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Francis Beckwith

Mi esposa y yo tuvimos el honor de estar entre los presentes en la Misa en la que nuestro querido amigo Hadley Arkes fue recibido en la Iglesia Católica. Ocurrió en la tarde del sábado 24 de abril en la capilla del Centro de Información Católica en Washington D.C. Su padrino fue Michael Novak, un querido amigo que realmente vive el Evangelio de Nuestro Señor.

Hadley, que contribuye frecuentemente con sus escritos en la revista americana First Things y es miembro de la junta editorial, es uno de los más defensores más conscientes y valientes de la santidad de la vida humana. Ostenta la cátedra de Jurisprudencia e Instituciones Americanas en Ahmerst College. Hadley es también el autor de ocho libros sobre Derecho Natural, moral, justicia y asuntos constitucionales.

He dedicado mi último libro [1] a Hadley quien, irónicamente, intervino en mi regreso a la Iglesia Católica cuando ambos éramos decentes invitados en Princeton University en el año lectivo 2002. Ese encuentro lo relato en Retorno a Roma: Confesiones de un Católico Evangélico

Entre otros que visitaban la institución en Princeton ese año, estaba Hadley Arkes, un filósofo de Amherst College. Le conocía ya por ocho años desde nuestro encuentro en Fordham University cuando dió el discurso principal del encuentro anual de Profesores Por La Vida. sus trabajos en jurisprudencia y política, así como su estilo literario—que es una rara combinación de rigor filosófico, gracia literaria y genio atrevido—fue lo que dió forma a mis propias aspiraciones profesionales. Me ayudó a expandir mis intereses hacia las leyes y la política, en un tiempo en que yo me limitaba a la filosofía de la religión y la ética aplicada.

Una noche poco después de llegar a Princeton, Hadley me llamó para tratar algunos asuntos. En el medio de nuestra conversación me preguntó: “¿Por qué eres protestante y no católico?” La pregunta me tomó por sorpresa, ya que Hadley era judío y nunca habíamos discutido nuestras creencias, a pesar de conocernos ya por casi una década. Le dí mis acostumbradas respuestas teológicas protestantes. El se detuvo un momento y dijo, “¿Eso es todo? Naciste y te criaste católico. Tus padres son católicos. Yo no entiendo por qué no regresas a la Iglesia.” Yo repliqué, “Hadley, tú eres judío y para tí, una vez que pases del punto de reconocer a Jesús ya el resto te resulta fácil. Pero para protestantes y católicos, estos asuntos son importantes.” El se sonrió y me preguntó si me interesaría conversar con él y con Robert P. George (un católico que es profesor en Princeton) sobre las diferencias entre católicos y protestantes. Aunque nunca llegamos a tener esa conversación, la pregunta de Hadley sobre mi paso del catolicismo al protestantismo era la primera que me llegaba de alguien fuera de mi familia.

Providencialmente me enteré hace un año que mi hermano Patrick, un devoto católico, había hablado con Hadley y con Robert George antes que yo llegara a Princeton y les había pedido que me preguntaran gentilmente sonre mis raíces católicas y mi paso la fe protestante. Mi hermano no supo que Hadley había hecho lo que él le pidiera, hasta que leyó este pasaje en mi libro. Como Patrick le había pedido a Hadley en estricta confidencia, nunca supe de aquel pedido de mi hermano hasta que él mismo me lo reveló el año pasado.

Así que para mi esposa y yo, el sábado pasado fue un vistazo en lo que el autor de la Carta a los Hebreos quiso decir cuando llamó a Jesús “iniciador y consumador de nuestra fe” (Hebreos 12,2).


[1] Politics for Christians: Statecraft as Soulcraft, publ. InterVarsity Press, 2010.