israel-y-la-iglesia

Carlos Caso-Rosendi

Entonces digo yo: ¿es que Dios rechazó a su pueblo? ¡De ninguna manera! Porque también yo soy israelita, del linaje de Abrahán , de la tribu de Benjamín. “No ha rechazado Dios a su pueblo”, al cual eligió de antemano… Digo, pues: ¿es que tropezaron hasta caer definitivamente? ¡De ninguna manera! Al contrario, por su caída vino la salvación a los gentiles, para provocar su celo. Pues si su caída es riqueza del mundo, y su fracaso riqueza de los gentiles, ¡cuánto más lo será su plenitud!… Porque no quiero que ignoréis, hermanos, este misterio, para que no os consideréis sabios a vuestros ojos: que la ceguera de Israel fue parcial, hasta que entrara la plenitud de los gentiles, y así todo Israel se salve, como está escrito: “De Sión vendrá el libertador”, “apartará de Jacob las impiedades” “y ésta será mi alianza con ellos”, “cuando haya borrado yo sus pecados”. Por lo que se refiere al Evangelio, han llegado a ser enemigos para vuestro bien; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de sus padres. Porque los dones y la vocación de Dios son irrevocables.— San Pablo, Apóstol en su Epístola a los Romanos

El Santo Apóstol está haciendo una presentación del misterio de la salvación de Israel. Creo yo que es bueno recordar el episodio de Abel y Caín ¿por qué?

Por la etimología de los nombres de esos hermanos: Ab-El (“hijo de Dios”, o “de Dios”) y Caín que se parece fonéticamente a “kína” (“envidia”, de donde quizás proviene nuestro vocablo “inquina” por vía del mozárabe).

Recordemos que fue de Caín la idea de sacrificar. En su rudeza, Caín sentía que tenía una deuda con Dios e inventa el primer acto religioso en la historia de la humanidad, ofreciendo como sacrificio el fruto de la tierra. Pero la tierra está maldita por el pecado de Adán y los sacrificios de Caín son rechazados. Sin embargo el carnero de la majada que sacrifica Abel es aceptado por Dios y eso genera la envidia de Caín que asesina a su hermano a pesar de haber sido prevenido por Dios: “el pecado está a las puertas y tú ¿lo dominarás?” El conundro es obvio: el pecado es inconquistable para el hombre y Caín termina asesinando a Abel, movido por la inquina.

Lo misterioso es que Dios pone sobre la frente de Caín una señal de salvación y lo condena a un exilio que durará toda su vida.

Esta viñeta viene a propósito para proponer el misterio de Israel y de las naciones. Dios se ha propuesto salvar al mundo pero ha comenzado por Israel pues, está escrito, “la salvación viene de los judíos” (Juan 4:22). Pareciera que esa salvación es misteriosamente operada en términos de contradicción. Los hermanos mayores en la Biblia siempre sirven al menor. Las doce tribus se inclinan ante José, Esaú pierde la primogenitura para favorecer a Jacob, y así por el estilo.

En este pasaje, San Pablo nos presenta ese misterio de los “dos testigos” de Dios, sus dos hijos dilectos: Israel y la Iglesia que tienen como goznes inefables a Cristo, el judío perfecto y a María, la judía perfecta, realizando misteriosamente la salvación de la raza hebrea desde afuera, desde las naciones.

Cristo dijo que si los habitantes de Jerusalén callaran su clamor de gloria al Hijo de David, las piedras clamarían (Lucas 19:40). Pues esto es lo que ha sucedido: los hombres de piedra, los gentiles otrora sin vida, claman gloria al hijo de Dios para vergüenza de Israel. Eso es la Iglesia: una bofetada en la cara de Israel, un desafío de Dios para que Israel despierte y viva su destino de redención en el Mesías.

Dios, como un amante ofendido, busca refugio en el amor de otros brazos para incitar a los celos a la novia que lo desprecia (Rom 11:11). Solo asi se puede explicar la Pasión y tener una idea de lo que significa la frase bíblica que “Dios está más enamorado de las tiendas de Jacob” o también como dice la Sulamita del Cantar de los Cantares “ponme como ajorca sobre tu brazo, como marca sobre tu corazón porque el amor, es más fuerte que la muerte”.

Creo que de eso está hablando el Apóstol: Israel es el primer amor de Dios y la herramienta bendita de su redención como bien lo puso Nuestra Señora en el Magnificat:

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador,
porque se ha fijado en su humilde esclava.
Pues mira, desde ahora me felicitarán todas las generaciones
porque el Poderoso ha hecho tanto por mí:
El es santo y su misericordia llega a sus fieles
generación tras generación.
Su brazo interviene con fuerza,
desbarata los planes de los arrogantes,
derriba del trono a los poderosos
y exalta a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide de vacío.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abraham y su descendencia, por siempre.