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Luis Fernando Pérez Bustamante

La España acomodada, hedonizada y paganizada se ha visto ligeramente conmovida esta semana cuando ha sabido que en Barcelona hay clínicas donde existen máquinas que trituran el cuerpo de los fetos previamente abortados. Gran parte de los que no tienen el menor problema en aceptar el aborto en las primeras semanas de gestación han levantado la ceja y han dicho «no… eso no está bien». Son cual nazi con escrúpulos que mueve la cabeza con un gesto de desdén desaprobador al contemplar los cuerpos destrozados en los campos de concentración hitleriana, a la vez que sigue siendo tan antisemita como siempre. Son cual occidental acomodado que se entristece cuando ve por la tele las imágenes de niños que se mueren de hambre en áfrica pero luego no mueven un dedo para evitarlo. Es más, a esta sociedad, salvo a una minoría que está bastante desmovilizada en esta cuestión, lo que le molesta no es tanto que haya cien mil abortos al año, sino que le enseñen los casos más macabros. Si el tamaño del ser humano que es arrancado del seno materno apenas sobrepasa un par de centímetros, no pasa nada. Si mide 30 centímetros y pesa un kilo, sí pasa. El caso es que tanto en el primer caso como en el segundo, lo que se elimina es una vida humana, pero ¿y qué? ¿acaso no es el aborto un derecho fundamental de la mujer? ¿quién puede ser tan facha, tan fundamentalista y tan reaccionario como para sostener lo contrario?

Sólo espero que cuando decidan implantar la eutanasia, no usen esas máquinas para triturar el cuerpo de los abuelos que estorban. Una vez que la cultura de la muerte echa raíces, cualquier barbaridad es posible. El hombre ya ha dado muestras más que suficientes de hasta dónde puede llegar su crueldad y su miseria. Y si lleva una bata blanca o de color verde quirófano, su crueldad puede alcanzar cotas extremas. Para que luego digan que el infierno no existe….. je.

Pero no nos quedemos sólo con lo malo que nos ha llegado de Cataluña en esta semana. De allí nos ha venido también la vida. La senadora socialista por Barcelona Mercedes Aroz ha encontrado a Cristo y a su Iglesia, pasando de las tinieblas a la luz admirable del Señor. Y lo ha proclamado a los cuatro vientos. Ha dicho: «Mi actual compromiso cristiano me ha llevado a discrepar con determinadas leyes del Gobierno que chocan frontalmente con la ética cristiana, como la regulación dada a la unión homosexual o la investigación con embriones, y que en conciencia no he podido apoyar. En consecuencia se imponía la decisión que he tomado» y «he querido hacer pública mi conversión para subrayar la convicción de la Iglesia Católica de que el cristianismo tiene mucho que decir a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, porque hay algo más que la razón y la ciencia. A través de la fe cristiana se alcanza a comprender plenamente la propia identidad como ser humano y el sentido de la vida». Ha sido como una bocanada de aire fresco en medio de la niebla contaminada y pestilente en que se ha convertido la política española. Mercedes ha dado un ejemplo que merece mucho la pena ensalzar, alabar, recordar, no permitir que sea enterrado mediáticamente, proponer como ejemplo de verdadero político cristiano.

Me pregunto cúantos políticos profesionales que se consideran católicos y que miran para otro lado cuando desde sus partidos se apoyan píldoras abortivas, leyes de matrimonios gays y EpCs manipuladoras de conciencias, no se habrán visto señalados con el dedo del compromiso cristiano adquirido públicamente por Mercedes. Y me pregunto si alguien no entiende que es absolutamente aberrante que en este país tenga que abandonar la política quien es verdaderamente consecuente con su fe cristiana, ante la falta de opciones políticas que tengan posibilidad real de representar a los cristianos en el parlamento y el senado españoles. Porque por una parte es motivo de alegría que Mercedes deje su escaño por incompatibilidad moral con las leyes que aprueba su partido, pero es motivo de profunda tristeza que no pueda ser senadora o diputada para poder iluminar el Senado y el Congreso desde sus convicciones cristianas. Es más, desde aquí quiero animarla a que lo haga. Dado que los senadores reciben el voto de forma personal, sería una buena idea crear una plataforma electoral (ni siquiera hace falta un partido) para que pueda volver a optar al senado por Barcelona. Estoy absolutamente convencido de que miles y miles de católicos barceloneses la votarían.

Así que, Mercedes-permíteme que te tutee-¿por qué no te lo piensas? Servirás a Dios y a su Iglesia si así lo haces. No te alejes de la política. Sé luz cristiana en medio de ella. Sé sal en medio del muladar estéril de la clase política española. Quizás Dios te haya llamado a abrir una senda nueva que lleve a tus hermanos en la fe a tener una influencia y un papel más destacado en las decisiones que se toman desde nuestras instituciones democráticas. Como dijo el Señor a Josué: Mira que te pido que te esfuerces y seas valiente. Tú ya has dado un gran paso que sin duda ha causado gran fiesta en el cielo. Sigue andando por el camino que acabas de abrir. Necesitamos hermanos en la fe como tú.