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Sandro Magister

Fue un rabino judío el primero a quien le confió, el día después la visita a la sinagoga de Roma, el pasado 18 de enero, que había terminado de escribir su libro sobre Jesús.

El rabino es el estadounidense Jacob Neusner, y el autor del libro es Benedicto XVI.

El primer volumen del «Jesús de Nazaret», del Papa Joseph Ratzinger, ha salido a la venta hace tres años. Y ahora está próximo para la traducción y para la impresión el segundo y último volumen de la obra, dedicado a la pasión y resurrección de Jesús y a los evangelios de la infancia.

Pero entre tanto, con llamativa coincidencia, ha salido a la venta en estos días en Italia la reimpresión de otro importante libro sobre Jesús, titulado «Il Nazareno», escrito hace más de setenta años por un gran rabino italiano.

No sólo eso. De esta nueva edición de ese libro se publicó, el 20 de febrero en «L’Osservatore Romano», una reseña muy positiva, escrita por una especialista de fama, Anna Foa, judía, docente de Historia en la Universidad de Roma «La Sapienza».

Esta reseña significa también una novedad importante. El autor del libro, Israel Zoller, fue gran rabino de la comunidad judía de Roma. Y en 1945 se convirtió a la fe católica.

Su resonante conversión perturbó fuertemente a la comunidad judía romana e italiana, que lanzó sobre él un silencio que duró décadas.

La reseña de Anna Foa en el «diario del Papa» ha roto definitivamente este silencio. Y además ha reconocido que en ese libro, escrito además muchos años antes de la conversión de su autor, ya «parecía aparecer entre líneas un reconocimiento de la mesianidad de Cristo».

Israel Zoller nació en 1881 en Brodj, aldea de la Galizia austro-húngara que hoy está dentro de los límites de Polonia. Cuando tenía seis años emigró con su familia a Stanislavia, la actual Ivano-Frankovsk, en Ucrania. Estudió en Leopoli y luego en Florencia. Establecido en Italia, cambió su apellido por el de Zolli. Fue rabino jefe en Trieste y enseñó literatura judía en la universidad de Padua. Transferido a Roma, fue elegido rabino jefe y director del colegio rabínico. Renunció a comienzos de 1945 y en febrero pidió ser bautizado en la Iglesia Católica, con el nombre de Eugenio, el mismo nombre del Papa de ese entonces: Pío XII. Murió en 1956.

Su autobiografía, escrita en 1947 y reimpresa en Italia hace seis años, ayuda mucho a comprender el recorrido y el significado de su conversión a la fe cristiana.

Desde niño, para él Jesús estaba presente con todo su misterio. Dentro de un mundo que recuerda los cuadros de Chagall, el pintor judío que nació y vivió en esas mismas tierras orientales entre Europa y Rusia (ver foto): con la aldea, la sinagoga, el maíz sobre la nieve, la escuela judía con el maestro severo, el gallo sobre los tejados… Y muchas figuras volantes en el cielo lleno de estrellas: los personajes de la Biblia.

Pero precisamente, de repente también está presente Jesús: está el crucifijo en la casa del compañero de escuela:

«¿Por qué fue crucificado? ¿Por qué nosotros jóvenes llegamos a ser tan distintos en presencia de Él? No, no, Él no puede haber sido malo. Quizás era o quizás no era – quien sabe – el Siervo de Dios cuyos cantos hemos leído en la escuela. Yo no sé nada, pero de una cosa estoy cierto: Él era bueno, y entonces… Y entonces, ¿por qué lo han crucificado?».

Están imprevistamente los Evangelios y el Nuevo Testamento:

«Absolutamente solo, yo leía el Evangelio y experimentaba un placer infinito. Que sorpresa tuve en medio del prado verde: ‘Pero yo les digo: amen a sus enemigos’. Y desde lo alto de la cruz: ‘Padre, perdónalos’. El Nuevo Testamento es verdaderamente un testamento… ¡nuevo! Todo esto me pareció de una importancia extraordinaria. Enseñanzas del tipo ‘Bienaventurados los limpios de corazón’ y la oración en la cruz significan una línea demarcatoria entre el mundo de ideas antiguas y un cosmos moral nuevo. ¡Cierto que sí! Aquí surge un mundo nuevo, ya que se delinean las formas sublimes del Reino de los Cielos, de los perseguidos que no han perseguido sino que han amado».

El bautismo llegará muchos años después. En la autobiografía aparece como natural floración mesiánica de un tronco judío que sigue vivo, ya desde los comienzos cargado de destino.

Israel Zoller, más tarde convertido en Eugenio Zolli, ha prefigurado en su vida el surgimiento de un vínculo fraterno entre cristianismo y judaísmo, vínculo que hoy está elevado a programa del vértice supremo de la Iglesia.

Un vínculo fraterno que se pone totalmente en juego en la diferencia capital presente entre las dos creencias, en el reconocimiento de Jesús como «Señor mío y Dios mío».

Es la misma diferencia sacada a la luz por Benedicto XVI en el capítulo sobre el Sermón de la Montaña, en el primer volumen de su «Jesús de Nazaret», en el cual el amigo rabino Jacob Neusner es la figura emblemática del judío piadoso que rehúsa aceptar la divinidad de Jesús, tanto ayer como hoy.

Pero aquí, a continuación, la reseña de la judía Foa en Il Nazareno del rabino Zolli, publicada en L’Osservatore Romano del 20 de febrero de 2010.

Publicado originalmente en Chiesa.

 

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