contra-los-fariseos

Izabella Parowicz

La Iglesia y el mundo necesitan urgentemente testigos claros e intrépidos de la entera verdad de los mandamientos, de la voluntad de Dios y de la verdad total de la palabra de Cristo sobre el matrimonio. Esos fariseos y saduceos modernos que queman incienso a los ídolos neo-paganos de la ideología de género y el concubinato, no convencerán a nadie de creer en la Iglesia ni de prepararse para dar sus vidas por Cristo — expresó Athanasius Schneider obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Santa María en Astana, Kazakhstan, durante una entrevista con Izabella Parowicz para la revista Polonia Christiana.

Su Excelencia ¿qué opina Ud. del Sínodo? ¿Cuál es el mensaje del Sínodo a las familias?

Durante el Sínodo ha habido momentos de obvia manipulación por parte de algunos clérigos que se encuentran en posiciones clave de la estructura editorial y gobernativa del mismo. El informe interino presentado (Relatio post disceptationem) fue claramente un texto prefabricado que no guarda relación con las declaraciones reales de los padres sinodales. El texto presenta una ideología radical neo-pagana en aquellas secciones que tratan de homosexualidad, sexualidad, y la admisión a los Sacramentos de los “divorciados y vueltos a casar”. Es la primera vez en la historia de la Iglesia que un texto de tal heterodoxia es publicado como un documento oficial de un encuentro de obispos católicos guiados por un Papa, aún si se considera el carácter preliminar del texto. Gracias a Dios y a las oraciones de los fieles alrededor del mundo por el sólido número de padres sinodales que rechazaron resueltamente tal agenda. Esta agenda refleja la moral pagana y corrupta dominante en nuestro tiempo, impuesta mundialmente por medio de la presión política y a través del casi todopoderoso conglomerado de medios oficiales que responde fielmente al partido mundial de la ideología de género. Tal documento sinodal, aunque sea preliminar, es una verdadera vergüenza e indica hasta qué punto se ha infiltrado en la Iglesia el espíritu anticristiano del mundo. Este documento permanecerá para que las futuras generaciones e historiadores lo vean como una mancha en el honor de la Sede Apostólica. Afortunadamente el Mensaje de los Padres Sinodales es un documento católico real que bosqueja la Verdad Divina sobre la familia sin dejar de hablar sobre la raíces profundas de problemas como, por ejemplo, la realidad del pecado. Da a las familias católicas verdadero consuelo y aliento. Algunas citas: Pensamos en el sufrimiento por un hijo con discapacitado, por una enfermedad grave, por el deterioro neurológico de la vejez, por la muerte de un ser querido. Es admirable la fidelidad generosa de tantas familias que viven estas pruebas con fortaleza, fe y amor, considerándolas no como algo que se les impone, sino como un don que reciben y entregan, descubriendo a Cristo sufriente en esos cuerpos frágiles. […] el amor conyugal, único e indisoluble, persiste a pesar de las múltiples dificultades del límite humano, y es uno de los milagros más bellos, aunque también es el más común. Este amor se difunde naturalmente a través de la fecundidad y la capacidad de generar, que no es sólo la procreación, sino también el don de la vida divina en el bautismo, la educación y la catequesis de los hijos […] Entre ustedes late la presencia de la familia de Jesús, María y José en su modesta casa”.

Estos grupos que han estado esperando un cambio en la enseñanza de la Iglesia en lo que toca a temas morales (por ejemplo, permitir que los “divorciados y vueltos a casar” reciban la Santísima Comunión; o la aprobación de algún tipo de uniones homosexuales) deben estar desilusionados por el contenido final del Relatio. ¿No es cierto que sin embargo existe el peligro que el cuestionamiento y discusión de asuntos que son enseñanzas fundamentales de la Iglesia puedan abrir la puerta a serios abusos y a intentos similares de revisar la doctrina en el futuro?

De hecho en nuestro caso el sexto mandamiento, la naturaleza absolutamente indisoluble del Sacramento Matrimonial, que es una regla divinamente establecida, significa que aquellos que están en un estado de pecado grave no pueden ser admitidos a la Santísima Comunión. Esto lo enseña San Pablo en su carta inspirada por el Espíritu Santo, en 1Corintios 11: 27-30, eso jamás se puede someter a votación así como la Divinidad de Cristo no se puede jamás someter a votación. Una persona que está unida por el lazo indisoluble del matrimonio sacramental y que, a pesar de eso cohabita establemente con otra persona, es por ley divina que no puede ser admitida a la Santísima Comunión. De ser así la Iglesia haría una declaración pública volviendo legítima la negación de la indisolubilidad del matrimonio cristiano y al mismo tiempo derogando el sexto mandamiento de Dios: “No cometerás adulterio”. No existe institución humana, ni siquiera el Papado ni un Concilio Ecuménico que tenga la autoridad y la competencia para invalidar aún del modo más leve o indirecto uno solo de los Diez Mandamientos o la Divina Palabra de Cristo: “Entonces, lo que Dios ha unido, no lo separe ningún hombre (Mateo 19:6). Esta lúcida verdad, ha sido enseñada en forma constante e inmutable — porque no cambia a través de las edades — tal como es declarada por el Magisterio de la Iglesia hasta nuestros días, por ejemplo en Familiaris Consortio de San Juan Pablo II; o en el Catecismo de la Iglesia Católica; y por el Papa Benedicto XVI. A pesar de eso se ha sometido a votación en el Sínodo el asunto de la admisibilidad a la Santísima Comunión de los así llamados “divorciados y vueltos a casar”. Este hecho es en sí gravoso y presenta una actitud de arrogancia clerical hacia la verdad divina de la Palabra de Dios. El intento de poner a votación la Divina Verdad y la Palabra de Dios es indigno de quienes, como representantes del Magisterio, tienen que entregar celosamente el divino depósito de la fe como reglas buenas y fieles (cf. Mateo 24: 45). Por medio de admitir los “divorciados y vueltos a casar” a la Santísima Comunión, esos obispos establecen una nueva tradición por propia voluntad, transgrediendo así el mandato de Dios del mismo modo que los fariseos y escribas que una vez Cristo censuró (cf. Mateo 15: 3). Lo que es aún más exasperante es el hecho que tales obispos tratan de legitimar su infidelidad a la palabra de Cristo usando argumentos como “necesidad pastoral”, “misericordia” y “apertura al Espíritu Santo”. Y además no tienen escrúpulo o temor de pervertir de una manera gnóstica el verdadero sentido de esas palabras, etiquetando al mismo tiempo como “rígidos”, “escrupulosos” o “tradicionalistas” a aquellos que se les oponen defendiendo el inmutable mandato divino y la verdadera — y no meramente humana —Tradición.

Durante la gran crisis arriana en el siglo IV, los defensores de la Divinidad del Hijo de Dios también fueron marcados como “intransigentes” y “tradicionalistas”. San Atanasio llegó a ser excomulgado por el Papa Liberio. El Papa justificó esa medida argumentando que Atanasio no estaba en comunión con los obispos de Oriente, que eran en su mayor parte herejes o semi-herejes. San Basilio el Grande declaró entonces lo siguiente: “Solamente un pecado es castigado severamente hoy en día: la observancia solícita de las tradiciones de nuestros Padres. Por esa razón los buenos son expulsados de sus lugares y empujados al desierto”. (Epistolæ 243).

De hecho los obispos que prestan su apoyo a proveer la Santísima Comunión a los “divorciados y vueltos a casar” son los nuevos fariseos y saduceos porque descuidan el mandamiento de Dios, contribuyendo al hecho que, del cuerpo y el corazón de los “divorciados y vueltos a casar” continúan “saliendo adulterios” (Mateo 15:19) porque quieren una solución exteriormente “limpia” y también parecer “limpios” a la vista de los poderosos (los medios sociales, la opinión pública). Sin embargo, cuando tengan que aparecer ante el tribunal de Cristo, seguramente escucharán consternados estas palabras de Cristo: “¿Por qué tienes tú que hablar de mis leyes y tener mi testamento en tu boca? Pues tú aborreces la corrección, y desechas mis palabras… y te cuentas entre los adúlteros.” (Salmo 50: 16-18).

La versión final del Relatio desafortunadamente también contiene el párrafo con la votación sobre el asunto de la Santísima Comunión para los “divorciados y vueltos a casar”. Aún cuando no alcanzó a recibir la tercera parte de los votos, ahí está a pesar del hecho preocupante y asombroso que la mayoría absoluta de los obispos presentes votaron en favor de darle la comunión a los “divorciados y vueltos a casar”. Eso es un triste reflejo del estado del episcopado en nuestros días. Es aún más triste, que este párrafo que no recibió la aprobación de una mayoría cualitativa, permanece en el texto del Relatio y será enviado a las diócesis para mayor discusión. Con seguridad esto solamente incrementará la confusión doctrinal entre el clero y los fieles, al quedar en el aire, que los divinos mandamientos y las divinas palabras de Cristo y del apóstol Pablo son entregadas a la consideración de grupos de opinión. A un cardenal que aprobó abiertamente y con fuerza el dar la Santísima Comunión a los “divorciados y vueltos a casar” y también a las vergonzosas declaraciones sobre las “parejas” homosexuales en la versión preliminar del Relatio, no le resultó satisfactoria la versión final y declaró impúdicamente: “el vaso está medio lleno” agregando que hay que trabajar para que al tiempo del Sínodo del año que viene el vaso esté lleno. Debemos creer firmemente que Dios disipará los planes de la deshonestidad, la infidelidad y la traición. Cristo sostiene infaliblemente el timón de la barca que es Su Iglesia en medio de semejante tormenta. Creemos y confiamos en el mismísimo Gobernante de la Iglesia, en nuestro Señor Jesucristo, quien es El mismo la Verdad.

Ahora estamos en el punto culminante de la agresión contra la familia; esta agresión es acompañada por una tremenda confusión en el campo de la ciencia de lo humano y de la identidad humana. Desafortunadamente hay ciertos miembros de la jerarquía de la Iglesia quienes, mientras discuten estos asuntos, expresan opiniones que contradicen la enseñanza de Nuestro Señor ¿Cómo le hablamos a esas personas que son víctimas de esta confusión, para que fortalezcan su fe y ayuden a otros a alcanzar la salvación?

En este tiempo tan extraordinariamente difícil Cristo está purificando nuestra fe católica de manera que, después de pasar esta prueba, la Iglesia brille con más fuerza y sea luz y sal para este insípido mundo neo-pagano gracias a la fidelidad, la fe simple y pura: primeramente de los fieles, los más pequeños en la Iglesia; de la ecclesia docta (la iglesia que aprende) que en estos días fortalecerá a la ecclesia docens (la Iglesia que enseña, como por ejemplo el Magisterio) así como ocurrió en la gran crisis de la fe en siglo IV. Tal como lo ha dicho el Beato Cardenal John Henry Newman:

“Este es un hecho sobresaliente, pero contiene una enseñanza moral. Quizás se permitió, con el objeto de inculcar en la Iglesia, al tiempo que cesaba su persecución, esta gran verdad evangélica, que no son los sabios y entendidos sino los desconocidos, los indoctos y los débiles quienes son parte de su verdadera fortaleza. Fueron principalmente los fieles los que derrotaron al paganismo; fueron los fieles del pueblo acaudillados por Atanasio y los obispos de Egipto, y en algunos lugares guiados por sus propios obispos o sacerdotes, que la peor de las herejías fue resistida y eliminada del territorio santo … Al tiempo de esa inmensa confusión fue proclamado, puesto en vigor, mantenido y (humanamente hablando) preservado el dogma de la Divinidad de Nuestro Señor, mucho más por la ecclesia docta que por la ecclesia docens; ya que el cuerpo episcopal resultó infiel a su comisión, mientras que el cuerpo laico fue fiel a su Bautismo. A veces el Papa, otras veces un patriarca, o un metropolitano, otras veces los concilios generales, dijeron lo que no debieran haber dicho; o llevaron a cabo cosas que oscurecieron o comprometieron la verdad revelada; mientras que por otro lado fue el pueblo cristiano quien, guiado por la Providencia resultó ser fortaleza eclesiástica para Atanasio, Hilario, Eusebio de Vercellæ y tantos otros grandes que aislados confesaron la fe y que hubieran perecido sin el pueblo.” — Los Arrianos del Siglo IV, pp. 446-466)

Debemos alentar a los católicos comunes a ser fieles al Catecismo que han aprendido, a ser fieles a las palabras claras de Cristo en el Evangelio, a ser fieles a la fe que recibieron de sus ancestros. Tenemos que organizar círculos de estudios y conferencias sobre la imperecedera enseñanza de la Iglesia en lo que respecta al matrimonio y la castidad, invitando especialmente a los jóvenes y parejas casadas. Debemos mostrar la mismísima belleza de la vida en castidad, la mismísima belleza del matrimonio y familia cristiana, el gran valor de la Cruz y del sacrificio en nuestras vidas. Debemos presentar aún más aquellos ejemplos de los santos y las personas ejemplares que profesaron la fe, a pesar de haber sufrido nuestras mismas tentaciones en la carne, la misma hostilidad y desprecio por parte del mundo pagano y que, sin embargo, con la gracia de Cristo llevaron una vida feliz en castidad, una vida matrimonial y familiar cristiana. La fe, la pura y completa Fe Católica y Apostólica vencerá al mundo. (cf. 1Juan 5: 4).

Debemos fundar y promover grupos juveniles de corazón puro, grupos de familias, grupos de esposos católicos que se comprometan a guardar fielmente sus votos matrimoniales. Debemos organizar grupos que ayuden moral y materialmente las familias rotas y a las madres solteras; grupos que asistan con oración y buen consejo a las parejas separadas; grupos que ayuden a los “divorciados y vueltos a casar” a comenzar un proceso serio de conversión, por ejemplo: para que reconozcan con humildad su situación pecaminosa y que abandonen, con la gracia de Dios, los pecados que violan el mandamiento divino y la santidad del Sacramento del Matrimonio.

Debemos crear grupos que ayuden prudentemente a las personas con tendencias homosexuales a entrar en el camino de la conversión cristiana, el camino feliz y hermoso de la vida en castidad para ofrecerles eventualmente, en forma discreta una cura psicológica. debemos mostrar y predicar a nuestros contemporáneos en este mundo neo-pagano las Buenas Nuevas de la libertad que da la enseñanza de Cristo: que los mandamientos de Dios, aún el sexto mandamiento, son buenos y bellos. “La Ley de Dios es perfecta, convierte al alma: el testimonio del Señor es seguro, vuelve sabio al simple. Los estatutos de Dios son rectos, alegran el corazón. El mandamiento del Señor es puro, hace brillar los ojos.” (Salmo 19: 7-8).

Durante el Sínodo, el arzobispo Gądecki de Poznań y otros distinguidos prelados expresaron públicamente su desacuerdo con disparidad entre lo discutido y la enseñanza imperecedera de la Iglesia. En medio de esta confusión ¿Hay alguna esperanza que haya un despertar entre los miembros del clero y aquellos fieles que hasta ahora no han caído en cuenta de que hay quienes socavan la enseñanza de Nuestro Señor desde el propio seno de la Iglesia?

Es ciertamente un honor para el catolicismo polaco que el presidente de su episcopado, Su excelencia el arzobispo Gądecki, defendiera con claridad y valentía la verdad de Cristo sobre el matrimonio y la sexualidad, revelando así ser un verdadero hijo espiritual de San Juan Pablo II. Durante el Sínodo, el cardenal George Pell caracterizó con aptitud la agenda sexual liberal y el supuestamente “misericordioso” apoyo “pastoral” en favor de la Comunión para los “divorciados y vueltos a casar” diciendo que es apenas la parte visible de algo más grande, una especie de caballo de Troya metido en la Iglesia.

Que en el mismo seno de la Iglesia haya personas que socaven la enseñanza de Nuestro Señor es una cosa obvia y ahora visible al mundo entero gracias al Internet y al trabajo de algunos periodistas católicos que no permanecen indiferentes a lo que le está pasando a la fe católica que ellos consideran un tesoro legado por Cristo. Me agradó ver a ciertos periodistas y autores del Internet portarse como verdaderos soldados de Cristo y llamar la atención a esta agenda clerical que socava la enseñanza de Nuestro Señor. Cardenales, obispos, sacerdotes, familias católicas, jóvenes católicos tienen que proponerse lo siguiente: “me rehúso a conformarme al espíritu neo-pagano de este mundo, aún si tal espíritu es propagado por algunos obispos y cardenales. No aceptaré sus falaces y perversos usos de la divina y santa misericordia y de [un falso] nuevo pentecostés. Me rehúso a quemar granitos de incienso ante la estatua de este ídolo de la ideología de género, ante el ídolo de los segundos matrimonios y del concubinato, aún si mi obispo lo hace, yo no lo haré. Con la gracia de Dios elegiré sufrir antes que traicionar la verdad de Cristo sobre la sexualidad humana y el matrimonio.

“Esos testigos convencerán al mundo, no a los maestros” dijo el Beato Paulo VI en Evangelii Nuntiandi. La Iglesia y el mundo necesitan urgentemente testigos intrépidos y sinceros de la verdad total de los mandamientos y de la voluntad de Dios, de la entera verdad de las palabras de Cristo sobre el matrimonio. Son fariseos y escribas modernos, esos obispos y cardenales que queman incienso a los ídolos neo-paganos de la ideología de género y el concubinato; no convencerán a nadie de creer en Cristo ni de estar listos a ofrecer sus vidas por Cristo. Ciertamente veritas Domini manet in aeternum (Salmo 116, “la verdad del Señor permanece para siempre”) y “Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre” (Hebreos 13:8) y “la verdad os hará libres” (Juan 8:32). Esta última frase era una de las citas bíblicas favoritas de San Juan Pablo II, el Papa de la familia. Podemos agregar que la verdad Divina revelada e inmutable que hemos recibido en lo que toca a la sexualidad humana y el matrimonio traerá verdadera libertad a las almas dentro y fuera de la Iglesia. En medio de esta crisis de la Iglesia y el mal ejemplo moral y doctrinal de algunos obispos de su tiempo, San Agustín usó estas simples palabras para consolar a los simples: “Quienes quiera que sean vuestros obispos, estáis a salvo porque tenéis a Dios por vuestro Padre y a su Iglesia como madre”. (Contra litteras Petiliani III, 9, 10).


† Athanasius Schneider es obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Santa María en Astana, Kazakhstan. Esta entrevista fue publicada en el último número de la revista Polonia Christiana.

 

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