celibato-sacerdotal

Vademécum de Apologética Católica

Hay quienes afirman que 1 Timoteo 4, 1-3, donde se condena la prohibición de casarse, se refiere a la tradición del celibato sacerdotal que se practica dentro de la Iglesia Católica Romana. No es así, pues la Iglesia no obliga a nadie a ser sacerdote o a ordenarse como religioso o religiosa. Todos somos libres de elegir el matrimonio como vocación si esa es nuestra inclinación. De todas maneras, San Pablo es claro en lo que toca al asunto del celibato. Para aquellos que deseen lograr el control de sus inclinaciones naturales y desean dedicar la propia vida a Dios, el celibato es el modo de vida más recomendable. Cuando Lutero descartó el celibato por considerarlo demasiado difícil también descartó las razones bíblicas que recomiendan la vida célibe.

1 Corintios 7, 32-35 — Yo os quisiera libres de preocupaciones. El no casado se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor. El casado se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer; está por tanto dividido. La mujer no casada, lo mismo que la doncella, se preocupa de las cosas del Señor, de ser santa en el cuerpo y en el espíritu. Mas la casada se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido. Os digo esto para vuestro provecho, no para tenderos un lazo, sino para moveros a lo más digno y al trato asiduo con el Señor, sin división.

San Pablo es claro: para la persona espiritual que puede controlarse, el celibato es la mejor forma de vida. De esa manera la dedicación al Señor es completa.

Mateo 19, 12 — Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda.

Jesucristo mismo practicó el celibato y lo recomendó como una dedicación admirable.

1 Corintios 7, 37-38 — Mas el que ha tomado una firme decisión en su corazón y sin presión alguna y en pleno uso de su libertad está resuelto en su interior a respetar a su novia, hará bien. Por tanto, el que se casa con su novia, obra bien. Y el que no se casa, obra mejor.

Jeremías 16, 1-2 — La palabra de Yahvé me fue dirigida en estos términos: No tomes mujer ni tengas hijos ni hijas en este lugar.

En casos especiales, Dios mismo ordenó la abstención de matrimonio a sus profetas. Esto es un signo de que el celibato no viola ninguna norma divina.

Exodo 19, 15 — Y dijo al pueblo: «Estad preparados para el tercer día y absteneos de mujer.»

Esta orden de Dios a los varones del pueblo de Israel ratifica lo que la Iglesia enseña. El celibato es un sacrificio válido y aceptable y—en ocasiones—Dios lo ha demandado, ordenando la abstención del uso sexual.

1 Samuel 21, 4-6 — «Así pues, ¿qué tienes a mano? Dame cinco panes o lo que haya.» Respondió el sacerdote a David: «No tengo a mano pan profano, pero hay pan consagrado, si es que los muchachos se han abstenido al menos del trato con mujeres.» Respondió David al sacerdote: «Ciertamente que la mujer nos está prohibida, como siempre que salgo a campaña y los cuerpos de los muchachos están puros; aunque es un viaje profano, cierto que hoy sus cuerpos están puros.»

El sacerdote Abimelech provee a David algo del pan santo para alimentar a sus hombres. Este pan estaba reservado a los sacerdotes pero dada la urgencia y la falta de pan profano, el sacerdote da a David la indulgencia de comer el pan santo—con una condición—que los hombres se hayan abstenido de contacto sexual.