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Vademécum de Apologética Católica

Muchos protestantes disputan la virginidad perpetua de María usando este versículo del Evangelio de Marcos: «¿No es acaso el carpintero , el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?» (Marcos 6, 3). A primera vista este versículo pareciera ser un obstáculo insalvable para la doctrina de la perpetua virginidad de María. Sin embargo esta escritura sirve para ejemplificar el peligro de querer interpretar las Escrituras desconociendo los lenguajes antiguos y sin tener en cuenta los usos y costumbres de las sociedades y culturas que la Biblia describe. Como cualquier erudito bíblico lo puede atestiguar, los israelitas de la antigüedad se referían comúnmente a sus primos, miembros de la propia tribu y hasta otros sin ninguna relación tribal o familiar específica como «hermanos» (hebreo «aj»).

1 Crónicas 6, 18-28 — Los que ejercían ese ministerio y sus hijos son los siguientes: De los descendientes de Quehat: Hemán el cantor, hijo de Joel, hijo de Samuel, hijo de Elcaná, hijo de Ierojám, hijo de Eliel, hijo de Tóaj, hijo de Suf, hijo de Elcaná, hijo de Májat, hijo de Amasai, hijo de Elcaná, hijo de Joel, hijo de Azarías, hijo de Sefanías, hijo de Tájat, hijo de Asir, hijo de Ebiasaf, hijo de Coré, hijo de Ishar, hijo de Quehat, hijo de Leví, hijo de Israel. Además, su hermano Asaf, que asistía a su derecha. Asaf era hijo de Berequías, hijo de Simá, hijo de Micael, hijo de Baasías, hijo de Malquías, hijo de Etní, hijo de Zéraj, hijo de Adaías, hijo de Etán, hijo de Zimá, hijo de Simei, hijo de Iájat, hijo de Gersón, hijo de Leví.

Este pasaje se refiere a dos hombres, Hemán y Asaf como «hermanos». Sin embargo podemos ver claramente que sus genealogías—perfectamente enunciadas aquí—muestran que tienen diferentes padres y abuelos, de hecho el único ancestro que comparten es Leví, el padre de su tribu. De aquí deducimos claramente que los israelitas usaban ocasionalmente la palabra «hermano» para identificar personas que en el vocabulario moderno no hubieran sido considerados hermanos o ni siquiera primos, siendo apenas miembros de la misma tribu. Esto tiene mucho sentido, ya que la vida y sustento de un israelita dependía de la suerte de su grupo tribal, mucho más que de su propia familia. La vida en la antigüedad hacía muy difícil la supervivencia de una familia fuera del entorno de su tribu. Este uso general de la palabra «hermano»—que no nos resulta familiar en el español moderno—es un excelente ejemplo de por qué no podemos leer las Escrituras imponiendo nuestras propias ideas preconcebidas sobre familia, sociedad y lenguaje sin que eso resulte en una severa distorsión de su significado. Queda entonces bien claro por qué es tan peligroso confiar en nuestro propio entendimiento de la Biblia como autoridad suprema de la fe.

2 Samuel 1, 26 — ¡Cuánto dolor siento por ti, Jonatán, hermano mío muy querido! tu amistad era para mí más maravillosa que el amor de las mujeres.

David es hijo de Jesé, Jonatán es hijo de Saúl—un príncipe—sin embargo David usa la palabra «hermano» para referirse a él al lamentar su muerte.

1 Reyes 9, 12-13 — Jirám salió de Tiro para ver los poblados que le había cedido Salomón. Y como no le gustaron, exclamó: «¿Son estas las ciudades que me das, hermano mío?» Y se las llamó «País de Cabul», hasta el día de hoy.

Hiram se refiere a Salomón como «hermano» cuando ni tan siquiera son miembros de la misma nación, ya que Hiram es el rey de Tiro.

1 Reyes 20, 32 — Ellos se ciñeron un sayal y se ataron cuerdas a la cabeza; luego se presentaron al rey de Israel y le dijeron: «Tu servidor Ben Hadad ha dicho: Perdóname la vida». El respondió: «¿Vive todavía? ¡Es mi hermano!».

Ahab llama a Ben Hadad su «hermano» y en este caso también, ambos son de naciones diferentes.

Amós 1, 9 — Así habla el Señor: «Por tres crímenes de Tiro y por cuatro, no revocaré mi sentencia. Porque entregaron a Edóm poblaciones enteras de cautivos, sin acordarse de una alianza entre hermanos».

La palabra «hermano» puede referirse, como vemos aquí, a los miembros de una alianza entre naciones. En este caso la alianza es entre Salomón (rey de Israel) e Hiram (rey de Tiro). Dios mismo se refiere a la relación entre ellos como «alianza entre hermanos».

Marcos 6, 3 — «¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?». Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo.

Hay quienes se toman la libertad de entender que todos los mencionados en este verso son hijos de María. Sin embargo el verso no dice «uno de los hijos de María» sino «el hijo de María». A la confusión original se agrega el hecho de que la madre de Santiago y José también se llama María, como se puede comprobar en Marcos 15, 40, donde se mencionan a las «tres Marías» que estuvieron presentes en el Calvario.

Marcos 15, 40 — Había también allí algunas mujeres que miraban de lejos. Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago el menor y de José y Salomé, que seguían a Jesús y lo habían servido cuando estaba en Galilea y muchas otras que habían subido con él a Jerusalén.

En el relato de Marcos se ve, bien a las claras que María, la madre de Santiago y José no es la madre de Jesús.

Mateo 10, 2-4 — Los nombres de los doce apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo y Tadeo; Simón, el Cananeo y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.

Como vemos aquí, ninguno de los apóstoles llamados Santiago es hijo de José y de María, de modo que ninguno puede ser llamado un «hermano» de Jesús en el sentido moderno de la palabra, aunque es posible que sean parientes cercanos. Santiago el mayor, se nos informa en la Biblia, es el hijo de Zebedeo y Santiago el Menor es hijo de Alfeo. Es imposible probar que María tuvo otros hijos, usando estos textos.

Mateo 27, 55-56 — Había allí muchas mujeres que miraban de lejos: eran las mismas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo. Entre ellas estaban María Magdalena, María—la madre de Santiago y de José—y la madre de los hijos de Zebedeo.

Resulta claro que esta María no es la madre de Jesús, ya que el autor del Evangelio no hubiera dejado de identificarla como tal, mucho menos al momento del Calvario. Combinado con Marcos 6, 3 y 15, 40 se hace evidente que estos versos no pueden ser usados para probar que María tuvo otros hijos aparte de Jesús.

Lucas 6, 14-16 — A Simón, a quien llamó Pedro y a su hermano Andrés; a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelote; a Judas de Santiago y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor.

Este pasaje que nos da la lista de los nombres de los apóstoles clarifica el origen de Santiago el Menor, quien es hijo de Alfeo y no de José.

Lucas 2, 40-52 — El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría y la gracia de Dios estaba sobre él. Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta.no se hace mención de ningún hermano en este relato de la infancia de Jesús ni cuando sus padres lo encuentran finalmente en el templo. Esta es la última mención de José en los Evangelios, unos doce años después del nacimiento de Jesús. No se nombran ni hermanos ni hermanas de Jesús. Nótese que es cronológicamente improbable, por no decir imposible, que María haya tenido luego otros hijos que pudieran haber sido «hermanos y hermanas» de Jesús al tiempo de su ministerio, cuando él contaba con alrededor de treinta años. Eso le deja a María unos dieciocho años para dar a luz y criar a—por lo menos—dos varones y dos niñas. El mayor de esos varones hubiera sido apenas un adolescente al tiempo del ministerio de Cristo.

Juan 7, 3-4 — Y le dijeron sus hermanos: «Sal de aquí y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces, pues nadie actúa en secreto cuando quiere ser conocido. Si haces estas cosas, muéstrate al mundo.»

Hubiera sido impensable que los hermanos menores de Jesús le hablaran de esta manera a su supesto «hermano mayor», el primogénito de María.

Juan 19, 25-27 — Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clofás y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

Desde la Cruz, Cristo entrega su madre al cuidado de Juan, hijo de Zebedeo. Esto hubiera sido impensable si Cristo hubiera tenido otros hermanos. Nótese que la «hermana de su madre» tiene el mismo nombre: María. Como es rarísimo que alguien le dé el mismo nombre a dos hijas, lo más probable es que ambas Marías hayan sido parientes cercanos y no hijas del mismo padre y madre. Esto nos ayuda a entender mejor lo expresado en Marcos 6, 3.

Estos versos dejan sin contestar varios interrogantes. Uno de ellos es ¿Por qué Santiago y José son hijos de María la esposa de Clofás y también se los llama los hijos de Alfeo en Lucas 6, 15. Esto puede ser el resultado de una viuda que se ha casado después de tener dos hijos o bien, Alfeo y Clofás eran la misma persona, siendo uno de los nombres su apodo. No es raro encontrar en la Biblia a personas que responden a más de un nombre, lo que parece haber sido común en la sociedad judía de aquellos tiempos.

 

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