solo-la-belleza-nos-salvar

Sandro Magister

El próximo mes de julio Benedicto XVI se reunirá de nuevo con los artistas, menos de dos años después del encuentro anterior en la Capilla Sixtina. Que el arte, junto con los santos y antes que la razón, es “la más grande apología de la fe cristiana” es una tesis que Benedicto XVI ha sostenido varias veces.

Para él la belleza es “la vía más atrayente y fascinante para llegar y encontrar y amar a Dios”

Pero definitivamente esta tesis no tiene vida fácil hoy, es decir, al menos cuando un par de siglos atrás “se rompió el hilo del arte sacra”: como ha titulado el historiador del arte Timothy Verdon un ensayo en L’Osservatore Romano del 28 de marzo del 2008.

Enrico Maria Radaelli, filósofo de la estética, en su último libro plantea una pregunta paradojal:

“¿Qué cosa aprenderían los millones de fieles que visitan la Capilla Sixtina si sus nobles paredes y su célebre bóveda, hubieran sido pintadas por un Haring, un Warhol, un Bacon, un Viola, un Picasso, y no por Miguel Ángel?”

El nuevo ensayo de Radaelli lleva por título: La belleza que nos salva. Y el subtítulo es todo un programa: La fuerza de ‘Imago’, el segundo Nombre del Unigénito de Dios, que, con ‘Logos’, puede dar vida a una nueva civilización, fundada en la belleza.

Son trescientas páginas de alta metafísica y de teología, valorizadas por un prefacio del filósofo del “sentido común” Antonio Livi, sacerdote del Opus Dei y profesor en la Pontificia Universidad Lateranense.

Pero también son páginas de crítica áspera a la deriva que ha revolcado una fecunda relación de siglos entre el arte y la fe cristiana. Sin dejar de lado las altas jerarquías de la Iglesia, que Radaelli acusa de haber abdicado de su rol magisterial, de faro de la fe y por lo tanto también del arte cristiano.

Para invertir el camino, Radaelli escribe que no basta uno que otro esporádico encuentro entre el Papa y los artistas. A su juicio es necesario convocar en la Iglesia “un debate universal, no meramente artístico, sino teológico, litúrgico, eclesiológico, filosófico, un simposio de varios años y multidisciplinar, cuyo nombre podría ser el simple pero claro ‘Estados generales de la belleza'”.

Radaelli da el nombre de aquellos que interrogados por él, en el Vaticano y fuera, se han adherido a la idea: el cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del pontificio consejo para la cultura; el cardenal Mauro Piacenza, prefecto de la Congregación para el clero; el cardenal Albert Malcom Ranjith, arzobispo de Colombo y ex secretario de la congregación para el culto divino; el abad Michael John Zielinsky, vicepresidente de la pontificia comisión para los bienes culturales de la Iglesia; Antonio Paolucci, director de los Museos Vaticanos; Valentino Miserachs Grau, presidente del pontificio instituto de música sacra; Timothy Verdon, presidente de la oficina para la catequesis en el arte de la arquidiócesis de Florencia; Roberto de Mattei, historiador, vicepresidente del Centro Nacional de las Investigaciones; Nicola Bux, consultor de la congregación para el culto divino y de la oficina de las celebraciones litúrgicas pontificias; Ignacio Andereggen, miembro de la pontificia academia de Santo Tomás de Aquino.

Con tono polémico, Radaelli observa que “es necesario más coraje” para organizar estos “Estados generales de la belleza” que un Patio de los Gentiles. Porque -explica -dialogar fuera del templo con el mundo profano será también justo y meritorio, pero antes las jerarquías de la Iglesia deberían prever el modo de que la catedral de la doctrina no se arruine, “llena como está de inconscientes y no menos auténticos luteranos, arrianos, gnósticos, pelagianos”.

Pero no nadie ha dicho que en el Patio de los Gentiles la cuestión enfocada por Radaelli se haya callado. En el primero de estos encuentros de diálogo queridos por Benedicto XVI y llevados a la práctica por el cardenal Ravasi, tenido en París en marzo del 2011, hubo un orador que la propuso a la atención de todos en forma candente.

Este orador es Jean Clair, historiador del arte de fama mundial, miembro de la Academia de Francia y conservador general del patrimonio artístico francés.

Además, el 2 de junio, fiesta e la Ascensión de Jesús al Cielo, en L’Osservatore Romano el teólogo Inos Biffi ha desarrollado el tema de la belleza de la verdad de Dios con acentos consonantes a los del ensayo de Radaelli: otra señal de atención autorizada para la cuestión.

Publicado anteriormente en Chiesa.

 

Anuncios