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Francis E. George

Entrevista con el Cardenal Francis George sobre su libro, The Difference God Makes: A Catholic Vision of Faith, Communion, and Culture.

Si bien la religión es frecuentemente el foco de sospechas en el mundo de hoy, la Iglesia Católica todavía proclama con franqueza el Evangelio y presenta una visión universal del plan de Dios para la humanidad. Esto es evidente, por ejemplo, en las enseñanzas del Concilio Vaticano II, que declaran: «La verdad es que solamente en el misterio del Verbo Encarnado se ilumina el misterio del hombre» (Gaudium et Spes, 22).

En su última Encíclica, Caritas in Veritate, EL Papa Benedicto XVI explica cómo es que su visión católica conecta con los asuntos sociales más urgentes de nuestro tiempo y cómo es que finalmente [esa visión] tiene el poder de unir a toda la raza humana. El Papa escribe: «La ciudad terrestre avanza no meramente como resultado de la relación entre los derechos y deberes, sino de una manera aún mayor y con un alcance más fundamental por las relaciones y de gratuidad, misericordia y comunión».

El Cardenal Francis E. George, Arzobispo de Chicago y presidente de la Conferencia Estadounidense de Obispos Católicos (USCCB), se hace eco de este análisis en su nuevo libro, titulado La Diferencia que Dios Hace: Una Visión Católica de Fe, Comunión y Cultura (publ. Herder & Herder, 2009). Aunque el libro fue escrito casi enteramente antes de que saliera la encíclica papal Caritas in Veritate, edifica sobre la misma tradición de la enseñanza social católica y por lo tanto comparte muchos de los mismos ideales y conceptos.

En esta entrevista exclusiva con la revista Columbia, el Cardenal aborda la tarea permanente de la Iglesia consistente en transformar nuestra cultura en caridad y verdad.

Pregunta: Usted comienza su libro hablando de la idea cristiana de la creación, la Encarnación y la comunión. ¿Por qué son estos conceptos fundamentales en nuestra visión de Dios y el mundo?

Cardenal George: La gente entiende a Dios de diferentes maneras, pero la tendencia constante, si nos dejamos ir, es reducir a Dios a nuestro tamaño y verlo sólo como un accesorio más en el universo -más grande y más importante, pero sólo uno más. Sin embargo, Dios trasciende la creación y está presente en ella, como la causa de su mismo ser.

Esta relación con Dios, en primer lugar, nos pone en relación con los demás y con toda la creación. Esto se hace a través de Jesucristo, que es Dios Encarnado, y que nos permite entender cómo nuestro prójimo es también nuestro hermano o hermana.

Pregunta: Usted también explica que la idea moderna de la persona que se centra en el individualismo y el subjetivismo, lo que está en contraste con ver nuestra identidad en términos de relación. ¿Cómo podemos ver cómo afecta hoy a nuestra sociedad esa visión individualista del mundo?

Cardenal George: Si somos la clase de personas para quienes las relaciones son solamente un accesorio, en vez de ser personas que han nacido relacionadas con otros, entonces comenzamos con nuestros derechos y no con nuestros deberes y obligaciones hacia otros. Desde el momento en que los derechos deben ser protegidos, entramos en una estructura legal que es casi siempre contenciosa. La sociedad se vuelve quebradiza y violenta. La comunidad natural, como por ejemplo el matrimonio, se debilita. La mobilidad social de la gente y el poder realizar nuestros sueños, aún cuando estén en conflicto con otros, todo eso se ha vuelto prioritario en nuestra cultura.

Se hace manifiesta en todo tipo de formas. La violencia es la más obvia. La cultura moderna se basa en la oposición y el conflicto: los medios de comunicación necesitan hallar opresores y víctimas o se quedan sin nada para reportar; los tribunales se crean para los ganadores y perdedores, y la política es el poder versus los que han perdido el poder. Todo es conflicto.

El papel de la Iglesia consiste en decir, que aunque haya conflictos a un cierto nivel, el nivel más alto es uno de armonía y paz, el amor mutuo y el amor de Dios. Nuestra tarea es llamar a la gente a ese nivel, que no sólo es superior, sino también más global. Es más universal. Es más amplio. Eso es lo que a veces falta en la conversación pública y en las instituciones de nuestro país.

Pregunta: Como afecta a las relaciones entre la Iglesia y el Estado este entendimiento moderno de la libertad, los derechos y la asociación voluntaria?

Cardenal George: La relación entre la Iglesia y el Estado es la forma constitucional de hablar de algo que es mucho más profundo, eso que llamamos la fe y la cultura, que es la manera en que Juan Pablo II solía presentar la cuestión. Si nos olvidamos que el hombre es antes que nada un ser social y comenzamos a pensar que los hombres son antagonistas en una puja para establecer cada uno sus derechos, entonces la separación entre Iglesia y estado resulta ser necesariamente antagonística en vez de aportar a la cooperación.

En el principio hubo cooperación porque las esferas estaban delimitadas y la Iglesia era libre de seguir sus propios objetivos vitales sin interferencia del estado. En los últimos 50 años ha habido una mayor interferencia del Estado en la vida de la Iglesia y la libertad de religión ha sido reinterpretada como la libertad del individuo de expresarse en términos religiosos -pero no en forma pública porque eso es visto de alguna manera como una infracción a los derechos de los que quieren verse libres de toda religión. Esto ha creado una situación de antagonismo que no existía hasta entonces.

Pregunta: : En la sociedad contemporánea hay también una tendencia a ver al matrimonio y la familia como algo exclusivamente voluntario, en vez de verlos como instituciones naturales.

Cardenal George: Es verdad, es un hecho, que uno elige libremente casarse con alguien, sin embargo una vez que uno lo hace, esa relación es normativa para toda la vida. El matrimonio significa crecer no solamente para vivir con alguien sino también a través de alguien, con la propia consciencia haciéndose parte de la consciencia de otro.

Lo mismo puede decirse ciertamente de la Iglesia, en la que hacemos que la mente de Cristo sea parte de nuestra propia conciencia incluyendo así a toda otra persona a la que Cristo ama, como dice San Pablo.

La Iglesia es una red de relaciones que llamamos comunión, y la raza humana es una red de relaciones llamada a la solidaridad. Ambos se complementan mutuamente. En ese punto no hay separación, hay cooperación lo cual es reconocer nuestras diferencias—y las diferencias tienen importancia. La Iglesia no es solamente su departamento de estado y el estado secular no puede transformarse en una especie de Iglesia, lo que parece ser una importante tentación aquí en los Estados Unidos.

Mientras tanto muchos inmigrantes vienen a los Estados Unidos con un sentido de la familia que es muy fuerte. Vienen a trabajar aquí para poder enviarle dinero a sus familias y no para realizar sus propias metas personales. Detrás de esto hay un concepto que afirma que la familia es la unidad básica de la sociedad de una manera que no siempre se identifica con la manera estadounidense de pensar en el individuo y sus derechos como la base de la sociedad.

Pregunta: Usted continúa tratando el tema de la evangelización de la cultura. ¿Cómo hacemos para proclamar la singularidad del mensaje de la Iglesia y el modo de vida católico?

Cardenal George: El Papa Juan Pablo II estuvo siempre interesado en ver cómo cultivar una cultura que fuera más amena al Evangelio porque, si tuviéramos algo así, muchos otros problemas se solucionarían solos. La evangelización tiene que ver no solamente con la conversión de los individuos sino con el cambio de la cultura de manera que la sociedad sea transformada en algo que es un poco más justo, amable y generoso.

El mensaje apunta lo relacional. La Iglesia no es una secta. Se extiende más allá de cada comunidad, más allá de los grupos nacionales. El Papa Benedicto XVI lo ha dejado bien claro en su visita a la Naciones Unidas. La nación-estado no es tan importante como la familia humana mundial. Ese es el sentido de catolicidad, de universalidad, de solidaridad global que la Iglesia ha venido declarando por tan largo tiempo.

Pregunta: ¿Como encaja ese concepto de solidaridad global con los desafíos y oportunidades que presenta el diálogo inter-religioso?

Cardenal George: A diferencia de la identidad nacional, todas las grandes religiones tienen un carácter global. Si podemos cooperar a nivel social aun sin estar de acuerdo en todo, el mundo será un lugar más pacífico. Tendremos la capacidad de crear una clase de identidad que trasciende otras decisiones. Las diferencias entre religiones permanecerán, pero junto con un sentido de respeto mutuo vendría la convicción que la religión no puede nunca ser usada para justificar la violencia. Nos convertiremos en agentes de la paz a pesar de nuestras diferencias y desacuerdos.

Pregunta: ¿Cuál es el papel de las asociaciones católicas y de los laicos en general en esta nueva evangelización y la tarea de transformar la cultura?

Cardenal George: Creo que las asociaciones laicas mismas responderán a su pregunta, porque están conectadas con la Iglesia y son gente de fe. Debemos permitir un gran grado de subsidiariedad. La evangelización es una visión global con una variedad de tareas que ocurren en el hogar, la parroqia y las ciudades, etc. Se puede contar con los Caballeros de Colón, por ejemplo, para que hagan lo que es necesario cuando llega la ocasión pero mejor aún, ellos hacen muchas cosas por propia decisión. Hacen cosas buenas por la Iglesia porque son buenos católicos.

Cristo forja nuestras mentes y corazones cuando nos abrimos a El en oración. Debemos rezar juntos para entender la parte que nos toca hacer. Debemos estudiar el Catecismo, por ejemplo, para que nuestros conceptos estén de acuerdo con la Iglesia.

La gente común vive vidas comunes y la religión es parte integral de la vida. Pero la gente no siempre está pensando en eso de manera teórica. Ellos lo viven. La gente que va a Misa regularmente y hace lo mejor que puede para sostener una familia y contribuir a la sociedad practican el catolicismo como una forma de vida, una manera de pensar y de amar.

Pregunta: Más allá del concepto contemporáneo de catolicismo liberal y conservador, usted nos dice que la respuesta está en el «catolicismo simple» ¿Cómo define usted ese concepto?

Cardenal George: Liberal y conservador son primeramente términos políticos. Hay que abandonar ese marco para entender el catolicismo porque su esencia no es política aunque tenga cierta influencia en la política como cualquiera otra manifestación de la experiencia humana.

La idea de «catolicismo simple» surge de la comunidad formada para compartir los dones que Cristo nos da: el Evangelio, los Sacramentos, el gobierno pastoral de los sucesores de los apóstoles. Por esos medios la gracia de Cristo nos une verdaderamente y nos ha formado en lo que verdaderamente hemos llegado a ser hoy.

Las formas de vida pueden diferir dentro de la Iglesia pero la meta es la misma para todos: la santidad. Lo veo cuando hago mi ronda de las parroquias de Chicago. Veo mucha gente santa en ellas. Quizás ellos mismos no lo sospechen y seguramente no va a salir en los titulares de la mañana, pero están ahí—padres y madres de familia, gente dedicada no solamente a su fe sino también al avance de la sociedad y a la ayuda altruísta al prójimo. Es muy edificante ver eso.

Pregunta: Uno de los más grandes desafíos que enfrenta la nueva evangelización es la desconexión entre libertad y verdad de la que Juan Pablo II habló con frecuencia y que el Papa Benedicto XVI define como la dictadura del relativismo ¿Cómo hacemos para compartir el evangelio cuando la gente trata con desconfianza cualquier afirmación de la verdad—especialmente en lo que toca a religión y moralildad?

Cardenal George: Mucha gente no cree que se pueda aceptar una verdad que no han creado ellos mismos y seguir siendo libres. Aún así, creo que hay gente que trata de vivir sus propias verdades e ilusiones. Pero reconocen, al llegar a un cierto nivel de madurez que ese sendero es una trampa. Para ser nosotros mismos tenemos que superarnos. Avanzamos realmente cuando entendemos la verdades que tenemos «en Cristo» que son nuestro destino eterno. Eso es liberador. Esa es la verdad que nos hace libres.

Debemos estar atentos a la gente cuando dan signos de estar listos para oir ese mensaje. Puede tomar muchos años pero debemos buscar los lugares en los que se pueda proclamar el Evangelio.

Debemos hacer lo que Juan Pablo II dijo: «Proponed sin imponer.» Lo bueno tiene su propio atractivo. Debemos ser mejores testigos, frecuentemente hemos fallado en eso. Debemos entrar en diálogo. Esa es la forma de vida católica, que atraerá a algunos y disgustará a otros.Eso es lo que Dios espera que hagamos. Los resultados los dejamos en Sus manos.

 


Francis Cardinal George, O.M.I. The Difference God Makes. Publicado originalmente en Columbia, noviembre, 2009, pp. 16-19. El Cardenal Francis Eugene George, es el octavo Obispo de Chicago. Como Arzobispo de Chicago, ha proclamado dos cartas pastorales: una acerca de la evangelización, «Seamos el pueblo evangelizador» (noviembre 21, 1997) y otra sobre el racismo, «Permaneced en mi amor» (abril 4, 2001). Su libro, The Difference God Makes: A Catholic Vision of Faith, Communion, and Culture, fue publicado en inglés, en octubre, 2009, por The Crossroad Publishing Company. Es una colección de ensayos que exploran nuestra relación con Dios, la responsabilidad de la comunión y la trasformación de la cultura.

 

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