la-estrella-de-belen
 Carlos Caso-Rosendi

Hace pocos días encontré un artículo[1] del sacerdote Carlos Miguel Buela sobre la estrella de Belén. Dicho sacerdote está ahora separado de su posición directiva en el Instituto del Verbo Encarnado y confinado en Génova después que una investigación pontificia determinara serios casos de inconducta. En el artículo en cuestión, Buela comienza con una sesgada acusación y continúa argumentando – erróneamente – contra los descubrimientos hechos en décadas recientes sobre la aparición de la estrella de Belén cerca del principio del primer siglo de la era cristiana.

Para el lector que desconoce estos descubrimientos, recomiendo leer algunos artículos sobre el tema que dejo listados en la bibliografía de este artículo, y ver algunos documentales disponibles al público, los cuales también adjunto.

Resumiendo el extenso trabajo científico que han venido haciendo   historiadores, matemáticos y astrónomos católicos como así también miembros de otros grupos eclesiales cristianos no-católicos, paso a describir brevemente lo que se ha podido investigar hasta hoy y el método usado para hallar y verificar los descubrimientos que nos ocupan. Lo hago, no como experto en el tema, sino como mero divulgador, lo cual no quita el cuidado que debe darse a estos asuntos para transmitirlos bien.

¿Agua amarga?

Santiago 3:11 — ¿Acaso una fuente por la misma abertura echa agua dulce y amarga?

Antes de hacer el resumen, aviso que yo, como muchos otros, fui un “hijo” del IVE – pateado para afuera para agradar a un sodomita dañino quien hasta hoy es asistido por la secta iveíta – cosa que hoy me pesa pues la conducta de los pocos sacerdotes del IVE que conocí dejó un mal gusto en mi vida que – de no mediar una gracia especial de María Santísima – hubiera resultado en mi abandono de la Iglesia. No ayudan tampoco los aberrantes hechos que son de público conocimiento – especialmente el affaire legalmente probado del abuso de niños sordomudos en Mendoza, Argentina – y la muy significativa cantidad de seminaristas, sacerdotes y religiosos que han abandonado el IVE, algunos de ellos desgraciadamente dejando atrás no solo la vida consagrada sino también la Iglesia. Este artículo me va a traer reacciones sectarias pero, ya estoy acostumbrado a sus persecuciones. La envidia y el manoseo de los mediocres es es el precio que se paga por decir la verdad. Siempre van a existir los fariseos,  los manfloras y sus garzones, hasta que Cristo diga basta y ahí veremos quién queda parado. Dios nos tenga piedad a todos. Como bien escribió el Padre Leonardo Castellani:

“Esta es la verdadera Gran Misión de Buenos Aires: no precisamente hacer exterioridad religiosa, ni propaganda religiosa, ni aburrimiento religioso, repitiendo lugares comunes religiosos de los cuales la gente está aburrida; sino hacer Verdad. ¿Cómo se hace Verdad? Solamente con Vida, esa es la materia prima. ¿Cómo se hace Vida? Dios nos ha dado un cachito,[2] no podemos aumentarlo ni disminuirlo, podemos biengastarlo.”[3]

Hay quienes quemamos vida para hacer verdad y a veces son los enemigos de la verdad los que proveen la llama para que podamos quemar nuestra vida iluminando. Mejor arder así en esta vida y no quemarse de otra manera en la otra. Terminada esta introducción vamos al resumen y hagamos algo de Verdad con este “cachito de vida” que Dios nos dio.

La búsqueda de la Estrella de Belén

Los Evangelios fueron inspirados para dar testimonio de Jesús. Los Evangelios dicen la verdad porque “el dar testimonio de Jesús es lo que inspira la profecía”[4] y podemos estar ciertamente seguros que los Evangelistas no fueron falsos profetas. La descripción de la estrella de Belén que ellos hacen, contiene todo lo necesario para confirmar los hechos que dan testimonio de la llegada de Jesús al mundo y del momento histórico del advenimiento del Salvador. No hay cartas astronómicas, ni ecuaciones diferenciales, ni fotos, dibujos, pelos ni marcas de ninguna clase. Sólo tenemos el testimonio inspirado e inerrante de los Evangelistas contemporáneos de los hechos. De eso y del testimonio del Antiguo Testamento extraemos algunos hechos innegables, fijos, duros que el Magisterio ha confirmado como parte de las Sagradas Escrituras, tesoro y luz de la Iglesia.

Dios hizo los cielos que nadie puede ocultar

El principio fundamental de una revelación especial de Dios a los hombres se encuentra los Salmos.

Salmo 19:1-4 – “Los cielos proclaman[5] la gloria de Dios, y la expansión anuncia la obra de sus manos. Un día transmite el mensaje al otro día, y una noche a la otra noche revela sabiduría. No hay mensaje, no hay palabras; no se oye su voz. Mas por toda la tierra salió su voz, y hasta los confines del mundo sus palabras.”

Dios ha hecho los cielos y todo lo que contienen como muestra de su poder y sabiduría. Los nombres de las constelaciones vienen desde el fondo de la historia y se mantienen mayormente sin cambio a pesar de las diferencias entre culturas.

Job 9:9 – “[Dios] que solo por su poder extiende los cielos, y camina sobre las olas del mar; el que ha hecho la Osa, el Orión y las Pléyades, y las constelaciones del sur; el que hace cosas grandes e insondables, y maravillas sin número.”

Job 38:31-32 – “¿Puedes tú atar las cadenas de las Pléyades, o desatar las cuerdas de Orión? ¿Puedes llamar las constelaciones por turno y conducir la Osa con sus hijos? ¿Conoces tú las ordenanzas de los cielos, o fijas su dominio en la tierra?”

Isaías 40:25-26 – “¿A quién, pues, me compararéis, quién se parece a mí? – dice el Santo. Alzad a lo alto vuestros ojos y ved quién ha creado los astros: El que ordena marchar en orden a su ejército, y a todos llama por su nombre. Por la majestad de Su fuerza y la potencia de Su poder ninguno falta.”

Los cielos enseñan lecciones de Dios

Nuestro Señor nos ha avisado que los cielos contienen señales de los tiempos sagrados y del uso hebreo de las palabras del Génesis, se puede deducir claramente que esa fue la intención de Dios desde el momento de la Creación, con los astros “marcando” los tiempos señalados de Dios para toda acción que afecte a su pueblo. Un buen ejemplo de esto son la salida de los hebreos de Egipto durante la primera luna llena de la primavera, su entrada en la Tierra Prometida también en esa estación y de la misma manera, la Pasión de Nuestro Señor, amén de una larga lista de otros eventos de la Historia Sagrada.

Génesis 1:14-18 – Entonces dijo Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche, y sean para señales[6] y para estaciones[7] y para días y para años; y sean por luminarias en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. E hizo Dios las dos grandes lumbreras, la lumbrera mayor para dominio del día y la lumbrera menor para dominio de la noche; hizo también las estrellas. Y Dios las puso en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, y para dominar en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno.[8]

Lucas 21:25 – “Y habrá señales[9] en el sol, en la luna y en las estrellas, y sobre la tierra, angustia entre las naciones, perplejas a causa del rugido del mar y de las olas … “

Los sabios de Oriente dedujeron el nacimiento de Jesús por la observación de una estrella. Sabemos en qué época de la historia apareció: “en tiempos del Rey Herodes” – también sabemos que por la Estrella, los sabios dedujeron el nacimiento de un príncipe en la casa real de Judá – Este príncipe no era uno más de los muchos que nacieron desde los tiempos del Rey David. Era una persona especial y esperada – lo cual podía deducirse por la profecía de las setenta semanas de Daniel 9:24-27. Todo en las Santas Escrituras está conectado, como bien lo explica San Agustín: “El Nuevo Testamento se oculta en el Antiguo y se revela en el Nuevo.”[10] Santo Tomás de Aquino agrega “La Ley antigua no sólo fue del Padre, sino también del Hijo, pues Cristo es figurado en ella.”[11] Y del Concilio Vaticano II aprendemos que “Dios, inspirador y autor de uno y otro Testamento, dispuso tan sabiamente las cosas que el Nuevo estuviera contenido en el Viejo y el Viejo fuera manifiesto en el Nuevo.”[12]

Mateo 2:1-2 – Después de nacer Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, sucedió que unos magos[13] venidos del oriente llegaron a Jerusalén, diciendo: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el oriente[14] y hemos venido a adorarle.

Los maestros de la ley sabían que era el tiempo del nacimiento del Mesías y sabían que nacería Belén de David. La información que los sabios de Oriente habían deducido, coincidía con la correcta interpretación magisterial de esa época.

Mateo 2:3-4 – Entonces, [Herodes] reuniendo a todos los principales sacerdotes y escribas del pueblo, indagó de ellos dónde había de nacer el Cristo. Y ellos le dijeron: En Belén de Judea, porque así está anunciado por medio del profeta [Miqueas].

Miqueas 5:2 – “Pero tú, Belén [Casa del Pan] Efrata, aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel. Y sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad.”

La estrella fue una indicación precisa del momento en que Cristo nació. Así lo entendieron los sabios de Oriente, así como también Herodes y sus consejeros. Herodes tiene que inquirir de los sabios el momento exacto de la aparición de la estrella. Eso parece indicar que la “elevación” sobre el horizonte oriental fue notada por los sabios de Oriente pero no fue advertida en Judea.

Mateo 2: 7-8 – “Entonces Herodes llamó a los magos en secreto y se cercioró con ellos del tiempo en que había aparecido la estrella. Y enviándolos a Belén, dijo: Id y buscad con diligencia al Niño; y cuando le encontréis, avisadme para que yo también vaya y le adore.”

Los magos se reencuentran con la Estrella al salir de Jerusalén. Es importante notar que la estrella “se detiene” sobre Belén. La estrella “va delante de ellos” o sea, es visible desde la puerta sur de Jerusalén – también llamada Puerta de la Fuente[15] ­­– desde donde sale el camino que lleva casi en línea recta a Belén, aldea ubicada a unos siete kilómetros en dirección al sur. Una vez cumplida la visita a la Sagrada Familia, Dios avisa a los sabios en un sueño que no regresen a Herodes. Dios controla la situación para que las profecías se cumplan. De todos estos detalles es posible deducir que la Estrella permanece a través del tiempo, desde su descubrimiento por los magos en Oriente, reapareciendo a la vista de los sabios en forma sincronizada con los acontecimientos que se van desarrollando. La Estrella es un signo para los magos creyentes que está oculto al usurpador malvado Herodes.

Mateo 2:9-12 – “Y habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí, la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo sobre el lugar donde estaba el Niño. Cuando vieron la estrella, se regocijaron sobremanera con gran alegría. Y entrando en la casa, vieron al Niño con su madre María, y postrándose le adoraron; y abriendo sus tesoros le presentaron obsequios de oro, incienso y mirra. Y habiendo sido advertidos por Dios en sueños que no volvieran a Herodes, partieron para su tierra por otro camino.”

Todas estas cualidades, desplegadas en la Escritura inerrante, nos ayudarán luego a determinar qué tipo de fenómeno es la Estrella y revelarán que es un signo divino sincrónico con la Historia Sagrada que narran los santos evangelistas. El hecho de que la Estrella “se detuvo” en el cielo en posición aparente sobre Belén, es una importante pista que indica la ocurrencia de una conjunción. El hecho – demostrado luego – de que haya ocurrido una conjunción no niega – repito – nunca niega la naturaleza milagrosa de la Estrella sino que la magnifica. El universo entero ha sido programado desde el principio de los tiempos para “contar” a la humanidad desde los cielos, con signos inequívocos, la llegada del Hijo de Dios, el Redentor del mundo.

Deducir, casi antopomórficamente, que Dios hizo aparecer una estrella como si fuera un director de escena alumbrando el escenario con un reflector, reduce el milagro a una especie de contingencia ajena a la misma naturaleza de Dios que no “reacciona” ni puede ser “sorprendido” por una situación que lo obliga a sacar un milagro de la galera. Esa concepción errada de Dios es lo que los ateos usan para caricaturizar la religión. En cambio, la sincronicidad del milagro de la Estrella – revelación reservada por Dios para nuestra época de ciencia y computación – es un aspecto de este asombroso evento que despierta el asombro de los ateos sinceros y estudiosos, que se ven obligados a reconocer la mano del Dios cristiano, detectada con los instrumentos y las técnicas más avanzadas de la ciencia humana actual.

Gracias a esta observación cuidadosa del relato evangélico podemos ir eliminando las diversas teorías erróneas que se han propuesto para “explicar” a la Estrella de Belén.

No es un meteorito o estrella fugaz: las estrellas fugaces no entran dentro de la descripción en te anatole, no se “elevan en el Oriente”, ni tampoco “permanecen” por un tiempo sobre un punto fijo como se posó la Estrella sobre Belén cuando los magos la vieron desde la puerta sur de Jerusalén.

No es un cometa: Un cometa podría cumplir con algunas de las condiciones, se puede elevar en el este y permanencen en el cielo por un tiempo. Sin embargo es improbable que Dios eligiera usar un cometa – desde tiempos antiguos considerado por todas las culturas como un signo presagioso de desgracias – pero los magos “se alegraron” al ver la Estrella. En segundo lugar, no hay huellas de un cometa para esa época específica en ninguna de las culturas que mantenían registros de esos eventos (persas, chinos, etc.) En tercer lugar, Herodes y sus consejeros hubieran sabido de un cometa, un signo demasiado obvio para ser pasado por alto. Por esa misma razón sabemos que tampoco fue una supernova.[16] Ya descartamos tres de las hipótesis más comunes.

Esto nos deja con una sola posibilidad lógica sobre qué clase de “estrella” se nos habla en los evangelios. Esa estrella es un planeta o una conjunción – en la acepción astronómica de la palabra.[17] Un planeta[18] es un cuerpo celeste sin luz propia que gira en una órbita elíptica alrededor del Sol: Mercurio, Venus, nuestra Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón, este último actualmente en discusión sobre si es un planeta o no. Como la tierra, nuestra plataforma de observación, gira sobre su eje y también alrededor del Sol, las estrellas parecen elevarse en el oriente y ocultarse en el poniente. Aparte de ese aparente movimiento, las constelaciones están fijas en el firmamento, mientras que los planetas de nuestro sistema solar se mueven en el cielo de manera distinta, adoptando diferentes configuraciones de acuerdo con su órbita al rededor del Sol y su alejamiento o acercamiento a nuestra plataforma móvil de observación, nuestro planeta Tierra. Luego, la apariencia de dicha configuración variará dependiendo de dónde en la Tierra esté parado el observador, la hora del día o noche, y la fecha del año.

Newton y Kepler

Gracias al genio de Isaac Newton – que descubrió el secreto del movimiento orbital de los planetas y desarrolló una entera rama de las matemáticas para poder estudir esos fenómenos – y a la inteligencia y dedicación de Johannes Kepler, que desarrolló las ecuaciones necesarias para apreciar el movimiento pasado y futuro de los cuerpos astrales, hoy podemos estudiar el movimiento planetario y estelar en detalle, resolviendo – con la ayuda de modernos sistemas de información – todas las ecuaciones necesarias para proyectar en una pantalla el aspecto de los cielos dada una ubicación geográfica terrestre (o lunar) y un punto en el calendario.

En este punto habría que explicar en detalle:

  • Cómo se deduce la fecha aproximada del nacimiento de Cristo usando los datos que se hallan en los Evangelios: el censo romano; quién era el gobernador de la provincia romana de Siria; el reinado de Herodes, y otros detalles. La idea es poder determinar el momento aproximado para poder estudiar el cielo desde los puntos de observación que se mencionan (Babilonia, Jerusalén) haciendo los cálculos correspondientes.
  • Usando un programa astronómico adecuado,[19] proyectar la imagen de los cielos tratando de ver si se puede observar un fenómeno que corresponda a la descripción de los Santos Evangelios.

Desarrollar estos dos puntos llenaría muchas páginas con información técnica que excede por mucho las modestas intenciones de este escrito. Aquellos que estén interesados en esos detalles pueden ver el documental creado por Rick Larson, The Star of Bethlehem disponible en YouTube. Un resumen de ese documental en español está publicado en primeraluz.org y titulado La Estrella.

La conclusión a la que llegan los esos estudios históricos, astronómicos y bíblicos de Craig Chester, Ernest Martin y Frederick Larson, y otros es que el nacimiento de Cristo coincidió con una conjunción específica de planetas y estrellas que coincide punto por punto con lo que informan los Evangelios. Esta conjunción específica es rarísima y si tenemos en cuenta la coincidencia de los puntos de observación (Babilonia, Jerusalén) la coincidencia es más rara aún. Esto es algo que definitivamente no ocurre todos los jueves.

El León de Judá

La primera parte de este fenómeno es lo que vieron los magos de Oriente desde su punto de observación en Babilonia. Es razonable deducir que los sabios estaban en Babilonia, para una explicación más detallada refiérase por favor a la bibliografía. Es posible que estos sabios fueran descendientes de hebreos que nunca regresaron a Tierra Santa después del exilio babilónico y por eso tuvieran la información necesaria para entender los elementos y el significado de lo que Dios puso en el cielo para comunicarles el milagro de la Encarnación.

Génesis 49: 9-10 – Cachorro de león es Judá; de la presa, hijo mío, has subido. Se agazapa, se echa como león, o como leona, ¿quién lo despertará? El cetro no se apartará de Judá, ni la vara de gobernante de entre sus pies, hasta que venga Siloh, y a él sea dada la obediencia de los pueblos.

Isaías 7:14 – Por tanto, el Señor mismo os dará un signo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel.

Los magos observaron la elevación conjunta de las constelaciones de Virgo y Leo, al tiempo del Rosh Hashana en septiembre del año 3 a. C. coincidiendo con Júpiter que gradualmente se acerca al vientre de Virgo, la Virgen. Nueve meses después el planeta-rey, Júpiter entra en conjunción en elevación con Régulus, la estrella-rey, coincidiendo en el horizonte sobre Jerusalén, desde la perspectiva de oriente. Esta extraña secuencia de eventos, sumada a su conocimiento de la profecía de las setenta semanas de años, los lleva a concluir que el Mesías había nacido y alrededor del 2 de noviembre de 2 a.C. los magos llegan a Jerusalén en busca del pequeño rey. En diciembre 25 de 2 a.C. Los magos observan a Júpiter en perfecto movimiento retrógrado “parado” sobre Belén al sur de la capital y parten hacia Belén a adorar al Mesías que – de acuerdo con los Evangelios – ya es un paidion, un pequeñín de unos dos o tres años.

La sucesión de signos cósmicos no cesó. El Niño creció y al tiempo señalado por Dios se dio a conocer a Israel como un gran profeta. Citando ahora de La Estrella vemos cómo el cielo continuó produciendo signos y marcando el calendario sagrado de Dios.

“Jesús fue crucificado durante la Pascua. La fiesta que sigue a la Pascua es el Pentecostés, llamado así porque llega 50 días después de la Pascua. Después de la Crucifixión, Cristo aparece a sus discípulos por 40 días al cabo de los cuales asciende a los cielos, anunciando que pronto la Iglesia recibirá “poder de lo alto,” lo cual ocurre milagrosamente en el Pentecostés cuando el Espíritu Santo es derramado sobre los primeros fieles. Los Hechos de los Apóstoles lo describen así:

Sabemos que la ejecución de Cristo tuvo lugar un viernes, justo antes de la noche de Pascua. Eso nos indica claramente que ese viernes era el día 14 del primer mes del calendario sagrado. El 14 de Nisán.[20] Por lo tanto el año de la muerte de Jesús debe ser un año en que el 14 de Nisán cae en viernes. Esto debe ser necesariamente entre 26 d.C. y 36 d.C. los años en los que Poncio Pilato fue procónsul en Judea, según registra Tácito, el historiador romano. Una sola fecha coincide con todos estos datos: Abril 3 del año 33 d.C., el día de la Cruz.

Cristo fue puesto en la Cruz a eso de las 9 de la mañana en ese día. Entre ese momento y el momento de su muerte, seis horas después, ocurrieron todo tipo de signos: el cielo se oscureció; hubo un terremoto; en el Templo, el grueso velo del Santísimo se rasgó como una mera cortina, cuerpos abandonaron sus tumbas. Y al tiempo de la Pascua, cuando la luna salió esa tarde… fue una luna de sangre pues esa tarde (lo sabemos ahora por los precisos cálculos planetarios) hubo un eclipse de luna. Eso debe haber asustado mucho a la población que estaba al tanto de la muerte de Jesús y de los dramáticos eventos que habían presenciado.

A las dos de la tarde Cristo aún colgaba en la Cruz, iba a morir una hora más tarde, a eso de las tres. Veamos las constelaciones al tiempo en que Jesús cuelga en la Cruz condenado injustamente por su propio pueblo. Al ver el cielo vemos que la luna se ha colocado a los pies de la constelación Virgo (la Virgen) y ahora es una luna llena, la luna de la Pascua, el paso a la Nueva Alianza y signo de una vida, la vida del Mesías, vivida completamente para Dios. Un poema de terrible belleza escrito con estrellas, planetas y reinos; escrito en el tiempo y el espacio.

Errores bien intencionados

Don Buela declara que escribe su artículo para “para refutar a los negadores de hechos sobrenaturales relatados por la Sagrada Escritura.” Una desafortunada expresión que echa el mote de negadores, o incrédulos, a los que en realidad están ayudando a revelar la enormidad del milagro de la Estrella de Belén sin negar su sobrenaturalidad para nada.

La mente católica es primeramente una mente prolija, que hace distinciones precisas, que discierne profundo y no necesita de simplificaciones rápidas para exponer la verdad. Nadie le teme al análisis en la Iglesia, porque estamos seguros que sus enseñanzas son sobrenaturales, verdaderas, y buenas, pero mayormente sabemos que tienen un origen divino y por eso son verdad. Parafraseando a San Agustín, la verdad es un león y solo hay que soltarla para que se defienda sola.

La defensa de Buela adolece de varios errores, uno de ellos es asumir que los santos que tocaron en sus escritos el tema de la Estrella, compartían su visión simplista del milagro. Podemos hacer distinciones y ver que ese no es el caso.

Ninguno de los investigadores citados asume a las apuradas que se trata de un cometa o una supernova. Tampoco es la intención de ninguno de ellos el reducir o minimizar el milagro, sino todo lo contrario: exaltan la precisión con la que las Escrituras describen y confirman lo que la humanidad puede verificar ahora que dispone de la avanzadísima tecnología necesaria para calcular en breves segundos lo que a Kepler o Newton les hubiera tomado siglos de trabajo.

Don Buela nos cita a varios santos doctores de la Iglesia pero ninguna de esas citas es incompatible con el trabajo científico que él considera ridículo. Analicemos.

San Agustín enseña que “para indicar el nuevo parto de la Virgen, una nueva estrella apareció”[21]

A los ojos de un observador terreste de esa época, que ignoraba comprensiblemente lo que en realidad era una estrella, la conjunción era una novedad en el cielo – lo cual nadie niega – Tomó muchos siglos aprender que las estrellas son soles alejadísimos de nuestro mundo y no fue sino hasta bien entrado el siglo XX que la ciencia se desayunó que el universo era algo más que la Via Láctea y que muchos de los puntos que llamábamos estrellas eran en realidad galaxias compuestas de cientos de miles de millones de estrellas.

San Juan Crisóstomo afirma: “no fue una estrella ordinaria”[22]

Y San Juan Crisóstomo hace una correctísima afirmación. Ese lucero en el cielo no era ordinario para nada, era una conjunción rarísima, planeada por Dios desde el principio del tiempo para marcar en el cielo y comunicar a los hombres la Encarnación del Hijo! Menudo evento!

San León Magno sostiene que “apareció una nueva estrella de nueva luminosidad.”[23]

¿Quién lo niega? La estrella era novísima a los ojos de sus descubridores tanto por su comportamiento y extrema luminosidad. No estaban acostumbrados a ver todos los días un lucero así.

Santo Tomás cree que es “una estrella creada de nuevo… que se movía según la voluntad de Dios.”[24]

No se puede negar la afirmación de Aquinas. Ni dudarlo. La estrella era nueva y tan creación de Dios como una nueva película de un gran director cinematográfico no puede ser considerada vieja porque las cámaras, la película fotográfica, los lentes, el teatro y la pantalla son del año pasado ¡El show de la Estrella de Belén fue un estreno universal!

Que “se movía según la voluntad de Dios” ¡simplemente no puede ser más cierto! Nadie lo niega ¿No dice San Pablo de los mismos humanos, que tenemos voluntad y libre albedrío:   “porque en El [en Dios] vivimos, nos movemos y existimos”? ¿Y no afirman lo mismo Isaías y el autor del libro de Job?

Aquinas está muy acertado pero cabe hacer una anotación: los santos no son infalibles. El mismo Aquinas opinaba que la vida humana comenzaba al tercer mes de gestación. Tuvo al menos una opinión errada. Queda feo darle al adversario con afirmaciones despóticas y decirles que esto es lo que dicen los santos y sanseacabó. San Seacabó no ha sido canonizado, que yo sepa ni forma parte del rico arsenal teológico y filosófico de nuestro catolicismo.

Y dejamos para el final un párrafo especial:

“Nosotros no trepidamos en calificar a estas teorías, que niegan el hecho de ser milagrosa la Estrella de Belén, como ridículas, presuntuosas, vanas e irracionales. Ridículas, porque son de una extravagancia que mueve a risa; presuntuosas, porque son contrarias al testimonio de los santos; vanas, porque no se fundan en ninguna autoridad; irracionales y absurdas, porque van contra toda razón y todo sentido común.”[25]

Si alquien niega el milagro de la Estrella de Belén, niega un evento cósmico de implicancias eternas. Y no debe movernos a risa no sea que terminemos nosotros siendo objeto de escarnio: “Preparado está el juicio de los escarnecedores, y los azotes para las espaldas de los necios.”[26] Si alguien afirma que algo en la Sagrada Escritura es falso, mejor es corregirlo con buenos razonamientos y no con desplantes y risas: “Altivo, arrogante y escarnecedor son los nombres del que obra con orgullo insolente.” Que sean ellos los insolentes y que nosotros vistamos la verdad de luz y no con obras de la oscuridad. No hay nada de irracional o ridículo en los piadosos análisis de estos expertos que presentan humildemente sus hallazgos y se asombran del majestuoso poder de Dios y de la precisión de las Escrituras. El P. Marie-Benoît bien señala que “es inútil buscar una explicación natural” a la estrella de Belén, tanto él como el P. Santino Raponi, están en lo cierto. Ellos se oponen a los ateos a la violeta – al viejo estilo de Anatole France o George Bernard Shaw ­– que creen que por negar los milagros con alguna explicación mal cocida se pueden sacar de encima a Dios. Esos tocan de oído y todos los conocemos bien. No hagamos lo mismo que esos ateos en el sentido opuesto porque el que hace eso al final no sabe qué pito toca ¿no le parece?

 

 


Bibliografía & Videografia

The Star of Bethlehem, por Rick Larson video documental explicativo del trabajo realizado por el astrónomo Craig Chester y Ernest Martin.

The Star of Bethlehem, por Craig Chester. Publ. Imprimis, 1993, presentado en Hillsdale College en1992. Revisado en 2015.

The Star that Astonished the World, por Martin, Ernest; ASK Publications, 1991.

Handbook of Biblical Chronology: Principles of Time Reckoning in the Ancient World and Problems of Chronology in the Bible, por Jack Finegan, Ed. revisada. Hendrickson Publishers, 1998, 464 pp. Peabody, Massachusetts.

Church History: An Essential Guide. Justo L. Gonzalez, Nashville: Abingdon Press, 1996. 95 pp.

Turning Points: Decisive Moments in the History of Christianity; por Mark A. Noll. Grand Rapids, Baker Books, 1997, 335 pp.

Astronomía Sagrada y el fin de los tiempos, video por Antonio Yagüe que explica en detalle lo que es y cómo ocurre el movimiento retrógrado.

 


Referencias

[1] La estrella de Belén, por Carlos Miguel Buela, 3 de enero de 2016 en padrebuela.org.

[2] Cachito, uso argentino, diminutivo de cacho del latín vulgar cacculus, y este del latín caccabus ‘olla’; coloq. Pedazo o trozo de algo.

[3] Leonardo Castellani, La Esencia del Liberalismo.

[4] Apocalipsis 19:10.

[5] Alternativas: “cuentan, decriben, enseñan.”

[6] מִקְרָא , miqra, a. convocación, fiesta religiosa, asamblea sagrada. Isaías 1:13 (después de קְרֹא), Isaías 4:5; usualmente en su forma explícita קֹדֶשׁ ׳מ, término técnico en P para la reunión sagrada del Sábado y otras fiestas, Exodo 12:16 (dos veces en ese verso) + 14 t. Levítico 23; Números 28:1; Números 29, + (plural) Levítico 23:2,4,37. b. (sustantivo verbal, como infinitivo arameo, Ges§ 45e, cfr 115 d) convocar, הָעֵדָה ׳מ Números 10:2 ver Nehemías 8:8. Brown-Driver-Briggs Hebrew and English Lexicon, Unabridged, Electronic Database.

[7] מוֹעֵד , moed, a. tiempos señalados: in general con el prefijo לְ, “al” o “el” tiempo señalado. Génesis 18:14; Exodo 13:10 (J), Exodo 23:15; Exodo 34:18; Josué 8:14 (todo Jos. Exo.), Génesis 17:21; Génesis 21:2 (P), 1 Samuel 9:24; 1 Samuel 13:8 (después de אשׁר inserta אָמַר ᵐ5 ᵑ7 o שָׂם Dr), 1 Samuel 13:11; 2 Reyes 4:16,17; Habacuc 2:3; Daniel 8:19; Daniel 11:27,29,35; דוד ׳למ al tiempo señalado con David 1 Samuel 20:35 (Tesalonicenses SS lugar señalado); con prefijo בְּ Oseas 2:11; Levitico 23:4; Números 9:2,3,7,13; Números 28:2 (P); con מִן 2 Samuel 20:5; מ׳עַד עֵת 2 Samuel 24:15 hasta el tiempo señalado (es dudoso, ver Dr); con los verbos ׳בא מ Salmo 102:14; ׳לקח מ Salmo 75:3; ׳שׂים מ Exodo 9:5 (J); ׳העביר המ Jeremías 46:17; la cigüeña ׳ידעה מ Jeremías 8:7 sabe su tiempo señalado; צאתך ׳מ Deuteronomio 16:6 tiempo señalado para partir (de Egipto). Cpncordancia de Strong Concordance §4150. NAS Exhaustive Biblical Concordance with Hebrew-Aramaic and Greek Dictionaries. Publ. por The Lockman Foundation

[8] Para una mejor y más completa exposición de este tema ver la serie de artículos (en inglés) You know neither the day nor the hour, especialmente el nro. 5.

[9] Alternativas” “milagros, signos, eventos.”

[10] Questionae in Pentateuchum en Patristica Latina 34, 623.

[11] ST, I-II. q. 106 a.4: publ. BAC II, 803. También: “La Ley Nueva está contenida en la Antigua” en ST, I-II, q. 107, a.3: publ. BAC II, 889.

[12] Concilio Vaticano II; Constitución Dogmática Dei Verbum dobre la divina revelación, 16.

[13] Del latín magus, y este del griego μάγος mágos, un sabio o estudioso de la astronomía, la medicina y las ciencias naturales. Al tiempo de redactarse los Evangelios la palabra no tenía ninguna connotación o conexión con el ocultismo o la magia, como ocurre actualmente en nuestro idioma. Hoy los llamaríamos “sabios” o “científicos”.

[14] La palabra tiene un significado técnico específico: “elevarse en el oriente” en te anatole. El astrónomo Michael Molnar indica que “en el oriente” es una traducción literal de la frase griega en te anatole, que es un término técnico usado en la astronomía matemática griega de aquella época. El término describe específicamente un planeta que se eleva sobre el horizonte oriental poco antes de la salida del sol. Momentos después de que el planeta se eleva sobre el horizonte, desaparece de la vista por efecto del brillo del sol en el cielo de la mañana. es solamente por un momento que se puede apreciar a simple vista la “estrella que se eleva en el oriente.”

[15] Nehemías 3:15 – “Salam, hijo de Collozé, oficial del distrito de Mizpá, reparó la Puerta de la Fuente. La edificó, la revistió y asentó sus hojas, sus cerrojos y sus barras, y la muralla del estanque de Siloé en el jardín del rey hasta las gradas que descienden de la ciudad de David.”

[16] Esta hipótesis se presenta en el relato de Arthur C. Clarke, “La Estrella”; que ganara el premio Hugo 1956 al mejor relato corto, publicado en noviembre de 1955 en la revista Infinity Science Fiction. La ficción relata que un sacerdote jesuita, a bordo de una nave interestelar, descubre una civilización similar a la humana, aniquilada por la explosión de una supernova. Al investigar el tiempo histórico de la explosión estelar, el jesuita de la ficción encuentra que coincide exactamente con el nacimiento de Cristo y que ha hallado al fin la Estrella de Belén.

[17] 3ra acep. f. Astronomía. Situación relativa de dos o más astros cuando se encuentran alineados con el punto de observación. Diccionario de la Real Academia Española.

[18] Del latín planēta, y este del griego πλανήτης planḗtēs; propiamente ‘errante’.

[19] En este caso el programa Starry Night, disponible en el Internet.

[20] Levítico 23, 5.

[21] Contra Faustum.

[22] Homilías sobre San Mateo.

[23] Homilías sobre el año litúrgico, sobre la Epifanía, 31, BAC, Madrid, 1969, p. 123.

[24] Summa Theologiae., 3, q. 36, a. 7.

[25] La estrella de Belén, por Carlos Miguel Buela, 3 de enero de 2016 en padrebuela.org.

[26] Proverbios 19:29.

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