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Raymond J. de Souza

La decisión anunciada en Roma (Anglicanorum Coetibus), que crea las estructuras necesarias para permitir que los anglicanos se conviertan colectivamente al catolicismo al mismo tiempo que retienen sus tradiciones, es un gran acontecimiento histórico.

Y como siempre ocurre con los acontecimientos verdaderamente históricos en la Iglesia Católica, hay ecos de otros acontecimientos similares que vienen de siglos atrás.

Benedicto XVI le permitirá a los anglicanos que comparten sus creencias con los católicos -muchos de ellos se autodenominan «anglicanos tradicionales» o «anglocatólicos» -entrar en la Iglesia «en masa» de tal manera que puedan mantener sus tradiciones. Las parroquias y diócesis son normalmente entidades geográficamente definidas, lo cual significa que uno pertenece a cierta parroquia o diócesis dependiendo de dónde viva.

Pero hay muchas anomalías en la práctica diaria: obispos designados a capellanías que sirven a los militares dispersos por todo el mundo; prelaturas no-territoriales para grupos dedicados a ciertas tradiciones litúrgicas o normas de vida (como por ejemplo el Opus Dei); provisiones hechas para ciertos grupos étnicos, como por ejemplo el obispo que en Toronto (Canadá) se ocupa de cuidar a los miembros de la diáspora húngara.

Hubo el caso, hace 400 años en que la brecha que separaba a los católicos griegos fue curada. Ellos se habían separado de Roma para seguir al obispo de Constantinopla. Cuando regresaron en 1595 les fue permitido mantener su propia liturgia tradicional y sus formas de gobierno eclesial, en tanto afirmaban de nuevo su unidad con Roma en total comunión de fe.

Los canadienses estamos familiarizados con los católicos ucranianos, muy numerosos en el oeste del país. Son completamente católicos pero mantienen la práctica de la liturgia oriental. De hecho la Iglesia Católica tiene como dos docenas de «Ritos Orientales» cada uno con sus propias tradiciones, incluyendo los sacerdotes casados (los obispos son célibes.)

El Vaticano ha recibido numerosos pedidos de los obispos y sacerdotes anglicanos en los últimos años. Solicitaban que se creara algún tipo de estructura que facilitara la integración. La Constitución Apostólica sancionada ayer, es la respuesta a dichos pedidos.

«De esta manera, la Constitución Apostólica busca balancear por un lado el interés en preservar el valioso patrimonio litúrgico y espiritual anglicano. Por otro lado, los intereses de esos grupos y de sus clérigos será integrado en la Iglesia Católica,» ha dicho el Vaticano.

Los católicos de habla inglesa han admirado por muchos siglos el patrimonio litúrgico anglicano, especialemente su música sacra. Este patrimonio enriquecerá la adoración católica y será motivo de mucho regocijo. De la misma manera en que las ricas tradiciones griegas fueron injertadas en la Iglesia Católica después del Cisma de Oriente en el siglo 11, este modesto paso hace lo mismo para incorporar a los cristianos que se separaron de la Iglesia en el siglo XVI.

Si bien es cierto que los católicos sufrieron la división de la Iglesia que trajo la inconducta de Enrique VIII, incluyendo sus brutales persecuciones, también se puede afirmar que muchas cosas nobles sobrevivieron en el desarrollo posterior del anglicanismo. Hoy día los anglicanos están divididos en este asunto de cómo adaptar su religión a las circunstancias modernas. Una minoría ha decidido que la única manera de adelantar la cosa es volver a unirse con la Iglesia Católica. La decisión de Benedicto XVI es generosa y amplia, danco lugar a las cosas nuevas que que puedan ser acomodadas dentro de la práctica de la fe ancestral.

El Arzobispo de Canterbury, el Dr. Rowan Williams, comentó ayer que ésto «no es un acto de agresión» de parte de los católicos, sino más bien una indicación de todo lo que anglicanos y católicos tienen en común. Si bien es cierto que lo que nos une siempre ha sido más de lo que nos divide, también es cierto que las diferencias existen y que, tarde o temprano, uno tiene que decidir dónde plantarse. La Comunión Anglicana ha estado batallando para definir su verdadera identidad ya por bastante tiempo. Una buena parte de ellos ha decidido que la voluntad de Dios es que ellos se hagan católicos. Le toca a la Iglesia Católica respetar esa decisión.

Pero tanto los obispos católicos como anglicanos se inclinaron a decir ayer que esta nueva iniciativa papal no resta en nada a los esfuerzos que se vienen haciendo para hallar la manera de hallar la plena comunión de todos los anglicanos con el catolicismo. Esto permanece como una plegaria común, pero por simple prudencia se ha buscado esta medida de unidad hoy, a medida que ambas comunidades se separaban en asuntos doctrinales. La unidad de la Iglesia, dijo Benedicto XVI en el mensaje durante la Misa de su inauguración, es su primer deber. Hoy se ha dado un paso significativo para avanzar en el cumplimiento de ese deber.

 


Padre Raymond J. de Souza, Amen to a good offer. © National Post, (Canada) Octubre 21, 2009. El P. Raymond J. de Souza es el capellán de la Newman House, la Misión Católica en Queen’s University, Kingston, Ontario.

 

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