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Vademécum de Apologética Católica

Jueces 5, 24 — ¡Bendita entre las mujeres Yael (la mujer de Jeber el quenita), entre las mujeres que habitan en tiendas, bendita sea!

María es descrita dos veces como siendo “bendita entre las mujeres”—una vez por Gabriel en Lucas 1, 28 y otra por Isabel en Lucas 1, 42. Sus palabras se refieren a este versículo del Antiguo Testamento. Allí se describe un incidente en el que Yael, una mujer de Israel, atrae a su tienda al jefe del ejército enemigo, lo arrulla hasta que se duerme y luego le atraviesa el cráneo con una estaca. La historia de Yael apunta al cumplimiento de una profecía divina, como veremos a continuación.

Génesis 3, 15 — Enemistad pondré entre ti y la mujer [1] y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar.

El pasaje puede ser traducido del hebreo como “ella te pisará la cabeza”, refiriéndose a María, o como “él te pisará la cabeza”, refiriéndose a Jesús. San Jerónimo en su traducción latina (la Vulgata), utilizó la forma femenina. La mayoría de los traductores modernos usa el masculino. No obstante, incluso el hecho de que no esté definido es interesante. La forma en que Lucas usa esas referencias hace clara su intención. María es el cumplimiento de la profecía del Génesis. Como Yael, María aplastará la cabeza del maligno. La “enemistad” entre María y Satán se aclara plenamente en el Apocalipsis.

Apocalipsis 12, 15-17 — Entonces el Dragón vomitó de sus fauces como un río de agua, detrás de la Mujer, para arrastrarla con su corriente. Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.

Eva y Yael son modelos proféticos y María es su cumplimiento. Todos estos pasajes asombrosos del Antiguo Testamento son reconciliados y realizados en la persona de María tal como San Lucas lo muestra.

Juan 2, 3-4 — Y como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: “No tienen vino”. Jesús le responde: “¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.”

Jesús se refiere a su madre con la palabra “mujer”, presentada en la versión griega de los Setenta como gynai, un término respetuoso. Algunos piensan que Jesús está amonestando a su madre usando esta expresión: “¿Qué tengo yo contigo mujer? Mi hora no ha llegado”. Sin embargo, nosotros sabemos que Jesús—el cumplimiento perfecto de la ley de Moisés—no pudo haber sido irrespetuoso con su madre, amonestándole en público. Eso hubiera sido un pecado bajo la ley. En realidad, el término gynai es honorable, ya que ésta es la misma palabra usada por Dios en su diálogo con Eva en Génesis 3, 15.

Juan 19, 26 — Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo.”

La palabra griega gynai, como vimos anteriormente, es usada nuevamente en referencia a María. Claramente, la palabra “mujer” en la Escritura difícilmente puede ser entendida como un reproche, aunque suene así a los oídos modernos. El término puede ser traducido como “mi señora” o “dama” en la usanza que normalmente se da cuando alguien se dirige a una mujer muy respetada o de dignidad real.

Gálatas 4, 4 — Pero, al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley.

La palabra griega gynaikos es usada para honrar a María y no es una expresión despectiva.


[1] Los traductores de la Septuaginta usan aquí la palabra griega gynai para traducir “mujer” en este versículo, que obviamente no es un insulto o expresión de desprecio.

 

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