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The Catholic One Year Bible

Fue conocido como un gran maestro conocedor de todas las ciencias de su época, fue científico antes de que se definieran las ciencias que conocemos hoy día. Muchos contemporáneos lo consideraban un mago. Fue ejemplo, mentor y maestro de una de las más grandes mentes de la Iglesia: Santo Tomás de Aquino.

San Alberto Magno nació en Lauingen sobre el Danubio cerca de Ulm, Alemania; su padre fue un oficial militar de la corte del emperador Federico II. De joven Alberto estudió en la Universidad de Padua donde conoció y admiró al Beato Jordán de Sajonia, el Dominico que visitaba las universidades de Europa reclutando los jóvenes más brillantes para su orden.

Después de trabajar como maestro en las escuelas de los padres dominicos, Alberto entró en la Universidad de París en 1241, en donde enseñó Teología. Mientras dictaba clases en París, fue asignado a fundar una casa de estudios en Colonia. En 1248 reunió un grupo de incipientes teólogos, entre los cuales se destacaba Santo Tomás de Aquino, quien lo acompañó a Colonia y llegó a ser su mejor discípulo.

En 1260 San Alberto fue nombrado Obispo de Regensburg. Renunció unos tres años más tarde cuando fue llamado a Roma para servir como consejero del Papa, quien lo envió en varias misiones diplomáticas. En sus últimos años residió en Colonia, tomando parte en el Concilio de Lyons en 1274. En su vejez viajó a París para defender las enseñanzas de su discípulo Tomás de Aquino.

Su reputación como científico creció como resultado de sus investigaciones en Colonia. Llevó a cabo muchos experimentos de física y química en su improvisado laboratorio y completó un catálogo de plantas, insectos y compuestos químicos que reforzaron su reputación de hombre sabio. Cuando la ciudad de Colonia decidió construir una nueva catedral, San Alberto fue consultado sobre su diseño. Fue amigo y consejero de Papas, obispos, reyes y estadistas y se lo recuerda por sus numerosas contribuciones a la ciencia de su tiempo.

Murió a una avanzada edad en Colonia, el 15 de noviembre de 1280 y está enterrado en la iglesia de San Andrés en esa misma ciudad. Fue canonizado y declarado Doctor de la Iglesia en 1931 por el Papa Pio XI. Sus escritos son admirables por su rigor científico. Es por eso que se lo ha declarado el santo patrono de los hombres de ciencia.

San Alberto tuvo siempre el convencimiento que toda la creación nos habla de Dios y que hasta los descubrimientos más insignificantes nos enseñan algo de El. Aparte de la Biblia, Dios nos ha dado el libro de la creación que nos revela su sabiduría y poder. En la creación, Alberto vió la mano de Dios en acción.

«Así, habiendo recibido la posesión de un reino indestructible, aferrémonos a este don de Dios y con piedad y temor, adoremos a Dios de una manera que le sea agradable, porque nuestro Dios es un fuego devorador.» Hebreos 12, 29-29.

 


NOTA DEL TRADUCTOR: La vida y obra de San Alberto Magno, son prueba fehaciente de la falsedad de las acusaciones contra la Iglesia por aquellos que afirman que el cristianismo ha retrasado el progreso de la humanidad por medio de sofocar las ciencias, reemplazándolas con supersticiones. San Alberto, el padre Nicolás Copérnico y el Padre Georges LeMaitre (quien propuso el primer modelo matemático del origen del Universo en el ‘Big Bang’) son tres entre los muchos que dan testimonio vivo de la sabiduría que fluye de Dios a la humanidad por medio de la Iglesia Católica. Toda obra realmente católica es primeramente seria y siempre rigurosa en métodos y conclusiones.

 

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