divorcio
Vademécum de Apologética Católica

La laxitud moral en la que tantas congregaciones protestantes han caído—permitiendo el divorcio por simple voluntad , la anti-concepción, la homosexualidad, el aborto—es una tragedia terrible y es también una buena razón para que nosotros los católicos oremos con diligencia por nuestros hermanos separados. Esta decadencia que contradice abiertamente tantas y tan claras enseñanzas de la Biblia—algunas de las cuales recibimos de labios del mismo Señor Jesús—es una evidencia clara de que el depósito completo de la verdad del Evangelio no se encuentra en las tradiciones protestantes.

1 Corintios 7, 10-11 — A los casados, en cambio, os ordeno—y esto no es mandamiento mío, sino del Señor—que la esposa no se separe de su marido. Si se separa, que no vuelva a casarse, o que se reconcilie con su esposo. Y que tampoco el marido abandone a su mujer.

San Pablo es decididamente claro en este asunto. Una persona casada no puede volver a casarse después de haberse separado permanentemente de su cónyuge, o sea, después de haberse divorciado.

Mateo 19, 3-9 — Se acercaron a él algunos fariseos y para ponerlo a prueba, le dijeron: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?». El respondió: «¿No habéis leído vosotros que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer y que dijo: Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer y los dos no serán sino una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido». Le replicaron: «Entonces, ¿por qué Moisés prescribió entregar una declaración de divorcio cuando uno se separa?». El les dijo: «Moisés os permitió divorciaros de vuestra mujer, debido a la dureza de vuestro corazón, pero al principio no era así. Por lo tanto, yo os digo: El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal y se casa con otra, comete adulterio.»

Marcos 10, 2-12 — Se acercaron algunos fariseos y para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?». El les respondió: «¿Qué es lo que Moisés os ha ordenado?». Ellos dijeron: «Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella». Entonces Jesús les respondió: «Si Moisés os dio esta prescripción fue debido a la dureza de vuestro corazón. Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido». Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. El les dijo: «El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio».

Es evidente, por la lectura de estos dos relatos del Evangelio, que nunca fue intención de Cristo el permitir el divorcio. Lo mismo se deduce de la lectura de los escritos apostólicos que mencionan el tema.

 

Anuncio publicitario