persecuciones

Vademécum de Apologética Católica

Desafortunadamente, muchos protestantes que deciden convertirse al catolicismo sufren los ataques de parientes, familiares o amigos tan bien intencionados como mal informados. Quien sigue a Jesús debe estar dispuesto a pagar el precio correspondiente en persecuciones de una u otra clase. Cualquiera que sufre persecuciones por causa de Jesús es verdaderamente un mártir del Señor.

Mateo 5, 10-12 — Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

Mateo 10, 21-23 — Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. Cuando os persigan en una ciudad huid a otra y si también en ésta os persiguen, marchaos a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre.

Algunas de las peores persecuciones ocurren dentro de la familia, tal como Jesús nos lo anunció.

Mateo 10, 25-33 — Ya le basta al discípulo ser como su maestro y al siervo como su amo. Si al dueño de la casa le han llamado Beelzebub, ¡cuánto más a sus domésticos! No les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz y lo que oís al oído, proclamadlo desde los terrados. Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. ¿No se venden dos pajarillos por una moneda? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos. Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos.

No es casualidad que muchos identifiquen a la Iglesia Católica con el Anticristo y con la «ramera de Babilonia». Los enemigos de Jesús lo acusaron de cosas similares. Cuando la gente repite estas cosas están meramente ayudando a que se cumpla la profecía de Cristo. Así es que, cuando estamos dispuestos y tenemos la oportunidad de dar testimonio firme de nuestra fe ante la oposición o persecución, seremos reconocidos por nuestro Salvador en los cielos. Aunque las circunstancias sean difíciles, debemos estar agradecidos cuando alguien nos ataca por causa de nuestra fe.

Mateo 10, 37-39 — El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la encontrará.

Aquellos que son perseguidos por su fe son los cristianos más afortunados, pues tienen la oportunidad de probar su amor por Jesús más allá de toda duda.

Juan 15, 18-16, 2 — Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuérais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado. Si yo no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa de su pecado. El que me odia, odia también a mi Padre. Si no hubiera hecho entre ellos obras que no ha hecho ningún otro, no tendrían pecado; pero ahora las han visto y nos odian a mí y a mi Padre. Pero es para que se cumpla lo que está escrito en su Ley: «Me han odiado sin motivo». Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, El dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate pensará que da culto a Dios.

Jesús nos avisa que debemos esperar oposición y odio y ocasionalmente, hasta la misma muerte.

 

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