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Tim Drake

Newt Gingrich, en su tiempo un miembro prominente de la Cámara de Representantes, fue recibido en la Iglesia Católica en marzo 30 del 2009 , en la Iglesia de San José en Washington. Hablé con él sobre su decisión de convertirse de Bautista a Católico. Esto es un adelanto parcial de esa conversación. La entrevista completa está publicada en inglés en The Catholic Register.

¿Cómo es que un bautista se decide a ser católico?

Fue un camino bastante largo. Tengo un doctorado en Historia Europea. Uno no puede dedicarse a entender Europa y América sin tratar de entender la Biblia, Augustín de Hipona, Tomás de Aquino, la Reforma y la Contrareforma. Desde ese punto de partida, uno se encuentra inexorablemente con la Iglesia, y se da cuenta que es una estructura de dos mil años de antigüedad.

He vivido en Alemania, Francia y Bélgica. Parte de mi ser es medieval en lo que toca a sentir la influencia de las grandes catedrales y las galas de la Iglesia en su plenitud. Nunca se me había ocurrido que eso iba a alcanzar a mi vida personal.

Mi esposa, Calista, creció en una familia católica y ha ido a Misa cada día de su vida desde que nació. Ella canta en el coro de la Basílica [del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washington]. Yo, tratando de ser un buen esposo iba siempre con ella a la Misa del mediodía para oírla cantar. Eso me aliviaba la semana. La basílica es la iglesia católica más grande en nuestro país. Es un edificio hermoso y tiene un programa de música magnífico.

Año tras año, fui gradualmente atraído por el trabajo de los rectores, Msgr. Michael Bransfield y Msgr. Walter Rossi. Hace cinco años, fuimos a Europa con el coro. Durante el viaje, yo no tenía ninguna obligación aparte de oficiar de esposo. Msgr. Rossi y yo entramos en varias conversaciones acerca de la crisis de nuestra civilización. Cuanto más lo pensaba y me daba cuenta del paralelo entre el mundo de San Pablo y nuestro mundo, más pensaba en la Iglesia.

¿Cómo influyó su esposa en esta decisión?

Por nueve años observé como Calista tomaba la Comunión y pude ver el poder de la Eucaristía en su vida.

Calista estuvo siempre muy feliz de que yo fuera a la iglesia con ella. Necesita ir a Misa todas las semanas y le gusta cantar en la basílica. Eso es parte de su servicio. De vez en cuando me decía “la Iglesia está siempre disponible.” Me impulsaba suavemente. Nunca trató de forzar las cosas. Cuando fuí recibido en la Iglesia, su alegría fue tremenda.

Recuerdo haberle visto en la basílica durante la visita del Papa Benedicto XVI en Abril del 2008. ¿Influyó esa visita en su decisión de entrar en la Iglesia?

Yo ya había tenido ocasión de ver al Papa dos veces, cuando era miembro del Congreso. Se entiende que eran encuentros oficiales. Seguí con atención la visita de Benedicto XVI a los Estados Unidos; Calista cantó para él en la basílica. Pienso que “Cristo Nuestra Esperanza” [como tema de su visita pastoral] fue una elección correctísima. Sus ojos expresaban su alegría esa noche que estuvo en la basílica. Fue entonces que le comenté a Msgr. Rossi, “Quiero que sepa que voy a convertirme. Mi experiencia de hoy me ha convencido que mi hogar natural es la Iglesia.”

Desde ese entonces, empecé a estudiar y a leer libros. Ha influído mucho en mí el libro de George Weigel The Final Revolution (La Ultima Revolución). Eso encaja perfecto con mi propia percepción de la realidad, de que el mundo es dual — el mundo espiritual que trasciende y es mayor que el mundo físico — y también con mi búsqueda personal de un lugar de descanso espiritual.

Publicado originalmente en The Catholic Register.

 

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