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Artur Rosa Teixeira

El artículo presentado a continuación es de un escritor portugués que NO ES católico. Fue publicado en el sitio del periódico ruso Pravda , el mismo que otrora fuera portavoz del comunismo mundial. No suscribo totalmente a la postura del autor, aunque en conjunto su razonamiento sobre la agresión de los medios a Benedicto XVI me parece bastante coherente. La Divina Providencia, siempre lista para sorprendernos, nos viene a consolar en esta hora tenebrosa—NOTA DEL EDITOR

Cuando se confunde el árbol con el bosque

Muchas de las noticias que nos llegan, no sin afán de propaganda ideológica encubierta, contienen el error fundamental de confundir un árbol con el bosque entero… sobre todo cuando el objetivo es denigrar.

O sea, a partir de un caso aislado, preferentemente de contornos escabrosos, se generaliza para así inducir al lector a pensar que todo el conjunto es de la misma naturaleza. Nos referimos a los casos de pedofilia en el seno de la Iglesia Católica que fueran recientemente mediatizados por las agencias internacionales de noticias. Tal generalización tiene obviamente connotaciones ideológicas y obedece a una agenda política que busca de-construir a la sociedad tradicional y a todas sus instituciones seculares para imponer un nuevo orden mundial a gusto de los siniestros intereses de la oligarquía internacional, la misma que maniobra los mercados financieros y a través de ellos, controla en gran parte la economía del planeta.

De hecho las noticias recientes relacionadas con la pedofilia de ciertos sacerdotes católicos tiene contornos de una campaña de ataque a la jerarquía católica, pasados del tono de objetividad informativa que la disciplina periodística impone, independientemente de la gravedad moral de los hechos. Tales noticias suscitan desconfianza en lo que toca a su “bondad” hasta entre quienes no somos católicos. Aún discordando con la doctrina de la Iglesia Católica Apostólica Romana, en algunos aspectos reconocemos la importancia capital de su papel en nuestra historia, en la defensa de los valores éticos que forman nuestra cultura judeo-cristiana y su acción social meritoria en pro de aquellos que han sido víctimas de la usura y del afán de ganancia de la oligarquía internacional, que al final es la más interesada en destruir el catolicismo y la religión en general, ya que éstos constituyen un obstáculo serio para el logro de su objetivo final, que es reducir a la humanidad a la condición de esclavos robotizados.

Hagamos un aparte, antes que nos confundan y digan que defendemos la pedofilia, que al entrar en defensa de la Iglesia Católica no queremos justificar la acción ignominiosa de hombres que han olvidado su más elemental obligación como sacerdotes, el respeto al prójimo, sobre todo el más importante, como es la protección del huérfano, carente del afecto de una verdadera familia.

Uno de los aspectos que nos lleva a desconfiar de la “buena voluntad” de estas noticias es el hecho que se enfocan exclusivamente en los casos de pedofilia de clérigos católicos, cuando se sabe que ese vicio afecta a toda la sociedad. Lo encontramos en todos los estratos sociales y hasta en las familias. El pedófilo comienza estando muy próximo a su víctima y de su confianza, o sea, no es un extraño… pudiendo ser hasta el mismo padre, un tío, etc. Cuando se argumenta que los curas—debido al celibato al que están obligados, son más propensos a la pederastia, como insistentemente se procura justificar la tentación de los abusos sexuales—se olvida que el pederasta no siempre es soltero y muchas veces es tenido como “buen” jefe de familia, por lo tanto, como una persona normal.

Otro detalle que indica que está en marcha una campaña de desmoralización de la Iglesia Católica, es el hecho que las noticias sobre casos de pedofilia en su seno surgieron como los hongos por la mañana, confundiéndose el número de víctimas con el número de pedófilos que son presentados como si fueran un enjambre de abejas que comprende casi la totalidad de la Iglesia Católica. Evidentemente esto no es disculpa para los autores de los abusos sexuales. La verdad es que las víctimas son muchas aunque los abusadores denunciados no pasen de ser una ínfima minoría.

Del mal, mejor no hablar sin saber. Tomemos en cuenta las estadísticas estadounidenses, el número de víctimas en las instituciones católicas y comparemos con las restantes, por ejemplo en el ambiente escolar civil en donde se registra un número mucho mayor de casos, en una proporción de 157 a 1, en un lapso de varios años que va de 1950 a 2002. Un trabajo difícil ¿no? Tal desproporción muestra por otro lado, en el caso norteamericano, cómo la pederastia es un fenómeno social extendido, o sea, no está restingido a un sector específico de la sociedad.

El caso de la Casa Pia de Lisboa es también ilustrativo en lo que tiene que ver con la tipificación del pedófilo. Este orfanato del Estado Portugués, fundado a fines del siglo XVIII, por el Intendente de Polícia, Don Pina Manique, hombre de confianza del Marqués de Pombal, es un caso en desarrollo de pedofilia, que reúne más sospechosos de abusos sexuales a menores que todos los casos mencionados recientemente en los medios con el objeto de denigrar a la Iglesia Católica. Están procesados por el Ministerio Público diez sospechosos, incluyendo una cómplice. Con todo, hay quienes afirman que la “pandilla sexual” en aquel instituto abarca aún más gente, es bien grande y se remonta a la década de los años 1980 y muchas de las víctimas, ahora adultos, no están dispuestos a pasar por el tormento de la interrrogación policial y mucho menos por la vergüenza pública a la que han sido sujetos los “taxi boys” ya directamente envueltos en el proceso. Se debe destacar, en rigor de verdad, que no todas las acusaciones serán genuinas. Hay quienes aprovechan la oportunidad para meramente obtener dinero. De ahí tal vez la dificultad de apurarse a juzgar dónde termina la verdad y comienza la mentira, sea de un lado o sea del otro.

Además conviene anotar que los problemas sexuales, como la sodomía y otros, siempre han ocurrido en colegios internos, inclusive entre los pupilos, que aunque sean severamente reprimidos en la memoria de las víctimas, siempre dejan marcas indelebles para el resto de la vida.

La furia anticlerical del lobby laicista ha llegado al punto de resucitar viejos casos como el del padre Lawrence Murphy, que se remonta a 1975, para atacar insidiosamente al Papa y por el mismo medio a la propia Iglesia. El pasado 25 de marzo del 2010, el respetado New York Times publicó una nota en la que se pretende acusar a Benedicto XVI de encubrir al párroco de Milwaukee en 1995 al tiempo en que el mismo Papa era el Cardenal responsable por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Es preciso tener mucho odio por el catolicismo para levantar una acusación después de 35 años. La denuncia es aún más insidiosa en cuanto ignora que aquel organismo tiene como misión vigilar los desvíos doctrinales, las herejías, pero que nada tiene que ver con el Derecho Canónico que juzga los casos de indisciplina, como son los actos que violan la castidad a la que los clérigos están obligados. Ignora que el referido cura fue en esa oportunidad denunciado a las autoridades civiles que no pudo probar que hubiera práctica de pedofilia para con los muchachitos sordos bajo tutela del cura. Se ignora el hecho de que este cura fue absuelto por la justicia civil y que la Iglesia lo mantenía bajo vigilancia, no por sospechar de abusos sexuales a menores, sino por desvíos doctrinarios. Fue solamente por esa razón que el entonces Cardenal Ratzinger, sancionó al sacerdote, limitándolo en sus funciones pastorales. No creemos que el diario de Nueva York desconociese en absoluto esos hechos. Por eso concluímos que hay mala fe y que está en marcha una campaña difamatoria articulada mundialmente contra la jerarquía católica.

Se comprende el por qué del ataque a la Iglesia. El actual Sumo Pontífice, coherente con los principios de la Iglesia Católica, ha presentado una tenaz resistencia contra las organizaciones laicas que han estado promoviendo propuestas antinaturales y divisivas para imponer una visión sexista y hedonista de la sociedad, reduciendo al hombre a una condición animal para negarle su dimensión espiritual. Tales organizaciones no han surgido por generación espontánea, ni tampoco viven del aire… fueron creadas y son apoyadas estratégicamente por fundaciones de tipo filantrópico como la de la familia Rockefeller. Los intereses financieros de las mismas, están ligados a un vasto conjunto de sectores económicos que van desde la banca, el petróleo, la industria farmacéutica, la industria militar, etc. Los medios audiovisuales, incluyendo la prensa, radio y televisión cumplen evidentemente con la agenda dictada por esas élites globales a las cuales pertenecen.

Además, quienes postulan que la humanidad tiene que ser reducida a un tercio de la población actual y que con ese fin contribuye a la miseria de millones de seres humanos, no puede ver con buenos ojos la acción caritativa de la Iglesia, precisamente en las áreas donde la pobreza es más sentida, coincidiendo a veces con los subsuelos ricos explorados por esa misma élite global.

Existe por lo tanto, una intención en este tipo de noticias, que va mucho más allá del deseo de informar… Si así fuera, no omitirían el mismo fenómeno en otras instituciones análogas. Es más, en una apreciación equilibrada de la responsabilidad de la Iglesia Católica en problemas de pedofilia, deberían referirse a los procesos canónicos y civiles que han sido iniciados contra los clérigos acusados de abuso sexual a menores y a las condenas resultantes, y no apenas publicar denuncias que pueden no ser genuinas, como algunas que han ocurrido en casos de ese género.

Publicado previamente en Segs.com.br.