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Carlos Caso-Rosendi

En un artículo previo, Benedicto se juega, que se multiplicó y fue publicado profusamente en la red, les comentaba mi opinión personal: que la renuncia de Benedicto era la forma prudente que Su Santidad eligió para evitar el riesgo de quedar inválido y a merced de la burocracia vaticana pero, al mismo tiempo, dejar lugar a un Papa más joven y con mejores posibilidades de efectuar la limpieza que Benedicto venía encarando desde los primeros días de su papado. Pienso que Benedicto es mucho más inteligente de lo que los medios seculares le conceden. Si estoy en lo cierto, esta medida multiplicará el “efecto Benedicto” y la Iglesia será purificada con energía en los años por venir.

Poco después de salir aquel artículo, apareció en el sitio Rorate Caeli un informe cuidadosamente documentado por el Padre Dariusz Oko sobre la infiltración de una maffia homosexual en la Iglesia, en particular en Polonia y con tentáculos que alcanzan a la misma curia vaticana. Casi al mismo tiempo los diarios italianos publicaron comentarios sobre el artículo de Ignazio Ingrao aparecido en la revista italianaPanorama. En ese artículo, Ingrao intenta reconstruir el contenido del informe secreto elevado a Benedicto XVI por los cardenales Julián Herranz, Josef Tomko y Salvatore de Giorgi. Lo hace por medio de entrevistar a las mismas personas que los cardenales entrevistaron y a otros que le fueron referidos por esas mismas fuentes. Conociendo la integridad periodística de Ingrao y su reputación como vaticanista serio, uno se imagina que sus editores buscaron la persona más seria y creíble que pudieran encontrar. Lo hicieron porque el asunto es serio, la información es muy delicada y no olvidemos que será conocida tarde o temprano por el mundo entero.

Hubo quienes me acusaron de ayudar a difundir un sinsentido. Hay gente entre los escritores y comentaristas católicos que no puede encontrar sus propias asentaderas a plena luz del día, pero tienen algo de pontífice en que se autoconvocan para pontificar y acusar aunque nadie les haya preguntado nada y no se haya cometido ningún crimen. Uno me dice muy serio: “No me siento inclinado a confiar en un periodista a quien no conozco y que escribe en un periódico anticlerical, cuando escribe sobre un informe vaticano tan secreto que ni siquiera los Cardenales lo han leído”.

Bueno, lamento que Ignazio Ingrao sea tan poco conocido en América del Sur y que eso sea suficiente razón para desconfiar de él. Lo de Panorama como periódico anticlerical está por verse, a menos que por “contra el clero” se entienda, por ejemplo, ese artículo reciente en el que los periodistas de Panorama expusieron las juergas monumentales de un grupo de numerosos sacerdotes romanos que se fueron a divertir a los clubes gay de Roma. Como para mí esos pederastas descarados no son clero, poco puedo considerar el reporte de Panorama como anticlerical. Carbonarios eran los de antes, éstos de ahora nos ayudan bastante a identificar las manzanas podridas. Pero vuelvo a Ingrao. El nos dice que su reconstrucción cuidadosa del informe secreto devela, que una de las partes más comprometedoras del documento de 300 páginas es: la existencia de un número de cardenales homosexuales que están siendo extorsionados.

Pero no debemos preocuparnos porque a Ingrao y a su revista “anticlerical” mi amigo “no los conoce”. Por lo tanto NO HAY cardenales homosexuales ¿Verdad? Y un servidor está escribiendo pavadas ¿No es cierto? En eso estábamos cuando renuncia el Cardenal O’Brien de Edinburgo, Escocia. Benedicto XVI, aún en funciones, aceptó su renuncia más rápido que un bombero y lo envió empacando. Esto lo hizo dando crédito prima facie a las denuncias de cuatro sacerdotes y por lo menos un ex-seminarista seriamente dañado por el abuso sexual del cardenal pederasta. En la prensa británica de la semana se comenta la relación entre O’Brien y Jimmy Saville un showman de la BBC que abusó de más de 300 menores durante años amparado por el venerable monopolio mediático británico.

Pero como, según mi amigo, Ingrao es un fantasioso y Panorama es anticlerical… señores, aquí no ha pasado nada. A poner cara de tontos y mirar para otro lado.

Esto intensifica la atención que ahora se centra con fuerza en el ex Arzobispo de Los Angeles el Cardenal Roger Mahoney, quien fuera implicado recientemente en un extenso encubrimiento de cientos de casos de abuso sexual, encubrimiento que duró muchos años. Mahoney es el principal perpetrador de uno de los crímenes arquitectónicos del siglo, la Catedral de Los Angeles que clama al cielo por un terremoto. Mejor conocida como el Taj Mahoney el engendro es una fiel representación de su inspirador: rojo y cuadrado.

A medida que los medios católicos exploran el terreno vemos que está en curso el desarme de la red homosexual en el clero católico. O’Brien y Mahoney son las primeras bajas. Finalmente todo está saliendo a la luz … para sorpresa de algunos católicos que hasta el momento estaban en ayunas de todo esto y el agradecimiento de muchos otros que hemos sabido o sospechado esto por años y ahora damos gracias a Dios porque al fin esto se comienza a exponer aunque haya mentecatos que no lo quieran ver. Gracias a Dios Benedicto tuvo los pantalones bien puestos. Si hubiera empezado el papado cinco años antes, les hace pelo y barba y ya no quedaría ninguno. Que los ciegos lo nieguen todo lo que quieran.

Comenta Michael Voris de la cadena americana Militant Church: “A la luz de todo esto, la renuncia del Papa Benedicto XVI para el bien de la Iglesia ha tomado proporciones apocalípticas. Un gran cambio está llegando a la Iglesia y el camino al cambio ha sido abierto por la humildad de un Papa envejeciente, cansado de la batalla, que ama a la Iglesia con tanta intensidad que ha depuesto su espada para que un hombre más joven pueda recogerla.”

Tenemos que rezar con intensa gratitud al Espíritu Santo por nuestro amado Santo Padre Benedicto XVI por su inmenso sacrificio que nace del amor que tiene por la Iglesia y que el próximo Pedro tenga un amor tan intenso como él por la fe y esté dispuesto a dar batalla y limpiar la Iglesia para que en ella no entren más los enemigos de Cristo.

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