quien-le-cree-a-los-testigos-de-jehova

Carlos Caso-Rosendi

¿Quién no ha sido alguna vez visitado por los testigos de Jehová? Aunque muchos no los conocen por ese nombre, seguramente recordarán a una persona bien vestida y sonriente que les ofreció comprar alguna de las publicaciones de la “Sociedad Watchtower de Biblias y Tratados, Inc.” Las más conocidas publicaciones de esa sociedad norteamericana son “La Atalaya” y “¡Despertad!” (conocidas en inglés como “The Watchtower” y “Awake!”) que se distribuyen mensualmente por millones a través de una red mundial de congregaciones de testigos de Jehová. Aparte de las revistas ya mencionadas los testigos distribuyen libros que explican sus peculiares doctrinas, una Biblia traducida especialmente (la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras) y numerosos otros tratados y folletos. Todo este esfuerzo editorial está dirigido a captar nuevos prosélitos que a su vez puedan distribuir más productos de la Sociedad Watchtower. Los testigos de Jehová trabajan gratuitamente distribuyendo ese material—de hecho, cada Testigo o “publicador” paga de su propio bolsillo por la literatura que distribuye—y están obligados por la Sociedad Watchtower a trabajar un mínimo de horas mensuales distribuyendo impresos. Esto no es una tarea opcional, los testigos que no predican (llamados “irregulares” por sus compañeros) son separados de sus congregaciones y hasta pueden ser expulsados por su inactividad.

¿Se debe creer en los testigos de Jehová?

En las próximas páginas describiremos el origen histórico de esta secta, sus doctrinas, sus métodos de captación, su modo de vida, su estructura jerárquica y operación. Adicionalmente, al final de este folleto, el lector católico hallará una lista de textos bíblicos y argumentos que afirman las doctrinas católicas que los testigos de Jehová atacan más frecuentemente.

Orígenes de los testigos de Jehová

Los testigos de Jehová tienen su origen en el noreste de los Estados Unidos, a mediados del siglo XIX. Esa región vió nacer a muchas sectas y movimientos pseudoreligiosos en esa época. Entre ellos podemos notar el Mormonismo, iniciado por Joseph Smith en el Estado de New York; la Ciencia Cristiana, iniciada por Mary Baker Eddy en Nueva Inglaterra; el Adventismo y muchos otros movimientos de diversa importancia. Según la obra de James R. Lewis La Enciclopedia de Cultos, Sectas y Nuevas Religiones, los testigos de Jehová tienen su origen en el movimiento iniciado por John Miller, un predicador bautista del siglo XIX que predijo el fin del mundo para 1844, apoyando sus predicciones en cálculos de fechas extraídas de la Biblia. Este error promovido por Miller, hoy conocido como dispensacionalismo, consiste en dividir la historia sagrada en eras o dispensaciones, las cuales terminan en una última era, el tiempo de fin. El objeto de los cálculos de Miller y de otros dispensacionalistas como Charles Fitch, Samuel Snow y Charles Taze Russell (fundador de la Sociedad Watchtower, en la foto) era calcular la fecha en que termina la última dispensación para así poder predecir el fin de los tiempos y la llegada en gloria del Señor Jesucristo.

La mayoría de los grupos que siguieron la modalidad de John Miller en los años que siguieron a 1844, se disolvieron al fallar sus predicciones, otros volvieron a sus cálculos tratando de hallar una nueva fecha en la esperanza de no fallar otra vez. Entre los grupos que sobrevivieron hasta 1853 a 1855, están la Iglesia Adventista y el grupo de seguidores de Jonas Wendell que pronosticó el fin del mundo para 1874.

Cuando el Señor Jesucristo falló en aparecer en 1874, los seguidores de Wendell rápidamente cambiaron la fecha a 1914. Charles Taze Russel (1852-1916) fue por un tiempo seguidor de Wendell pero estaba en desacuerdo con él en cuanto a la forma en que Cristo se manifestaría al mundo en su segunda venida. Así fue que en 1876, Russell se unió a otro predicador, Nelson Barbour, para reiniciar la publicación de la revista Heraldo de la Mañana (Herald of the Morning). Juntos publicaron la obra Tres Mundos o Plan de Redención (Three Worlds or Plan of Redemption). Pronto otros adventistas se unieron a ellos y esta coalición duró hasta 1878 cuando la predicción de Barbour falló tan miserablemente como las anteriores predicciones de Miller, Fitch y Snow habían fallado antes. El grupo entonces reconsideró sus cálculos estableciendo una nueva fecha, esta vez en abril de 1878. Pero el fin del mundo tampoco vino en abril de 1878 y entonces los socios restantes, Russell, Paton y Jones, comenzaron a publicar una revista que llamaron La Torre del Vigía de Sión y Heraldo de la Presencia de Cristo (Zion´s Watchtower and Herald of Christ´s Presence) que con el tiempo se convertiría en La Atalaya (The Watchtower). Ese año, 1879, marca el comienzo del movimiento de Russell que entonces se conocían como Estudiantes de la Biblia en la Aurora del Milenio.

En ese entonces Russell enseñaba que Cristo había llegado en forma invisible en 1874, comenzando una obra de recoger sus verdaderos discípulos que duraría cuarenta años, culminando en 1914, año en el que—de acuerdo a las predicciones de Russell—Cristo regresaría en gloria para librar la última batalla: el Armagedón. En los años siguientes, Russell fue publicando gradualmente los siete tomos de su obra Estudios en la Escritura (Studies in the Scriptures). En el primer volumen de esta obra, titulado El Plan Divino de las Edades (The Divine Plan of the Ages) Russell expuso su doctrina fundamental, indicando que los judíos regresarían a Palestina entre 1874 y 1914, comenzando la derrota gradual de las naciones gentiles. Russell anuncia allí que el momento culminante llegaría en 1914, cuando los santos serían glorificados y Dios establecería su reino eterno en la tierra. Los cálculos de Russell usaban no solamente la Biblia sino también una serie de interpretaciones místicas de las medidas de la Gran Pirámide de Egipto, a la que él llama “el testigo de piedra de Dios”.

La coincidencia de la Primera Guerra Mundial que comenzó en 1914, con las profecías de Russell, dió esperanzas a sus seguidores, que creyeron al principio de la guerra, que ésta desencadenaría eventualmente los sucesos predichos.

Sin embargo para 1918 la Primera Guerra Mundial había terminado, sin que el anunciado fin del mundo llegara. Lo que sí llegó fue el fin del mundo para Charles Taze Russell, quien murió en Plano, Texas durante una de sus giras de predicación en 1916. Su último deseo fue ser enterrado vestido de toga, al uso masónico de la época. Sobre su tumba, en un cementerio de Pittsburg, Pennsylvania, aún se puede ver una reproducción a escala de la Gran Pirámide, inscrita con símbolos masónicos. Tanto Russell como Barbour fueron, en vida, miembros de la masonería americana.

Los sucesores de Russell

Russell dejó instrucciones muy precisas para que, después de su muerte, la Sociedad Watchtower fuera gobernada por un comité de miembros. Sin embargo uno de los abogados de la sociedad, Joseph Franklin Rutherford, batalló legalmente eliminando a sus competidores hasta que pudo erigirse en el segundo presidente de la Sociedad Watchtower contra los deseos que Russell había expresado en su testamento. Rutherford gobernó la Sociedad Watchtower desde 1917 hasta 1942. Durante ese período se predijo el fin del mundo en varias ocasiones sucesivas, para 1918, 1920 y 1925. En 1919 se comenzó a publicar la revista Despertad (Awake!) y se impuso sobre los fieles la obligación de ir de casa en casa. Las profecías fallidas y el comportamiento escandaloso de Rutherford, dieron origen a una multitud de movimientos cismáticos dentro de los testigos de Jehová, siendo los más notables la Asociación de Estudiantes de la Biblia y el Instituto Bíblico Pastoral. Para 1929 un setenta y cinco por ciento de los miembros se separaron de la Sociedad Watchtower.

En 1931 Rutherford anunció el cambio de nombre y los entonces conocidos como Estudiantes Internacionales de la Biblia adoptaron el nombre testigos de Jehová adaptando la frase de Isaías 43, 10-11, donde dice “Vosotros sois mis testigos dice Yahweh, mi siervo escogido.” La organización de ancianos y diáconos electivos fue disuelta por Rutherford y las congregaciones quedaron dirigidas por directores nombrados directamente por la Sociedad Watchtower.

Entre 1925 y 1932 las doctrinas de los testigos de Jehová sufrieron una profunda revisión, incorporando prohibiciones varias, entre ellas la prohibición de recibir transfusiones de sangre. La fecha de 1914 fue considerada como el momento en que Cristo comienza a reinar en forma invisible en el cielo comandando la selección de los últimos elegidos que termina en el Armagedón. En otras palabras, la presencia invisible de Cristo fue movida de 1874 a 1914 y los “cuarenta años de siega” pasaron a ser un período de duración indefinida.

El fin del mundo le vino a Joseph F. Rutherford en su mansión de San Diego, California en 1942.

Para reemplazarlo la Sociedad Watchtower eligió a Nathan H. Knorr quien tomó las riendas de la parte gerencial, dejando la teología en manos de Frederick W. Franz, un hombre de escasa educación y con poca o ninguna formación teológica. Knorr volvió a establecer la jerarquía de ancianos y diáconos para dirigir las congregaciones, reservando el derecho de la Sociedad Watchtower de aprobar o rechazar los nombramientos.

Bajo la dirección de Franz se produjo aun otra predicción para 1975, año en que Franz habría calculado el fin de seis milenios desde la creación del hombre. Esta fecha se promocionó en conjunto con una serie de cálculos que interpretaban las palabras de Cristo en Mateo 24, 34 como una señal que la generación de 1914 estaría aún con vida al tiempo del fin del mundo.

El fin del mundo tampoco vino en 1975 pero sí les llegó a varios de los envejecidos miembros del Cuerpo Gobernante. En sucesión, Frederick Franz, Milton Henschell y Don Adams pasaron por la presidencia de la Sociedad que ahora es gobernada por un comité de doce miembros.

A pesar de haber fallado miserablemente en predecir la fecha del fin del mundo, los testigos de Jehová siguen prediciendo que el tiempo del fin ha llegado y que el fin del mundo es inminente.

Extraoficialmente hablan ahora del año 2034, una fecha a la que llegan por medio de agregar al año 1914, los 120 años determinados por Dios para la vida del hombre en Génesis 6, 3.

Inestabilidad de las doctrinas

Las predicciones fallidas de los testigos de Jehová no son su única inconsistencia doctrinal. Desde los días de Russell, comenzando en 1876, el grupo ha ido cambiando de doctrinas, adoptando nuevas interpretaciones de la Biblia, prohibiciones y prácticas mientras viejas creencias se abandonan o pasan a un segundo plano. Hacer una lista de tales cambios resultaría en un volumen de innumerables páginas, es por eso que usamos unos pocos breves ejemplos.

Los testigos objetan que los cambios doctrinales son el resultado de una revelación progresiva en la que la luz de Dios se hace cada vez más intensa, revelando poco a poco lo que los fieles deben creer. Si bien es cierto que Dios ha ido revelando sus propósitos de manera gradual, primero al pueblo hebreo y luego al mundo; también es cierto que la revelación divina es consistente consigo misma. No hay una sola instancia de la Historia Sagrada en la que Dios haya prohibido una cosa para permitirla más tarde y volverla a prohibir nuevamente después.

Al analizar la historia y las prácticas de la Sociedad Watchtower hallaremos sin lugar a dudas que el propósito de sus dirigentes es perpetuar su operación y continuar el flujo de productos que consume su feligresía. Es posible que detrás de los constantes cambios doctrinales esté la necesidad de producir nuevas obras impresas. De tal manera, la feligresía deberá obtener nuevos libros y folletos que reemplazan a las antiguas publicaciones que el cambio doctrinal ha hecho obsoletas.

Un buen ejemplo de ping-pong doctrinal se encuentra originalmente en el libro de Charles Taze Russell, Estudios de las Escrituras:

“Así es que Nuestro Señor enseña que los sodomitas no tuvieron una oportunidad completa [de arrepentirse] y les garantiza esa oportunidad.” [1] Russell se estaba refiriendo aquí a las palabras de Jesús en Mateo 10,13-15: “Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros. Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras, al salir de la casa o de la ciudad aquella sacudíos el polvo de vuestros pies. Yo os aseguro que en el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad.”

Reflexionando un segundo, encontramos aquí un clásico uso de la hipérbole. Por ejemplo, cuando decimos en español “cuando los sapos críen pelo” estamos usando una forma de hipérbole para decir que algo es muy improbable o que nunca ocurrirá. En este caso Cristo dice que aquellos depravados hombres de Sodoma la pasarán mejor que los que hagan caso omiso de la enseñanza de Cristo.

Para los que oyeron a Cristo en esa ocasión, Sodoma era el ejemplo máximo de la ira divina, ellos sabían bien que había caído fuego del cielo para castigar a los sodomitas como resultado de su irredimible perversión. Sin embargo Cristo dice aquí ¡que a aquel que rechace el Evangelio le irá peor!

Le ha tomado a los testigos de Jehová (autodeclarados “el medio de comunicación de Dios en la tierra”) mas de cien años el figurarse esto. Entretanto, a esta fecha, han cambiado su interpretación de esta parábola ocho veces desde que Charles Taze Russell escribió esas líneas a fines del siglo XIX. Aquí está la lista de idas y venidas sobre esta doctrina. Los números de las páginas están tomadas de las respectivas versiones en inglés.

· “Los hombres de Sodoma serán resucitados”—The Watchtower, 7-1879, pp. 7-8.

· “Los hombres de Sodoma no serán resucitados”—The Watchtower, 6-1-1952, p. 338.

· “Los hombres de Sodoma serán resucitados”—The Watchtower 8-1-1965, p. 479)

· “Los hombres de Sodoma no serán resucitados”—The Watchtower 6-1-1988, p. 31.

· “Los hombres de Sodoma serán resucitados”—Live Forever, primera ed. en inglés, p. 179.

· “Los hombres de Sodoma no serán resucitados”—Live Forever, ed. corregida en inglés, p. 179.

· “Los hombres de Sodoma serán resucitados”—Insight on the Scriptures, vol. 2, p. 985.

· “Los hombres de Sodoma no serán resucitados”—Revelation: Its Grand Climax at Hand! p. 273.

La generación de 1914

Entre los innumerables cambios doctrinales que la Sociedad Watchtower ha impuesto a los testigos de Jehová, uno de los más resonantes ha sido el abandono de la doctrina de la “generación de 1914”.

Los cálculos dispensacionalistas [2] de Russell presuponían que el fin del mundo debía llegar en 1914. Cuando el esperado fin no llegó los testigos no abandonaron esos cálculos sino que trasladaron a 1914 la “presencia invisible” de Cristo—que para Russell había empezado originalmente en 1874—declarando que Cristo había comenzado a reinar en ese año, y se había “sentado a la diestra de Dios” para dar comienzo a su reinado mesiánico. Como el mundo daba poca evidencia del reinado de Cristo, los teólogos jehovistas comenzaron a usar ingeniosamente las palabras de Jesús en Mateo 24, 32-34 “Aprended esta comparación, tomada de la higuera: cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, vosotros sabéis que se acerca el verano. Así también, cuando veáis todas estas cosas, sabed que el fin está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación, sin que suceda todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” La Atalaya del 1 de mayo de 1985 hace la declaración que: “Así que, antes que la generación de 1914 desaparezca por completo, el juicio de Dios se tiene que ejecutar”—The Watchtower, 1/5/1985 p. 4, ver ilustración.

Extrayendo de entre el texto estas palabras de Cristo, los teólogos jehovistas comenzaron a enseñar que la generación que había visto los acontecimientos de 1914 vería, sin duda, el fin del mundo. Cuando el esperado fin del mundo falló en ocurrir en 1975, los testigos continuaron esperando con un ojo clavado en la generación que ya para entonces estaba pasando sus setenta años. El tiempo siguió pasando y en 1987 la revista Despertad en su edición del 8 de enero apareció sin el encabezamiento que, por muchos años, había aparecido como el lema de la publicación. La frase: “…antes que desaparezca la generación que vió los acontecimientos de 1914” había desaparecido.

Luego, en la edición del 8 de marzo de 1988 la misma declaración volvió a aparecer levemente modificada. Finalmente en 1996, los elementos “1914” y “generación” fueron eliminados completamente.

Esta doctrina que fue central para las creencias de los testigos de Jehová por la mayor parte del siglo XX, pasó sin pena ni gloria y así quedará, arrumbada junto con docenas de doctrinas descartadas hasta que otra vuelta de tuerca la vuelva a poner de moda. Ray Franz (sobrino de Frederick Franz) quien fuera miembro del cuerpo gobernante de la Sociedad Watchtower y que fue expulsado por expresar su desacuerdo con ciertas doctrinas del grupo, explica en su libro Crisis de Conciencia (p. 247-249) que la Sociedad había intentado durante varios años alargar el tiempo de llegada del Armagedón, especialmente luego de la predicción fallida de 1975. Según Franz, el cuerpo de dirigentes consideró cambiar esta doctrina, aplicándola a la generación posterior al año 1957. El cambio, sin embargo, se rechazó por mayoría de los votos en una de las sesiones secretas del cuerpo de directores.

Doctrinas inestables y sus consecuencias

Para nosotros los cristianos católicos es difícil entender el efecto que esta arena movediza de cambios doctrinarios tiene entre la feligresía de los testigos de Jehová. Cuando las personas piensan en Dios, piensan en algo inamovible y eterno. Dios no cambia, nada lo puede sorprender y nadie le puede anunciar algo que El ya no sepa. Es por eso que la persona que sinceramente quiere adorar a Dios agradándole con su conducta y conciencia rectas, se desanima cuando no sabe si realmente lo está haciendo bien. Las interminables variaciones doctrinales que los testigos de Jehová deben soportar tienen severos efectos en su conducta y salud mental de los testigos.

José [2], un ex-Testigo de Jehová comenta: “Al principio, especialmente después de mi bautismo, me preocupaba por estar al día con mis lecturas y el estudio, especialmente con la lectura diaria de las Escrituras y el estudio de La Atalaya. Eso podía hacerlo pues entonces era soltero y tenía tiempo para estudiar. Pronto noté que para algunos de mis amigos casados resultaba difícil mantenerse al tanto. En cierta ocasión un superintendente me comentó algo sobre la interpretación de lo que eran las “autoridades superiores” que Pablo menciona en Romanos 13, 1. Recuerdo que hacía pocos meses la interpretación había cambiado, pero mi amigo, ocupado como estaba con sus deberes como superintendente de la congregación y padre de familia, no recordaba el cambio que había tenido lugar. Recuerdo bien que me miró muy confuso cuando le recordé que ya no entendíamos ese texto de la misma manera. No era para menos, en el curso de su vida como Testigo de Jehová, esa persona había visto cambiar la interpretación de ese verso bíblico tres veces. Con el tiempo yo también me volví como él y dejé de prestar atención a esos detalles. En realidad la carga de responsabilidades que lleva un Testigo de Jehová es casi imposible de llevar para personas que tienen que atender un trabajo y una familia. Con cinco reuniones a la semana, docenas de páginas de publicaciones para estudiar, visitas, estudios bíblicos, asignaciones para la Escuela del Ministerio y otras muchas cosas que hacer, el tiempo se hace escaso y pronto uno comienza a sentirse anegado. Una de las cosas que causan más confusión son los constantes cambios de interpretación. En mi caso, llegó el momento en que antes de aseverar mis creencias en alguna doctrina poco familiar, debía buscar en el índice de publicaciones de la Sociedad para asegurarme de cuál era la doctrina correcta en ese momento. Ahora que soy católico y sigo una doctrina que se ha mantenido intacta desde los tiempos de Cristo, todo aquello me parece un mal sueño.

A continuación incluimos un extracto del informe del Dr. Jerry Bergman titulado “Problemas Mentales Entre los testigos de Jehová”, en él se examinan los problemas que puede causar la inestabilidad doctrinal de los testigos.

“La Watchtower se halla en un perpetuo estado de cambio doctrinario, a menudo abandonando y retomando hasta tres o cuatro veces un mismo tema. En ninguna parte esto ha sido tan trágico como en sus enseñanzas antimédicas. Watchtower predicó durante la década de los 30 y los 40 que las vacunas no solamente eran poco efectivas sino una “violación directa” de la ley de Dios. [4] Luego, a principios de los cincuenta, las vacunas dependían de la conciencia de cada uno pero actualmente Watchtower publica artículos que elogian las virtudes de las vacunas y de las muchas vidas que han salvado. A fines de 1961, los trasplantes de órganos fueron específicamente considerados aceptables, luego en 1967 fueron prohibidos. [5] Hasta se enseñaba que los trasplantes de córnea y riñones violaban la de ley de Dios debido a que fueron consideradas como canibalismo. Posteriormente en 1980 la mayoría de los trasplantes de órganos fueron declarados una cuestión de conciencia. [6] La única excepción, los transplantes de médula ósea, estaba errada solamente porque el hueso era una fuente sanguínea. En 1984, hasta los transplantes de médula ósea fueron aprobados.

En 1909, Watchtower estableció específicamente que la prohibición judía contra la ingestión de sangre no era considerada una ley para los cristianos pero no fue hasta 1961 que la recepción de transfusión de sangre era motivo de expulsión. [7] Actualmente, Watchtower enseña que “si una transfusión autorizada por un tribunal parece probable… [un testigo debe] ejercer enormes esfuerzos para evitar una violación de la ley de Dios sobre la sangre [y si] las autoridades. . . lo consideran un crimen o lo declaran culpable para ser procesado. . . el cristiano podría estimar esta situación como sufrimiento en nombre de la rectitud “. [8]

La enseñanza de la Watchtower es clara: los testigos han de sacrificar sus vidas antes que someterse a una transfusión y esto incluye permitir que los niños mueran. Si efectivamente mueren debido a la falta de sangre, podrán demandar al cirujano como demandaron al Dr. Denton Cooley: perdieron el pleito; el jurado decretó que la objeción a la transfusión de sangre haría que la operación fuese más arriesgada (Houston Chronicle, 18 de noviembre de 1995 p. 42A) Sin embargo, en esta área la Sociedad Watchtower ha cambiado aún.

El empleo de todos los productos y fracciones sanguíneos para cualquier objetivo era en un tiempo condenado, hasta las colas fabricadas de productos sanguíneos no debían adquirirse. En la actualidad, los testigos pueden aceptar albúminas, globulinas, factor VIII, factor IX e inclusive sangre en circulación. La prohibición de las fracciones sanguíneas para hemofílicos fue levantada en 1978. [9] Los sueros sanguíneos son actualmente aprobados porque los que corresponden a la rabia, hepatitis virales, tétanos, difteria y otros contienen solamente “una minúscula cantidad de sangre”. [10] Debido a que Watchtower también enseña a los testigos a ser fieles aún “en las pequeñas cosas”, muchos ven estas excepciones como hipócritas. Miles de niños han fallecido por falta de sangre; ancianos han perdido la vista por negarse a hacerse transplantes de córneas y otros murieron por rehusarse a hacerse un transplante de riñón. [11] Esto resulta especialmente traumático si la doctrina se modifica y lo que solía condenarse ahora se aprueba. Esto se demuestra en el siguiente caso.

De acuerdo con Walker “Gary Busselman vió a su esposa, Delores, morir de leucemia. Como Testigo de Jehová, la pareja no creía en transfusiones de sangre o en transplante de médula ósea. . . . Actualmente, Busselman cree que negarse a recibir esos procedimientos médicos estaba errado y desea ayudar a otros que puedan haber experimentado similares tragedias”. [12] Agregó que “murió en 1971 y en 1980 modificaron su criterio y sus miembros desde entonces pueden recibir transplantes”. Comúnmente, surgían la culpa y el enfado de la creencia que un ser querido murió (Busselman gozaba de un matrimonio excelente) por seguir una doctrina que más tarde fue admitida como errónea por la Watchtower.” (Tomado del informe “Why Jehovah’s Witnesses Have Mental Problems”, por Jerry Bergman, Ph.D.)

¿Cómo es posible que personas normales, con las esperanzas y circunstancias más o menos comunes a toda persona, hayan caído en semejante estado de alienación? ¿Qué les hicieron los testigos de Jehová para que pudieran aceptar voluntariamente el causarse semejante daño?

¿Qué le pasa a quien estudia la Biblia con los jehovistas?

San Pablo exhortaba a los cristianos de Roma con estas palabras: “Hermanos, el anhelo de mi corazón y mi oración a Dios en favor de ellos es que se salven. Testifico en su favor que tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento. Pues desconociendo la justicia de Dios y empeñándose en establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios.” (Romanos 10, 1-3).

Los testigos usan con frecuencia este versículo de la Epístola a los Romanos para tratar de iniciar un estudio bíblico con las personas que hallan cuando predican de puerta en puerta. Citan este texto, creyendo confiadamente que son ellos los que tienen el “pleno conocimiento” del que habla el apóstol. Como la mayoría de las personas saben poco y nada de la Biblia, nada pueden argumentar. No pueden saber que este texto—presentado en forma aislada—pareciera poner énfasis en el “conocimiento” como algo necesario para llegar a ser cristiano; cuando en realidad el total de la enseñanza apostólica no afirma esto para nada.

La persona que los testigos abordan, por lo general, no sabe nada sobre la naturaleza contingente de este texto, que es un comentario hecho contra la actitud de los judíos estudiosos de los tiempos de San Pablo, más bien que la enunciación de una doctrina para todo tiempo y lugar.

La ignorancia bíblica de las personas que los jehovistas comúnmente encuentran en las puertas, refuerza su idea de que solamente ellos son los poseedores del pleno conocimiento. Conocimiento que juzgan un elemento primordial y necesario para ser cristiano.

Ocasionalmente logran impresionar a algún incauto con su destreza en el manejo de la Biblia. Esto no ocurre tan frecuentemente como algunos suponen. Se calcula que toma unas 8.000 horas de golpear puertas para captar un nuevo testigo de Jehová.

En los años sesenta, cuando mi familia comenzó a estudiar con los testigos de Jehová, se utilizaba un libro llamado “La verdad que lleva a vida eterna”, una publicación de bolsillo atractivamente encuadernada en tapas vinilo azul con la imagen dorada de un librito abierto, representado emitiendo rayos de luz.

El librito estaba lleno de profecías para el período de 1975 a 1984 que nunca se cumplieron y debió ser reemplazado por otro más actualizado. Esto se repitió unas cuantas veces. Al tiempo de escribir este artículo los testigos utilizan un nuevo libro, de factura un tanto menos atractiva, titulado “Conocimiento que lleva a vida duradera” cuya edición en inglés se viene usando desde 1995. Aun hoy, el nuevo prosélito debe estudiar una serie bastante extendida de publicaciones de la Watchtower para pasar de prosélito a “publicador”.

Para los cristianos familiarizados con el Nuevo Testamento esto es realmente sorprendente pues en la Biblia se describen conversiones y ninguna de ellas es precedida de un largo estudio de las doctrinas cristianas. Tomemos por ejemplo el relato de la conversión del etíope por San Felipe en Hechos 2 o la conversión de Cornelio el centurión romano, en Hechos 10, cuya entrada en la Iglesia es tan rauda que toma desprevenido al mismo San Pedro.

Esta es solamente una de las muchas diferencias patentes entre la Iglesia que se describe en el Nuevo Testamento y los testigos de Jehová. No es necesario ser un exegeta bíblico para notar que los primeros cristianos no eran una corporación comercial que produjera manuscritos para distribución pública y que los cristianos primitivos no debían informar a los apóstoles del tiempo invertido en predicar el Evangelio, so pena de ser excomulgados si fallaran en hacerlo.

¿Por qué requieren los testigos de Jehová, tal cantidad de estudio y lectura a sus nuevos prosélitos? Lo hacen para iniciar a sus nuevos allegados en la compra constante de un sinfín de libros, revistas, folletos y tratados que enriquece—centavo sobre centavo y dólar sobre dólar—al vasto imperio editorial de la Watchtower Bible and Tract Society of New York, Inc. y a otras corporaciones asociadas.

Captación y retención del prosélito

Adicionalmente, desde el momento en que una persona decide “estudiar” con los testigos de Jehová, comienza a adentrarse—sin saberlo—en una trampa cuidadosamente diseñada para dominar su voluntad. En primer lugar se lo expone a una descripción de la vida en el futuro “paraíso de Jehová” mientras se le muestran textos bíblicos que aparentemente prueban que la persona humana no tiene un alma, que no existe el infierno, etc. y que el cielo es solamente para unos pocos elegidos de Dios (144.000 elegidos para ser más preciso). Ese paraíso terrenal es presentado convincentemente y también el castigo de los desobedientes, la muerte en el inminente fin del mundo, el Armagedón. Una vez que los dos extremos de premio y castigo han sido fijados en la mente del prosélito se lo invita al Salón del Reino, más o menos al tiempo de comenzar sus estudios. Allí, la “cara nueva” es bombardeada con expresiones de afecto y bienvenida, de tal manera que las barreras mentales caen y el nuevo prosélito se siente en familia. Durante este ciclo se le van haciendo conocer sus obligaciones, que son mayormente: asistencia a todas las reuniones semanales y la “predicación” de puerta en puerta.

De allí en adelante el nuevo testigo casi no tendrá tiempo libre ni energía mental para examinar críticamente en la dura circunstancia en la que se ha metido. Las cinco reuniones semanales le demandarán unas seis a diez horas de su semana entre asistencia y preparación. Para la mayoría de los “publicadores” es obligatorio invertir unas diez horas mensuales en la predicación de puerta en puerta. Que se suman a las 24 a 40 horas mensuales que debe invertir en reuniones, que son también obligatorias. En total, se demanda del testigo medio, unas 30 a 40 horas mensuales de trabajo o asistencia.

Control mental

Lo que normalmente ocurre es que el Testigo está mentalmente agotado, funcionando en una especie de niebla mental. Eso lo vuelve fácil de adoctrinar. Las reuniones son programadas para las horas en que hay menor resistencia mental y mayor cansancio físico. La disidencia es condenada casi constantemente desde el púlpito y los interminables cambios de doctrina aumentan la confusión mientras sirven también como válvula de escape: muchos testigos que están en desacuerdo con doctrinas específicas, se conforman pensando que “ya llegará la nueva luz” y la doctrina que le molesta será actualizada. En total el testigo vive un “día a día” lleno de obligaciones que le impiden reconsiderar la dirección que ha tomado su vida, atrapada entre el premio del paraíso y la angustia del siempre amenazante Armagedón.

Dentro del angosto espacio mental en que el testigo se ve obligado a vivir hay una conjunción del ojo vigilante de los superintendentes con el cansancio mental, que naturalmente lo vuelve dócil a aceptar las doctrinas que se le imponen. Adicionalmente las publicaciones utilizan medios subliminales para reforzar la educación del testigo. Esto en sí mismo es un tema que podría llegar a llenar volúmenes y que solamente tocamos en forma muy breve en este escrito.

Control social

A través de los años el jehovismo ha ido agregando extrañas doctrinas a su arsenal. Estas prácticas poco comunes están diseñadas para aislar al testigo del resto de la sociedad, evitando que el diálogo íntimo con otras personas—familiares, amigos o vecinos—le revele de alguna manera la trampa económica y espiritual en la que ha caído.

Usando argumentos supuestamente bíblicos, la dirigencia jehovista prohíbe o desaconseja: el uso de la Cruz, las transfusiones de sangre, la celebración de la Navidad, el Año Nuevo, los cumpleaños, las fechas patrióticas; el saludar a los símbolos patrios, los juramentos de lealtad a la nación, el prestar servicio militar, los estudios superiores y una miríada de otras prohibiciones que gradualmente van forzando al testigo a tratar solamente con aquellos que piensan como él.

Con el tiempo, la casi totalidad de su interacción social se reduce tratar a los otros miembros de la secta. Esto se complementa con la constante advertencia de “separarse del mundo” lo que, en realidad para el testigo, significa aislarse de la sociedad en la que vive para refugiarse en la secta.

La escasez de tiempo libre y la rareza de las limitaciones jehovistas obran como un cerco que le impide relacionarse normalmente con personas que no son parte del grupo sectario. Con el tiempo su vocabulario cambiará y muchas de las palabras que usa adquirirán un nuevo sentido, el sentido que la Sociedad Watchtower quiera imprimirles.

Es posible que usted mismo los haya escuchado usar palabras como “inicuo”, “iniquidad”, “la Sociedad”, “sistema de cosas”, “conocimiento exacto”, “estar en la verdad”, “nuevo sistema”, “Jehová Dios el Gran Arquitecto”, “cabras”, “ovejas de Jehová” y otras similares. Este vocabulario especial logra que el habla de un testigo de Jehová sea ocasionalmente incomprensible para quienes no dominan el complejo sistema de símbolos e imágenes de la secta.

Quienes han pasado algún tiempo entre ellos, comienzan a enterarse de ciertas tradiciones que circulan dentro del grupo pero que no están escritas en sus publicaciones. Entre ellas hay muchas historias de ataques demoníacos, milagrosamente terminados al invocar la palabra “Jehová” o al exponer ante el mal espíritu una copia de la Traducción del Nuevo Mundo, etc.

Algunos testigos tienen un respeto exagerado y morboso por el demonio y los espíritus malignos. Aun los ángeles representados en la literatura jehovista, son pintados como entidades severas, a distinción de la dulce disposición con que las criaturas angelicales han sido tradicionalmente representadas en el arte cristiano.

En la literatura jehovista se exagera el poder del diablo y por el contrario, se da a la presencia divina una caprichosidad extrema. Si, por ejemplo, el testigo tuviera en su casa un objeto relacionado con el demonio—esto para un testigo puede ser casi cualquier cosa, desde un libro de satanismo hasta un adornito de Navidad o una joya en forma de cruz—entonces el testigo cree que la protección divina se desvanecerá hasta que ese objeto sea eliminado. En su mente, un simple objeto ha puesto a Dios en fuga y ha dejado al testigo expuesto a las fuerzas infernales.

Estas leyendas refuerzan la muralla que separa al testigo de tener contacto o intimidad con el resto de la humanidad. Lo que comenzó como un inocente “estudio bíblico gratuito” se ha convertido en una jaula espiritual, una trampa psíquica, y dentro de ella, los sentimientos normales de la persona se van extinguiendo para ser reemplazados con una lealtad temerosa por la secta y el terror de ofender a un Dios lejano, misterioso e inasequible.

La percepción de “la verdad”

Los testigos de Jehová se refieren a sus creencias como “la verdad”. Por ejemplo, para preguntarle a alguien cuánto hace que son testigos de Jehová, le preguntan “¿Hace cuánto que estás en la verdad?”

Los dirigentes jehovistas han trabajado duro para que los prosélitos crean que el mundo entero está en la oscuridad y ellos—solamente ellos—conocen la verdad sobre Dios, la historia, la doctrina cristiana y el destino de la humanidad. Para que el sujeto llegue a tal grado de convencimiento, primeramente debe ser alguien poco informado. Es posible que haya algún maestro o hasta un profesor de universidad que sea testigo—yo he conocido personalmente a un astrónomo que lo era—esas serán excepciones a la regla. El testigo medio es una persona de escasa formación académica, con serias deficiencias de comprensión y análisis de ideas abstractas, mal conocimiento de la historia y especialmente dispuesto a aceptar crédulamente la particular concepción jehovista del mundo.

Citas especiales

La Sociedad Watchtower se esfuerza por presentar una cierta respetabilidad académica delante de sus seguidores. Para esto, salpican sus publicaciones con citas de obras de autores de diverso origen. En general las citas parecen apoyar la doctrina de los testigos. La Sociedad Watchtower sabe que el lector simplemente aceptará la cita como verdadera, sin investigar su origen. Después de todo ¿quien tiene tiempo para verificar todo lo que se publica? Por otro lado, el público en general cree que nadie se atrevería a citar algo falso o descaradamente distorsionado para engañar al lector. Lo cierto es que los autores de las publicaciones jehovistas cuentan con la aceptación descuidada del lector—y también con su inocente credulidad—mientras manipulan la literatura que citan y con frecuencia organizan las palabras para dar la impresión de que el material citado apoya las ideas jehovistas, cuando en realidad eso raramente sucede.

Un claro ejemplo de esta técnica se encuentra en el folleto publicado por la Watchtower “¿Debería Usted Creer en la Trinidad?” en el que fácilmente se puede verificar la existencia de decenas de citas falseadas o extraídas de publicaciones de dudoso valor académico. Para ejemplo haré uso de una cita que un testigo de Jehová me envió recientemente para “probar” que el orden de la jerarquía eclesiástica católica no es válido. La cita tomada de la literatura jehovista dice así:

El jesuita John McKenzie escribió lo siguiente cuando ocupaba una cátedra de teología en Notre Dame: “No existen datos históricos que confirmen toda la cadena de sucesión de la autoridad eclesiástica” (The Roman Catholic Church [La Iglesia Católica Romana], Nueva York, 1969, pág. 4). [13]

La frase en el original en inglés, que tengo a mi disposición, no está completa en esta cita. Tengo ante mí “The Roman Catholic Church” por John L. McKenzie, [14] Ed. Doubleday, Image Series D287 edición de 1969 ©, con Nihil Obstat e Imprimatur Eclesiástico. La primera parte de la frase está cortada, allí dice originalmente en inglés: “This is not a matter of historical proof, for historical evidence does not exist for the entire chain o succession of church authority.” Traducida, la cita de la Watchtower deja afuera las palabras: “Esto no es materia de verificación histórica, pues” que precede a lo que los testigos citan: “no existen datos históricos que confirmen toda la cadena de sucesión de la autoridad eclesiástica”, y que—aislado del resto—¡aparece como negando lo que el P. McKenzie está en realidad afirmando!

Es claro, por la lectura del contexto que el Padre McKenzie—un respetado sacerdote y erudito católico—no está tirando abajo la doctrina católica ni piensa como un testigo de Jehová. Al analizar el párrafo queda en evidencia el verdadero carácter del escrito:

“Esta autoridad apostólica, como veremos en mejor detalle más adelante, incluye la autoridad de predicar el Evangelio, de administrar los sacramentos y de gobernar la Iglesia. Así como nadie sino Jesús pudo conferir esa autoridad a los apóstoles, así nadie sino los apóstoles pueden transmitir esa autoridad a sus sucesores. Por lo tanto en el orden romano nadie puede ejercer autoridad en la Iglesia a menos que pueda remontar su designación, por vía de una legítima sucesión de ordenación apostólica. Esto no es materia de verificación histórica, pues no existen datos que confirmen toda la cadena de sucesión de la autoridad eclesiástica. En la práctica, como veremos más adelante en mayor detalle, el significado de esto es la comunión con el cuerpo de la Iglesia; en efecto, la autoridad es apostólica si el cuerpo la reconoce como apostólica. Pero ¿qué es “la Iglesia”? En el orden romano, la Iglesia ha sido identificada por la comunión con el Romano Pontífice, quien es el que valida la autoridad apostólica.”

Como pocas personas pueden revisar esto en profundidad—pues carecen de la obra original para cotejar lo citado por los testigos—la impresión que deja la lectura de la obra jehovista es que la Iglesia Católica admite que su jerarquía carece de validez, algo que, si uno lo piensa un minuto, sería un verdadero disparate. Al leer la página completa, se aprecia fácilmente que la cita fue caprichosamente extraída para engañar al lector, representando lo opuesto de lo que el autor realmente dice. Eso es deshonesto y execrable.

Baste este ejemplo para mostrar como los testigos son engañados por sus propios dirigentes para que piensen que su religión tiene las bases académicas suficientes como para demostrar su veracidad. La verdad, sin embargo, es que los testigos son constantemente bombardeados con desinformación y falsa información desde las mismas páginas que ellos consideran la quintaesencia de la verdad. Los testigos han confiado sus vidas y su salud espiritual a una vulgar manipulación, cuyo último sentido es usarlos como mano de obra en una mera operación comercial disfrazada de religión.

Si los autores estuvieran interesados en guiar a sus prosélitos a la verdad, con seguridad no sostendrían doctrinas irrazonables con información deformada o falsa. Esta clase de manipulaciones prueban en buena medida las dudosas intenciones de los autores.

Una edición de la Biblia a la medida de la doctrina

Una de las cosas que distinguen a los testigos de Jehová es su peculiar traducción de la Biblia que ellos titularon “La Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras”. Esta Biblia merece ser examinada pues es una muestra cabal de la total falta de respeto que los dirigentes jehovistas tienen por la Palabra de Dios. Sin embargo los testigos de Jehová creen a pie juntillas en la integridad y excelencia de esta obra y piensan que las demás Biblias son las que están caprichosamente traducidas para apoyar lo que ellos llaman “la religión falsa”.

El conocido apologista católico José Miguel Arráiz Roberti ha escrito un breve pero contundente análisis de esta obra maestra de la decepción jehovista, una parte del cual citaré a continuación.

—La Biblia de los testigos de Jehová llamada “La Traducción del Nuevo Mundo” (TNM) es considerada por los miembros de esta organización como la más exacta y mejor traducida del mundo. A pesar de esto, son notables los errores de traducción denunciados tanto por eruditos católicos como no católicos. Para estudiar la magnitud de estos errores he escrito este pequeño estudio. […] Los testigos de Jehová no aceptan la doctrina de la Trinidad, aceptan que Cristo es hijo de Dios, pero no Dios mismo sino el arcángel San Miguel. En virtud de que hay pasajes muy claros que dejan claro que Cristo (la Segunda Persona de la Trinidad) es verdaderamente Dios han optado por modificar en su traducción estos pasajes para ocultar esta verdad. La adulteración más famosa a este respecto está en el capítulo 1 de Juan:

“En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios” Juan 1, 1

La Traducción del Nuevo Mundo dice: “En [el] principio la Palabra era, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era un dios. ” Juan 1, 1 (TNM)

En el pasaje anterior según la Traducción del Nuevo Mundo hay dos adulteraciones. Primero colocan dios con minúscula cuando se refiere a Cristo (Distinción que no hace el texto griego) y segundo agrega “un” antes de Dios (El cual no aparece tampoco en el texto griego).

Como no es difícil comprobar que este “un” no está presente en la traducción del griego y es sencillamente un “agregado” los testigos de Jehová han justificado el error de traducción inventando una nueva regla gramatical. Afirman que como en griego no existe palabra para indicar la idea de “uno”, y, por lo tanto, cuando una palabra no lleva el artículo determinado (jo, je, to, en griego; el, la, lo, en castellano) debe colocarse delante la palabra “un, una”. Esta regla es falsa, primero porque en griego sí hay palabras para expresar la idea de “uno, una” sin que tenga que suplirlas el traductor. Una de ellas es “eis” , “mia”, “en” (uno, una, uno), que Juan utiliza repetidas veces en Juan 1, 40; 6, 8. 70. 71; 7, 21. 50; 9, 25; 10, 16. 30; 11, 49-50. 52; 12, 2. 4; 13, 21. 23; 17, 11. 21. 22. 23; 18, 14. 22. 26. 39;19, 34, etc. . La otra es tis, ti (uno-a-o ó alguno-a-o), que también es utilizada repetidas veces en el Nuevo Testamento. Si Juan hubiera deseado decir que la Palabra (Cristo) era un dios, hubiera recurrido con toda seguridad al empleo de eis o de tis. Lo más contradictorio es que los traductores ni siquiera siguen la regla que ellos mismos crearon como puede verse en su traducción en el mismo capítulo 1 del Evangelio de Juan, en donde en el versículo 6 se nos dice que un hombre—Juan el Bautista—fue enviado por Dios, y esta palabra va sin artículo determinado; no obstante los testigos de Jehová no han traducido “representante de un dios”, sino “representante de Dios”. En el versículo 12 se nos habla de cómo llegar a ser hijos de Dios. Ahora bien, la palabra Dios va sin artículo determinado; pero ellos no traducen “hijos de un dios”, sino “hijos de Dios”. En el versículo 13, una vez más, la palabra “Dios” va desprovista de artículo determinado; pero ellos no traducen “voluntad de un dios”, sino “de Dios”. Hay muchos otros ejemplos pero éstos son suficientes para mostrar que la “regla” citada por los testigos no sólo no existe, sino que incluso no es aplicada por ellos mismos. Por otro lado, la construcción poética de Juan 1, 1 no hace posible traducir “un dios” debido a que los dieciocho primeros versículos del evangelio de Juan formaron en su conjunto un canto (muy posiblemente antifonal) que se utilizaba en las reuniones de la Iglesia primitiva. Tenía por ello una estructura (muy clara en los tres primeros versículos) de especial belleza, puesto que cada frase terminaba con la misma palabra con que empezaba la siguiente: “En principio era la Palabra, y la Palabra era con el Dios, y Dios era la Palabra”. Esta construcción además hacía girar su encanto (y su impresionante vigor) en torno al hecho de que la palabra con que concluía una frase y comenzaba la siguiente tenía el mismo valor, contenido y significado. Por esto el “Dios” del final del versículo 1 nunca podía ser “un dios”, sino la palabra “Dios”, con su mismo contenido y fuerza con que concluía la frase anterior [. . .]

¿Qué han comentado los eruditos?

Anexo las observaciones escritas por famosos eruditos del griego y del Nuevo Testamento sobre el modo en que la TNM vierte Juan 1, 1 y acerca de la TNM en general:

Dr. J. R. Mantey (que es citado en las páginas 1158-1159 de la Traducción Interlineal del Reino de la Sociedad Watchtower en inglés): “Una sorprendente mala traducción”. “Obsoleta e incorrecta”, “No es ni erudito ni razonable traducir Juan 1, 1 ‘La palabra era un dios'”.

Dr. William Barclay de la Universidad de Glasgow, Escocia: “El modo en que esta secta tuerce deliberadamente la verdad se puede ver en sus traducciones del Nuevo Testamento. Juan 1, 1 es traducido:”la Palabra era un dios. ” Una traducción que es gramaticalmente imposible. Es abundantemente claro que una secta que traduce el Nuevo Testamento de esta manera carece de honradez desde el punto de vista intelectual. ”

Dr. Bruce M. Metzger de la Universidad de Princeton (profesor de Lenguaje y Literatura del Nuevo Testamento): “Una horriblemente mala traducción. . . “, “errónea”, “perniciosa. . . “, “reprensible”. “Si los Testigos de Jehová toman esta traducción en serio son politeístas.”

Dr. Samuel J. Mikolasky de Zurich, Suiza: “Es algo monstruoso traducir esta frase como ‘la Palabra era un dios'”.

Dr. James L. Boyer del Seminario Teológico de Winona Lake, Indiana: “Nunca he oído, ni leído ningún erudito del griego que concuerde con la interpretación de este versículo (Juan 1:1) en la que insisten los Testigos de Jehová. Nunca me he encontrado con uno de ellos (miembros de la Sociedad Watchtower) que tenga conocimiento del idioma griego. ”

Dr. Philip B. Harner de la Universidad de Heidelberg: “El verbo precedente a una forma anártrica probablemente significaría que el LOGOS era ‘un dios’ o persona divina de cierta clase, perteneciente a la categoría general de TEOS, pero un ser distinto de HO TEOS. En la forma que Juan usó la palabra TEOS está colocada al principio para énfasis (lo cual descarta por completo la traducción ‘un dios’). ”

Dr. B. F. Westcott (cuyo Nuevo Testamento en griego es usado en la Traducción Interlineal del Reino de la Sociedad Watchtower): “El predicado (Dios) sobresale enfáticamente primero, como en Juan 4, 24. Necesariamente no tiene el artículo. . . No se sugiere inferioridad de naturaleza por esta forma de expresión, la cual sencillamente afirma la deidad verdadera de la Palabra… en la tercera cláusula se declara que ‘la Palabra’ es ‘Dios’ y de ese modo se le incluye en la Deidad. ”

Dr. Eugene A. Nida -Director del Departamento de Traducción de la Sociedad Bíblica Americana y responsable por la Versión Popular—el comité trabajó bajo su dirección: “Respecto a Juan 1, 1 hay una complicación solo porque evidentemente la Traducción del Nuevo Mundo fue hecha por personas que no toman en serio la sintaxis del griego.”

Dr. J. J. Griesbach (cuyo Nuevo Testamento griego fue usado por la Sociedad Watchtower en su publicación de The Emphatic Diaglott). “Son tan numerosos y claros los argumentos y testimonios de la Escrituras a favor de la verdadera deidad de Cristo, que apenas puedo imaginar cómo, reconociendo la autoridad divina de la Escritura y respetando las reglas justas de la interpretación, puede esta doctrina ser puesta en duda por hombre alguno. Especialmente el pasaje de Juan 1, 1-3 es tan claro y tan superior a toda excepción, que ningún esfuerzo, ya sea de comentadores o de críticos, puede arrebatarlo de las manos de los defensores de la verdad.”

Otros conocidos eruditos del griego y hebreo que también critican la Traducción del Nuevo Mundo son: Dr. Edgar J. Goodspeed, Dr. Paul L. Kauffman, Dr. Charles L. Feinberg, Dr. Walter Martin, Dr. F. F. Bruce, Dr. J. Johnson, Dr. H. H. Rowley y Dr. Anthony Hoekema. (José Miguel Arráiz Roberti, citado del artículo publicado en http://www.apologeticacatolica.org)

Cuanto más profundicemos en las técnicas de adoctrinamiento jehovista, más notaremos la crasa manipulación a la que están sujetos los ingenuos testigos que tocan a nuestras puertas. Es cierto que muchos católicos notan que están tratando con personas engañadas y hallan muy difícil el conservar la calma ante la suficiencia de estos improvisados predicadores de “la verdad” jehovista. Sin embargo no hay motivo alguno para ofuscarse con ellos, pero sí hay más que suficiente motivo para preocuparnos por lo que le pueda pasar al católico desprevenido y mal formado que deje entrar en su casa a estos celosos proselitistas. Para neutralizar la influencia de los testigos de Jehová en nuestras parroquias, es necesario presentarles una vigorosa defensa de nuestra fe. Eso solo lo podemos hacer si tenemos el convencimiento pleno de que la Iglesia católica es:

· la heredera y guardiana de la verdadera doctrina de Cristo

· la receptora de toda la verdad necesaria para la salvación

Además, considerando todo lo anteriormente citado acerca de los testigos y de la corporación que los agrupa y organiza, debemos estar bien seguros de que el jehovismo es un culto peligroso cuyo objetivo es continuar captando adeptos para financiar y sostener un imperio comercial que recauda millones de dólares por año vendiendo publicaciones y solicitando limosnas aprovechándose del amparo que de las leyes justas y generosas que protegen el ejercicio de la religión.

Cómo tratar al jehovista adoctrinado

Cuando llega el momento de defender nuestra fe, es bueno recordar que tenemos un asistente vigoroso y fiel en el Espíritu Santo. Una breve oración de tres palabras nos alcanza para invocar la ayuda del Paráclito que Jesús nos dejó: “Ven Espíritu Santo”. Es bueno recordar que en la mayoría de los casos, será difícil sacar al testigo de su “trance hipnótico”. Recuerde siempre que no está tratando con una persona acostumbrada a razonar en forma clara. Los testigos, en general, no piensan, sino que siguen el surco mental que el entrenamiento repetitivo ha formado alrededor de cada doctrina. Con frecuencia cambiarán de tema cuando se les presente un argumento contundente que derrota o dificulta la imposición de su punto de vista.

Al tratar con un testigo, recordemos que estamos tratando con la víctima de una severa enajenación mental.

— Mantenga el control de la conversación. Esto se logra por medio de escuchar atentamente lo que el testigo le va a presentar. Los testigos están más acostumbrados al rechazo y a la rudeza que a la atención cuidadosa y caritativa. Inquiera sobre el nombre del testigo o testigos que le visitan y anote sus nombres si no está seguro de recordarlos para otra ocasión.

Prestar atención a lo que dice su interlocutor testigo no significa que entremos en su modo de razonar o en la estructura de su presentación verbal. Ellos vienen con un sermón preparado que dura unos breves minutos y que termina con la oferta de una publicación. Es importante rechazar la publicación y no “contribuir” dinero. Recuerde que no queremos alimentar el negocio sino rescatar a la víctima explotada. Procure dar a testigo un buen testimonio de su fe en la Iglesia sin entrar en discusiones doctrinales.

Es muy difícil lidiar con un testigo bien entrenado en las tácticas de discusión de la secta. El objetivo de ellos es ganar la discusión, no les interesa encontrar la verdad u obtener información útil a ese fin. La secta ya los ha convencido de que ellos tienen la verdad.

Nuestro objetivo es darles una suprema demostración de caridad cristiana. Personalmente me resulta muy difícil hacer eso, pero es casi lo único que se puede hacer en estos casos aparte de orar por ellos. Permanezca completamente impermeable a sus “razonamientos bíblicos”. Recuerde que detrás de esas “razones” está una corporación comercial en busca de esclavos.

Antes de que el testigo se vaya, pídale alguna información, a continuación expongo algunas inquietudes que puede dejarle al testigo para que le conteste en una próxima oportunidad:

· ¿Podría detallarme el origen y desarrollo de las doctrinas de los testigos a través del tiempo?

· ¿De dónde salió la Biblia y quienes la conservaron a través de los siglos?

· ¿Con qué autoridad se dice que la Biblia es Palabra de Dios y cómo sabemos nosotros los legos que no ha sido alterada o traducida caprichosamente?

· ¿Por qué existen tantos grupos diferentes de cristianos que dicen basar sus doctrinas en la Biblia y por qué son sus doctrinas tan distintas y hasta contradictorias?

No permita que el testigo le deje nada para leer, aunque sea gratuitamente. Simplemente dígale que desea escuchar la contestación a sus preguntas en alguna otra ocasión. La idea es hacer investigar al testigo los elementos cruciales de su fe. Necesitamos moverlo a investigar por su cuenta sobre el origen de la Biblia (libro católico); sobre su preservación (por la Iglesia Católica) y sobre su interpretación (hermenéutica católica). Insista en que el testigo busque respuestas a sus preguntas en publicaciones que no sean de la Sociedad Watchtower.

Sin que el testigo se dé cuenta, habremos plantado una semilla de inquietud en su corazón.

No olvide hacer una oración por la salvación de esa persona una vez que se haya despedido.

 

 


[1] “Thus our Lord teaches that the Sodomites did not have a full opportunity; and he guarantees them such opportunity “(Charles Taze Russell, Studies in the Scriptures, I, p. 110).

[2] El dispensacionalismo es un doctrina errónea, en boga desde el siglo XIX. Sus cultores dividen el tiempo en “dispensaciones” o eras que identifican las edades sucesivas de la historia sagrada. La mayoría de los dispensacionalistas esperan hallar un patrón de cálculo que les permita predecir el fin de la “dispensación” en curso.

[3] El nombre es ficticio, a pedido del entrevistado.

[4] The Golden Age. 4 de Febrero 1931, 293.

[5] The Watchtower. 15 Noviembre 1967, 702-704.

[6] The Watchtower. 15 de Marzo, 31.

[7] The Watchtower. 1961, 63-64.

[8] The Watchtower. 15 de Junio 1991, 31.

[9] The Watchtower. 15 de Junio 1991, 30.

[10] The Watchtower. 15 de Junio 1978, 30-31.

[11] David Reed, Worse than Waco Jehovah’s Witnesses hide a tragedy, Stoughton, Massachusets, Comments from the friends, 1993.

[12] Argus Leader, Sioux Falls, South Dakota 23 de Enero 1996, 1.

[13] Creemos que la cita está extraída del CD-biblioteca publicado por la Watchtower

[14] The Roman Catholic Church por John L. McKenzie, Ed. Doubleday, Image Series D287 edición de 1969 ©, con Nihil Obstat e Imprimatur Eclesiástico.