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Vademécum de Apologética Católica

La Iglesia siempre ha afirmado como dogma la perpetua virginidad de María. Esto significa que ella fue siempre virgen : antes, durante y después de dar a luz a Jesucristo. La doctrina católica se fundamenta en la correcta interpretación de la Biblia y en la Tradición Apostólica.

Juan 19, 27 — Luego dice al discípulo: “Ahí tienes a tu madre.” Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

Cristo encarga a Juan el cuidado de su madre. Si Jesús hubiera tenido hermanos, este gesto hubiera resultado por demás ofensivo. Para mayor información ver el capítulo titulado, Hermanos de Jesús.

2 Samuel 6, 6-7 — Cuando llegaron a la era de Nacón, Uzá extendió su mano hacia el Arca de Dios y la sostuvo, porque los bueyes habían resbalado. Entonces la ira del Señor se encendió contra Uzá y Dios lo hirió allí mismo por ese error. Así el murió junto al Arca de Dios.

Uzá fue fulminado por simplemente tocar el Arca, aun cuando no era su intención hacer daño alguno. Esto nos da una idea de la importancia que los antiguos hebreos daban a las cosas sagradas. Ya que María es el cumplimiento del Arca de la Alianza y es también la esposa del Espíritu Santo, ¿cómo pudiera José tan siquiera atreverse a desecrar a María sin arriesgarse a sufrir un castigo como el de Uzá?

Éxodo 40, 34-35 — Entonces la nube cubrió la Carpa del Encuentro y la gloria del Señor llenó la morada. Moisés no podía entrar en la Carpa del Encuentro, porque la nube se había instalado sobre ella y la gloria del Señor llenaba la morada.

Si nadie, ni siquiera Moisés pudo entrar en la tienda cuando la gloria del Señor moraba en ella ¿quién se hubiera atrevido a entrar en esta Nueva Arca y pagar con su vida por el sacrilegio?

1 Corintios 7, 37-38 — Mas el que ha tomado una firme decisión en su corazón y sin presión alguna y en pleno uso de su libertad está resuelto en su interior a respetar a su novia, hará bien. Por tanto, el que se casa con su novia, obra bien. Y el que no se casa, obra mejor.

Para San Pablo, el estado célibe es siempre preferible al estado conyugal siempre que los cónyuges tengan la disciplina necesaria para vivir así. Para aquellos que no tienen ese don, el estado marital normal es preferible. No debiera sorprendernos que una mujer tan piadosa como María siguiera el camino de mayor pureza según la fe.

1 Corintios 7, 29 — Os digo, pues, hermanos: El tiempo es corto. Por tanto, los que tienen mujer, vivan como si no la tuviesen.

San Pablo exhorta a los fieles a la santidad del celibato aun si fueran casados.

Apocalipsis 14, 2-5 — Y oí un ruido que venía del cielo, como el ruido de grandes aguas o el fragor de un gran trueno y el ruido que oía era como de citaristas que tocaran sus cítaras. Cantan un cántico nuevo delante del trono y delante de los cuatro vivientes y de los ancianos. Y nadie podía aprender el cántico, fuera de los 144.000 rescatados de la tierra. Estos son los que no se mancharon con mujeres, pues son vírgenes. Estos siguen al Cordero a dondequiera que vaya y han sido rescatados de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero y en su boca no se encontró mentira: no tienen tacha.

En este versículo San Juan afirma el valor del celibato. Ver también los siguientes pasajes bíblicos: 1 Samuel 21, 2-7. Esta escritura fue validada por Jesús en su discusión con los fariseos en Mateo 12, 3. El concepto de sacrificar las relaciones conyugales a Dios tiene amplio precedente en la historia hebrea y no es aventurado entender que José y María, viviendo una situación tan claramente sobrenatural, ofrendaran esa clase de sacrificio a Dios. Adicionalmente, se hace evidente que María había hecho votos de castidad permanentes tal como antiguamente lo hiciera la hija de Jefté (ver Jueces 11, 29-40). De otro modo no se puede entender la respuesta de María al ángel Gabriel en Lucas 1, 30-34:

El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin”. María respondió al ángel: “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?”

Obviamente María no esperaba tener relaciones conyugales con José, a quien estaba prometida. De otro modo no hubiera hecho esa pregunta. Más bien, ella hubiera supuesto que -una vez casada -ella y José tendrían un hijo que sería un don especial de Dios. La pregunta surge inocentemente de María, quien sabe muy bien que los niños son el resultado de las relaciones maritales. Es por eso que el ángel pasa a describir cómo el Espíritu Santo pondrá dentro de ella la vida del Mesías. [1]


[1] La frase nos revela que María esperaba tener un matrimonio santo con José, preservando su voto de virginidad perpetua. Es de suponer que José era también un varón célibe, ya que de esta manera, la Sagrada Familia, compuesta de tres vírgenes (Jesús, María y José) resulta ser una familia completamente consagrada a Dios.