coincidencias-sorprendentes

Carlos Caso-Rosendi

Hace algunos años hice un comentario sobre la hermosa obra de Rick Larson, The Star of Bethlehem. En esa breve presentación el autor explica, con lujo de detalles y con precisión, lo que el llama “el gran poema cósmico” que anuncia y representa con movimientos planetarios y estelares el nacimiento, la misión y la pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Por alguna razón misteriosa, Larson fue llevado a observar cuidadosamente la astronomía particular de los años previos al nacimiento de Cristo y descubrió entre otras cosas, la fecha exacta de la visita de los Magos de Oriente al modesto hogar de José y María. Usando los mismos estrictos métodos Larson reveló la fecha de nuestro calendario en la que ocurrió la muerte de Nuestro Señor en el Calvario, el viernes 3 de abril del año 33.

Cuando Larson presenta el relato de Lucas sobre la llegada de los Magos de Oriente a Jerusalén, nos recuerda que la ciudad estaba alborotada por la llegada de esos extraños personajes que fueron guiados sobrenaturalmente a la aldea de Belén donde encontraron y adoraron a Jesús siendo ya Nuestro Señor un paidion o sea un niñito de pocos años. El detalle que salta a la vista es que, a pesar del alboroto, los habitantes de Jerusalén y su rey Herodes, no tuvieron suficiente interés en conocer al misterioso personaje “nacido rey de los judíos” que los magos extranjeros anunciaban. Aunque los profetas habían anunciado que el Mesías vendría de Belén y que su aparición ocurriría al final de un cierto período de tiempo, a nadie se le ocurrió acompañar a los magos y ver qué estaba pasando a menos de diez kilómetros de Jerusalén en la aldea natal de David. Hubo cero interés en el asunto excepto por el interés de Herodes de degollar a cualquier posible competidor aunque fuera un bebé.

Los números y el calendario

Los números, el calendario, las figuras proféticas y las estrellas anunciaron la primera venida de Jesús a nuestro mundo. Los ángeles del relato de la Ascensión en los Hechos de los Apóstoles, nos aseguran sin embargo que Cristo vendrá otra vez “de la misma manera” y es razonable esperar que números, calendarios, figuras proféticas y estrellas anuncien su parousía o segunda venida.

Sobre este asunto de los números en la Biblia se ha escrito mucho. Hubo quien observó en siglos pasados que si uno cuenta los primeros 49 caracteres hebreos en los libros de la Torah (Génesis, Exodo, Números, Levítico y Deuteronomio) la quincuagésima letra en cada libro forma la palabra Torah. Yo agrego que la primera de esas cinco letras es una tau que es una adecuada representación de la futura Cruz, el instrumento con el que Dios conquistaría a la muerte. Acrósticos de este tipo abundan en la Biblia y muchos de han dedicado a encontrarlos y publicarlos en extensas y eruditas obras. A nosotros nos basta hoy saber que la Biblia y en particular el trabajo de Dios en el mundo, usan números cuyo significado se hace a veces evidente. Cuatrocientos años en Egipto, cuarenta años en el desierto, cuarenta días de cuaresma para la tentación de Cristo, doce apóstoles y doce tribus de Israel, setenta años de destierro en Babilonia, ciento cincuenta y tres peces en la red de los discípulos al final del Evangelio de Juan … los ejemplos que se pueden dar son muchos. Con los siglos los hombres de Dios también han podido discernir el significado aparente de algunos de esos números. Algunos de ellos encierran misterios matemáticos que algún intelecto observador ha recopilado. En general todos estos números asombran a quienes los descubren y revelan que una inteligencia superior parece estar detrás de esta profusión de coincidencias que ningún hombre podría esconder con tanto arte dentro de un relato que ha tomado casi treinta siglos en ser recopilado.

Lo que me interesa hoy es presentar una serie de coincidencias que surgió al tiempo de la elección del Papa Francisco el día 13 de marzo de 2013. Una característica numérica de esa fecha coincide con la fecha de la Pasión de Cristo. Esto es meramente un ejercicio especulativo y no intenta predecir nada en absoluto. Observo las coincidencias que me dan que pensar y nada más,

3 de abril 33: 3+4+3+3 = 13

13 de marzo de 2013: 1+3+3+2+0+1+3 = 13

El día que descubrí esa coincidencia me asaltó la sospecha de estar viendo un indicio del comienzo de la pasión de la Iglesia anunciada por nuestra Señora de Fátima — cuyas apariciones ocurrieron siempre en los días 13 del mes — y eso me llevó a observar con cuidado los acontecimientos que siguieron a la renuncia de Benedicto XVI aquel 11 de febrero de 2013 y que culminaron con el ascenso al trono papal del actual Papa Francisco, el día 19 de marzo de 2013. Luego descubriría una serie de coincidencias, para mí asombrosas, que parecen anunciar algo importante.

Ser como el ciego de Jericó

Antes de continuar con ese asunto quisiera considerar el caso de aquel hombre ciego que mendigaba cerca de una de las puertas de Jericó en Lucas 18:35-43. Creo que todos podemos sacar provecho de la experiencia de ese hombre porque considero que su relato es un breve resumen de la salvación. El ciego representa a la humanidad que reside en la oscuridad, mendicantes que somos, residimos en el mundo representado por Jericó, la primera ciudad conquistada por los israelitas al entrar en Tierra Santa. En otras parábolas Jericó es un modelo del principio de la historia de Israel en la Tierra Prometida, mientras que la última ciudad en ser conquistada, Jerusalén, tipifica el destino final de Israel. Para los cristianos una significa el mundo y la otra los cielos donde está el Templo de Dios. Es en Jericó donde este ciego mendigaba ese día cuando un gran tumulto — que él podía oír — le llama la atención. Al preguntar se entera que Jesús, el famoso profeta y extraordinario sanador, está pasando por el camino. El ciego no puede contenerse y arma un verdadero escándalo logrando atraer la atención de Jesús. Así lo relata San Lucas:

“Sucedió que al acercarse Jesús a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna. Cuando oyó a la multitud que pasaba, preguntó qué acontecía —Jesús de Nazaret está pasando por aquí —le respondieron —¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí! —gritó el ciego. Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él se puso a gritar aún más fuerte: —¡Hijo de David, ten compasión de mí!Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando el ciego se acercó, le preguntó Jesús: —¿Qué quieres que haga por ti? —Señor, quiero ver. —¡Recibe la vista! —le dijo Jesús—. Tu fe te ha sanado. Al instante recobró la vista. Entonces, glorificando a Dios, comenzó a seguir a Jesús, y todos los que lo vieron daban alabanza a Dios.”

El orden en que ocurren estas cosas es muy importante y varios de los Padres y Doctores de la Iglesia han hecho estas observaciones: Jesús pasa pero su presencia se puede advertir. El ciego nota las señales que son distintas de los ruidos que él habitualmente escuchaba. Prontamente alguien le declara lo que está pasando. El ciego comenzó a llamar a Jesús insistentemente, reconociendo que era el Mesías. Llevado a la presencia de Jesús el ciego manifiesta su fe pidiéndole la vista. Cristo entonces, reconoce la fe del hombre y le otorga una curación inmediata. Lo primero que el hombre curado ve, es el Rostro de Dios.

De todo esto necesito destacar hoy que, al aproximarse Cristo ocurren cosas, disturbios en la rutina natural del hombre. Abismalmente ciegos no podemos realmente acertar a entender lo que tales disturbios significan y tenemos que preguntar ¿a quiénes? Pues a los que siempre han estado hablando de eso, los Padres, Doctores, Profetas y el Magisterio de la Iglesia que nos ha dejado un tesoro de información en las Escrituras y en la Tradición. Ese tesoro de conocimientos apunta a una sola persona: Cristo. La lección, si se quiere, es ser como el ciego de Jericó y no como los expertos de Jerusalén que dejaron que se les escapara la información que traían los Magos de Oriente. Pudo entender mejor el humilde mendigo ciego de una ciudad fronteriza que la rica e inteligente corte de Herodes en la capital, Jerusalén. Para usar las palabras de María en Lucas 1:52-53 “De sus tronos derrocó a los poderosos, mientras que ha exaltado a los humildes. A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió con las manos vacías.”

Teniendo esto en cuenta entremos en tema.

Los dos testigos del Apocalipsis de San Juan

Para introducir este tema debemos repasar el capítulo 11 del Apocalipsis Según San Juan. No intento hacer un examen exhaustivo ni pretendo interpretar este capítulo. Carezco de la capacidad y la autoridad para hacer interpretaciones de ese tipo. Todo lo que pretendo es enmarcar una hipótesis que lleva a iluminar algunas coincidencias muy curiosas. Eso es todo.

Entonces me fue dada una caña semejante a una vara de medir, y se me dijo: Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él. Pero el patio que está fuera del templo déjalo aparte, y no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles; y ellos hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses. Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio.

Lo que nos importa de este pasaje es que el tiempo que los testigos profetizan es igual al tiempo del “pisoteo” u “hollar” de la ciudad santa por los gentiles: cuarenta y dos meses es otra manera de decir mil doscientos sesenta días. Es posible que haya algo que está esperando manifestarse. Los dos testigos son de Dios. Cuando hayan terminado su testimonio deberán guerrear contra los poderes del mal representados por una “bestia que sube del abismo” que los vencerá y les llevará al martirio.

La identidad de estos dos testigos ha sido un misterio ya por veinte siglos pero eso no ha impedido que se los identifique con diversos pares de personajes. Mi hipótesis, que ahora presento sin intentar sentar doctrina alguna, es que ha llegado la hora de identificar a esos dos testigos, únicos en la historia del pueblo de Dios y que se parecen un poco a San Juan Bautista y a Nuestro Señor Jesús, quienes dieron testimonio al principio de la historia de la Iglesia. Los dos testigos de Apocalipsis 11 cierran la historia de la Iglesia con su prédica de mil doscientos sesenta días, un período de penitencia que parece relatar la pasión de la Iglesia al final de los tiempos. Si uno lee el capítulo detalladamente se puede ver que en los versículos 15 al 19 se alude claramente al fin de los tiempos de los gentiles.

La hipótesis que propongo es que estos dos testigos son nuestro querido Pontífice Emérito, Benedicto XVI y nuestro Pontífice en funciones, Francisco. Estimo que la renuncia de Benedicto ha dado lugar a una situación única en la historia de la Iglesia: hay dos pontífices, uno emérito y el otro en funciones; ambos en pleno acuerdo. Eso es algo que se da por primera vez en veinte siglos.

Según esta hipótesis el primer día de los mil doscientos sesenta días que estos dos testigos deben predicar juntos, sería el 19 de marzo de 2013 cuando Francisco ascendió al papado. Luego …

19 de marzo 2013 +1260 días = 30 de agosto de 2016 ( o 31 de agosto, según se mida).

Aceptando la hipótesis, ése sería el día en que estos dos testigos terminarían su prédica de 42 meses. Siguiendo el hilo del relato de Apocalipsis 11 ese podría ser también el tiempo de su profetizado martirio, algo que los pequeños videntes de Fátima también vieron cuando distinguieron aparentemente “un obispo vestido de blanco” al que curiosamente no llamaron “Santo Padre” como en otras ocasiones dentro del mismo relato.

Hasta aquí el lector no ha aprendido nada sorprendente, pero las cosas cambian un poco cuando consideramos que estos mil doscientos sesenta días parecen formar parte de un calendario de acontecimientos que incluye términos de tiempo similares que se mencionan en el libro de Daniel. En Daniel 12:5-6 uno de los personajes de la visión profética pregunta lo mismo que nos preguntamos nosotros: “Yo, Daniel, vi ante mí a otros dos hombres; uno de ellos estaba en una orilla del río, y el otro en la orilla opuesta. Uno de ellos le dijo al hombre vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río: “¿Cuánto falta para que se cumplan estas cosas tan increíbles?”

La respuesta incluye una serie de condiciones y luego se mencionan dos períodos de tiempo: 1290 días y 1335 días. Dejo al lector leer los detalles en su propia Biblia. Antes Daniel había profetizado sobre 2300 tardes y mañanas (Daniel 8:14) introduciendo otro período profético de 1550 días que comienza con una tarde, ya que los hebreos comienzan el día con el ocaso del sol y no con su salida. En esta instancia debo introducir la segunda parte de mi hipótesis que consiste en considerar todos estas “marcas” en el tiempo como parte de una sola secuencia que comienza en un determinado punto de la historia. Ese punto de la historia lo indicaría Apocalipsis 11 con la aparición de los dos testigos. Como lo expresé en la primera parte de mi hipótesis, esa fecha sería el 13 de marzo de 2013.

Ahora sumemos a esa fecha, en orden creciente los diferentes períodos.

13 de marzo 2013 + 1550 = 13 de mayo de 2016. 

13 de marzo 2013 + 1260 = 30/31 de agosto de 2016, fin del profetizar de los dos testigos.

13 de marzo 2013 + 1290 = 29 de septiembre de 2016.

13 de marzo 2013 + 1335 = 13 de noviembre de 2016.

Las coincidencias que encuentro en esta secuencia son llamativas.

El Ciclo de San Miguel: 13 de marzo 2013 a 29 de septiembre de 2016 (1290 días)

Este ciclo comienza en la fiesta de un santo protector de la Iglesia; San José y termina en la fiesta del otro santo protector de la Iglesia, el Arcángel San Miguel. Regresando a Daniel 12:1, el mismo capítulo que menciona los 1290 días, leemos “Entonces se levantará Miguel, el gran príncipe protector de tu pueblo. Habrá un período de angustia, como no lo ha habido jamás desde que las naciones existen.” Es fácil asumir que esa pudiera ser la fecha del comienzo de ese período de angustia pero no me atrevo a hacer predicciones. Solamente indico el nexo, demasiado preciso para ser casual, que conecta a San Miguel mencionado por Daniel y la fecha litúrgica que recuerda precisamente a ese protector de la Iglesia.

El 13 de agosto de 2016 es el 9 de Av en el calendario hebreo, el aniversario de ambas destrucciones del Templo de Dios en Jerusalén, en 588 a.C. por los babilonios y en el 70 d.C. por los romanos. Es considerada una fecha fatídica.

Dentro de este ciclo el 30/31 de agosto de 2016, llega a su fin el profetizar de los dos testigos.

13 de marzo 2013 a 13 de mayo de 2016 (1550 días)

“Escuché entonces que uno de los santos hablaba, y que otro le preguntaba: “¿Cuánto más va a durar esta visión del sacrificio diario, de la rebeldía desoladora, de la entrega del santuario y de la humillación del ejército?” Y aquel santo me dijo: “Va a tardar dos mil trescientas tardes y mañanas. Después de eso, se purificará el santuario.” Daniel 8:13-14

De nuevo, no me atrevo a entrar en predicciones de ninguna clase pero apunto a dos hechos llamativos. El primero es que el 13 de mayo es el aniversario de la primera aparición de la Virgen de Fátima a los pastorcitos en la Cova da Iria. Conviene anotar que este día comienza después del atardecer del día anterior. Ese día es la fiesta de San Pancracio, joven mártir de la Eucaristía que cae en el jueves 12. Eso pareciera llenar bastante bien las condiciones para el día del “aviso” profetizado por Conchita, la visionaria de Garabandal.

El segundo es que la purificación del Santuario de Dios al término de los días me recuerda a la promesa de Nuestra Señora de Fátima: “Al final mi Inmaculado Corazón triunfará.” Esta fecha también parece definir otro ciclo que comienza el 13 de mayo de 2016 y termina el 13 de noviembre de 2016 al final de los 1335 días.

13 de marzo 2013 a 13 de noviembre de 2016 (1335 días)

Este ciclo, que termina 42 días antes de Navidad, pareciera estar conectado a los acontecimientos de Fátima en 1917 y con la conversión de Israel pues el Hanukkah coincide ese año con la Navidad cristiana. Nuestra Señora prometió aparecer en Fátima siete veces en el día 13 de cada mes. Sin embargo ella solamente apareció seis veces entre mayo y octubre de 1917. La aparición número siete correspondiente al 13 de noviembre no se ha realizado hasta ahora (escribo esto en enero de 2015) lo cual parece sugerir que la séptima aparición de la Nuestra Señora en Fátima ocurrirá en 2016. De ninguna manera quiero formular una predicción. Me limito a indicar coincidencias que a mí me parecen sugestivas.

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