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Carlos Caso-Rosendi

“Pero se levantaron falsos profetas entre el pueblo, así como habrá también falsos maestros entre vosotros, los cuales encubiertamente introducirán herejías destructoras, negando incluso al Señor que los compró, trayendo sobre sí una destrucción repentina. Muchos seguirán su sensualidad, y por causa de ellos, el camino de la verdad será blasfemado; y en su avaricia os explotarán con palabras falsas. El juicio de ellos, desde hace mucho tiempo no está ocioso, ni su perdición dormida. Porque si Dios no perdonó a los ángeles cuando pecaron, sino que los arrojó al infierno y los entregó a fosos de tinieblas, reservados para juicio; si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, un predicador de justicia, con otros siete, cuando trajo el diluvio sobre el mundo de los impíos; si condenó a la destrucción las ciudades de Sodoma y Gomorra, reduciéndolas a cenizas, poniéndolas de ejemplo para los que habrían de vivir impíamente después.” 2 Pedro 2:1-6.

Como una desgracia satánica caída sobre los fieles, hablar públicamente en estos días de la Iglesia Católica Apostólica Romana es invocar un sinónimo del abuso sexual de niños. Ni pienso en disculparme nunca por escribir esto porque es la sacrosanta verdad.

Los casos de abuso sexual y el subsiguiente encubrimiento que se han multiplicado durante los últimos 100 años entre sacerdotes, monjas y miembros de la Iglesia han llegado a las cortes judiciales de todo el mundo y han resultado en numerosas condenas – lo cual parece ser lamentablemente la excepción – mientras muchos degenerados malhechores escapan a todo castigo, eclesiástico y civil. Las víctimas son niños y niñas, algunos de tierna edad, tan pequeños como de tres años, mientras que una gran mayoría está entre los adolescentes. La maldad, la maldita maldad, la tamaña indecencia de esos depravados no cabe en la imaginación. Las estadísticas no ayudan pero – por lo que ha sido expuesto hasta hoy – los hijos del demonio Asmodeo que se las han arreglado para ser ordenados sacerdotes en el último medio siglo supera cómodamente el millar. Un cretino hubiera sido suficientemente vergonzoso, pero tres mil o más, tal cual reportan algunos medios serios, ya es un escándalo bochornoso. Y aún más bochornoso es que buena parte de ese abuso extendiera por años el sufrimiento de las víctimas. Todas las anatemas de la historia no alcanzan para paliar el daño que han causado esos malditos. Porque eso es lo que son, malditos herejes que se han condenado al fuego eterno con su obstinada maldad.

San Pedro, nuestro primer Papa los condena en las mismas Escrituras:

“El juicio de ellos, desde hace mucho tiempo no está ocioso, ni su perdición dormida. Porque si Dios no perdonó a los ángeles cuando pecaron, sino que los arrojó al infierno…” 2 Pedro 2:1-6.

Pero los hay peores que ellos: los que los encubren y los que los apañan aduciendo la pútrida patraña del liberalismo que opone “el respeto a las personas” por más luciferina que sea su dañina conducta. Y pregunto ¿Dónde está el respeto a las personitas indefensas que esos lobos devoraron al arruinarles la vida? No se sorprendan los “apologistas” de esa ralea asquerosa: la culpa por esos niños abusados y por toda otra felonía cometida por esa casta infernal va a caer sobre vuestras cabezas también. En las acciones de toda esa asociación maligna, Cristo es crucificado otra vez.

Hay muchos – y yo conozco varios sin haberlos buscado jamás – que han sido abusados malamente por curas y monjas. Hermanas y hermanos heridos, es importantísimo que hagáis valer el dolor de esa experiencia para vuestra salvación. A los que se fueron de la Iglesia les ruego, les pido encarecidamente que vuelvan con todo el cuidado y las precauciones que valen en este tiempo lleno de peligros. Somos muchos los que vivimos y adoramos en la Iglesia como si fuéramos animales a quienes esos lobos acechan para matar sin piedad. Cristo nos anunció que así sería:

“Mirad, yo os envío como ovejas en medio de lobos; por tanto, sed astutos como las serpientes e inocentes como las palomas.” Ver Mateo 10:16-22.

Y en Juan 15:20 nos advirtió:

“Acordaos de la palabra que os dije: ‘Un siervo no es mayor que su señor. Si me persiguieron a mí, también os perseguirán a vosotros.’”

Lo que habéis sufrido a manos de esos malvados tiene un gran valor a los ojos de Dios. El mismo Dios que os curará y lavará personalmente vuestras heridas con un amor tan grande que ni siquiera lo podemos imaginar.

¡Cuidado! Y no dejes que falsos pastores te engañen. “Que no te la cuente” algún hijo de un verdugo torturador que no debiera ni haber sido ordenado. Muchos ven en estos desórdenes una señal de que el tiempo del Señor está cerca. Vuelve a los sacramentos, pequeña ovejita herida, que hay muchos pastores buenos. Búscalos con cuidado, pidiéndole a María Inmaculada que te guíe. No te pierdas. Yo también los he sufrido y diariamente pido a Dios que El sea mi venganza – pedido que evidentemente Dios ha escuchado. Mira a Cristo Crucificado y confía en El que no te defraudará. Dios mismo limpiará la Iglesia y no quedará un solo criminal para contar el cuento.

Hay consuelo en las Escrituras

“¿Y no hará Dios justicia a sus escogidos, que claman a El día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles?” Lucas 18:7-8.

“Son piedra de tropiezo y roca de escándalo; pues ellos tropiezan porque son desobedientes a la palabra, y para ello estaban también destinados.” 1 Pedro 2:8.

“Mía es la venganza y la retribución; a su tiempo el pie de ellos resbalará, porque el día de su calamidad está cerca, ya se apresura lo que les está preparado.” Deuteronomio 32:35.

“Bienaventurados los que lavan sus vestiduras para tener derecho al árbol de la vida y para entrar por las puertas a la ciudad. Afuera están los perros, los hechiceros, los inmorales, los asesinos, los idólatras y todo el que ama y practica la mentira. “Apocalipsis 22:15

Considere que la palabra “perro” en este caso, es una forma de referirse a los pederastas. palabra que está relacionada con el vocablo griego paideon que significa “un niño pequeño”. Hay que desenmascarar a esos perros donde sea que estén y echarlos a patadas del templo. Números 25:7-13.

  • pederasta del griego παιδεραστής paiderastḗs.
  1. adj. Dicho de una persona: Que incurre en pederastia. U. t. c. s.
  2. adj. Perteneciente o relativo a la pederastia. Videos pederastas.
  3. adj. Propio de una persona pederasta. Inclinaciones pederastas.
  • pederastia del gr. παιδεραστία paiderastía.
  1. f. Inclinación erótica hacia los niños.
  2. f. Abuso sexual cometido con niños.

Del Diccionario de la Real Academia Española.

se-han-abusado-de-ti-2
Quienes alejan a los niños inocentes del amor a Jesús conocerán la maldición eterna: el fuego que no se apaga y la cresa que no muere. Mateo 19:13-15, Marcos 10:13-16.
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