comunion-de-los-santos

Vademécum de Apologética Católica

La Iglesia cree que la perfección lograda por los fieles no se extingue con la muerte sino que sobrevive a medida que los santos toman su lugar como nuevos miembros de la Iglesia triunfante en los cielos. Como lo afirman los documentos del Concilio Vaticano II:

«Por el oculto y misericorde misterio de la voluntad de Dios, una solidaridad sobrenatural reina entre los hombres. Como consecuencia, el pecado de una persona causa daño a otros de la misma manera que la santidad ayuda a otros. De esta forma los creyentes cristianos se ayudan unos a otros a alcanzar su destino sobrenatural […] Este es el antiguo Dogma de la Comunión de los Santos. Su significado es que la vida de cada hijo de Dios es unida en Cristo y a través de Cristo por una maravillosa conexión a la vida de cada uno de los miembros de la hermandad cristiana. Juntos conforman la unidad sobrenatural del Cuerpo Místico de Cristo de manera tal que, por así decirlo, forman una persona mística singular.» — Sacrosantum Concilium 4-5

Hechos 9, 1-5 — Saulo, que todavía respiraba amenaza y muerte contra los discípulos del Señor, fue al Sumo Sacerdote y le pidió cartas para Damasco, a las sinagogas, con el fin de traer presos a Jerusalén a cuantos hallase de esta religión, hombres y mujeres. Yendo por el camino, ya cerca de Damasco, de repente una luz del cielo resplandeció a su alrededor y caído en tierra oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?» Respondió él: «¿Quién eres, Señor?» Díjole éste: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues.»

La Biblia explica que Saulo de Tarso nunca se encontró con Jesús en este mundo y el cuerpo terrenal de Jesús ya no estaba en la tierra cuando este evento tuvo lugar. De esta manera, en su acusación a Saulo, Jesús se identifica a sí mismo con sus propios seguidores, a los que Saulo estaba en verdad persiguiendo. Al perseguir a los seguidores de Jesús, Saulo estaba persiguiendo a Jesús mismo. En esto aprendemos de labios de Jesús resucitado, que nosotros los cristianos somos uno con Cristo en su Cuerpo Místico. Esto es en esencia la doctrina de la Comunión de los Santos.

1 Corintios 12, 12-27 — Porque así como el cuerpo es uno, mas tiene muchos miembros y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos forman el mismo cuerpo, así es también Cristo. Pues todos fuimos bautizados en un mismo Espíritu, para ser un solo cuerpo, ya judíos, ya griegos, ya esclavos, ya libres y a todos se nos dio a beber un mismo Espíritu. Dado que el cuerpo no es un solo miembro sino muchos. Si dijere el pie: «porque no soy mano, no soy del cuerpo», no por eso deja de ser del cuerpo. Y si dijere el oído: «porque no soy ojo, no soy del cuerpo», no por eso deja de ser del cuerpo. Si todo el cuerpo fuera ojo ¿dónde estaría el oído? Y si todo el cuerpo fuera oído ¿Dónde estaría el olfato? Mas ahora Dios ha dispuesto los miembros, cada uno de ellos en el cuerpo, como El ha querido. Y si todos fueran un mismo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Mas ahora son muchos los miembros, pero uno solo el cuerpo. No puede el ojo decir a la mano: «no te necesito» ni tampoco la cabeza a los pies: «no tengo necesidad de vosotros». Muy al contrario, aquellos miembros que parecen ser más débiles son los más necesarios y los que reputamos más viles en el cuerpo, los rodeamos con más abundante honra y nuestras partes indecorosas, las tratamos con mayor decoro, en tanto que nuestras partes honestas no tienen necesidad de ello; mas Dios combinó el cuerpo de manera de dar decencia mayor a lo que menos la tenía; para que no haya disensión en el cuerpo, sino que los miembros tengan el mismo cuidado los unos por los otros. Por si donde un miembro sufre, sufren con él todos los miembros y si un miembro es honrado, se regocijan con él todos los miembros. Vosotros sois pues cuerpo de Cristo y miembros [cada uno] en parte.

San Pablo nos enseña detalladamente la teología del Cuerpo Místico. El punto que él presenta es simple: que si pensamos que estamos solos y que no necesitamos de otros, estamos equivocados. La salvación no es un asunto individual. El amor solo puede florecer en comunidad.

Efesios 1, 22-23 — Todo lo sometió bajo sus pies y le dio por cabeza suprema de todo a la Iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que lo llena todo en todos.

Nuevamente San Pablo es explícito en lo que toca a la unidad de los creyentes en el Cuerpo Místico de Cristo. La alianza de Dios no se consolida con cada individuo sino con la entera comunidad de creyentes.

Efesios 4, 15-16 — […] sino que, andando en la verdad por el amor, en todo crezcamos hacia adentro de Aquel que es la cabeza, Cristo. De El, todo el cuerpo, bien trabado y ligado entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en el amor.

El amor es representado aquí por el interés caritativo que está implícito en la Comunión de los Santos y que se realiza en la práctica ancestral de las oraciones intercesoras.

Romanos 12, 4-8 — Pues así como tenemos muchos miembros en un solo cuerpo y no todos los miembros tienen la misma función, del mismo modo los que somos muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, pero en cuanto a cada uno somos recíprocamente miembros. Y tenemos dones diferentes conforme a la gracia que nos fue dada, ya de profecía (para hablar) según la regla de la fe; ya de ministerio, para servir; ya de enseñar, para la enseñanza; ya de exhortar, para la exhortación. El que da, [hágalo] con liberalidad; el que preside, con solicitud, el que usa la misericordia, con alegría.

Esta es una excelente representación de la doctrina de la Comunión de los Santos.

Gálatas 3, 28 — No hay ya judío ni griego, ni esclavo ni libre, no hay varón y mujer; porque todos vosotros sois uno solo en Cristo Jesús.

San Pablo dice que somos «uno» y eso es lo que significa la palabra «comunión».

Colosenses 1, 18 — Y El es la cabeza del cuerpo de la Iglesia, siendo El mismo el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo sea El lo primero.

Nuevamente, San Pablo es bien explícito: La Iglesia es el Cuerpo de Cristo.

Romanos 8, 35-39 — ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? Según está escrito: «Por la causa tuya somos muertos cada día, considerados como ovejas destinadas al matadero» Mas en todas estas cosas triunfamos gracias a Aquel que nos amó. Porque persuadido estoy de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni cosas presentes, ni cosas futuras, ni potestades, ni altura, ni profundidad, ni otra creatura alguna podrá separarnos del amor de Dios, que está en Cristo Jesús nuestro Señor.

San Pablo nos explica que ni aun la muerte puede separar a los fieles del amor de Cristo. Tampoco puede separarnos unos de otros.

Colosenses 3, 15 — Y la paz de Cristo, a la cual habéis sido llamados en un solo cuerpo, prime en vuestros corazones […]

Tener a Cristo como nuestro «salvador personal» es solamente una parte del proceso de salvación. Nuestra fe es algo más que un asunto personal. La fe nos une con la entera comunidad de fieles.

Juan 17, 11-21 — Yo no estoy ya en el mundo, pero éstos quedan en el mundo mientras que yo me voy a Ti. Padre Santo, por tu Nombre que Tú me diste, guárdalos para que sean uno como somos nosotros. Mientras yo estaba con ellos los guardaba, los guardaba por tu Nombre, que Tú me diste y los conservé y ninguno de ellos se perdió sino el hijo de perdición, para que la Escritura fuese cumplida. Mas ahora voy a ti y digo estas cosas estando [aún] en el mundo, para que ellos tengan en sí mismos el gozo cumplido que yo tengo. Yo les he dado tu palabra y el mundo les ha tomado odio, porque ellos ya no son del mundo, así como yo no soy del mundo. No ruego para que los quites del mundo, sino para que los preserves del Maligno. Ellos no son ya del mundo, así como yo no soy del mundo. Santífícalos en la verdad: la verdad es tu palabra. Como Tú me enviaste a mí al mundo también yo los he enviado a ellos al mundo. Y por ellos me santifico yo mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. Más no ruego solo por ellos sino también por aquellos que, mediante la palabra de ellos, crean en mí. A fin de que todos sean uno como tú, Padre, en mí y yo en Ti, a fin de que también ellos sean en nosotros, para que el mundo crea que eres Tú el que me enviaste.

Esta es la asombrosa «plegaria de la unidad» en la cual Jesús afirma y promueve la unión de los fieles, a través de las épocas, en la Comunión de los Santos.

1 Corintios 10, 17 — Dado que uno es el pan, un cuerpo somos los muchos, pues todos participamos del único pan.

La Comunión de los Santos alcanza su punto culminante en el Sacramento de la Eucaristía. Dicho Sacramento es la fuente de nuestra unidad en Cristo.

En el año 350 d.C. San Cirilo escribió una destacable descripción de la Misa exquisitamente detallada que claramente corresponde con la Misa que se celebra en nuestros días. En su descripción esta hermosa declaración sobre la familia de Dios a la que todos pertenecemos y que aun hoy se eleva en las plegarias de cada Misa:

«[…] una vez completado el Sacrificio espiritual, la adoración incruenta sobre la víctima propiciatoria, clamamos a Dios por la paz en común de todas las Iglesias, por el bien del mundo, por los reyes, por nuestros soldados y nuestros aliados, por los que padecen enfermedades, por los afligidos y en suma todos oramos y ofrecemos este Sacrificio por todos los necesitados. Entonces mencionamos a todos aquellos que se han dormido en la muerte: primeramente los patriarcas, profetas, apóstoles y mártires y también, que a través de las oraciones y súplicas de aquellos, Dios reciba nuestra petición. Luego, hacemos mención de todos los santos padres y obispos que ya se han dormido en la muerte y para ponerlo en forma simple, por todos aquellos que han fallecido; ya que creemos que será de gran beneficio a las almas de aquellos por quienes elevamos nuestras oraciones, mientras este santo y solemne Sacrificio es expuesto.» [1]

Los fieles en el cielo y en la tierra están unidos en la persona de Cristo a través del Sacramento de la Eucaristía. Este es el significado de la Comunión de los Santos.


[1]Citado en inglés en The Faith of the Early Fathers, Vol.1 p. 363. William A. Jurgens. Publ. Liturgical Press, 1970. Collegeville, Minnesota.

Anuncio publicitario