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Vademécum de Apologética Católica

Para muchos, los ángeles de la guarda son comparables a las hadas y los unicornios, inocentes invenciones para entretener a los niños. Sin embargo la enseñanza de los ángeles guardianes tiene un sólido fundamento bíblico.

Mateo 18, 10 — Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos.

Aquí Jesús mismo afirma la existencia de ángeles guardianes que cuidan de los niños.

 Salmos 91, 10-12 — No ha de alcanzarte el mal, ni la plaga se acercará a tu tienda; que El dará orden sobre ti a sus ángeles de guardarte en todos tus caminos. Te llevarán ellos en sus manos, para que en piedra no tropiece tu pie.

Hebreos 1, 13-14 — Y ¿a qué ángel dijo alguna vez: «Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies?» ¿Es que no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación?

Salmos 34, 8 — Acampa el ángel de Yahvé en torno a los que le temen y los libra.

Daniel 6, 23 — Mi Dios ha enviado a su ángel, que ha cerrado la boca de los leones y no me han hecho ningún mal, porque he sido hallado inocente ante El. Y tampoco ante ti, oh rey, he cometido falta alguna.

Hechos 5, 19 — Pero el ángel del Señor, por la noche, abrió las puertas de la prisión, les sacó y les dijo: «Id, presentaos en el Templo y decid al pueblo todo lo referente a esta vida.»

Hechos 12, 5-16 — Así pues, Pedro estaba custodiado en la cárcel, mientras la Iglesia oraba insistentemente por él a Dios. Cuando ya Herodes le iba a presentar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con dos cadenas; también había ante la puerta unos centinelas custodiando la cárcel. De pronto se presentó el ángel del Señor y la celda se llenó de luz. Le dio el ángel a Pedro en el costado, le despertó y le dijo: «Levántate aprisa». Y cayeron las cadenas de sus manos. Le dijo el ángel: «Cíñete y cálzate las sandalias.» Así lo hizo. Añadió: «Ponte el manto y sígueme.» Y salió siguiéndole. No acababa de darse cuenta de que era verdad cuanto hacía el ángel, sino que se figuraba ver una visión. Pasaron la primera y segunda guardia y llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad. Esta se les abrió por sí misma. Salieron y anduvieron hasta el final de una calle. Y de pronto el ángel le dejó. Pedro volvió en sí y dijo: «Ahora me doy cuenta realmente de que el Señor ha enviado su ángel y me ha arrancado de las manos de Herodes y de todo lo que esperaba el pueblo de los judíos». Consciente de su situación, marchó a casa de María, madre de Juan, por sobrenombre Marcos, donde se hallaban muchos reunidos en oración. Llamó él a la puerta y salió a abrirle una sirvienta llamada Rode; quien, al reconocer la voz de Pedro, de pura alegría no abrió la puerta, sino que entró corriendo a anunciar que Pedro estaba a la puerta. Ellos le dijeron: «Estás loca». Pero ella continuaba afirmando que era verdad. Entonces ellos dijeron: «Será su ángel». Pedro entretanto seguía llamando. Al abrirle, le vieron y quedaron atónitos.

Un ángel de Dios libera a Pedro de la prisión de Herodes. Al presentarse Pedro en la casa de María, la madre de Juan Marcos, los otros discípulos, sin poder creer que Pedro había sido liberado, lo toman por su propio ángel o mensajero.

 

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