saulo-de-tarso-pablo-del-mundo

Ignacio de Argenzola

No hace mucho respondí brevemente a la nota que puede leerse en las referencias al pie de este artículo [1] y que proviene de un lector de La Nación, diario de Buenos Aires, Argentina. Hace muchos años que no visito la Argentina, país que amo y respeto por haber producido magnos intelectos y la pluma de Jorge Luis Borges—que después de cuarenta años de constante lectura, me sigue asombrando. Seleccioné, de entre muchos parecidos, este pasaje escrito por el lector José Juan el pasado 16 de noviembre de 2007. Me fascina leer los blogs, porque creo que es allí donde la gente se manifiesta tal como es, inocentemente oculta en el anonimato del internet. Los blogs me permiten ver reflejadas ciertas realidades culturales al instante en las palabras de los improvisados comentaristas. De esos, lamento reportar que los menos representan al talento, los más a la mediocridad y al alarde más ostentoso de la ignorancia y la necedad.

Quien lea esto puede pensar que me ensaño con un caso especialmente patético. No es así. Una breve visita por el sitio de donde he extraído esta perla redundará en una cosecha tan generosa como amarga de exabruptos similares, reproducidos con un triste y opulento barroquismo. Lo que he elegido es un caso típico y ya maduro para la hoz.

“La religión cristiana en verdad se apoya más en las enseñanzas de San Pablo que en las de Jesús. San Pablo ( que ni siquiera conoció a Jesús) era un fanático, primero perseguía a los cristianos con un frenesí patológico, luego de un episodio de delirio místico (hay investigadores que hablan de un brote sicótico, otros de epilepsia), se convierte en cristiano con el mismo fanatismo con el que antes los perseguía, se mete en el primitivo cristianismo y termina influyendo en su filosofía al punto de ser el responsable de su actual visión culposa y de desprecio al placer.”

Dejemos de lado el tono pontificante. Se nos lleva de la información a la destrucción alevosa de una reputación histórica en unas pocas líneas. Don “José Juan”se olvida de decir que la información que posee la ha obtenido de la Iglesia por vía de la Biblia. Ya que poco sabemos de San Pablo que no venga de lo que nos informa el Nuevo Testamento. Allí aprendemos que Saulo de Tarso (nombre de Pablo antes de su conversión) era un hombre muy bien formado para su época, no solo en las tradiciones de su pueblo (era hebreo y benjaminita) sino en la cultura grecorromana de la época. En sus cartas tenemos buena evidencia que la vasta formación de Saulo de Tarso abarcaba el total del conocimiento de su era. Su inteligencia es un ejemplo de la clase de intelectual que pudo producir la comunidad grecorromana y también de la las alturas místicas a las que podía llegar un discípulo de uno de los más afamados rabinos de la época: Rabbi Gamaliel. Pruebas de su formación grecorromana las hallamos en su discurso frente al areópago de Atenas. [2] Nadie discute su dominio de la fe hebrea, aprendida a los pies del maestro máximo de su generación.

Saulo de Tarso era muy joven para haber conocido a Jesús. Hechos 7, 57-58 menciona por primera vez su nombre en el relato del martirio de San Esteban:

“Entonces, gritando fuertemente, se taparon sus oídos y se precipitaron todos a una sobre él; le echaron fuera de la ciudad y empezaron a apedrearle. Los testigos pusieron sus vestidos a los pies de un joven llamado Saulo.”

Es probable que Saulo fuera un hombre de unos veinte años de edad, a juzgar por la mínima tarea que los sacerdotes y ancianos del pueblo le confían: cuidar las capas de los que se aprontaban a apedrear a San Esteban. Decir que Pablo “ni siquiera conoció a Jesús”es totalmente irrelevante. La gran mayoría de los presbíteros cristianos del primer siglo no conoció a Jesús personalmente ni jamás le oyó hablar. Ese privilegio lo tuvieron apenas algunos residentes de Palestina y el número no puede ser muy grande.

Es muy posible que Saulo de Tarso fuera apenas un niño o un adolescente al tiempo de la Crucifixión. Intentar desautorizar a San Pablo por no haber estado escuchando a los pies de Jesús es una insensatez. Tampoco estuvieron personalmente con Cristo San Agustín o Santo Tomás de Aquino. Por el contrario, personajes como el Iscariote conocieron a Cristo y de poco les sirvió su prédica. En el caso de San Pablo no se descarta posibilidad de que haya recibido por infusión los dones necesarios para hacerlo apóstol de Cristo. Ya en Hechos 20, 35 San Pablo nos enseña:

“En todo os he enseñado que es así, trabajando, como se debe socorrer a los débiles y que hay que tener presentes las palabras del Señor Jesús, que dijo: Mayor felicidad hay en dar que en recibir.”

Este dicho de Cristo no figura en los Evangelios y lo conocemos solamente por esta cita de San Pablo.

¿Fanaticismo paulino?

San Pablo “era un fanático”, nos informa José Juan juzgando a San Pablo con nuestra idea contemporánea de lo que es fanatismo religioso. En esos tiempos se esperaba que un buen hebreo ayudara a liquidar a los herejes. Los romanos, por su parte, permitían que los reinos bajo su dominio juzgaran los asuntos locales siempre y cuando esos juicios no perturbaran la recolección de impuestos ni dañaran la persona o propiedad de ciudadanos romanos o de César. Por lo tanto, el celo de Pablo en perseguir la supuesta “herejía”cristiana era, en su mayor parte, celo personal de hacer cumplir la ley. En eso San Pablo no se distingue mucho de cualquier buen policía de nuestros días a quien nunca se nos ocurriría acusar de fanático por arrestar a miembros del crimen organizado. Nada hay ahí de “frenesí patológico”(la frase realmente es un disparate). En el momento de más álgido celo por la ley de su fe, justo antes de su conversión, Saulo aparece ante los tribunales de su tiempo y pide órdenes para viajar a Siria y continuar su trabajo allí:

“Entretanto Saulo, respirando todavía amenazas y muertes contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, para que si encontraba algunos seguidores del Camino, hombres o mujeres, los pudiera llevar atados a Jerusalén.”

Esta escrupulosa observancia de los procedimientos legales no coincide con la personalidad de un “fanático”en medio de un “frenesí patológico”. Lo que sí podemos observar es que San Pablo se tomaba la Ley Mosaica en serio y no tenía problemas en comprometerse personalmente para que se cumpliera. Que estuviera equivocado en este caso, de ninguna manera lo transforma en un fanático.

Delirios místicos

Un “episodio de delirio místico”es la forma que elige Don José Juan para referirse a la conversión de Saulo. De un plumazo, un argentino desconocido se carga a uno de los padres de la civilización occidental. Y no solo lo acusa al pobre Saulo de delirante, es posible que también fuera “epiléptico”: “hay investigadores que hablan de un brote sicótico, otros de epilepsia”pero, claro, “hay investigadores”que no solo parecen diferir entre sí, también son capaces detectar un caso de epilepsia veinte siglos después del hecho y sin disponer ni tan siquiera del cadáver. Es una pena que no se nos informa quiénes son estos sesudos “investigadores”. Menuda competencia tiene Sherlock Holmes con estos tíos tan perspicaces capaces de resolver un misterio a veinte siglos de distancia.

Como los “investigadores”y los cristianos comparten la misma y única información disponible sobre Saulo de Tarso, no tenemos más remedio que examinarla aquí y ver quién es el que sufre de delirios. Este es uno de los relatos neotestamentarios de la conversión de San Pablo que cualquiera puede leer en Hechos 9, 3-22:

“Sucedió que, yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, de repente le rodeó una luz venida del cielo, cayó en tierra y oyó una voz que le decía: “Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?”El respondió: “¿Quién eres, Señor?”Y él: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer.”Los hombres que iban con él se habían detenido mudos de espanto; oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Le llevaron de la mano y le hicieron entrar en Damasco. Pasó tres días sin ver, sin comer y sin beber. Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor le dijo en una visión: “Ananías.”El respondió: “Aquí estoy, Señor.”Y el Señor: “Levántate y vete a la calle Recta y pregunta en casa de Judas por uno de Tarso llamado Saulo; mira, está en oración y ha visto que un hombre llamado Ananías entraba y le imponía las manos para devolverle la vista.”Respondió Ananías: “Señor, he oído a muchos hablar de ese hombre y de los muchos males que ha causado a tus santos en Jerusalén y que está aquí con poderes de los sumos sacerdotes para apresar a todos los que invocan tu nombre.”El Señor le contestó: “Vete, pues éste me es un instrumento de elección que lleve mi nombre ante los gentiles, los reyes y los hijos de Israel. Yo le mostraré todo lo que tendrá que padecer por mi nombre.”Fue Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y le dijo: “Saúl, hermano, me ha enviado a ti el Señor Jesús, el que se te apareció en el camino por donde venías, para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo.”Al instante cayeron de sus ojos unas como escamas, y recobró la vista; se levantó y fue bautizado. Tomó alimento y recobró las fuerzas. Estuvo algunos días con los discípulos de Damasco, y en seguida se puso a predicar a Jesús en las sinagogas: que él era el Hijo de Dios. Todos los que le oían quedaban atónitos y decían: “¿No es éste el que en Jerusalén perseguía encarnizadamente a los que invocaban ese nombre, y no ha venido aquí con el objeto de llevárselos atados a los sumos sacerdotes?”Pero Saulo se crecía y confundía a los judíos que vivían en Damasco demostrándoles que aquél era el Cristo.”

Veamos si esto coincide con un episodio sicótico-místico o un ataque epiléptico al estilo de Hellen White. Observemos primero que Pablo permanece consciente durante la experiencia. Según este relato Sus compañeros de viaje tan solo lo ven caer al suelo y luego comprueban que ha quedado ciego. En el curso de este episodio San Pablo tiene una conversación coherente con su interlocutor divino. Disponemos de otro relato más completo y de boca del mismo San Pablo en Hechos 26, 10-20 que Pablo presenta durante su defensa ante el tetrarca Agripa:

“… en Jerusalén y, con poderes recibidos de los sumos sacerdotes, yo mismo encerré a muchos santos en las cárceles; y cuando se les condenaba a muerte, yo contribuía con mi voto. Frecuentemente recorría todas las sinagogas y a fuerza de castigos les obligaba a blasfemar y, rebosando furor contra ellos, los perseguía hasta en las ciudades extranjeras. “En este empeño iba hacia Damasco con plenos poderes y comisión de los sumos sacerdotes; y al mediodía, yendo de camino vi, oh rey, una luz venida del cielo, más resplandeciente que el sol, que me envolvió a mí y a mis compañeros en su resplandor. Caímos todos a tierra y yo oí una voz que me decía en lengua hebrea—Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Te es duro dar coces contra el aguijón.—Yo respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo el Señor—Yo soy Jesús a quien tú persigues. Pero levántate, y ponte en pie; pues me he aparecido a ti para constituirte servidor y testigo tanto de las cosas que de mí has visto como de las que te manifestaré. Yo te libraré de tu pueblo y de los gentiles, a los cuales yo te envío, para que les abras los ojos; para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a Dios; y para que reciban el perdón de los pecados y una parte en la herencia entre los santificados, mediante la fe en mí— Así pues, rey Agripa, no fui desobediente a la visión celestial, sino que primero a los habitantes de Damasco, después a los de Jerusalén y por todo el país de Judea y también a los gentiles he predicado que se convirtieran y que se volvieran a Dios haciendo obras dignas de conversión.

Por este otro relato sabemos que todos los viajantes fueron afectados por la presencia que causaba la visión de Saulo. Saulo escucha a Jesús hablándole en la lengua hebrea (que Saulo conocía bien). La voz de Cristo le repite la pregunta que hallamos en las Bacantes (794) de Eurípides, lo cual es otra alusión a la amplia cultura de Saulo y encapsula en la frase la misión que Dios le tiene reservada a este hombre: unir la fe de Abraham con lo que se pueda rescatar del paganismo de la comunidad mediterránea. No todos los días oiría Saulo citas de Eurípides en perfecto hebreo. La experiencia tiene una dirección determinada y un significado. Es lo que los cristianos de todos los tiempos han llamado un “signo”que contiene en sí mismo el germen de otros elementos que se revelarán después. Esto no es un ataque de epilepsia ni un delirio. Es to es una revelación hecha y derecha con toda la estructura y el propósito que la razón humana puede fácilmente decodificar.

Tampoco Pablo “se mete”en el cristianismo primitivo. ¡Con esa línea de razonamiento también se podría decir que el ratón “se mete”en el gato!

Al punto pasamos a un “análisis”de las consecuencias de este “episodio de delirio místico”. Según nuestro preclaro analista José Juan, Saulo, muy a pesar de sus supuestos problemas de salud consigue de alguna manera infiltrarse entre los cristianos y “termina influyendo en su filosofía al punto de ser el responsable de su actual visión culposa y de desprecio al placer”.

Es curioso ver como se achaca al mismo hombre un enfermedad mental en una frase y la capacidad de convencer a un colectivo de miles de personas en la próxima frase, como si eso fuera lo más normal. Y menudo poder de convencimiento tiene nuestro loquito-epiléptico-fanático Saulo que consigue que los cristianos, sus enemigos se dediquen al “desprecio del placer”. Nada menos.

Supongamos por un momento que en 1942, Sir Winston Churchill se despierta de una borrachera y decide cruzar el Canal de la Mancha y presentarse ante las autoridades alemanas con la intención de hacerlos renunciar a la cerveza. Imposible ¿verdad? Sin embargo nuestro buen José Juan nos despacha un guiso comparable en apenas media frase. Yo no sé quién sufre de “delirio místico”pero no creo que sea el buen San Pablo.

Nietzsche

Quienquiera que se haya familiarizado con la vida y obra de Friedrich Nietzsche sabe que sufrió la doble desgracia de contraer la sífilis y de ser tratado con mercurio lo cual terminó alterando sus facultades mentales permanentemente [3] Muchos consideran a Nietzsche un filósofo y esa opinión está muy difundida. El nihilismo es una filosofía, no lo niego, aunque me gustaría agregar algunos calificativos. Lo cierto es que existen buenas razones para negar la utilidad que semejante sistema de pensamiento pueda tener para la vapuleada raza humana. Dados a elegir no creo que ni los más acérrimos seguidores de Nietzsche quisieran experimentar en carne propia los desvaríos y alucinaciones que el pobre hombre sufrió en su vida. Eso es, sin duda, un tema aparte. Lo que me interesa resaltar es que para José Juan, San Pablo es un enfermo mental y Nietzche (nada menos) es la referencia que él encuentra para exponer las falencias de San Pablo y hasta para decirnos, veinte siglos después de los hechos, que la “figura”de Jesús no es valorada “tan negativamente”como la de San Pablo. Pero, ay, tenemos un problema: Nietzsche “ni siquiera conoció a Jesús”y llegamos a una encrucijada que sería dolorosa si no fuera cómica: nuestro buen José Juan se contradice al decir que Pablo ni conoció a Jesús pero aceptando como palabra de Dios las opiniones de un alemán que vivió… ¡dos mil años después de Jesús! y que afirma sin pelos en la lengua (un poco torcida por las inyecciones de mercurio y los espasmos) que el cristianismo de hoy es más bien un “pablismo”fruto de un “delirio místico”o caída de caballo que luego resulta que no fue más que un truco de San Pablo para “meterse”en el cristianismo y obligar a los crédulos cristianos a negarse todos los placeres. Pero ¡claro hombre! ¿para qué matarlos cuando los puedes convencer de que se dediquen a la autoflagelación y al abandono de los placeres de la carne? ¿Como fue que no se le ocurrió antes a otro esa brillante idea? Menos mal que Nietzsche nos aclaró el asunto. Mire usted el genio que se ocultaba detrás de un sifilítico de bigotazo y mirada estrábica en pleno proceso de envenenamiento mercurial.

La falsa visión nihilista-anarquista de la “figura” de Jesús

Nietzsche y José Juan se embarcan ahora en definir la “figura”de ese Jesús, a quien, suponemos audazmente, nunca conocieron. Nos dicen que el “el cristianismo es aún posible en todo momento”. ¡Vaya, alguien debiera darle esa excelente noticia al Papa!

Creo que no existe mejor refutación a esa verborrea que las palabras de Cristo mismo en Mateo 22, 21:

“Dad al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios”.

Ni los escritores de los Evangelios, ni Juan el Bautista, ni Cristo se opusieron al servicio militar:

“El les dijo: “No exijáis más de lo que os está fijado.”Preguntáronle también unos soldados: “Y nosotros ¿qué debemos hacer?”El les dijo: “No hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas, y contentaos con vuestra soldada.”

Cristo mismo promovió la paga de la capitación, una de las obligaciones más odiosas que tenían los pueblos subyugados por los romanos. Eso se ve bien claramente en Mateo 17, 24-27:

“Al llegar a Cafarnaún, los cobradores del impuesto del Templo se acercaron a Pedro y le preguntaron: “¿El Maestro de ustedes no paga el impuesto?”. “Sí, lo paga”, respondió. Cuando Pedro llegó a la casa, Jesús se adelantó a preguntarle: “¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes perciben los impuestos y las tasas los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños?”. Y como Pedro respondió: “De los extraños”, Jesús le dijo: “Eso quiere decir que los hijos están exentos. Sin embargo, para no escandalizar a esta gente, ve al lago, echa el anzuelo, toma el primer pez que salga y ábrele la boca. Encontrarás en ella una moneda de plata: tómala, y paga por mí y por ti”.

El que quiera razonar que Cristo es un anarquista, va a tener serios problemas para explicar esta parte del Evangelio que, dicho sea de paso precede a la aparición de San Pablo en un buen par de decenios. Los pensadores de la línea de Nietzsche malentienden o toman aisladamente algunos episodios de la vida de Cristo—los cuales han leído mal y poco—tratando de usar a Jesús para promover ideas destructivas o inmorales. El “superhombre”de Nietzsche, por ejemplo, no se ha realizado aún. El Hijo del Hombre, por el contrario, sigue siempre vivo para quienes lo siguen en la fe.

Más de lo mismo

Despachados San Pablo y Cristo en unas pocas líneas, ahora llega el momento de presentar el evangelio “progre”, el cual necesita ser impuesto o conquistado por una “lucha”, así que don José Juan nos informa que ateo o creyente, el humanista se identifica con eso de amar el prójimo como a uno mismo. Cuesta creer eso al analizar la historia de la Unión Soviética en la que, por fin, hubo en la historia un gobierno incontaminado por las doctrinas de la religión o esas boberías de la moral y las buenas costumbres. Claro, nos dejó un saldo de millones de muertos, gulags, una economía en ruinas, una ecología devastada y otros pequeños problemas, pero al menos no fueron “contradictorios”como San Pablo. Léalo ud. mismo:

“Si definimos como humanistas a quienes se identifican con la necesidad de la lucha por el progreso espiritual y material de la humanidad, independientemente de si son ateos o creyentes, con toda probabilidad diríamos que también se identifican con el principio de “amar al prójimo como a uno mismo “, el cual encontramos, aunque de manera a veces contradictoria, en los textos religiosos de las principales religiones del mundo. Supuestamente San Pablo también se identifica con dicho principio. No obstante, dicha identificación se antoja contradictoria en más de uno de sus escritos.”

La conclusión de don José Juan es un digno colofón al resto del escrito. Como verá el lector, ni la Biblia se salva de las incursiones de nuestro amigo:

“Uno de ellos parece particularmente notorio en este sentido, y es su prédica en favor del sometimiento al poder gobernante, por malo que el mismo sea. Cito: “13 Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. 2 De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean codenación para sí mismos. (Romanos)”Habrá aquí algún cristiano que considere que semejante planteamiento no contradice al que propugna por el amor al prójimo? Porque si una autoridad superior está siendo injusta y oprime al prójimo, ¿no debe un cristiano protestar y luchar por una situación diferente, por un cambio político también?”

Dudo que hubiera en la historia, un período de opresión sistemática, tan extendida en la geografía y el tiempo, como lo fuera el Imperio Romano. Sin embargo ni Cristo ni San Pablo llamaron a las armas para derribar el imperio que finalmente sucumbió a sus tensiones internas y a las presiones externas unos siglos más tarde. En cambio, las rebeliones de los judíos de Palestina fracasaron violentamente. José Juan las hubiera aprobado por ser “luchas”contra una “causa injusta”pero la verdad es que fueron esfuerzos estériles condenados al fracaso desde el mismo principio. [3]

Se podría escribir mucho sobre la relación entre los cristianos practicantes y el mundo político que los rodea. Cristo mismo resaltó la necesaria tensión que existiría siempre entre los poderes seculares y sus seguidores cuando dijo en Juan 17, 11-17:

“Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotro … Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad.”

El problema de José Juan es el problema de la progresía liberal que hoy invade todos los medios, las aulas, las artes. Esta desaforada forma de no-pensar que trata de pasar por filosofía e intelectualidad, es la plaga que los cristianos debemos enfrentar en esta generación. Para ilustrar el problema de dialogar con gente que no tiene la mas mínima idea de nada y que se guía por los lemas del progresismo aprendidos por ósmosis en los medios, me gustaría citar los párrafos finales de este artículo de Gustavo Serrano Diez que resume perfectamente el problema y nos propone una solución acorde con las palabras de Cristo que acabamos de leer.

Platón decía que hay dos maneras de proponer una cuestión: Una desde la doxa, es decir de la opinión, la cual se basa en el propio juicio o modo de pensar, pero que no tiene relación con la realidad. Así cuando dos personas discuten desde sus propias opiniones, no hay manera de que se pongan de acuerdo, pues los argumentos por sí mismos no bastan para demostrar nada al contrincante. La otra postura es el de la episteme, es decir del “conocimiento”que remite directamente a la realidad y que implica que mi pensamiento se subordine a la realidad. Aristóteles posteriormente definiría la verdad como la adecuación de la mente a la realidad. El problema que planteamos aquí es efectivamente un problema de doxas en las que el mundo moderno vive encerrado, atrapado por el subjetivismo, ya sea religioso, político, sentimental e ideológico en el cual vive alejado de la realidad, pues como diría Hegel “si la realidad no es como yo la pienso, peor para ella”. El pensamiento no tiene nada que ver efectivamente con la realidad y por lo tanto vivimos en un mundo de sordos en el que no hay comunicación sino a lo sumo la información de la doxas de los demás. El conocimiento por el contrario nos remite a la realidad y por lo tanto a la verdad, por lo que si hay sinceridad en su búsqueda, aunque se le pueda ver de distintos lados, puede haber un acuerdo pues todos estamos viendo la misma realidad, como consecuencia todos nos enriquecemos con el diálogo. El caso de la relación entre la fe y la razón que planteamos, se trata entonces de una episteme, o sea un conocimiento que tiene como objeto a Dios. No es una doxa subjetiva, pues la fe responde a una revelación que ciertamente no entendemos y nos exige fe, más bien se refiere a la realidad divina, que por nuestras capacidades humanas está fuera de nuestro alcance y Dios ha querido revelárnosla. Así que el asunto de la fe no es algo negociable pues es tan verdadera como la buena ciencia. En la ciencia el error resulta de falta de adecuación del pensamiento de la realidad. Por ejemplo, si yo digo que dos mas dos son cinco, digo algo tan falso como si dijera que Cristo no es Dios, pues las dos cosas no corresponden a la realidad, la diferencia es que una cosa la sé por deducción racional y la otra por fe. Debemos concluir entonces que el camino del conocimiento es distinto. En relación al diálogo, éste es posible porque todos los hombres tenemos inteligencia capaz de conocer la verdad objetivamente y mientras la conozcamos podemos comunicarnos compartiendo esa misma verdad.

Agreguemos que la “figura”de Cristo no es solamente una imagen ideal. Cristo no es meramente una figura histórica. En realidad El nunca pretendió ser otra cosa que el Hijo de Dios y lo confirmó con sus propias palabras invitando su Crucifixión. [5]

Cristo es por lo tanto la realización de todas las esperanzas verdaderas del hombre, en Cristo nada se pierde y todo alcanza su plenitud suprema. En San Pablo Cristo realiza el concepto que Hans Urs Von Balthasar plasmara en estas palabras:

“Nadie puede negar que la mejor manera de mostrar lo oportuno que es el cristianismo hoy, es el hecho elemental que es único en la historia del mundo, habiendo logrado una unión profunda de lo mejor del paganismo con el judaísmo.”

Es por eso que Saulo de Tarso pasó de ser un mero alguacil de las fuerzas políticas de turno a ser el espíritu que moldeó la Iglesia elevándola de su primitivo nido hebraico en Jerusalén al desafío de vencer al mundo, al Imperio más influyente y perdurable que la humanidad ha conocido. Saulo el alguacil, con cartas y cadenas iba camino a Damasco a poner prisionero a Cristo y terminó encadenado por amor a la Iglesia de su Señor, escribiendo las cartas que aún hoy dan liberación a las almas.


[1] COMENTARIO DESPISTADO DE JOSE JUAN 16.11.07 03:28 La religión cristiana en verdad se apoya más en las enseñanzas de San Pablo que en las de Jesús. San Pablo ( que ni siquiera conoció a Jesús) era un fanático, primero perseguía a los cristianos con un frenesí patológico, luego de un episodio de delirio místico (hay investigadores que hablan de un brote psicótico, otros de epilepsia), se convierte en cristiano con el mismo fanatismo con el que antes los perseguía, se mete en el primitivo cristianismo y termina influyendo en su filosofía al punto de ser el responsable de su actual visión culposa y de desprecio al placer. Nietzsche no valora tan negativamente la figura de Jesús ni del cristianismo primitivo: , sostiene que lo que ahora entendemos por cristianismo debe mucho más a San Pablo que a Jesús. Para Nietzsche Jesús se presenta como un revolucionario, un anarquista contrario a todas las manifestaciones del orden, fundamentalmente del poder religioso tradicional, como uno de los más destacados defensores de la renuncia a la violencia y a los brillos mundanos de sus contemporáneos; y por esta actitud subversiva fue crucificado: El cristianismo es aún posible en todo momento… No está ligado a ninguno de los dogmas impúdicos que se han engalanado con su nombre; no tiene necesidad ni de la doctrina de un dios personal, ni de la del pecado, ni de la inmortalidad, ni de la redención, ni de la fe; puede prescindir en absoluto de la metafísica, y todavía más del ascetismo y de una ciencia natural cristiana… El que hoy dijera “Yo no quiero ser soldado” , “yo no me ocupo de los tribunales” , ” yo no quiero hacer nada que perturbe mi paz interior; y si debo sufrir por esto, nada conservará mi paz mejor que el sufrimiento” … ése sería cristiano Si definimos como humanistas a quienes se identifican con la necesidad de la lucha por el progreso espiritual y material de la humanidad, independientemente de si son ateos o creyentes, con toda probabilidad diríamos que también se identifican con el principio de “amar al prójimo como a uno mismo ” el cual encontramos, aunque de manera a veces contradictoria, en los textos religiosos de las principales religiones del mundo. Supuestamente San Pablo también se identifica con dicho principio. No obstante, dicha identificación se antoja contradictoria en más de uno de sus escritos. Uno de ellos parece particularmente notorio en este sentido, y es su prédica en favor del sometimiento al poder gobernante, por malo que el mismo sea. Cito: — Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. (Romanos) — Habrá aquí algún cristiano que considere que semejante planteamiento no contradice al que propugna por el amor al prójimo? Porque si una autoridad superior está siendo injusta y oprime al prójimo, ¿no debe un cristiano protestar y luchar por una situación diferente, por un cambio político también?

Ver: El Papa ya tiene lista su segunda encíclica, sobre la esperanza, por Elisabetta Piqué, pub. en La Nacion, ed. Internet, Buenos Aires, Argentina, Noviembre 16, 2007, Espacio de Lectores.

[2] Ver ¿Paganismo o inculturación? por Beatriz Aparicio, pub. Prodigos, CHN Resources 2006.

[3] Nietzsche: En 1889 su salud, que ya le había dado motivos de preocupación en los años “errantes”, empeora bruscamente, comenzando a manifestar síntomas de desequilibrio mental. Trasladado de Turín a Basilea es tratado en la clínica de dicha ciudad, y posteriormente en la de Jena, dando muestras de una ligera recuperación. No obstante su estado empeora de nuevo, instalándose en Naumburgo con su madre y, luego de la muerte de ésta, en 1897, con su hermana Elisabeth en Weimar. Pero ya no se recupera jamás. Morirá en agosto de 1900, habiendo alcanzado una considerable fama y ejerciendo un notable influjo que se dejará sentir en el desarrollo del pensamiento contemporáneo.

[4] Para ejemplo ver esta nota sobre la rebelión de Bar Kojba en Wikipedia.

[5] Ver Cristianismo y Diálogo, Gustavo Serrano Diez, publ. Prodigos, CHN Resources 2006. p

[6] Marcos 14, 62-63: él permanecía en silencio y no respondía nada. El Sumo Sacerdote lo interrogó nuevamente: “¿Eres el Mesías, el Hijo del Dios bendito?”. Jesús respondió: “Sí, yo lo soy: y vosotros veréis al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir entre las nubes del cielo”.

 

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