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Carlos Caso-Rosendi

Hace años me pidieron que colaborara en la formación de un ministerio educativo católico para América Latina y las comunidades de inmigrantes latinos en América del Norte. Me dijeron que la organización católica que comandaba el esfuerzo quería ayudar a los protestantes latinoamericanos en su camino hacia la Iglesia Católica. Algunos de ustedes ya habrán comprendido lo ridícula que era esa idea. Cualquier católico que esté más o menos informado sabe muy bien que la Iglesia latinoamericana ha estado perdiendo almas a un ritmo alarmante desde mucho antes de que el Papa Benedicto XVI y los obispos latinoamericanos se reunieran en Aparecida en 2007 para enfrentar ese problema.

En ese momento, según algunas fuentes serias, los sacerdotes católicos en América Latina eran superados en número por los ministros protestantes en una proporción mayor que 2 a 1. Si leemos los documentos católicos antes y después de Aparecida, notaremos que la mayoría de ellos llamaban a todas las religiones a trabajar para mejorar las condiciones socioeconómicas en el continente, particularmente en el área de los derechos humanos. No había nada de malo en esa llamada, pero el Papa Benedicto conocía el trasfondo marxista de esas nobles propuestas. El Papa también sabía que aquella llamada presuponía que la predicación del Evangelio de Cristo debía quedar un segundo lugar detrás de los llamados a la “justicia social”, sea lo que sea lo que eso signifique. No mucho ha cambiado desde esos días. Cuando los católicos militantes presentan a Cristo de una manera que atrae a muchos a la fe, se les acusa de “proselitismo”, mientras que el proselitismo que aleja a los fieles de la Iglesia católica se ve y se presenta de una manera más positiva.

El saqueo de la Iglesia Católica Latinoamericana por sectarios y misioneros protestantes bajo la supervisión de la mayoría de los obispos católicos de izquierda, continúa a buen ritmo en un continente cultural que alguna vez fue sólidamente católico desde la frontera de México con los Estados Unidos hasta Tierra del Fuego; desde las costas de Ecuador en el Pacífico, a la orilla atlántica del Brasil, donde el río Amazonas derrama el agua de las lluvias andinas en el ancho mar.

La conquista de un mercado

El proceso de protestantización de América Latina comenzó a fines de la década de 1950. Permítanme ofrecerle un mini-estudio comparativo usando a dos miembros de mi propia familia: mis abuelas. Mi abuela paterna tenía en su linaje católicos ingleses, irlandeses y escoceses. Su catolicismo era fuerte y su lealtad a la Iglesia era profunda. Solía ​​decir: “Somos descendientes de santos y mártires que murieron defendiendo las iglesias católicas de las turbas protestantes.” Su propio padre, mi bisabuelo, fue bautizado John Henry en honor del cardenal John Henry Newman, el famoso converso de Oxford del siglo XIX.

Mi abuela materna no podría haber sido más diferente. Nacida católica de una familia de inmigrantes chilenos, se desvió de la fe católica y pasó a una serie de experiencias que la llevaron a los Bautistas, el Ejército de Salvación, los Hermanos Libres, el Evangelicalismo, el Mormonismo, el Espiritismo, y quién sabe cuántas otras sectas y creencias esotéricas. En mi opinión, esas dos mujeres representan el triste drama que comenzaba a desarrollarse en todo el continente por aquellos años. Dos lados: uno fiel y el otro no.

Los primeros misioneros protestantes que llegaron a Argentina y otros países cuando compañías británicas y estadounidenses construían ferrocarriles y fábricas en todo el continente, no pudieron sacar a muchos católicos de la Iglesia, pero trabajaron pacientemente en su objetivo y comenzaron a tener cierto éxito mensurable a fines de la década de 1950. Su verdadero éxito comenzó después de los cambios instituidos en la Iglesia por el Concilio Vaticano II. Cuando el Vaticano II terminó, el Gigante Católico se durmió y quedó indefenso mientras los proselitistas protestantes le arrancaban las carnes. Para la década de 1970 ya había dos generaciones de católicos que no conocían ni siquiera los rudimentos de cómo defender la fe. Los seminaristas llegaban a sacerdotes casi sin tocar la ciencia apologética. Los católicos militantes eran menospreciados en algunos círculos como “chupacirios” mientras que los cultores de la izquierda política equiparaban la incredulidad en Dios con la potencia intelectual. Muchos jóvenes cayeron en esa trampa por pura vanidad. Todo lo que uno tenía que hacer era poseer un volumen de Das Kapital y repetir “Dios está muerto” para “sacar chapa” de ser un hombre de ideas progresivas. Muchas almas fueron robadas de las filas católicas por mera vanidad.

Lo que la Iglesia hizo para contrarrestar el ataque solo puede puede ser calificado como lamentable. El nuevo evangelio de “misericordia” reemplazó la antigua severidad. Ahora era ofensivo incluso sugerir que la Iglesia Católica era la guardiana de la única religión verdadera. Sin apologética, sin condena del error, sin verdadera educación de los fieles, la nueva Iglesia no era misericordiosa porque enseñar y defender la verdadera fe, son precisamente actos de misericordia, y la condena del error es extender una mano misericordiosa a los que están en el camino a la perdición. Llamar a la Iglesia Mater et Magistra se convirtió en una especie de sarcasmo cruel en vista de tanto error irresponsablemente tolerado y tantas almas perdidas, abandonadas a las herejías de este mundo.

El “espíritu ecuménico” del Vaticano II fue secuestrado por modernistas, homosexuales, iconoclastas y protestantes para alterar radicalmente el panorama católico. Nuestros pastores dejaron el campo y muchos lobos se nos metieron entre el rebaño. A los que dejaban la Iglesia por el protestantismo nadie les avisó que ahora estaban bajo los anatemas del Concilio de Trento. Pocos sabían que el Concilio de Trento había ocurrido en absoluto. Esa fue una de las muchas consecuencias de décadas de educación deficiente en las escuelas católicas. Los laicos quedaron librados a su suerte. La píldora anticonceptiva, la desobediencia abierta al Santo Padre, la ignorancia y la apatía del clero hicieron el resto. Cuando se inauguró la Conferencia de Aparecida en 2007, me atrevo a decir que muchos de los obispos presentes simpatizaban más con Fidel Castro que con su propio Pontífice. Benedicto XVI cargó con una pesada cruz de rechazo e incomprensión que lo acompañaría durante todo su pontificado.

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Nuestra Señora de la Concepción Aparecida (detalle)

Nuestra Señora de Aparecida

Lea atentamente este breve relato del Milagro de Aparecida y compárelo con la pesca milagrosa que se encuentra en el Evangelio de Juan.

En 1717, el gobernador de la provincia de Sao Paulo en Brasil pasaba por una pequeña ciudad en el río Paraíba llamada Guaratinguetá. Los lugareños querían dar una fiesta en su honor, por lo que tres pescadores fueron al río a pescar, y rezaron a Nuestra Señora para que Dios les concediera una buena pesca. Pero los pescadores venían de unos cuántos días de mala racha y temían no pescar nada. Lanzando su red al río, sacaron una imagen sin cabeza de la Virgen María. Luego pescaron la cabeza también. Después de eso, sus redes se llenaban de peces, más que suficientes para una fiesta. Luego los pescadores limpiaron y armaron la estatuilla. Resultó ser una versión de color negro de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción. Nombraron la imagen “Nossa Senhora da Aparecida Conceição,” que en español significa “Nuestra Señora de la Concepción Aparecida.”

El Milagro de Aparecida es muy sugestivo, no sólo por las similitudes con el relato de Juan 21: 1-14, sino por su evidente estructura escatológica. La visita esperada del gobernador nos recuerda la venida esperada de Cristo al final de los tiempos. La fe simple de los aldeanos que le piden a Nuestra Señora una buena pesca después de un tiempo en el que no habían pescado demasiado, es similar a la experiencia de Pedro y sus hombres. (Ver Juan 21: 3 – “Salieron y subieron al bote, pero esa noche no pescaron nada.”) Nuestra Señora concede su petición, pero primero, se entrega ella misma como Patrona de los aldeanos y a luego a todo Brasil. Lo que sigue es la gran captura de peces y el fortalecimiento milagroso de sus humildes y gastadas redes.

San Pedro, el pescador y sus hombres que pescan en el Mar de Galilea son un tipo profético de la gran conversión al final de los tiempos. El milagro de Aparecida también es un tipo profético: Brasil se convirtió en el país más grande de América Latina y también el país católico más grande del mundo. El cuerpo de la Virgen María, que es el primer modelo de la Iglesia, se recuperó roto, separado de su cabeza, de una manera que parece indicar que un día la Iglesia sufrirá su propia Pasión, separada de su cabeza, que es Cristo (véase Efesios 5: 22) cuando los pescadores de Galilea salieron al mar separados de su Maestro, pero volvieron a tierra para reunirse con él. Todas esas imágenes me llevan a creer que Brasil algún día tendrá un lugar importante en la unificación final del Cuerpo de Cristo, la Iglesia y especialmente en la reunificación de América Latina bajo la única fe verdadera.

La hora de los laicos: la Gran Comisión

Las interpretaciones deformadas del Vaticano II dieron lugar a un rechazo total de la Gran Comisión de Cristo. Si dejamos de denunciar el error en nombre de la misericordia, si nos abstenemos de ganar almas para evitar ser criticados como “proselitistas” y – lo más importante – si somos negligentes en cumplir con nuestra obligación de enseñar la fe a los ignorantes; hemos negado a Cristo que nos dijo que vayamos y hagamos discípulos de todas las naciones hasta su regreso en gloria.

“Ahora los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña a la que Jesús los había dirigido. Cuando lo vieron, lo adoraron; pero algunos dudaron. Y Jesús vino y les dijo: ‘Toda autoridad me ha sido dada en el Cielo y en la Tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a obedecer todo lo que os he mandado. Y recordad, estoy con vosotros siempre, hasta el fin de los tiempos.” – Mateo 28: 16-20.

En mi opinión, es hora de que nosotros los miembros de la Iglesia Militante nos pongamos a trabajar. Vivimos en una época perversa y eso puede ser una señal de que no nos queda mucho tiempo para para completar nuestra pesca. La gran redada de peces puede estar a la vuelta de la esquina. ¿Qué vamos a hacer? En América Latina y también en América del Norte, ciertos esfuerzos prometedores han quedado enredados en problemas: los Legionarios de Cristo, el Instituto del Verbo Encarnado y otros no han logrado lo que se esperaba de ellos. Puede que no tengamos el tiempo para producir una nueva generación de sacerdotes fieles, y es posible que no podamos hacerlo porque muchas áreas estratégicas de la Iglesia han sido tomadas por los modernistas, los marxistas, la homoherejía, etc. Las abominaciones son legión y sin embargo todavía estamos obligados por el último mandamiento de Cristo: “Id … haced discípulos … enseñándoles …” Eso no está dirigido sólo a los Apóstoles. Jesús está hablandonos a ti y a mí ¡No creo que sea pura coincidencia que estés leyendo estas palabras en algo que a menudo se le llama “la red”! Los primeros discípulos cristianos conquistaron el Imperio Romano usando la red romana de caminos, sus sandalias y su determinación de cumplir la Gran Comisión. Este artículo se lee ahora mismo en Australia, Argentina, México, Tailandia, Estados Unidos, Polonia, España, el Reino Unido, Irlanda, Brasil … y quién sabe cuántos otros países. Tenemos herramientas de pesca extraordinarias. A San Pablo se le hubiera hecho agua la boca si hubiera visto los medios de comunicación modernos. ¿Qué estamos haciendo con lo que tenemos?

Esto es lo que estoy haciendo. Sigo escribiendo mis reflexiones con la esperanza de que alguien se una a mi misión, la apoye con oraciones, donaciones, etc. pero también intento desarrollar una maravillosa herramienta de catequesis. Muchos peces gordos, las llamadas “personalidades católicas” han ignorado esa herramienta, pero sé que en este ancho mundo hay alguien que puede hacerla posible, alguien que tendrá el corazón y el ingenio para salir a pescar almas; alguien que quiere que el Maestro lo encuentre ocupado trabajando cuando El regrese.

“El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.” – Palabras de Jesús en Mateo 12:30.

Esas palabras de Cristo deberían movernos seriamente a la acción, pero más que eso deberían movernos a mostrar nuestro amor por Cristo y por el prójimo. Si no podemos hacer nada, por lo menos podemos ciertamente orar con fervor.

Qué hacer

Cuando se trata de formación e información católica en la web, tenemos algunos buenos ejemplos para imitar tanto en celo como en amor a la verdad, gente como St Michael’s Media, Church Militant y otros. En el lado español del Internet católico, la calidad es espantosa, aunque parece que las intenciones son buenas en la mayoría de los casos. El plan que busco implementar es un esfuerzo multilingüe: inglés, español y portugués. Buenos y leales amigos católicos están trabajando en esas tres áreas. Necesitamos combustible, necesitamos tiempo, necesitamos brazos fuertes para tirar de las redes. Ayúdanos con trabajo voluntario si puedes y por sobre todo, ora por este esfuerzo a menudo. Tu recompensa no se hará esperar.

¡Vamos a pescar!

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