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Carlos Caso-Rosendi

En estas últimas semanas, varios medios de noticias católicas en Europa y América me solicitaron que confirmara la veracidad de varias acusaciones hechas contra el Papa Francisco. Dichas acusaciones tienen que ver con su pasado desempeño como Arzobispo de Buenos Aires. ¿Participó en algún encubrimiento? ¿Estuvo conectado a escándalos de malversación financiera? ¿Cuál fue su nivel de colaboración –si lo hubo– con el corrupto gobierno de los Kirchner? etc. etc.

Dado el estado actual de las cosas públicas en Argentina, es muy difícil encontrar respuestas ciertas y comprobables a ese tipo de preguntas, aunque abundan las opiniones. Una cosa en la que podemos confiar es que “no hay nada oculto que no vaya a ser conocido, ni nada escondido que no salga a la luz.” (Lucas 8:17) De hecho, muchas cosas ocultas han salido al sol desde que el Arzobispo Carlo Maria Viganò publicara su documento de once páginas en varios medios periodísticos, informando sobre varias actividades dentro de la Iglesia.

La falta de respuesta oficial a la sustancia de ese documento y los sañudos ataques a la reputación de Monseñor Viganò, han tenido un efecto clarificante; especialmente cuando no se respondió los cargos por él presentados. El silencio de la curia terminó siendo una clara admisión de la veracidad del documento.

Infiltración maliciosa

Quizás estemos viviendo en los tiempos descritos por San Pablo en 2 Timoteo 3:19. La Iglesia, infiltrada por sus enemigos, está pasando por una crisis que sacude su mismísima estructura.

El Papa Pablo VI dijo en 1972: “da qualche fessura sia entrato il fumo di Satana nel tempio di Dio” lo que significa “el humo de Satanás ha entrado en el templo de Dios a través de una grieta.” Luego de años de acción subrepticia, los agentes del engaño “entraron en la casa de Dios” y lograron controlar a los débiles e incautos. El pecado de la homosexualidad entre los miembros del clero está ahora “claramente en evidencia a los ojos de todos” a medida que los prelados honestos, los medios periodísticos, y los investigadores del gobierno hacen lo posible para descubrir toda esa repugnante actividad.

A medida que la evidencia se acumula, no debiera sorprendernos si el mal es expuesto aun en los más altos niveles de la jerarquía eclesiástica. No satisfecho con haber introducido falsos pastores entre el clero, ahora el diablo quiere imponer una falsa religión. Su objetivo es la destrucción de la Iglesia por vía de la destrucción de la fe. El maligno necesita reemplazar la religión católica con una versión falsificada y diabólica.

Ese espíritu estafador multiplica las pseudo-teologías, las innovaciones litúrgicas, y los falsos “principios”, inundando así la vida de la Iglesia de hoy. (Ver Apocalipsis 12:15). Se alaba a los desobedientes y herejes que “guardan una apariencia de piedad” pero se rechaza la verdad de la doctrina y la integridad sacramental de la fe verdadera. Las fuerzas del mal que hoy actúan en la Iglesia tratan arrogantemente de deconstruir la Sagrada Tradición, las Sagradas Escrituras, el Catecismo y hasta la Ley Natural – tal como ya han deconstruído los principios que gobiernan la sociedad civil. (Ver 2 Timoteo 3:19). Esa arrogancia hizo su aparición inmediatamente después del Concilio Vaticano II en la forma de un así llamado “espíritu del Concilio” que resultó ser nada más que una interpretación torcida de lo escrito en los documentos conciliares.

Que la verdad brille sin ser suprimida

San Pablo lo expresa claramente en Romanos 1:18 – “Porque la ira de Dios se manifiesta desde los cielos contra toda la impiedad e iniquidad de aquellos que por su maldad suprimen la verdad.” Aquellas primeras interpretaciones torcidas que surgieron después del concilio, continúan tomando la forma de una supresión de las verdades fundamentales de la fe. Elementos del sano catolicismo, negados o silenciados por décadas, son la causa principal de la crisis actual sea en lo que toca a la moral sexual o a cualquier otro asunto. Silenciar una verdad es esencialmente equivalente a negarla.

Tenemos la obligación de exponer esas iniquidades; es nuestro deber sagrado hacerlo.

Monseñor Viganò entendió que debía exponer toda esa roña aun al riesgo de su propia vida. Debido a su elevada posición, Viganò tenía la obligación específica de hacer conocer lo que sabía. Nosotros los laicos rara vez podemos participar en el descubrimiento de información tan espectacular. Sin embargo, podemos ayudar a revertir ese proceso que comenzó después del Vaticano II por medio de traer nuevamente a la vista de todos, esas verdades que los infiltrados han estado suprimiendo por tan largo tiempo. En Lucas 11:33, Jesús mismo dice: “Nadie enciende una lámpara y la pone en un lugar oculto, o debajo del almud. Por el contrario, la pone en un lugar alto para que quien venga vea la luz.” Para que la Iglesia se sane, este proceso de supresión de la verdad debe ser revertido.

Ideas disonantes se han esparcido en contradicción a la verdad revelada y a la doctrina enseñada por la Iglesia en los últimos veinte siglos. Se han propagado herejías en lo dogmático y doctrinal. Este es un período de confusión en el que todo tipo de desviaciones heréticas intentan reemplazar la auténtica fe católica. Benedicto XVI dijo que “la hermenéutica de la discontinuidad corre el riego de terminar en una ruptura entre la Iglesia pre-conciliar y la post-conciliar.” Nosotros los fieles debemos oponernos vigorosamente a esa ruptura por medio de enseñar la fe “que fue entregada una vez a los santos.”

No temáis rebaño pequeño

Podemos estar seguros que Cristo está en control de todo. No vamos a tener que sufrir un solo mal que Dios no permita que ocurra por nuestro propio bien. Dios es bueno y benefactor. Nuestras bendiciones y nuestras pruebas son todas obra de la gracia divina. No nos podemos permitir la pérdida de la esperanza, aun en las presentes circunstancias. Cristo está con nosotros tal cual lo prometió. No hay espacio para la desazón en el corazón cristiano.

Esta horrible crisis es necesaria para la expiación del pecado en la Iglesia. En Lucas 13:6-9 encontramos la parábola de la higuera estéril. Allí, el hacendado quiere cortar la higuera que no da frutos, pero uno de sus siervos le ruega: “Señor, déjala por un año más hasta que le cave alrededor un foso y lo llene con estiércol. Entonces, si da frutos el año que viene, bueno será; pero si no da frutos entonces la puedes talar.” Si vemos estiércol por todas partes. eso es paradójicamente, un signo del cuidado curativo de Dios para que la Iglesia produzca frutos otra vez.

En Lucas 12: 42-43 Jesús pregunta: “¿Quién es el servidor fiel y prudente al cual su señor pondrá sobre su casa, para que a su debido tiempo les sirva su ración? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.” Éste es el “debido tiempo” para alimentar para alimentar a la Iglesia con los frutos de la verdad. Éste es el tiempo en que podemos brillar como servidores fieles, asegurándonos de estar ocupados enseñando a otros la doctrina que recibimos desde el principio. “Los sabios resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a muchos, brillarán como las estrellas por la eternidad.” (Daniel 12:3).

¿Qué hay entonces de la veracidad de las acusaciones hechas contra el Papa Francisco cuando era Arzobispo de Buenos Aires? Todo lo que puedo decir es que nadie puede evitar que Dios revele la verdad. Los que son sabios trabajarán con Dios para exponer la verdad en todos los frentes, cuidándose muy bien de no terminar siendo instrumentos del padre de la mentira.

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