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Vademécum de Apologética Católica

Es cierto que la Biblia no especifica que los niños fueran bautizados, pero tampoco indica específicamente lo contrario. Como veremos en Colosenses 2, 11-12, citado más abajo, la circuncisión fue un “tipo” del Bautismo, un ejemplo profético en el Antiguo Testamento.

Según la ley mosaica, los bebés deben ser circuncidados a los ocho días de nacer. No es razonable concluir que el cumplimiento (el bautismo) sea más limitado que su prefiguración (la circuncisión).

Por la circuncisión se recibía al recién nacido en el pueblo de Dios. En el marco de la Nueva Alianza todos los recién nacidos, niños y niñas, son recibidos en la comunidad de creyentes

Génesis 17, 12 — Circuncidaréis la carne de vuestro prepucio y ese será el signo de mi alianza con vosotros. Al cumplir ocho días, serán circuncidados todos los varones de cada generación, tanto los nacidos en la casa como los que hayan sido comprados a un extranjero, a alguien que no es de tu sangre.

El consentimiento personal no altera el hecho de que somos propiedad de Dios. El niño es un miembro priviliegiado de la nación santa de Dios. Ni siquiera se les ocurrió a los israelitas que una persona pudiera rechazar semejante bendición.

Exodo 13, 13-14 — Al primogénito del asno, en cambio, lo rescatarás con un cordero y si no lo rescatas, deberás desnucarlo. También rescatarás a tu hijo primogénito. Y cuando, el día de mañana, tu hijo te pregunte qué significa esto, tú le responderás: “Con el poder de su mano, el Señor nos sacó de Egipto, donde fuimos esclavos”.

Que el niño no tenga conciencia de haber sido recibido en la familia de Dios no elimina su dedicación. El reclamo que Dios hace de los primogénitos para sí es absoluto, sea que lo reconozcamos concientemente o no ¿Es acaso el rescate de la entera humanidad por medio del sacrificio de Cristo, menos perentorio o menos válido hoy día? Podemos asegurar que es aún más fuerte.

Hechos 2, 38-39 — Pedro les contestó: “Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo; pues la promesa es para vosotros y para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para cuantos llame el Señor Dios nuestro”.

Este es el texto primario que la mayoría de los protestantes citan para afirmar su posición contraria al bautismo de infantes. Creen que San Pedro estaba hablando doctrinalmente, subrayando la necesidad o requerimiento absoluto del arrepentimiento antes de tomar el bautismo. Todos estamos de acuerdo que los bebés no se pueden arrepentir. Sin embargo, es necesario leer el sermón de Pedro completo pues más adelante el apóstol afirma: “pues la promesa es para vosotros y para vuestros hijos y para todos los que están lejos”. Es claro entonces que la promesa del bautismo no excluye a los niños ya que aquí Pedro hace extensivo el beneficio del sacramento a los hijos. Nótese también que la frase “vuestros hijos” indica que Pedro estaba dirigiéndose a los adultos que lo escuchaban y no a un grupo de niños. Para los adultos es ciertamente necesario el arrepentimiento antes de ser convertidos a Cristo y bautizados. Por supuesto los bebés—que no han tenido ocasión de pecar—no tienen necesidad de arrepentimiento. Los niños son recibidos en la comunidad cristiana y el reclamo que sobre ellos tenga el Diablo—debido al pecado original o pecado de Adán—es lavado en el agua purificadora del sacramento. Consulte la sección siguiente “Regeneración Bautismal” en este mismo sitio.

2 Tesalonicenses 3, 10 — Además, cuando estábamos entre vosotros os mandábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma.

Si interpretamos la directiva de San Pedro de arrepentirse antes del bautismo, como algo concerniente a los niños (ver referencia anterior a Hechos 2, 38), entonces debemos aplicar el mismo principio a las admoniciones de San Pablo, ya que San Pablo—tal como Pedro—no excluye específicamente a los niños. Por supuesto, no se puede pedir a los niños recién nacidos que trabajen antes de comer, pues eso resultaría en dejarlos morir de hambre. Los niños son tan incapaces de arrepentirse como de trabajar por su sustento. No hay ninguna base textual o lógica para excluir a los niños en un mandamiento apostólico y luego incluirlos en el otro.

Colosenses 2, 11-12 — En El [Cristo] también fuísteis circuncidados con la circuncisión no quirúrgica, sino mediante el despojo de vuestro cuerpo mortal, por la circuncisión en Cristo. Sepultados con El en el bautismo, con El también habéis resucitado por la fe en la acción de Dios, que resucitó de entre los muertos.

El bautismo es el cumplimiento de la circuncisión. Los bebés israelitas eran circuncidados al octavo día de su nacimiento ¿Cómo es posible que el cumplimiento de este tipo profético en el Nuevo Testamento sea menos salvífico y más restrictivo que su propia prefiguración en el Antiguo Testamento?

Hechos 16, 15 — Cuando ella y los de su casa recibieron el bautismo, suplicó: “Si juzgáis que soy fiel al Señor, venid y quedaos en mi casa.” Y nos obligó a ir.

En la Biblia no se hace mención de ninguna excepción cuando una familia o “casa” entera es bautizada. Tampoco se hace referencia a algún límite de edad en el que el bautizado pueda dar consentimiento consciente. Recordemos también que la expresión “toda su casa” es aun más amplia que la palabra “familia” pues en “toda su casa” se incluyen también los esclavos y sirvientes.

Hechos 16, 33 — En aquella misma hora de la noche el carcelero los tomó consigo y les lavó las heridas; inmediatamente recibió el Bautismo él y todos los suyos.

Nuevamente, en este caso no se hace mención de ninguna excepción. Considerando lo que sabemos de la naturaleza de los núcleos familiares del mundo antiguo, no es muy probable que ambos hogares—éste y el mencionado previamente—no tuvieran niños.

Lucas 18, 15-17 — Le presentaban también los niños pequeños para que los tocara y al verlo los discípulos, les reñían. Mas Jesús llamó a los niños, diciendo: “Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis; porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él”.

Jesús le enseña a sus discípulos que los niños son precisamente la clase de personas que pueden recibir el Reino de los Cielos con sus corazones simples y sinceros. Cuando prohibimos el bautismo de los niños estamos negado la más explícita de las instrucciones de Jesús: “Dejad que los niños vengan a mí”. ¿Cómo puede ser que le Reino de Dios pertenezca a los que “son como niños” y sin embargo no se permita entrar a los niños por el Bautismo, la primera puerta sacramental que existe para entrar en el Reino de Dios. En Juan 3, 5 Jesús nos dice claramente que “nadie puede entrar en el Reino de los Cielos si no ha nacido del agua y del Espíritu”. Esta es una referencia bien clara al bautismo.

Lucas 1, 15 — […] porque será grande ante el Señor; no beberá vino ni licor; estará lleno de Espíritu Santo ya desde el seno de su madre […]

Si nadie puede recibir el Espíritu Santo sin arrepentirse—como la mayoría de los Protestantes afirman al negarle el bautismo a los niños—entonces se deduciría simplemente que los niños en el útero se pueden arrepentir, desde el momento en que leemos en la Biblia que San Juan Bautista fue capaz de recibir el Espíritu Santo aun desde antes de su nacimiento. Este pasaje prueba—por el absurdo—que es irrazonable negarle el bautismo a los niños.

Mateo 21, 15-16 — Al ver los prodigios que acababa de hacer y a los niños que gritaban en el Templo: “¡Hosana al Hijo de David!”, los sumos sacerdotes y los escribas se indignaron y le dijeron: “¿Oyes lo que dicen éstos?”. “Sí”, respondió Jesús, “¿pero nunca habéis leído este pasaje: De la boca de las criaturas y de los niños de pecho, has hecho brotar una alabanza?”

Jesús le enseña a los fariseos que Dios puede valerse de los niños para procurar gloria y alabanza. Nadie le respondió a Jesús que la alabanza de niños es inválida porque no han alcanzado la “edad del consentimiento” o “la edad de la razón”. Cuando comparamos este pasaje con el dicho de Jesús, “dejad que los niños vengan a mí”, se ve claramente que excluir a los niños del sacramento bautismal es una práctica inconsistente con lo que Jesucristo mismo practicó cuando caminó entre nosotros.

La Iglesia ha bautizado a los niños desde el principio. Tenemos el testimonio de los primeros cristianos incluyendo Orígenes, quien escribió en el año 244 d.C.:

“La Iglesia recibió de los apóstoles la tradición de dar el bautismo aun a los infantes.” [1]

Si fuera—como afirman algunos protestantes—que no es “bíblico” el bautizar a los niños entonces tampoco es “bíblico” el dejarlos sin bautizar ya que en ninguna parte de la Biblia se prohíbe el bautismo de infantes. Tampoco encontramos en la Biblia referencia alguna a la “edad de razón” o “edad de consentimiento” a la que tantas tradiciones protestantes se adhieren cuando bautizan a adolescentes. Como ya hemos demostrado otras veces, Sola Scriptura es con frecuencia un método que lleva a conclusiones ambiguas. Es necesaria la Sagrada Tradición—que es la memoria de la Iglesia y nos remonta a las prácticas de los apóstoles. De hecho ¿cómo es posible que se pierda una costumbre como el bautismo? ¿Qué circunstancias serían necesarias para que toda la comunidad universal de la Iglesia olvide o pierda una tradición en forma completa? Razonar que la práctica correcta del bautismo fue corrompida simultáneamente en todo el orbe cristiano es un pensamiento que desafía el sentido común.


[1] Citado en inglés en The Faith of the Early Fathers, Vol. 1 p. 209. William A. Jurgens. Publ. Liturgical Press, 1970. Collegeville, Minnesota.