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Steve Skojec

En un informe de Roma ayer, el corresponsal del National Catholic Registry, Edward Pentin, reveló que el Vaticano conocía las acusaciones de abuso contra el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, desde al menos 1943. La orden se fundó en 1941. Esto significa que desde el desde el principio, Maciel se involucró en el tipo de horrible pillaje que lo convirtió en uno de los depredadores sexuales más violentos que hayan infectado el sacerdocio católico. No solo abusó de los seminaristas durante décadas, sino que también engendró hijos con varias mujeres, y luego violó a esos niños [sus hijos] también.

Y ahora, hoy, en el mismo día en que los católicos de todo el mundo leen el informe de Pentin, los legionarios celebran la conmemoración de su fundación por “13 niños y un joven seminarista”.

El artículo publicado dice:

Hace 78 años, en medio de una guerra mundial, 13 niños y un joven seminarista tuvieron un sueño. No tenían nada, solo un sueño: un sueño para traer Buenas Nuevas a la sociedad y transformarla. No tenían ni un sacerdote propio, ni dinero propio, ni una casa propia: solo un sótano de una tienda en la Ciudad de México … y un sueño.

Hoy, 3 de enero de 2019, ese sueño es una realidad. La Legión de Cristo tiene cerca de 1000 sacerdotes, 450 hermanos en formación y cuatro obispos presentes en cuatro de los siete continentes. Pero había más en el sueño de lo que se percibía al principio. El río del carisma que dio vida a la Legión de Cristo, Dios también tuvo la intención de dar vida a una realidad más amplia: Regnum Christi.

Con legionarios, hombres y mujeres consagrados, sacerdotes y miembros laicos, Regnum Christi tiene más de 20,000 miembros en seis continentes. Nuestro alcance apostólico abarca desde hombres de negocios desafiantes en la ciudad de Nueva York hasta ayudar a los necesitados en Haití, desde formar estudiantes universitarios en Europa hasta formar niños en áreas pobres de México. Tenemos universidades, colegios, parroquias. Usamos las redes sociales para difundir el evangelio. Comprometemos adultos, jóvenes y niños. En una frase, formamos apóstoles, líderes cristianos al servicio de la Iglesia. Hacemos presente el misterio de Cristo que llama a sus apóstoles, les revela Su Sagrado Corazón, los forma y los lanza para llevar su amor redentor a todos y para formar discípulos de todas las naciones.

Que Dios nos dé la gracia para cumplir nuestra misión en la tierra. Queremos agradecer a todos aquellos que han hecho realidad nuestro sueño. ¡Dios os bendiga a todos, y feliz 78 aniversario!

lc-rc-skojec-1Ese joven seminarista, rodeado por la clase de muchachos que él tenía muchas ganas de convertir en víctimas, no era otro que Marcial Maciel, quien fue expulsado de varios seminarios por razones que los legionarios estaban muy felices de presentar como el mito de un santo perseguido. Ahora tenemos una idea bastante diferente de cuáles pueden haber sido las razones [de esa ‘persecución’].

Mi propia historia de fondo

No soy imparcial, debo admitirlo, cuando se trata de los Legionarios de Cristo. Tengo una larga historia con ellos. Fueron una influencia profundamente formativa para mí, y casi me cuestan mi fe. Soy afortunado porque nunca fui víctima de los abusos sexuales que finalmente derribaron a su fundador. [Marcial] creó una ficción, una organización diseñada para darle poder, dinero y acceso a las víctimas, vestida con una apariencia superficial de ortodoxia católica que atrajo a innumerables buenos hombres y mujeres que deseaban vivir su fe en este momento difícil en la Iglesia. Usó a muchos de ellos hasta secarles y los botó, heridos y desorientados. Fue esencialmente una trampa espiritual, que, con una visible aprobación papal, llegó a dañar innumerables almas.

Yo fui uno de ellos.

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Encontré entre mis pertenencias una vieja estampita “santa” impresa de ambos lados. Era una táctica común utilizar la aprobación del Papa Juan Pablo II para Maciel como un medio para desviar las críticas y reforzar la imagen de uno de los peores depredadores de la Iglesia.

Para no alargarme demasiado, participé directamente con los legionarios y su movimiento laico, Regnum Christi, desde los 14 a los 19 años. Ocupé posiciones de liderazgo en varios niveles de la organización, incluido el de coordinador regional para su grupo de jóvenes, ECYD y Director de la Misión de Juventud para el Tercer Milenio. También fui (o eso me dijeron) el primer capitán del equipo hombres jóvenes de Regnum Christi en el Territorio de América del Norte.

Durante ese breve tiempo en un momento crítico de mi vida, estuve profundamente comprometido. Viví con sacerdotes legionarios en comunidad durante todo mi último año de escuela secundaria en Highlands School en Irving, Texas (1995-1996). Hice cinco viajes misioneros diferentes a cuatro países. Me convertí en miembro de tiempo completo del “programa de trabajo en equipo” de Regnum Christi, liderando grupos de jóvenes y dando clases diarias de religión en una escuela de Regnum Christi en las afueras de Atlanta, Georgia. Nuevamente, en ese escenario, vivía en comunidad con un sacerdote legionario y un seminarista. Todo el tiempo, me estaban preparando para el sacerdocio. Y la presión vocacional que sentí, me dijo más de un sacerdote legionario que “sabían” que tenía una vocación, causó estragos en una lucha de por vida que tuve con  escrúpulos de conciencia y ansiedad crónica. Esto se hizo aún más agudo debido a mi educación católica. Quería con tanta fuerza contar con la aprobación de estos sacerdotes emprendedores que se convirtieron en padres sustitutos durante los primeros momentos de independencia de mi juventud.

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Pude ver entonces, en varios momentos, que había problemas con la Legión y Regnum Christi, pero puse a un lado esas observaciones. Me molestó que mintieran a las personas todo el tiempo y con tanta facilidad, incluso en situaciones muy serias. Manipulaban y utilizaban a sus reclutas. Trataban de inscribir a los ricos y poderosos por encima de los auténticamente virtuosos. Utilizaban eventos para atraer a jóvenes católicos enérgicos que luego serían reclutados agresivamente por los miembros actuales, eventos como viajes misioneros que aparentemente se hacían para evangelizar a católicos fallecidos o no católicos. Un sacerdote se dirigió una vez a un grupo de hombres de Regnum Christi con nosotros en una misión en particular, que si no estábamos allí para reclutar personas, había “algo malo en ti”. Recuerdo que me enojé por la incongruencia. ¡Estaba allí para evangelizar a la gente, para traerlos a la Iglesia!

Recuerdo haber tenido discusiones con uno de mis amigos de Regnum Christi sobre algunas de estas cosas. Él estaba preocupado por esas cosas, pero yo las echaba a un lado racionalizándolas. Yo necesitaba la legión para llenar todas las necesidades que tenía como hombre joven, buscaba su aprobación, el sentido de misión y claridad de propósito. Estaba dispuesto a pasar por alto buena parte de lo que veía.

Me encontré con una vieja carta, escrita por mí al P. Maciel (la cual afortunadamente nunca envié) durante mis días de “compañero de trabajo”. Me asalta un sentimiento de repugnancia cuando lo leo y veo el control cúltico que ese hombre tenía sobre mí siendo yo tan joven. Escribí:

Vuestra intimidad con Cristo os otorga una visión mucho más clara de su voluntad que mi propia visión egoísta. Creo que incluso es posible que podáis decir si alguien tiene vocación o no. No sé si Ud. tiene que estar frente a frente para hacerlo. Lo más cerca que he estado de Usted ha sido cuando le estreché la mano al salir de la Misa de Pascua en el Onawak [sic] después de la mega misión de 1996. (Después de una charla en español, que sin embargo me conmovió profundamente, tanto que tuve que contener las lágrimas. Necesito saber vuestra opinión sobre esto. Necesito ayuda. Sé que Usted es el instrumento de Cristo y que él puede usarle para formarme y ayudarme. Por favor, ayúdeme.

Estaba desesperado. Me hicieron creer que tenía una vocación, aunque no la quería. Me hicieron pensar que Maciel era un santo gurú que podía discernir la voluntad de Dios con una claridad que podía atravesar toda mi ansiedad y confusión. Pensé que tenía el poder para decirme lo que solo Dios podía.

Curiosamente, fue Dios que me dio la respuesta, a través de otro sacerdote que no era legionario. Durante las vacaciones de Navidad de 1996, cuando estaba en casa visitando a mi familia con permiso de mis “compañero de trabajo”, el nuevo pastor de la parroquia se me acercó después de la misa. Me pidió tímidamente que fuera a desayunar con él, y durante esa conversación, esencialmente me dijo que se había sentido impulsado por Dios a hablarme. “No sé cómo explicárselo a la gente … pero a veces tengo la sensación de que Dios quiere que hable con la gente sobre algunas cosas”. Traté de abandonar la sacristía, pero algo me dijo que necesitaba hablar contigo y que tenía que volver ”. Hablamos sobre mi participación con los legionarios y él me dejó hablar. Cuando le dije lo infeliz que era, él dijo que eso era de lo que quería hablar conmigo. Que necesitaba salir de allí por mi propio bienestar. Ese era el impulso que necesitaba, y me fui a casa y escribí una carta diciendo que no volvería. Traté de hacerlo lo más amigable posible, y lo envié por fax al superior de la casa del apostolado.

Los legionarios no se separan amigablemente. Era un culto, o estabas completamente adentro o completamente fuera. Desplegaron la decimotercera regla de Saúl Alinsky contra mí tan rápido que me mareó: “‘Elige el objetivo, encuádralo, personalízalo y polarízalo’. Cortar la red de apoyo y aislar al objetivo de la simpatía “.

Los legionarios contactaron a mis amigos de todo el país en otras tareas. Se contactaron con mis conocidos. Llamaron a la madre y la hermana de mi novia. Y eso que yo nunca había conocido a su hermana. Comenzaron a decir a todos los que me conocían que me había ido porque “no era generoso” y que no deberían involucrarse en “lo que sucedió entre Steve y la Legión”. Un par de seminaristas le dijeron a uno de mis amigos que no sabían realmente qué había hecho yo. A otro se lo explicaron así:

“Hay que mirarlo como si tú y Steve estuvieran marchando juntos a la batalla en una montaña. En el camino hacia la montaña, a Steve le dispararon y volvió a caer cuesta abajo. Pero tienes que dejarlo atrás. Hay que pelear la guerra. Tienes que seguir adelante. No hay tiempo para mirar hacia atrás”.

Cuando mi amigo se rió en la cara del sacerdote al escuchar eso, el sacerdote insistió:

“Es un camarada caído. Tienes que dejarlo atrás”.

Muchos de estos amigos se quedaron conmigo. Eventualmente, muchos de ellos llegaron también a ver la verdad y se fueron [de la Legión]. Algunos son veinte años después los padrinos de mis hijos. En ese momento, sin embargo, el daño que esas traiciones me hicieron a mí y a mi fe era incalculable. Los legionarios no eran meramente algo con lo que una persona pudiera asociarse libremente. Se convirtieron en mi identidad. Se convirtieron en mi manera de relacionarme con Dios. Se convirtieron en mi familia adoptiva y –en cierto modo– en mi iglesia adoptiva. Se portaron durante tanto tiempo como si el estilo legionario fuera superior, como si las instituciones normales de la Iglesia fueran demasiado bajas, que terminaron creando en mí una aversión activa a cualquier manifestación del “catolicismo normal” como algo inferior a nosotros. Seguían hablando sobre la pobre formación de sacerdotes y obispos diocesanos, hacían comentarios hostiles sobre otras órdenes religiosas,

Maciel estaba en el corazón de todo esto, siendo deificado como un santo viviente que nunca había negado a Cristo.

Fui miembro de un culto, y el culto subvirtió el bien del individuo al bien del grupo, que existía para servir al líder del culto. Aunque nunca tuve una conversación con Maciel, toda mi vida estuvo dominada por la cultura que él creó. Aún estos anillos exteriores eran increíblemente dañinos.

De compañero de trabajo a enemigo

Pasé la mayor parte de mis años universitarios en Steubenville (Ohio) tratando de recuperarme de la resaca legionaria que tenía. Lo que comenzó como desconcierto y  dolor ante la traición inesperada se convirtió en un enojo concentrado. Todavía luchaba con la ansiedad vocacional. Luché con mi fe en general, porque sentí que había abandonado todo a Dios y que me habían apuñalado por la espalda por mis problemas. Pero mis verdaderos amigos se quedaron conmigo, y las cosas empezaron a aclararse: el engaño, la manipulación, la detracción, la presión: todas estas eran herramientas que se utilizaban para controlar a los miembros del movimiento, que eran meros juguetes utilitarios en las manos de la organización y de su agenda. Yo no estaba solo siendo y no era la única víctima de estas prácticas. Comencé a coleccionar historias.

Pasé gran parte de mi tiempo en la universidad frustrando activamente los esfuerzos de reclutamiento de la Legión allí. Llegué a ser tan efectivo en la inoculación de mis compañeros contra las tácticas de reclutamiento distintivas del grupo, que los reclutadores comenzaron a advertir a los posibles reclutas que me evitaran. Una joven vino a mí y me dijo: “Me dijeron que no te hablara, así que quiero escuchar lo que tienes que decir”. Otra amiga se echó a llorar cuando comencé a decirle lo que hacían y por qué debía evitarlos. Ni siquiera sabía que la esyaban reclutando, pero la presión que tenía para unirse era tan intensa que comenzó a llorar cuando esencialmente le di permiso para que dijera que no.

Todos mis esfuerzos se orientaban a proteger a las personas de la manipulación, el engaño y la presión vocacional ilícita, y de cualquier daño resultante a su fe. Me habían presionado, me habían usado, me habían mentido en la dirección espiritual sobre algo muy importante para mí y el resentimiento que sentía por eso era muy profundo. No quería que nadie más fuera insultado. Pero ni siquiera estaba pensando en el componente de abuso sexual. La verdad es que realmente no lo tomé en serio, porque me parecía completamente infundado.

La verdadera naturaleza de Maciel

A pesar de todas estas cosas, honestamente no tenía idea del tipo de psicópata que Maciel realmente era. Supongo que, en retrospectiva, debería haberlo hecho, porque había tenido un asiento de primera fila ante el pánico de la Legión cuando llegó la nueva ronda de acusaciones contra Maciel durante mis días como “compañero de trabajo”. A principios de diciembre de 1996, apenas unas semanas antes de tomar la decisión de irme, todos los miembros de tiempo completo del apostolado en los Estados Unidos fueron trasladados a la sede de la Legión en Cheshire, Connecticut con muy poco aviso previo (lo que debió haber sido un gasto extraordinario ) en la esperanza de poder atajar la crisis. Acabábamos de regresar de Cheshire, donde habíamos estado para el Día de Acción de Gracias, y nos dijeron que hiciéramos las maletas para un vuelo en la mañana. No nos dieron más explicaciones.

Las sesiones informativas sobre los asuntos a tratar – las revelaciones en ciernes sobre los abusos sexuales de los cuales se acusaba al P. Maciel en el periódico The Hartford Courant – estaban aparentemente divididas en compartimientos estancos en los que nadie se enteraba de nada más allá de lo que le era necesario saber. Los sacerdotes tuvieron una sesión informativa, las casas del apostolado tuvieron otra y así por el estilo. Cuando le tocó al aula llena de “compañeros de trabajo” — que esperaban sentados preguntándose por qué los habían arreado hasta allí para esperar por quién sabe qué cosa, nos contaron poca cosa: “Se han hecho acusaciones en los medios contra el P. Maciel. No son verdad. No las lean. Si alguien pregunta, respondan que todo es falso.” Fue asombroso como hicieron oídos sordos a todo. Pero, claro, era 1996. El Internet ni siquiera era un factor a tener en cuenta. Ninguno de nosotros poseía un teléfono móvil. Era dificultoso hallar información sobre lo que nos contaban. Era más fácil no encontrar el hilo que que seguirlo. Creo que me tomó un año llegar a leer el informe en los periódicos.

Y aún así, incluso cuando finalmente había leído algunas de las acusaciones, las encontraba tan grotescas que eran difíciles de creer. Estaba convencido de que Maciel era un hombre corrupto, era por eso que estaba viendo los mismos problemas en cada región geográfica del apostolado, pero estos eran los días antes de que el escándalo de abuso sexual realmente hubiera explotado y ese tipo de cosas eran muy difíciles de entender.

En 2005, el día en que los legionarios eligieron al p. Álvaro Corcuera como su nuevo director general, un año antes de que el mundo tuviera que enfrentar la seriedad y la depravada gravedad de las acusaciones contra Maciel, escribí algo en mi blog que en ese momento demostraba que yo todavía no veía la imagen completa:

No soy como tantos otros que han tenido problemas con la Legión y que creen que los problemas pueden existir en un vacío absoluto sino que más bien creo que empiezan por arriba, por la dirección superior –  aunque no sea por ninguna otra razón que el asentimiento del P. Maciel al culto de la personalidad que lo rodea y que es tan fuerte que lo priva del sentido común y de la humildad cristiana que corresponde tener.  Hay un problema sistémico de distorsión de los principios católicos en esos movimientos fundados por el P. Maciel  que dejan ver una cierta corrupción de la metodología que no es meramente una distorsión de ciertos principios sólidos.

Fue más o menos al mismo tiempo cuando me informaron sobre una investigación que comenzaba en Steubenville sobre las actividades de reclutamiento de la Legión en el campus de la Universidad. Fui llamado por uno de los franciscanos allí debido a mi reputación de resistencia a las actividades legionarias, y tuvimos una larga conversación. En poco tiempo, me enteré de que esta investigación en particular se había cerrado, pero que otros la habían recogido en otra universidad católica, y que los estudiantes de derecho estaban siendo utilizados para recopilar pruebas. Los testimonios fueron recogidos de cualquiera que estuviera dispuesto a darlos. Se recopiló un expediente (que expuso varias revelaciones preocupantes, incluidas denuncias de delitos civiles) y a través de las manos de un obispo que ya había cometido suicidio profesional, fue puesto en manos del entonces cardenal Ratzinger, quien era en ese momento Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Menos de un año después, Ratzinger sería elegido Papa. Poco después, en 2006, se anunció que Maciel había sido asignado a una vida de oración y penitencia debido a los cargos que se le imputaban, un castigo lamentablemente inadecuado para un hombre culpable de delitos tan atroces. Nunca estuvo claro qué papel jugó ese expediente, pero sería miopía creer que no fue un factor en la toma de decisiones del Vaticano.

Los legionarios hoy

Los legionarios de Cristo, como instituto de vida religiosa, no pueden ser separados de la persona de su fundador. Esto quedó claro en su primer capítulo general, cuando fue escrito:

“Dios ordenó que la persona y la vida o Nuestro Padre Fundador no puedan separarse de la vida y la espiritualidad de la Legión.”

Sin duda, [Maciel] fue el peor de los monstruos — y según algunos informes, es posible que estuviera poseído. Si no has leído esta versión de los hechos que supuestamente ocurrieron en su lecho de muerte, es realmente escalofriante:

Maciel murió en un drama surrealista donde las piezas de su vida convergieron con una caída estrepitosa. A fines de enero de 2008, estaba en un hospital en Miami, según un informe del 31 de enero de 2010 de los reporteros Sota y Vidal de El Mundo. Si bien el artículo (disponible en inglés en exlcblog.com) contiene bastantes opiniones sobre la personalidad de Maciel, también ofrece una visión detallada de la crisis que dejó a sus seguidores. En el hospital se reunieron Álvaro Corcuera, el sucesor de Maciel como director general; el secretario general de la Legión, Evaristo Sada; y muchos otros asociados. Se informó que Maciel se negó a hacer una confesión, lo que suscitó tales preocupaciones de que alguien convocó a un exorcista, aunque el artículo no describe un ritual. Los hombres que rodeaban a Maciel se sorprendieron cuando aparecieron dos mujeres: Norma, la madre, y Normita, de 23 años. En ese momento, Maciel habría dicho acerca de ambas: “Quiero estar con ellas.”

Los sacerdotes legionarios, alarmados por la actitud de Maciel, llamaron a Roma. Luis Garza supo de inmediato que esto era un problema grave. Consultó con la máxima autoridad, Álvaro Corcuera, y luego tomó el primer avión a Miami y fue directamente al hospital.

La indignación de [Garza] se podía leer en su cara. Se enfrentó al fundador que alguna vez fue poderoso y lo amenazó: “Te daré dos horas para que vengas con nosotros o llamaré a toda la prensa y todo el mundo descubrirá quién eres realmente”. Y Maciel dejó que le torcieran el brazo.

Después de que los sacerdotes llevaron a Maciel a una casa de la Legión en Jacksonville, Florida, según los informes, se volvió beligerante cuando Corcuera trató de ungirlo y respondió gritando: “¡Te dije que no!” El artículo dice que Maciel se negó a hacer su confesión y afirmó claramente que “no creía en el perdón de Dios.”

Son cosas que van de acuerdo con la sórdida vida de Maciel pero para las cuales, de hecho, no tenemos pruebas.

Este es el mismo hombre que escribió, en su folleto El tiempo y la eternidad:

Estoy satisfecho de haberle dicho que sí a Dios y de haber luchado para ser fiel a todo lo que me El pidió. Sin embargo, más allá de todo esto, absoluta y abrumadoramente, mi apego completo y exclusivo a Dios siempre ha prevalecido.

El hecho de que celebraran hoy la fundación de la orden por este hombre impío con esos trece muchachos, sin que sepamos de cuántos de ellos también pudo haberse aprovechado, es una prueba de que los legionarios siguen infectados con el propósito satánico de su fundador.

Lamentablemente, sé que todavía hay buenos hombres y mujeres afiliados a ellos, que solo desean vivir una auténtica vida católica a través de un apostolado entusiasta. Sin embargo, no reconocen la imposibilidad de un orden fundado por tal hombre de producir verdaderamente buenos frutos. No hay tal precedente en la historia de la Iglesia. La mayoría de los fundadores de las órdenes principales (San Francisco, Santo Domingo, San Benito, San Bruno, San Ignacio) son santos. No actuaron, como Maciel, como si fueran demonios encarnados en un cuerpo humano.

Es una injusticia para los que aún están afiliados a la Legión por una devoción fuera de lugar, que el Vaticano haya permitido que esta farsa continúe. No hay excusa para no cerrar a los Legionarios, disolverlos completamente y enviar a sus seminaristas a otras órdenes y diócesis (después de una evaluación exhaustiva). Francamente, sus edificios deberían ser exorcizados y la tierra salada (de preferencia con sal bendita) dondequiera que estuvieran sus apostolados.

Debería molestar a todos los católicos de buena conciencia que a los Legionarios se les permita continuar como cuerpo corporativo, que se consideren a sí mismos como un ideal que algunos de ellos aún creen que vale la pena “celebrar”. La única razón por la que puedo pensar por qué se permitió eso se puede resumir en el apodo que las personas en México tienen para los legionarios: “Los millonarios de Cristo”. Si tenían algún carisma del que hablar, era para recaudar fondos. Manejaron cantidades impresionantes de dinero y pudieron reunir los fondos para grandes proyectos en decenas de millones de dólares en cuestión de meses. No puedo imaginar que todavía tengan el mismo tipo de atracción, pero sus activos a la fecha no son despreciables.

¿No se trata siempre de esto? Cada vez que el Vaticano permite que la corrupción no se controle, basta seguir el dinero. Eso pasó con McCarrick, posiblemente uno de los recaudadores de fondos más prolíficos de la Iglesia, y siempre se ha rumoreado que esa es la historia con los Legionarios. Es una cosa terrible tener en cuenta que una motivación tan baja pueda usarse para permitir que el mal florezca entre hombres que se supone que estén totalmente dedicados a Dios.

Pero, ¿cómo puede alguien tomar en serio a la Iglesia Católica en medio de la crisis de abuso sexual, cuando los Legionarios de Cristo son un caso de estudio sobre cómo la Iglesia ha ignorado la información que tenía durante décadas ? Mientras continúen existiendo, sin importar cuántas veces se modifiquen sus constituciones y traten de cambiar de marca, se destacan como una mancha negra contra la credibilidad de la Santa Sede en lidiar con la corrupción del clero y la depredación de aquellos confiados a su cuidado espiritual

Publicado por Steve Skojec en el sitio (en inglés) OnePeterFive.com el 3 de enero de 2019.