo que así lo haré y que intervendré como médico, y que hasta obraré un milagro cuando fuere menester ¿Ves que el enfermo empeora? No te desanimes, sino cierra los ojos y di: “Jesús, Ocúpate Tú”. Te digo que yo me ocuparé, y que no hay medicina más poderosa que una intervención mía de amor. Me ocuparé de ello sólo cuando cerréis los ojos.

Oh Jesús, yo me entrego a Ti, ¡Ocúpate Tú!

(Repítelo 10 veces)

Día 5

Y cuando yo te tenga que llevar por un camino diferente al que vas, yo te prepararé; te llevaré en brazos; haré que llegues al otro lado del río, como cuando los niños duermen en brazos de sus madres. Lo que te preocupa y te duele inmensamente son tus razonamientos, tus pensamientos y preocupaciones, y tu deseo de afrontar lo que te afecta.

Oh Jesús, yo me entrego a Ti, ¡Ocúpate Tú!

(Repítelo 10 veces)

Día 6

No descansas nunca, quieres juzgarlo todo, escudriñarlo todo, pensar en todo, y te abandonas así a las fuerzas humanas, o peor, a los mismos hombres, confiando en su intervención. Es esto lo que dificulta mi palabra y mi visión. ¡Oh, cómo deseo que te abandones en mí para poder beneficiarte!, ¡Y cuanto me aflijo al verte turbado! Satanás trata de hacer esto precisamente: turbarte para apartarte de mi acción y arrojarte a merced de las iniciativas humanas.

Confía por eso sólo en mí, reposa en mí, abandónate a mí en todo.

Oh Jesús, yo me entrego a Ti, ¡Ocúpate Tú!

(Repítelo 10 veces)

Día 7

Yo obro milagros en proporción al pleno abandono en mí, y a la ausencia de preocupaciones tuyas. ¡Yo derramo tesoros de gracia cuando tu estás en plena pobreza! Si aprecias tus recursos, por pocos que sean, o si los buscas, te hallas en el campo natural de las cosas, que es a frecuentemente obstaculizado por Satanás. Ningún razonador o ponderador ha hecho milagros, ni siquiera entre los santos. Obra divinamente quien se abandona a Dios.

Cuando veas que las cosas se complican, di con los ojos del alma cerrados: “Jesús, ocúpate Tú”. Y distráete, apártate de ti porque tu mente se concentra… y para ti es difícil ver el mal y tener confianza en mí. Haz así para con todas tus necesidades; obrad así todos y veréis grandes, continuos y silenciosos milagros. Te lo garantizo por mi amor. Y yo me ocuparé de ello, te lo aseguro.

Oh Jesús, yo me entrego a Ti, ¡Ocúpate Tú!

(Repítelo 10 veces)

Día 8

Cierra los ojos y déjate llevar por la fluida corriente de mi gracia; cierra los ojos y no pienses en el presente, aleja del futuro los pensamientos, de la misma manera que lo haces con la tentación. Reposa en mí, confía en mi bondad y te prometo por mi amor que si dices “Jesús, ocúpate Tú”, que yo me ocuparé de todo; yo te consolaré, te liberaré y te guiaré.

Oh Jesús, yo me entrego a Ti, ¡Ocúpate Tú!

(Repítelo 10 veces)

Día 9

Ruega siempre con esta disposición de abandono y tendrás gran paz y grandes frutos, incluso cuando yo te concedo la gracia de la inmolación de reparación y de amor, que conlleva el sufrimiento ¿Te parece imposible?

Cierra los ojos y di con toda el alma: “Jesús, ocúpate Tú”. No temas, me ocuparé de ello y bendecirás mi Nombre humillándote. Mil plegarias no valen lo que vale un solo acto de abandono: recuérdalo bien. No hay novena más eficaz que ésta:

Oh Jesús, yo me entrego a Ti, ¡Ocúpate Tú!

(Repítelo 10 veces)

Oración a la Santísima Virgen María

Madre, soy tuyo ahora y siempre.

A través de ti y contigo, siempre quiero pertenecer completamente a Jesús.

Amén


El Padre Dolindo Ruotolo: Un profeta de nuestro tiempo

El Padre Dolindo Ruotolo fue un sacerdote napolitano (1882-1970), que recibió los estigmas de Cristo, fue obrador de grandes milagros y “portavoz del Espíritu Santo.”

El Padre Ruotolo tuvo una comunicación extraordinaria con Jesús a lo largo de su vida heroica, una vida totalmente dedicada a Dios y a la Santísima Virgen María. Se refería a sí mismo como “el hombrecito de la Virgen” y el Rosario era su compañero constante.

El 19 de noviembre de 1970, el Padre Dolindo Ruotolo murió a la edad de 88 años. El Padre Pio dijo una vez sobre este sacerdote de Nápoles, Italia, “Todo el paraíso está en su alma.” Su nombre, Dolindo, significa “Dolor” y su vida fue enriquecida por el dolor. Como niño, adolescente, seminarista y sacerdote, experimentó gran humillación, que fue la realización de las palabras proféticas de un obispo que dijo: “Serás un mártir, pero en tu corazón, no con tu sangre.”

En su profunda humildad, pudo escuchar las palabras de Dios. Incluso en su vida oculta, fue uno de los más grandes profetas del siglo pasado. Le escribió al obispo Hnilica en 1965 que un nuevo Juan saldría de Polonia, esforzándose heroicamente para romper las cadenas más allá de las fronteras impuestas por la tiranía comunista. En esa postal, escribió palabras de consuelo para Polonia y todos los países que sufrían bajo el régimen comunista. Esta profecía fue realizada en el papado de Juan Pablo II.

En su tremendo sufrimiento, Dolindo se convirtió cada vez más en un niño que ofrendó su vida al Divino Padre. “Soy totalmente pobre, una pobre nada. Mi fortaleza es mi oración, mi guía es la voluntad de Dios, a quien permito que me lleve de la mano. Mi seguridad en el camino escabroso es la madre celestial, María.”

Uno de los tesoros de las palabras que Jesús le habló al Padre Dolindo fue la enseñanza sobre el abandono total a Dios. En esta novena, Jesús le habla al Padre Dolindo y también a ti.

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