excomunion

Vademécum de Apologética Católica

Desde el principio, los causantes de divisiones en la Iglesia han sido expulsados de la comunidad de creyentes. Esta práctica está claramente expresada en las Escrituras.

1 Timoteo 1, 18-20 — Esta es la recomendación, hijo mío Timoteo, que yo te hago, de acuerdo con las profecías pronunciadas sobre ti anteriormente. Combate, el buen combate, conservando la fe y la conciencia recta; algunos, por haberla rechazado, naufragaron en la fe; entre éstos están Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendiesen a no blasfemar.

San Pablo expulsó de la comunidad a ciertos malhechores.

Mateo 16, 19 — A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.

Aquí, Jesús promete que cualquier aprobación o condena que la Iglesia extienda será válida aun en los cielos.

Mateo 18, 15-18 — Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano.

Jesús instruye a la Iglesia a expulsar a quienes, a pesar del buen consejo, no cesan de practicar lo que es malo.

1 Corintios 16, 22 — El que no quiera al Señor, ¡sea anatema!

La excomunión es una de las penas previstas en el derecho canónico y se define como «la censura o pena medicinal por la que se excluye al reo de delito de la comunión con la Iglesia Católica». Esta penalidad debe entenderse a la luz de la protección pastoral de los fieles. Algunos pudieran argüir que la la sanción es antibíblica, ya que el hecho de expulsar al pecador, en vez de perdonarlo, parece ser contrario al perdonar setenta veces siete al día, que recomendó el Señor en Mateo 18, 22. Sin embargo es necesario considerar el debido balance entre el cuidado pastoral y la caridad para con el pecador.

Primeramente la Iglesia debe tener en cuenta la salud de todo el rebaño de fieles que el Señor le ha encomendado, en esto consiste la prudencia pastoral que aplica el derecho penal dentro de la Iglesia. El derecho penal de la Iglesia define los delitos y las penas que les corresponden. Como pena, la excomunión, tiene la finalidad de proteger a la comunidad de los fieles. Se establece entonces la pena de excomunión para los delitos más graves, aquellos que la legítima autoridad eclesiástica considera que colocan al sujeto fuera de la comunión con la Iglesia. Quien comete un delito definido previamente y penado con la excomunión se coloca fuera de la Iglesia como resultado de sus propias acciones. Es el deber de la Iglesia el señalar y definir las violaciones que están penadas con la excomunión, formando e informando al Pueblo de Dios sobre estos graves asuntos.

 

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