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Robert Moynihan

La frase «Fiat voluntas tua», «Que se haga Tu voluntad» es el centro de la Fiesta de la Anunciación. Así como toda la creación comenzó con las palabras del Creador «Fiat lux,» («Que se haga la luz»), así la entera Nueva creación comienza por una palabra: el «fiat» de María en respuesta al ángel Gabriel, cuando ella dice: «Que ocurra así como me lo has declarado.» Las consecuencias de aquel «fiat» continúan y continuarán desarrollándose.

La Fiesta de la Anunciación aquí en Roma el 141 de la via Borgo Pio, a la sombra de los muros vaticanos, en un local que vende iconos rusos, reunidos a la mesa, discurriremos brevemente sobre el papel de María en la historia de la salvación y también sobre si podría ser oportuno que la Iglesia ahora considerara una solemne definición de los aspectos del protagonismo de María bajo los títulos «Co-Redentora», «Mediatriz de Todas las Gracias» and «Abogada.»

Por supuesto, me doy cuenta que muchos piensan que el momento NO es oportuno.

Y reconozco que esos muchos pueden estar en lo cierto.

Pero es precisamente porque hay pocos que piensan que el tiempo es oportuno—comparando con los que piensan que no lo es—yo pienso que es apropiado continuar conversando sobre estas cosas —para dialogar especialmente sobre el tema del espíritu, por decirle así, del II Concilio Vaticano, que llama a considerar en discusión los diversos y discutidos asuntos en los que hay opiniones divergentes, precisamente para llegar aun juicio más sabio, más profundo y más claro de estos tópicos. El diálogo (en inglés) se podrá ver por vía del internet.

Me siento especialmente inclinado a invitar a los teólogos a participar en este diálogo por causa de la verdad testimoniada en las Escrituras, una verdad que siempre me pareció de importancia fundamental para entender la realidad y los fines últimos de esa realidad.

Me refiero a los dos «Fiats» de la Escritura.

Ante todo la primera palabra al principio de todas las cosas: el «Fiat lux» pronunciado por Dios, el Creador antes del comienzo del tiempo.

En segundo lugar, las palabras decisivas pronunciadas por María al momento de la Anunciación, «Fiat mihi secundum verbum tuum» cuando el ángel Gabriel le anunció a María hace veinte siglos, que el Espíritu del Altísimo la cubriría y engendraría en ella la vida del Hijo.

La ocasión que conmemoramos es el principio de la Encarnación, el momento en el tiempo y en la historia en el que el Eterno se hizo carne — a través de María, el vaso elegido, la flor de su pueblo Israel, la hija de Sión.

El II Conciilo Vaticano (Lumen Gentium, lat. «Luz a las Naciones», par. 61-62), dice:

«… padeciendo con su Hijo mientras El moría en la Cruz, cooperó en forma del todo singular, por la obediencia, la fe, la esperanza y la encendida caridad en la restauración de la vida sobrenatural de las almas. por tal motivo es nuestra Madre en el orden de la gracia».

«Y esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el momento en que prestó fiel asentimiento en la Anunciación, y lo mantuvo sin vacilación al pie de la Cruz, hasta la consumación perfecta de todos los elegidos. Pues una vez recibida en los cielos, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por su múltiple intercesión los dones de la eterna salvación».

«Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz».

«Por eso, la Santísima Virgen en la Iglesia es invocada con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. Lo cual, sin embargo, se entiende de manera que nada quite ni agregue a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador.»

En un tiempo en que la Iglesia está profundamente atribulada por los pecados de muchos de sus miembros y ministros y soporta el ataque de muchos que quieren ver a la Iglesi disminuída o disuelta, recurrir a María me parece muy de acuerdo con esta enseñanza conciliar.

Robert Moynihan escribe desde Roma para el mensuario americano Inside the Vatican.

 

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