defensa-y-exaltacion-de-maria

Carlos Caso-Rosendi

La teología católica trata a María, la madre de Jesús, de una manera que perturba a la mayoría de los protestantes. Hay signos en el mundo , especialmente en los Estados Unidos, de que esa reacción automática de rechazo está cambiando. Conozco el caso de quienes otrora fueran protestantes acérrimos y que recientemente han visitado Lourdes o Medjugorge. Hace unos años atrás, eso hubiera sido algo casi imposible de concebir.

Sin embargo falta mucho para que los protestones de siempre se detengan y vean a María como lo que realmente fue, es y será. Entre los ejemplos mas aberrantes de difamación sistemática figura la página de Daniel Sapia. De ella emanan mentiras, falsos razonamientos e insinuaciones de tal fetidez que mas bien parecieran efluvios de una personalidad terca y demoníaca empecinada en torcer el bien y en ofender a Dios, llamando inmundas las cosas que Dios ha santificado.

Paso a responder entonces al reciente aporto de nuestro Marción de las pampas argentinas; un articulete bastante ofensivo que él titula «Exaltación de María en el Catolicismo Romano.»

El artículo presenta las objeciones comunes del fundamentalismo y por eso citaremos de él sólo lo necesario. El texto completo está publicado en el sitio habitual de conocereislaverdad.org

La teología católica de María es bíblica

Los protestantes en su gran mayoría evitan hablar de María. De entre ellos, los más fundamentalistas se sienten molestos por lo que consideran un craso ejemplo de idolatría católica. Aun antes de ser católico me parecía un poco exagerada la manera en la que el protestantismo busca alejar a sus fieles de María. Esto es comprensible si uno toma un poco de distancia y observa la característica principal del protestantismo que es, básicamente, ser una negación del catolicismo. Fácilmente se comprueba que las fobias protestantes, que son muchas, tienen especial intensidad cuando se habla de la Eucaristía, del Papa y … de María.

Los renombrados historiadores protestantes Mark Knoll y Carolyn Nystrom examinan esta característica del protestantismo en su libro, de reciente publicación ¿Está acabada la Reforma? (Is the Reformation Over? [orig. en inglés] Ed. Baker Chistian Books publ. 2005) Con honestidad digna de encomio se preguntan si vale la pena edificar la fe sobre una negación del catolicismo en vez de una afirmación del cristianismo. Un aspecto de esa negación incluye las doctrinas católicas sobre María que el fundamentalista no toca porque simplemente le parece un tema «demasiado católico.»

En resumen, al fundamentalista acérrimo no le importa formularse una sola idea sobre la mujer en cuyos hombros cayó la responsabilidad de traer la Salvación a la vida. Lo importante para él, es que los católicos dan mucha importancia a María y por lo tanto eso queda vedado para el protestante. A veces me pregunto si no debiera la Iglesia formular una teología del acto de respirar para que estos reaccionarios dejen de hacerlo ipso facto. Son meras fantasías pero la chanza muestra hasta dónde se puede llegar cuando lo único que uno tiene como meta en la vida espiritual es «no ser» algo en vez de positivamente «llegar a ser» algo bueno.

Esa pasividad negativa ha inhibido al protestantismo de producir tan siquiera un místico de nota, con la excepción quizás, de George McDonald -el autor de «Phantastes»-que es lo que más se acerca al misticismo en la Inglaterra protestante del siglo victoriano.

Por reacción, la teología católica de María, produce en el protestantismo su opuesto, la negación de María como ejemplo a ser imitado, como ideal que debe ser venerado, como maravilla humana, histórica y espiritual.

En el comienzo de su artículo, Sapia sale a la carga con un declaración tan ampulosa como inexacta:

«La Iglesia Católica Romana le adjudica a la virgen María prerrogativas y atributos que las Sagradas Escrituras ni mencionan ni respaldan» [1]

Luego pasa a razonar que el comportamiento católico cae dentro de las pautas generales de la idolatría que el apóstol Pablo condena en Romanos 1:25.

Hay que desmentir esta frase inicial. La Iglesia no le «adjudica» nada a María. Simplemente reconoce en ella lo que Dios le ha adjudicado primero. Si Cristo no hubiera hecho debida presentación de su madre en los Evangelios y en la vida de la Iglesia temprana, ni noticias tendríamos de María ¿verdad? Si los atributos son respaldados por la Biblia… eso queda claro, «Ave María llena eres de gracia» no es un invento católico; es una expresión de un arcángel y la conocemos… por la Biblia. «Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre» no es una fantasía romanista, es el Espíritu Santo hablando por boca de la madre de Juan el Bautista y eso, lo sabemos por la Biblia.

María tiene entonces, en los Evangelios, varias prerrogativas y atributos que otros personajes bíblicos no poseen: «llena de gracia», «bendita entre las mujeres» como corresponde a la madre de un Rey que, aparte de ser Mesías y Rey, es Dios.

En Romanos 1:25 Pablo habla de paganos y no de marianos

No es entonces una «mentira» que María sea especial, con prerrogativas, atributos y honores propios de su posición en la historia. Las palabras del apóstol Pablo en Romanos 1:25 no le caben. Pablo habla allí de «latría», o sea, de la adoración que le corresponde solamente a Dios y que los paganos de su tiempo otorgaban a cuanta cosa se les cruzaba. Del griego nos llega la palabra castellana «idolatría» que significa básicamente adorar ídolos, una práctica condenable y condenada tanto en el judaísmo como en el cristianismo.

Cuando el arcángel le dice a María «¡Ave!» no la adora pero si le muestra un respeto mucho mayor que el que María, (pobre, humilde, niña judía) pudiera recibir al cruzarse con alguien conocido en la calle.  El ángel sabe quién es María y por eso le rinde honores como si fuera una emperatriz. ¡Algo inaudito! ¡Un arcángel que mora en la inmediata presencia de Dios saluda a una muchachita de esa manera!

Conocer a María, saber quién es ella, es entonces, bíblicamente, una razón para honrarla. Para el mundo entero María era una desconocida doncella judía en aquel primer siglo; pero no era desconocida para Dios ni para su arcángel. No creo que ni Dios ni el arcángel Gabriel hayan cambiado de opinión desde entonces. Desde los tiempos de aquel saludo sobrenatural, muchos en muchas y diferentes generaciones la llaman «bendita». Pero para eso hay que conocerla a ella primero y hay que conocer al Dios que nos la dió como madre del Mesías y Reina de Israel ¿No es llamativo que en el Israel antiguo la reina fuera, no la esposa del rey, sino su madre?

Contemplemos por un minuto lo que el apóstol Pablo estaba tratando en esta porción de la Epístola a los Romanos ¿Estaría hablando de María? No lo creo. Leamos del v. 18, incluyendo todo hasta el 32, para evitar la capciosa extrapolación de Sapia.

«Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de El, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.» Romanos 1:18-32

Una vez más comprobamos la astucia serpentina del autor argentino que «detiene con injusticia la verdad.» Sin duda Sapia quisiera que creyéramos que las personas que se describen aquí son los devotos marianos católicos, pero fácilmente se comprueba que no es así al leer solo un poco del contexto. Recomiendo leer el capítulo entero.

El apóstol está hablando de los decadentes paganos de su tiempo que, habiendo visto la gloria de Dios en las cosas creadas por El, se negaron a adorarlo y desgraciadamente pusieron la creación al servicio de su concupiscencia. El devoto de María hace exactamente lo contrario al observar cuidadosamente en María las virtudes de una creación excelsa de Dios. Imitando la humildad de María, su disposición al servicio de Dios, la entrega de su vida a la obra de redimir al mundo, aceptando el sufrimiento de ser la madre del «varón de dolores» y no poniendo reparo personal alguno al atroz rechazo de la Sagrada Familia desde el hostal de Belén hasta el mismo Calvario.

¿Es esto tan difícil de entender? ¿Cómo puede alguien que se llama cristiano deshonrar al mismo Cristo por medio de poner a estos paganos en la misma bolsa con los amigos e imitadores de Su madre? ¿Honra a Cristo este razonamiento torcido de los protestantes? -No.

Sin embargo este texto cercenado y fuera de contexto es todo lo que tiene el autor para apoyar su falsedad y lo repite por todo su artículo como un martinete, hasta el final. De esta manera toda su argumentación queda flotando sobre un razonamiento mentiroso e inexacto.

La santería, el ocultismo (autóctono y africano) que abunda en nuestros países hace que ciertos protestantes crean que los que practican esas cosas son católicos también. Viéndolos a ellos actuar así, creen que están contemplando prácticas católicas pero esto no es mas que una mala interpretación de los hechos. La Iglesia no se puede hacer responsable de lo que cualquiera haga con una imagen o con una estampa de un santo. La Iglesia es Madre y Maestra pero no es policía espiritual. Es nuestra obligación como católicos beber de las fuentes de la Iglesia solamente y no causar escándalo a los hermanos separados usando imágenes que representan cosas sagradas en una manera que sea distinta a la enseñanza de la Iglesia. Lamentablemente hay individuos como el señor Sapia que, sin mucho brillo, piensan que lo que hace un católico es todo el catolicismo y para muestra seleccionan siempre el católico menos formado o hasta alguien que no es católico en absoluto.

María es ejemplo máximo de bíblica virtud virginal

Daniel Sapia acusa a la Iglesia de nada menos que impulsar la idolatría:

«Si dichos atributos ni afectan ni son necesarios EN ABSOLUTO para garantizar la eficacia de la Obra Redentora de Cristo, entonces no existe otro motivo al proponerlos que el de querer elevar a la figura de María a una posición de culto, de reverencia, de honor, de veneración, que como criatura de Dios, y según la misma Escritura (Romanos 1:25) nunca debió recibir.» [2]

La Iglesia pretende (nada menos) que «inducir» a sus miembros a la santidad. Para eso no hay mejor ejemplo, entre las criaturas de Dios, que María. Ese es el «fin», no muy oculto, que la Iglesia tiene y se puede citar Romanos 1:25 un millón de veces pero eso no transforma a María en un ídolo ni a sus devotos en paganos decadentes. El mismo apóstol se estremecería de rabia viendo como se tuercen esas buenas palabras.

No es mi intención aquí, escribir un tratado de mariología, eso excedería los límites de este escrito. Lo que sí quiero dejar sentado es que la Iglesia no se propone elevar a María a ningún lugar donde no la haya elevado Cristo mismo con su elección y ese lugar es siempre debajo de la gloria y adoración que sólo corresponde a Dios (latria.)

La virginidad de María es un ejemplo que se imita ya temprano en la Iglesia. Por el relato de la hija de Jefté, sabemos que había quienes entregaban su virginidad a Dios aún en tiempos pre-apostólicos. (Jueces cap. 11)

Ya que estamos citando a Pablo, citémoslo en 1 Corintios 7:23-40. Quizás la pluma venenosa de Sapia encuentre en esto más material para agraviar a María. Mi intención es mostrar el alto aprecio que el mismo apóstol muestra aquí por la virginidad y cómo habiendo presentado su argumento a los fieles remata el punto adjudicando la idea al Espíritu Santo. ¿A qué nos está «induciendo» el apóstol Pablo?

«Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres. Cada uno, hermanos, en el estado en que fue llamado, así permanezca para con Dios. En cuanto a las vírgenes no tengo mandamiento del Señor; mas doy mi parecer, como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel. Tengo, pues, esto por bueno a causa de la necesidad que apremia; que hará bien el hombre en quedarse como está. ¿Estás ligado a mujer? No procures soltarte. ¿Estás libre de mujer? No procures casarte. Mas también si te casas, no pecas; y si la doncella se casa, no peca; pero los tales tendrán aflicción de la carne, y yo os la quisiera evitar. Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa. Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja. El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor; pero el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer. Hay asimismo diferencia entre la casada y la virgen. La virgen tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo como en espíritu; pero la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido. Esto lo digo para vuestro provecho; no para tenderos lazo, sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os acerquéis al Señor. Pero si alguno piensa que es impropio para su hija virgen que pase ya de edad, y es necesario que así sea, haga lo que quiera, no peca; que se case. Pero el que está firme en su corazón, sin tener necesidad, sino que es dueño de su propia voluntad, y ha resuelto en su corazón guardar a su hija virgen, bien hace. De manera que el que la da en casamiento hace bien, y el que no la da en casamiento hace mejor. La mujer casada está ligada por la ley mientras su marido vive; pero si su marido muriere, libre es para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor. Pero a mi juicio, más dichosa será si se quedare así; y pienso que también yo tengo el Espíritu de Dios.»

Dulía, Hyperdulía y Latria

Sapia gusta de citar siempre a un imaginario fiel católico para poner en su boca algún argumento débil y fácil de ser refutado con las exiguas armas de ataque protestante. Debe haber cientos de libros católicos sobre María, como Las Glorias de María de San Alfonso Liguori, [3] por dar solo un ejemplo. Pero de eso Sapia no cita nada, tan sólo imagina a un católico que le responde lo que él espera; el argumento cero. Aún así me parece que el imaginario «fiel católico» está más claro y en sus cabales que el autor de este dificultoso panfleto. Cualquier fiel católico por simple que sea, sabe que María no es superior a Dios en merecer nuestra veneración. Nadie considera a María como una diosa igual al Todopoderoso y si hubiera alguien que en su ignorancia lo creyera, en su ignorancia estaría igualmente dispensado de tamaño error.

Es mejor que declaremos lo que creemos que es «adoración» en el catolicismo, a saber: que así como hay diferentes palabras en el griego para indicar las diferentes clases de amor, también las hay para indicar los diferentes grados de respeto sagrado, desde la simple veneración, «dulia» (que sobrevive en el castellano en la palabra «adular») o la veneración especial, «hiperdulía» reservada a un número menor de personas y finalmente «latría» la clase de adoración que sólo podemos dar a Dios. Dice el Compendio Moral Salmaticense:

«Los nombres de Dios, y de Jesús han de ser adorados con adoración de latría, por serlo de Personas divinas, a quienes se tributa la misma adoración. Lo mismo decimos de los nombres de María, de los ángeles y Santos respecto de la adoración de hiperdulía o dulía, por la misma razón de representación o imagen de sus ejemplares» (Trat. X «Del Primer Concepto del Decálogo», Cap. II «Capítulo segundo. De la adoración de Dios, y de sus Santos»)

Nótense que la palabra «adoración» no implica automáticamente la adoración máxima («latría») del mismo modo que la palabra «amor» no implica automáticamente caridad («agape») sino que puede ser otra clase de amor (eros, filia o storgé.) Implícito en el razonamiento sapiano está la idea fundamentalista de que la Iglesia Católica desea inducir a sus fieles a la idolatría y al error.

Mi pregunta de siempre vale de nuevo aquí: si la Iglesia es tan maligna ¿por qué es necesario atacarla con citas parciales y torcidas de las Escrituras mientras se miente al lector distorsionando y manipulando los hechos? ¿Qué se trae entre manos este aprendiz de exegeta bonaerense? ¿A qué nos quiere inducir?

La pasión popular por María

Le molesta a Sapia la pasión por la Virgen en diversos lugares de su país:

«Simultáneamente (o no), otros responderán negativamente porque entenderán que «adorar otros dioses» en nada aplica al inofensivo amor reverente por la Santísima Virgen, imaginándose que quienes «adoren otros dioses» pues, se postran sobre sus rodillas y con los brazos estirados y las palmas hacia el piso hacen rítmicos movimientos ascendentes y descendentes, al mejor estilo dios brujo africano… […] etc.» [4]

¡Pero, ay! El adorar a otros dioses puede tomar las formas más inocentes o placenteras, como la egolatría, que -tengo la idea, no sé por qué-no le es desconocida al señor Sapia. En la Biblia hay ejemplos de gente santa que ha bailado de gozo haciendo el ridículo si se quiere. Quien haya estado como yo presente en ciertos cultos pentecostales no habrá dejado de notar que la gente a veces hace cosas que pudieran parecer un poco cómicas o exageradas ¿Hay algo de malo en eso? Vea esto que le pasó a David el Rey en 2 Samuel 6:14-20:

«David danzaba y giraba con todas sus fuerzas ante Yahveh, ceñido de un efod de lino. David y toda la casa de Israel hacían subir el arca de Yahveh entre clamores y resonar de cuernos. Cuando el arca de Yahveh entró en la Ciudad de David, Mikal, hija de Saúl, que estaba mirando por la ventana, vio al rey David saltando y girando ante Yahveh y le despreció en su corazón. Metieron el arca de Yahveh y la colocaron en su sitio, en medio de la tienda que David había hecho levantar para ella y David ofreció holocaustos y sacrificios de comunión en presencia de Yahveh. Cuando David hubo acabado de ofrecer los holocaustos y sacrificios de comunión, bendijo al pueblo en nombre de Yahveh Sebaot y repartió a todo el pueblo, a toda la muchedumbre de Israel, hombres y mujeres, una torta de pan, un pastel de dátiles y un pan de pasas a cada uno de ellos, y se fue todo el pueblo cada uno a su casa. Cuando se volvía David para bendecir su casa, Mikal, hija de Saúl, le salió al encuentro y le dijo: «¡Cómo se ha cubierto hoy de gloria el rey de Israel, descubriéndose hoy ante las criadas de sus servidores como se descubriría un cualquiera!» Respondió David a Mikal: «En presencia de Yahveh danzo yo. Vive Yahveh, el que me ha preferido a tu padre y a toda tu casa para constituirme caudillo de Israel, el pueblo de Yahveh, que yo danzaré ante Yahveh, y me haré más vil todavía; seré vil a tus ojos pero seré honrado ante las criadas de que hablas. Y Mikal, hija de Saúl, no tuvo ya hijos hasta el día de su muerte.»

No se debe mirar en menos a los simples devotos que en sus pocas luces dan gloria a la Virgen Santísima con lo que pueden, con besos, con flores y con posturas tan ridículas como las que David tuvo a ojos de Mical. Nuestra María es el Arca del Pacto Verdadero.

Si David se alegró tanto por algo que era nada más que una caja sagrada de madera preciosa… ¡Cuánto más se alegrará un fiel cristiano al contemplar a la verdadera Arca del Pacto! Porque en ella no estuvo solamente el maná sino el verdadero Pan del Cielo. En ella no estuvo solamente el báculo de Aarón, sino el Buen Pastor. En ella no estuvieron las tablas de la Ley en las que el Dedo de Dios había escrito los mandamientos, sino la misma Ley Encarnada, el Verbo Divino.

Así que, a sacudirse hermanos y tirarle flores, besos y piropos a nuestra Arca del Pacto Eterno: ¡María que llevó en su seno a Jesucristo nuestra salvación eterna! ¡Dios te salve Reina, Madre y Dulzura Eterna! ¡Eres toda nuestra y somos todos tuyos aunque los amargados no te quieran! (Ver especialmente Apocalipsis 11:19 -12:2 y recuerde el lector que los capítulos y versículos NO estaban en el original continuo que escribió el apóstol Juan.)

En Hechos 1:14 la Iglesia reunida alrededor de María desata el poder de su Esposo, el Espíritu Santo, para que se desborde sobre ellos sus maravillas. Es promesa de Jesucristo, es promesa de Dios y Dios cumple sus promesas. (Hechos 2: 1-12)

Sapia habla ex-cátedra: ¡es idolatría y no hay tu tía!

Lo confieso; nunca hubiera soñado que iba a encontrarme semejante perla:

«Sin embargo, no tienen que darse estas (a veces extremas) expresiones EXTERNAS para definir al culto a la Santísima Virgen como contrario a la Voluntad de Dios. Porque existe idolatría desde el mismo momento en que se deposita la fe y esperanza de anhelos espirituales sobrenaturales en algo o alguien diferente a Dios mismo.» (En negrillas en el original.) [5]

Esto es cómico. No lo niegue nadie, es francamente para morirse de risa. El hombre que fulmina denuestos contra la infalibilidad papal y que cree que la Iglesia no tiene derecho a enseñarle nada a él ni a nadie.. se planta y nos espeta una definición de idolatría de la que ni los apóstoles se salvan, como veremos en un minuto.

¡Sapia ha hablado y el caso está cerrado! Daniel Sapia vive en una nube gaseosa de la que respira profundo antes de quemar estos olorosos sahumerios… Es una joya del disparate: «existe idolatría desde el mismo momento en que se deposita la fe y esperanza de anhelos espirituales sobrenaturales en algo o alguien diferente a Dios mismo» ¡¿Qué?!

Por esta definición el hombre de Hechos cap. 3 sería un idólatra ya que este hombre esperaba de Pedro y Juan una dádiva nimia, pero al recibir algo obviamente sobrenatural de estas dos criaturas -que no son Dios- entendió perfectamente que Dios había obrado a través de ellos. Para rematar el punto se pone a bailar y danzar entrando al templo dando aleluyas y gracias a Dios. ¡Claro hombre! no se había enterado que veinte siglos más tarde un protestante argentino prohibiría esas expresiones de alegría:

«Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo. Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios.» (Hechos 3:1-9)

Ahora pregunto si Pedro y Juan, hoy en el cielo, se compadecerán de alguien que les pida algo. Estaban vivos entonces y están más vivos ahora ya que Cristo ha hecho cierta en ellos la promesa de vida abundante. Vea Santiago 5:14 en el siguiente párrafo.

«¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho. Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto. Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados.»

Aquí hay unos orando por otros, pidiendo directamente «acciones sobrenaturales» por intermedio de otras personas ¿Está Santiago indicando que adoremos (latria) a los ancianos de la Iglesia? Lo dudo.

Entonces, la definición de idolatría de Sapia vuela tan rauda como un zeppelín de plomo. Y no importa que siga golpeando con Romanos 1:25, que ya de entrada vimos que no tiene nada que ver con María, ni con la veneración, ni con la intercesión, que es -por definición de Santiago en la Biblia-una función natural de la Iglesia en la tierra ¡Cuánto más lo será en el cielo!

Para hablar ex-cátedra y dar definiciones terminantes sin tener autoridad, primero hay que sacarse los cascos de la boca.

Virgen perpetua

Le toca el turno ahora a la virginidad perpetua:

«La Iglesia Católica enseña y defiende la Virginidad Perpetua de María (CIC Nº499 y 510). La Biblia ni la menciona, e inclusive la contradice (Mt 1:25, 12:46; Mr 3:31; Lc 8:19; etc.). No con poca dificultad y con manifiestos malabarismos bíblicos suponen que justifican dicho dogma. ¿Con que fin? ¿Es importante para la Obra Redentora de Cristo? Por supuesto que no. Entonces, es evidente que los intereses de la Jerarquía católica son otros.» [6]

Los «malabarismos bíblicos» no corren aquí, ya lo hemos visto. Citamos ancho y amplio y no necesitamos dar un pasito aquí y otro más allá, citando pedacitos de la Escritura, esperando que el pueblo no lea el resto y rematando, para terminar, con definiciones humanas que son desconocidas fuera de la afiebrada cabeza que las produjo.

Ya vimos antes que la virginidad perpetua (de por vida) como sacrificio a Dios no era extraña a las prácticas religiosas hebreas (Jueces 6) Hay numerosas referencias durante los siglos tempranos del cristianismo a las «vírgenes» Lo que hoy llamaríamos religiosas o monjas. (1 Cor 7:23-40.)

Ya vimos como el apóstol Pablo exhortó a las mujeres de su tiempo a permanecer vírgenes como una forma de rendir culto especial a Dios, dedicándose por entero al servicio. Uno no puede menos que pensar que la madre del Mesías fuera el ejemplo perfecto de lo que es ser una mujer de Dios de la misma manera que el Mesías es el ejemplo perfecto de los que es ser un hombre de Dios.

Pero ahora nos toca desasnar a Daniel Sapia y a sus amigos bautistas de la profunda ignorancia bíblica que tienen sobre este tema. Como siempre aparecen los mismos textos gastados ya, de tanto rebotar.

Y no la conoció…

{Sapia cita Mateo 1:25, 12:46;] [7]

«Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros.» Despertado José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer. Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús.»

Ciertos protestantes creen que la frase «no la conocía hasta» prueba que José tuvo relaciones sexuales con María después del nacimiento de Jesús. Una sola palabra «hasta» les basta para interpretar veinte siglos más tarde, en contra de lo que los cristianos primitivos creyeron sin dudar: que María fue siempre virgen. El sin-sentido sale a la luz cuando se compara esta expresión con otros textos bíblicos similares. Uno de ellos citado antes en este mismo escrito:

«Y Mikal, hija de Saúl, no tuvo ya hijos hasta el día de su muerte.» (2 Samuel 6:20)

¿Concluiría usted que Mical tuvo hijos después del dia de su muerte? Porque eso es lo que concluye Sapia al interpretar Mateo 1:25 que usa la palabra «hasta» de la misma manera. Luego tenemos la expresión de Dios al Mesías:

«Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.»(Salmo 110)

¿Significa esto que cuando los enemigos sean puestos bajo los pies del Mesías ya no se podrá sentar a la diestra de Dios?

El lector puede encontrar muchos y variados ejemplos de este giro verbal muy común en la Biblia. Esto no prueba por implicación que José y María tuvieran relaciones pasado el nacimiento de Jesús por el simple uso de la palabra «hasta.»

Nótese la biblicidad del respeto de José por la persona confiada a su cuidado. Seguramente José conocía lo dicho por el profeta en Ezequiel 44: 1-3:

«Esta entrada quedará cerrada; no deberá abrirse. Nadie podrá entrar por ella, porque por ella ha entrado el Señor, el Dios de Israel. Así pues, quedará cerrada. Sólo podrá entrar el Gobernante, para sentarse a comer la comida sagrada en presencia del Señor. Deberá entrar por el vestíbulo de la puerta y salir por el mismo sitio…»

Póngase en el lugar de José y piense si hombre alguno se atrevería a demandar relaciones sexuales de una persona que no solamente ha dedicado su virginidad a Dios sino que también ha tenido un hijo de origen divino. El castísimo y obedientísimo José no parece, por lo poco que sabemos de él, la clase de hombre que puede desafiar a Dios para saciar sus apetitos ¿verdad?

Ahora nos ocupamos de Mateo 12:46-50…

Primogénito, hermanos y hermanas…

«Todavía estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con él. Alguien le dijo: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.» Pero él respondió al que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»

Es necesario detenerse un poco en esto porque el argumento protestante es un caso de ignorancia total.

La palabra que se usa para «hermano» en el arameo (y similarmente en el hebreo así como en otras lenguas semíticas) del tiempo de Jesús es una palabra de uso múltiple y puede ser usada para cualquier familiar, por ejemplo un primo; o simplemente para alguien no relacionado por lazos de familia pero que vive con uno bajo el mismo techo. Y ahora precisamente porque Jesús era hijo único sus primos y primos segundos adquieren el rango de hermanos «directos» según la Ley de Moisés. Véase el libro de Ruth en el que un pariente cercano debe levantar descendencia para los hijos de Noemí por medio de casarse con Ruth aunque la Ley dice específicamente que un hermano debe hacerlo.

En hebreo no hay palabras diferentes para hermano, primo, primo segundo, concriado, etc. Para todos los miembros viviendo bajo un mismo techo se emplea la palabra ‘ah. Ejemplos bíblicos sobran: Abraham llama «hermano» a su sobrino Lot. Jacob dice que es hermano de Labán, su tío. También lo hacen los hijos de Quis en 1 Crónicas cap. 23. Llaman «hermanos» a los primos de las «hijas de Eleazar» que son sus propias esposas. Ver el Cantar de los Cantares donde se usa el término hermano y hermana entre dos obvios amantes y hasta la novia exclama luego «¡ay! si tan sólo fueras mi hermano» Lo cual es una gruesa contradicción textual. Si se toma la palabra ‘ah (hermano) literalmente… ¡la trama del Cantar de los Cantares no tiene ningún sentido!

En la traducción Septuaginta del siglo II a.C. producida por los sabios hebreos de Alejandría para la diáspora judía de habla griega, hallamos la voz anepsiós -que significa primo o pariente-sólo dos veces, en Números 36:11 y Tobías 7:2; en vez de adelfos, que realmente equivale al castellano «hermano.» El griego del Nuevo Testamento se ciñe a la Septuaginta por ser naturalmente la versión más difundida. Lucas, quien muy posiblemente obtuvo de la misma María mucha de la información para su Evangelio, (Lucas 2:19) no era hebreo sino griego convertido y es uno de los escritores mas claros del Nuevo Testamento.

Finalmente tenemos en nuestro propio idioma y en muchos idiomas modernos también, la doble y triple acepción de la palabra hermano. José Hernández el autor del clásico argentino «Martín Fierro» escribe: «Los hermanos sean unidos, pues esa es la ley primera…» y la cita se usa frecuentemente para llamar a la unidad nacional y no meramente a la unidad de familia entre hermanos varones solamente. Asi como nosotros entendemos la palabra hermano de acuerdo a su contexto, también lo hacían los personajes de la Biblia.

Eran cinco hermanos y ella era una santa

En Mateo 13:55-56 y Marcos 6:3 se nombran a cuatro hermanos de Jesús Santiago, Joset, Simón y Judas. Pero luego Santiago y Joset, en Marcos 15:40 y Mateo 27:56, son los hijos de otra María, la mujer o «hermana» de Cleopas. Existe una referencia a Simón, del escritor Eusebio (Historia Eclesiástica, 4, 22, 4) donde se cita a Hegesipo afirmando que sucedió a Santiago como obispo de Jerusalén porque era también un primo de Jesús.

Adicionalmente a Jesús se le designa como el hijo de María, con el artículo determinado en Marcos 6:3 (J. Lagrange, «El Evangelio Según San Marcos», [ed. en francés] París, 1983) En Juan 19:25 se nos habla de que María tenía una hermana, que podemos suponer casi con certeza, era la mujer de Cleopas, su cuñada, que acompaña a ella y a María Magdalena al Calvario. Los hijos de María la esposa de Cleopas -Santiago y Joset-sólo podían ser llamados hermanos de Jesús, según el uso del arameo, asumido por la traducción Septuaginta y luego por el Evangelio.

Muchos argumentan que en Lucas 2:7 se llama a Jesús prototókos, es decir primogénito. Sin embargo la Biblia designa así al primer hijo de una mujer no obstante la existencia o no de hijos posteriores.

Mateo y Lucas que dan los mayores detalles de la vida temprana de Jesús nunca mencionan la presencia de más hijos en el hogar de José y María. Para mayor claridad, en el relato de Jesús hallado por sus padres en el templo no se hace mención de ningún otro hijo, lo cual sería inconsistente con la seriedad de la situación allí representada.

Contra todo lo anteriormente expuesto, aún si Santiago, Joset, Simón y Judas fueran hijos de María la madre de Jesús; se nos presenta la siguiente inconsistencia: es obvio que José y María no tienen otros hijos cuando Jesús se queda en el templo, a los doce años. Eso nos deja a María con unos veintisiete años de edad como mínimo, Debe entonces tener cuatro hijos en rápida sucesión Santiago, Joset, Simón y Judas y estos deben llegar a ser adultos para el tiempo en que Jesús inicia su ministerio alrededor de sus treinta años, eso es unos diecisiete años más tarde. Doce años sin tener un hijo y de golpe, ¡cuatro! y eso con un marido que desaparece justo para cuando Jesús comienza su ministerio. Además deberíamos agregar al menos dos niñas porque también se habla de hermanas…

Es una imposibilidad divorciada de la Biblia y del sentido común que las Escrituras no apoyan para nada. Luego estos cuatro hijos están tan ocupados que no se pueden ocupar de su mamá; y Jesús, desde la Cruz, debe entregar a María al cuidado de Juan ¿Cómo puede ser eso?

De hecho todos los autores que han estudiado a fondo la cuestión de los hermanos de Jesús (entre ellos el anglicano, J. B. Lightfoot, «Epístola de San Pablo a los Gálatas», [ed. en inglés] Londres, 1887, p. 252-290; Joseph Blinzer, «Hermanos y Hermanas de Jesús», [ed. en alemán] Stuttgart, 1967; John McHugh, «La Madre de Jesús en el Nuevo Testamento», [ed. en francés] Cerf, París, 1977) han concluido siempre que los hermanos de Jesús nombrados en el Evangelio no son hijos de María, sino de otra mujer.

Cómo tener un bebé sin romper el voto de virginidad

Si todo esto no bastara, bastaría la pregunta de María al Arcángel Gabriel. Esta inocente pregunta está cargada de significado.

Cuando el ángel le revela a María que va a tener un hijo y que será la madre del Mesías… María le pregunta inocentemente «¿Como puede suceder esto si no conozco varón?» El «conozco» es por supuesto una expresión que a veces se traduce «si no tengo relaciones con varón alguno» ¿Cómo podía preguntar así María cuando estaba comprometida con José? Lo más normal hubiera sido que pensara «Tendré un hijo cuando me case con José, al cabo de un tiempo» Pero entonces la pregunta no tendría sentido.

La única manera en que esa pregunta puede tener sentido es que María ya había dedicado su virginidad a Dios y como muchas tradiciones orientales afirman, José iba a desposarla para que tuviera una medida de protección tal como Mordecai iba a desposar a la virgen Ester para salvarla de caer, por mera necesidad, en manos de alguien impío.

La expresión de Sapia sobre la virginidad perpetua «la Biblia ni la menciona, e inclusive la contradice» es otro de los gloriosos disparates a los que ya nos tiene acostumbrados pero que no sorprende a nadie cuando se considera que a lo largo y a lo ancho del protestantismo y especialmente en la rama bautista donde milita el argentino, la exégesis y el estudio brillan por su ausencia. Si «meten la pata»… le mandan la cuenta al Espíritu Santo que los está «inspirando» a todos a medida que «libremente interpretan» ese libro que se robaron entero, cercenaron a gusto y ahora pretenden usar en contra de María, como si fuera posible pescar a Dios distraído y tirarle abajo la Iglesia con ignorancia y mentiras.

Gracias señor Sapia por escribir con tanta liberalidad y mostrar los componentes mayores de su «evangelio»: la ignorancia y el engaño que, esperemos, no sean «perpetuos» en su caso.

La Inmaculada Concepción

Este plato preferido de las críticas protestantes sigue siendo un gran favorito:

«La Iglesia Católica enseña y defiende la Inmaculada Concepción de María (Catecismo de la Iglesia Católica §490, definida por S.S. Pío IX en 1854). La Biblia ni la menciona e inclusive la contradice (Lucas 1:46-47; Ro 3:23; 3:9-10; 5:12)» [8]

Hay que perdonar esta demostración de pedantería de Sapia tratando de derrotar el dogma de la Inmaculada Concepción. Habiendo ya probado la ignorancia sublime que él tiene de la Palabra de Dios, ahora nos vemos tristemente obligados a inculcarle los mínimos elementos de raciocinio.

El razonamiento del Catecismo está apoyado en la Biblia y en conclusiones de muchos y muy sabios estudiosos y santos que nos precedieron. No en vano decimos hoy que los católicos estamos parados sobre los hombros de gigantes.

Sapia solo, sin ayuda, sigue el texto del Catecismo, pero no lo cree justo, lo cree manipulado. «No es sorpresa que el ladrón juzgue a todos como de su condición» dice el viejo proverbio español. Cito a Sapia:

«Y digo ‘pícaro’ porque en dicho párrafo la Iglesia católica deja deslizar, en medio de las referencias bíblicas, un casi imperceptible «…más que a ninguna otra persona creada..», concepto totalmente ajeno a las palabras del apóstol Pablo» [9]

Sapia nos quiere convencer que María no es especial y no fue elegida desde el principio del mundo para vivir el papel de Madre del Verbo Encarnado. Es que Dios no dice «exactamente eso en la Biblia» ¿O será que sí lo dice y así lo entendemos los que leemos la Bibila de buena fe?

Supongamos por un momento que el Día del Juicio ha pasado y hemos sido hallados santos y dignos de vivir para siempre en unión con Cristo (¡Dios lo permita!)

Ahí en las alturas del Monte Sión celestial la innumerable multitud que nadie puede contar está dando gloria a Dios con canciones y jubilosas expresiones de amor y gloria a Dios. Procede, entonces, la pregunta:

¿Cuántas de esas personas tuvieron a Dios encarnado durante nueve meses en su seno materno? -Solo puede haber una.

Y ahora procede preguntar:

¿Cuándo eligió Dios a esa persona para ser la madre de Su Realidad Encarnada?

No hay día, mes y año porque Dios está fuera del tiempo… En un sentido general María está incluida en la Iglesia pero nadie en la Iglesia, ni por lejos, tiene una experiencia de encuentro con Dios como el encuentro que tendrá María ¿Es que hay que pensar demasiado para darse cuenta?

Entonces, esa única persona que pudo llevar a Dios en su seno, ésa que fue prefigurada por el Arca del Pacto miles de años antes de nacer… ésa de la cual el profeta Isaías dijo «la doncella concebirá un hijo y le pondremos por nombre Emmanu-el, Dios con nosotros» … ésa que tantas mujeres de la Biblia prefiguraron en su propia vida: Sara, Rebeca, Raquel, Ester… ésa mujer ha sido elegida desde las profundidades de la eternidad donde mora Dios… Si eso no es ser especial, entonces ¿qué es?

Conclusión: Maria es especial, número uno entre las criaturas de Dios, excelsa, primera estrella de la mañana de la salvación. A otra cosa.

¿Manipulación de qué?

A esta altura el autor del artículo que examinamos expresa esto:

«¿Cuántos honestos lectores del Catecismo católico cotejarán el referido versículo (Efesios 1:3-4) en sus Biblias? ¿y cuántos de los que lo leen buscarán el verdadero sentido de las palabras del apóstol en lugar de conformarse con una rápida «justificación» a lo que el Magisterio pretende referir? Esto es, lisa y llanamente, manipulación del texto bíblico. Invito a quien considere que esto no es así a que me envíe su comentario, el cual será expuesto en esta misma reflexión (invitación vigente desde el 27/06/2002)» (negrillas nuestras) [10]

Lea Efesios cap. 1 (justamente lo que Sapia quiere que leamos para «refutar» que María sea especial:

«Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús. Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo; por cuanto nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado. En él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia que ha prodigado sobre nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el Misterio de su voluntad según el benévolo designio que en él se propuso de antemano, para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra. A él, por quien entramos en herencia, elegidos de antemano según el previo designio del que realiza todo conforme a la decisión de su voluntad, para ser nosotros alabanza de su gloria, los que ya antes esperábamos en Cristo. En él también vosotros, tras haber oído la Palabra de la verdad, el Evangelio de vuestra salvación, y creído también en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la Promesa… que es su Cuerpo, la Plenitud del que lo llena todo en todo.»

El Magisterio o Sapia, elija usted: el prístino razonamiento que hemos enunciado sobre la singularidad de María o el análisis sapiano que nos pide que pensemos como él por decreto, como si tuviera el mas mínimo derecho a forzar al mundo entero a interpretar las cartas apostólicas como a él le parece. No creo que haya muchos católicos que se sientan «iluminados» por Sapia luego de leer esto y pensarlo, solitos, por un minuto o dos.

Conviene revisar el tercer capítulo de la Carta a los Efesios para entender por medio de quién aprendemos las doctrinas recibidas por los apóstoles:

«Por lo cual yo, Pablo, el prisionero de Cristo por vosotros los gentiles… si es que conocéis la misión de la gracia que Dios me concedió en orden a vosotros: cómo me fue comunicado por una revelación el conocimiento del Misterio, tal como brevemente acabo de exponeros. Según esto, leyéndolo podéis entender mi conocimiento del Misterio de Cristo; Misterio que en generaciones pasadas no fue dado a conocer a los hombres, como ha sido ahora revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles sois coherederos, miembros del mismo Cuerpo y partícipes de la misma Promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio, del cual he llegado a ser ministro, conforme al don de la gracia de Dios a mí concedida por la fuerza de su poder. A mí, el menor de todos los santos, me fue concedida esta gracia: la de anunciar a los gentiles la inescrutable riqueza de Cristo, y esclarecer cómo se ha dispensado el Misterio escondido desde siglos en Dios, Creador de todas las cosas, para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora manifestada a los Principados y a las Potestades en los cielos, mediante la Iglesia, conforme al previo designio eterno que realizó en Cristo Jesús, Señor nuestro, quien, mediante la fe en él, nos da valor para llegarnos confiadamente a Dios.» (Efesios 3:1-12 NBJ)

Mediante la Iglesia hemos aprendido, no por libre interpretación ni porque nos lo contó un autodenominado pastor. Todos los salvados estarán salvados en el dia eterno, sus nombres están escritos en el libro desde el principio del mundo… todos tienen a Cristo por Rey pero solo una de entre esa grande e innumerable muchedumbre lo tuvo como hijo en la carne, lo amamantó, lo vio crecer y jugar como niño y lo acompañó con corazón de madre desde el pesebre de Belén a la Cruz del Gólgota. No hacen falta muchas luces para iluminarse de eso, apenas saber contar hasta uno.

Salvador se necesita

Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor; Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador (Lucas 1:46-47)

La implicación protestante al usar este verso es que si María llama a Dios «mi Salvador» es porque ella está consciente de ser pecadora.

Los protestantes confunden esta gracia especial de Dios con el modo en que fue concebido Cristo, por medio del Espíritu Santo.

La Iglesia no piensa lo que los protestantes «piensan que ella piensa», sino que declara que María, efectivamente, necesitaba de la salvación que vino solamente por Cristo. En un adelanto de su obra salvífica, Dios impidió por medio de un acto soberano que María fuera manchada (lat. maculata) con los efectos del pecado original. Esta mínima intervención de Dios es necesaria y sabia pues prepara a María para ser un digno medio de entrada al mundo para Dios Encarnado.

De la misma manera que se cubre un objeto sagrado para impedir que se ensucie, así previno Dios a María de la mancha del pecado en un hermoso adelanto de su obra de salvación. Sin embargo María debió esperar el sacrificio del Calvario para librarse de la deuda pecaminosa en la que Adán incurrió por toda la raza. Tratamos Romanos 3:23 en el siguiente epígrafe.

Una mujer y un linaje

Siguen las insinuaciones de una vasta conspiración católica:

«La Iglesia Católica enseña y defiende la Inmaculada Concepción de María (CIC §490, definida por SS. Pío IX en 1854) ¿Con que fin? ¿Es importante para la Obra Redentora de Cristo? Por supuesto que no. Entonces, es evidente que los intereses de la Jerarquía católica son otros.» [11]

¿Por qué ese «por supuesto que no» señor Sapia? Cuando un hombre está buscando esposa no va por los hospitales en busca de alguna pobre mujer gastada por la enfermedad o vencida por el vicio. Todo lo contrario, busca una mujer bonita, inteligente, capaz y si la encuentra, da gracias a Dios por la inmensa fortuna de poder iniciar una familia con una mujer que le agrada y que ha sabido despertar su amor.

La vida, sin embargo, es inexorable y esa hermosa carita se arrugará. Ese hermoso carácter conocerá el cansancio y la irritabilidad de los malos momentos. Esa inteligencia se apagará con la senectud. Pero ¡ay! ¡Si uno pudiera preservar el objeto de su propio amor de todos los vendavales y destrucciones de la vida!

Dios, en su misteriosa sabiduría eligió hacerse hombre, nacer de una mujer, vivir la experiencia completa de la humanidad desde la misma cuna

¿Existe una sola razón por la cual Dios no va a hacer a esa mujer tan perfecta como buena? Esa gracia singular es posible porque Dios es soberano y todopoderoso. Desde la eternidad supo quién iba a ser esa bienaventurada mujer llamada a ser su hija su esposa y su madre ¿Por ventura es posible que Adán con su imprudencia y el mismo Satanás con su encono pudieran ensuciar a esa criatura?

El argumento protestante es que Pablo dijo que «todos han pecado» y eso incluye a María. Y si fuera cierto que María está incluida en ese grupo entonces Dios, que tan delicadas y precisas instrucciones dio para que la limpieza ceremonial de los sacerdotes levitas fuera perfecta; el Dios celoso que obligó a Moisés a sacarse las sandalias para no pisar suelo santo con algo inmundo… ese Dios que purificó los labios de sus profetas con las brasas del fuego celestial… ¿Ese Mismo Dios moró entonces dentro de una pecadora manchada por los frutos de desobediencia sembrados por Satanás? Eso es imposible porque si nosotros limpiamos la casa antes de mudarnos a vivir en ella ¿cuánto más Dios dejará inmaculada y bella su morada terrenal de nueve meses?

Con frecuencia los protestantes citan Romanos 3:23 «por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios» En ese «todos» es obvio que no se incluye a Jesucristo. El apóstol no tiene que explicar y decir «todos, menos Jesús» ¿verdad?

Cuando Jesús dice «de los nacidos de mujer, de cierto os digo que nadie hay mas grande que Juan el Bautista» no dice «menos yo, claro…» No concluimos por esa frase que Juan el Bautista está por encima de Jesús. Es que la Biblia no está escrita con tanto detalle como el protestante desea, a veces, contiene generalidades que el simple sentido común puede allanar sin problemas. Si enfocamos toda la Biblia con esa clase de literalismo protestante nos metemos en una selva de dificultades.

El asunto de la Asunción

A medida que el lector avanza en la lectura del dislate sapiano puede comprobar la forma desordenada y reaccionaria del panfleto. Al llegar al tema de la Asunción de María nos propone algunos obstáculos. Es obvio que no ha pensado mucho en ellos porque los podemos usar fácilmente para probar exactamente lo contrario de lo que Sapia expresa. Nuevamente insiste sobre los «fines» de la Iglesia. Nunca aclara lo que él cree que son esos fines. Supongo que no se ha dado cuenta que el fin de la Iglesia es ir y hacer discípulos de todas las naciones bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Pero regresemos al tema… Las objeciones de Sapia a la doctrina de la asunción las podemos resumir como sigue (cada encabezado está relacionado con una objeción de Sapia.)

– ¿Habla el apóstol Juan de la asunción de María a los cielos?

– ¿Deben reportar los escritores de la Biblia sobre todo lo que viven?

– ¿Cómo es que María llegó a ser nuestra madre?

– ¿Por qué es obligación para todos los cristianos dar gloria a Dios por María?

-¿Habla el apóstol Juan de la asunción de María a los cielos?

Primeramente un poco de tipología cristiana. Para entender que el apóstol Juan sí ha hablado de María asunta a los cielos es necesario conocer la tipología básica que manejaban los cristianos primitivos. Hay harto material para citar en esto pero para no ser tan extenso hago un resumen tabular. Estos paralelos provienen de la misma Iglesia primitiva que los encontró.

Lo curioso de todo esto es que tanto católicos de a pie como protestantes están completamente faltos de información sobre lo que los primeros cristianos pensaban sobre María. En artículos distintos de su página, Daniel Sapia descalifica los escritos e interpretaciones de los patrísticos por no considerarlos confiables. Sin ser escritos inspirados, los escritos patrísticos nos dan un testimonio bien claro de lo que pensaban los cristianos de los primeros siglos.

En estos escritos, algunos de los cuales ya hemos citado, la Iglesia del amanecer del cristianismo revela una forma de entender la Biblia judaica a la luz de los acontecimientos que la Iglesia ha presenciado: el advenimiento de Jesús, su muerte y su resurrección, su prometido retorno en gloria, etc. En lo que toca a María no faltan apologetas y maestros que indiquen los paralelos entre la madre del Mesías y ciertos pasajes puntuales del Viejo Testamento.

Negar que los escritores patrísticos estuvieran en lo cierto pone al protestantismo en un aprieto pues el anti-marianismo protestante no encuentra jamás cabida entre los iniciadores de la Reforma. Ni Lutero, ni Calvino, ni Wesley o Zwinglio fallaron en adherirse a la doctrina mariana clásica ¿Por qué debiera entonces alguien separado de los padres de la Reforma por cinco siglos y de los Padres de la Iglesia por casi veinte siglos, tener razón en rechazar las doctrinas de María? ¿Han estado todos los cristianos equivocados con respecto a María por tan largo tiempo? ¿Es necesario que algún iluminado reciente nos venga a aclarar las cosas?

Observe el lector las semejanzas listadas en la siguiente tabla:

María, el Arca del Pacto revelada en la visita a Santa Isabel

 

Arca del Pacto Antiguo María, Arca del Nuevo Pacto
Viajó a la casa de Obed-Edom en las colinas de Judea -2 Samuel 6:1-11 Viajó a la casa de Zacarías e Isabel en las colinas de Judea Lucas 1:39
Vestido como un sacerdote David danzó y cantó al recibir el Arca -2 Samuel 6:14 Juan el Bautista, de descendencia levita sacerdotal saltó en el vientre de su madre al acercarse María -Lucas 1:41
David preguntó «¿Quién soy yo para que el Arca de mi Señor venga a mí? -2 Samuel 6:9 Isabel exclama: «¿Quién soy yo para que la Madre de mi Señor venga a mí» -Lucas 1:43
David gritó de gozo en presencia del Arca -2 Sam 6:15 Isabel gritó de gozo en presencia de María -Lucas 1:42
El Arca se quedó en la casa de Obed-edom por tres meses -2 Sam 6:11 María se quedó en la casa de Isabel por tres meses -Lucas 1:56
La casa de Obed-Edom fue bendecida por la presencia del Arca -2 Sam 6:11) La palabra «bendita» fue usada tres veces. Dios bendijo la casa -Lucas 1:39-45
El Arca retorna a su hogar y luego es llevada a Jerusalén donde la presencia de Dios y su gloria son revelados en el Templo -2 Samuel 6:12; 1 Reyes 8:9-11 María retorna a su hogar y luego lleva a su Primogénito a Jerusalén donde la presencia de Dios y su gloria son revelados en el Templo -Lucas 1:56; 2:21-22

María revelada por las cosas que el Arca del Pacto contenía

 

Arca del Pacto Antiguo María, Arca del Nuevo Pacto
Las Tablas de la Ley -La Palabra de Dios escrita en piedra El cuerpo de Jesucristo -La Palabra de Dios venida en carne
La urna con el maná el pan del cielo que los israelitas comieron en el desierto. El seno de María que tuvo a Jesús el Pan del Cielo -Juan 6:41
El báculo de Aarón que floreció para probar que él era el Sumo Sacerdote. Cristo Jesús, el Sumo Sacerdote Eterno a la manera de Melquisedec.

Con esto en mente, tal cual lo tenían en mente los cristianos primitivos que encontraron estos paralelos, leamos lo que dice el apóstol Juan desde Revelación 11:19 en adelante:

«Y se abrió el Santuario de Dios en el cielo, y apareció el arca de su alianza en el Santuario, y se produjeron relámpagos, y fragor, y truenos, y temblor de tierra y fuerte granizada. Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está encinta, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz. Y apareció otra señal en el cielo: un gran Dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas. Su cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las precipitó sobre la tierra. El Dragón se detuvo delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su Hijo en cuanto lo diera a luz. La mujer dio a luz un Hijo varón, el que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro; y su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono. » (Apocalipsis 11:19-12:5)

El apóstol Juan estaba exilado en la isla de Patmos frente a la costa de Asia Menor. Los romanos usaban esa isla como un lugar de exilio. En Revelación 11:19 Juan dice algo que hubiera sorprendido a los judíos de su tiempo ya que el Arca del Pacto estaba perdida desde los tiempos de Jeremías y nadie la había visto por mas de seiscientos años. En este punto el capítulo 11 termina y comienza el capítulo 12. Esto es importante para entender el contexto. No es normal que alguien nos diga «hoy tuve un almuerzo con el Presidente de la Nación» y luego continúe «y por la tarde me fui a jugar a la canasta con mis amigos» Lo lógico es que uno continúe con el tema más interesante. Por lo tanto la visión de Juan del Arca y de la Mujer son una sola unidad La mujer y el Arca son la misma cosa para Dios. De otra manera el relato no tendría continuidad ¿Quién es la mujer? Es María. El apóstol Juan la ve en el cielo, y dando a luz al Mesías que será «arrebatado a Dios y a su Trono» [12]

Aquí se ve a María como Arca y como Reina, porque en Israel la Reina es la madre del rey y no su esposa ¿De veras se refiere a María este pasaje? Los que quieren negar el papel de María en la historia alegan que esta es la Iglesia o Israel y católicamente, se puede afirmar que una cosa no niega la otra ya que Juan nos tiene acostumbrados a un simbolismo rico y multifacético como es su estilo. Scott Hahn en su libro «Dios te Salve Reina y Madre» nota que la palabra usada por el ángel Gabriel al anunciar a María que el Espíritu Santo la cubrirá se usa solamente en dos ocasiones en la Biblia. Una es la ya citada y la otra es éxodo 37:9 «Los querubines tenían las alas extendidas hacia arriba, y con ellas cubrían la tapa; estaban uno frente al otro, con sus rostros vueltos hacia ella.»

Es obvio que la mujer es María, y la Biblia lo muestra. La Biblia comienza con hombre verdadero, Adán; una mujer verdadera, Eva y una serpiente también real; el Diablo. También termina con un hombre verdadero, Jesucristo (1 Cor 15:45); con una mujer verdadera, María, la nueva Eva, (Apocalipsis 11:19-12:2) y una serpiente real, la original de Génesis 3:15. Luego el apóstol pasa a explicar que el dragón salió a hacer guerra contra los que quedan de la descendencia de la mujer, a saber, los cristianos. Esto ciertamente indica que María es místicamente la Madre de la Iglesia. (Apocalipsis 12:17).

Así que aquí vemos una buena evidencia bíblica de la Asunción de María siendo revelada por Dios en las Escrituras como el Arca del Nuevo Pacto. Aun si alguien no estuviera de acuerdo con la enseñanza del catolicismo, no se puede negar que hay una base buena y razonable en la que apoyarla. Además, es una enseñanza que ha sido común a la de los cristianos de los primeros siglos de la Iglesia.

John Henry Newman comenta:

«[..] el Santo Apóstol [Juan] no hubiera hablado de la Iglesia usando esta imagen en particular, a menos que existiera una Santísima Virgen María, que ha sido exaltada en las alturas y es objeto de veneración por todos los fieles. Nadie niega que el «niño-hombre» al que se hace alusión en este pasaje, es Nuestro Señor ¿por qué entonces negar que «la mujer» sea una alusión a Su Madre?» [John Henry Cardinal Newman, «The Immaculate Conception» (Vol. I p.59).]

S.S. Pío XII ha dicho:

«Con frecuencia ha habido, teólogos y predicadores que, caminando en la huella de los santos Padres de la Iglesia, han sido mas bien liberales en su uso de descripciones de eventos y expresiones sacadas de las Santas Escrituras pra explicar su creencia en la Asunción. Así, para mencionar solo unos pocos de los textos mas frecuentemente usados de esta forma, algunos han empleado las palabras del salmista: «Levántate, oh Señor, de tu lugar de descanso: Tú y tu Arca, a la que has santificado» y han mirado al Arca del Pacto, construida con madera incorruptible y puesta en el templo de Dios, como un tipo del purísimo cuerpo de la Virgen María, preservado y exento de la corrupción del sepulcro y elevado a tal gloria en los cielos.» [S.S. Pio XII, Munificentissimus Deus, Noviembre 1, 1950.)

Atanasio de Alejandría (ca. 296 -373) uno de los mayores defensores de la deidad de Cristo contra la herejía arriana, escribió:

«Oh noble Virgen, eres verdaderamente más grande que cualquier otra grandeza ¿Quién se compara a ti en grandeza, oh morada del Verbo Divino? ¿A quién entre todas las criaturas te compararé, oh Virgen? Tú eres mayor que todas ellas Arca del Pacto, vestida de pureza en vez de oro! Tú eres el Arca en la que se encuentra el vaso dorado que contiene el verdadero maná, la carne en la que reside la divinidad.» [Homilía -Papyrus Turinensis.]

Gregorio (ca. 213 -270) un maestro de la Iglesia temprana escribió:

«Cantemos la melodía que nos ha sido enseñada por el arpa inspirada de David, y digamos: Levántate, oh Señor, de tu lugar de descanso: Tú y tu Arca del Santuario. Porque la Santa Virgen es en verdad el Arca, cubierta de oro por dentro y por fuera, la que ha recibido el tesoro completo del santuario.» [Roberts, A., Donaldson, J., & Coxe, A. C. (1997). The Ante-Nicene Fathers Vol. VI : Translations of the writings of the Fathers down to A.D. 325.]

¿Deben reportar los escritores de la Biblia sobre todo lo que viven?

El argumento de Sapia de que el apóstol Juan, habiendo recibido a María en su casa, no habla de ella «en la Biblia» es un disparate fenomenal ¿Por qué? Primeramente porque los apóstoles y otros escritores de la Biblia cristiana ni se imaginaban que sus escritos un día serían adosados a la colección judaica de libros sagrados. Los apóstoles no eran cronistas escribiendo para la posteridad. Casi todo el contenido del Nuevo Testamento fue escrito para combatir sectarios o definir doctrina que alguien estaba poniendo en duda. Otras veces se escriben cartas de aliento a quienes sufren por causa de ser cristianos.

El que crea que los apóstoles deberían mencionar todo lo que hoy nos interesaría saber en detalle, no entiende ni el origen y formación de la Biblia ni tampoco el desarrollo de la doctrina cristiana que llegó a nosotros completa de manos de los apóstoles, como un arbolito recién plantado y ha llegado a ser un árbol desarrollado y fuerte como corresponde a toda cosa viva, la doctrina cristiana debe crecer sin perder su configuración original. Ya lo dijo el Maestro: «Cosas mayores que éstas haréis.»

¿Cómo es que María llegó a ser nuestra madre?

Los atributos de María que Sapia cuestiona porque no figuran en la Biblia literalmente, ya hemos visto que se aprenden de la Biblia cuando se la lee sin las anteojeras protestantes. En este caso, un artículo muy interesante de Scott Hahn sobre la base bíblica de las letanías está disponible al público en su libro «Dios te Salve Reina y Madre». El tema se desarrolla allí en profundidad con la claridad y simpatía que caracterizan a Scott, un teólogo formado en Gordon Conwell College, uno de las más prestigiosas instituciones protestantes de los Estados Unidos. Scott se convirtió a la fe católica como resultado de sus estudios de la obra de Santo Tomás de Aquino. Lo creo mucho más capacitado que a Sapia para explicar las raíces bíblicas de las letanías, algunas de las cuales son tan evidentemente bíblicas que no hay mas remedio que poner en duda la buena fe de las impugnaciones de Sapia. Un solo ejemplo nos basta aquí: el título de «Nuestra Madre.» Si Juan es el «discípulo a quien Jesús amaba» y le entregó a María con las palabras «Hijo, ahí tienes a tu Madre» ¿No es razonable pensar que si queremos ser como Juan los preferidos de Jesús, debemos recibir a María en nuestro hogar, tal como Juan lo hizo?

La Virgen María ha dado a luz «dos veces», sí, dos veces. Una cuando tuvo a Jesús en el portal de Belén; y la otra a los pies de la Cruz, cuando su propio Hijo, Jesucristo, le concede como hijos suyos a toda la descendencia del nuevo Israel, el pueblo de la Nueva Alianza de Dios. En Isaías 66: 7-14 se aprecia claramente, cuando el profeta dice que «sin estar de parto ha dado a luz, ha tenido un varón sin sentir dolor.» Recuerda que aquello del dolor al momento del parto en la mujer se debe al pecado original y la sentencia Divina.

María, como ya analizamos, no está manchada por el pecado original, por lo que al dar a luz a Jesús no sufre ningún dolor. Por otro lado sufre, a los pies de la Cruz, místicamente al dar a luz a la Iglesia. Isaías nos refiere lo siguiente: «¿Quién oyó jamás cosa igual? ¿Quién vió nada semejante? ¿Nace un país en un solo día? ¿Se da a luz a un pueblo entero en un solo día? Pues apenas sintió los dolores, Sión dió a luz a sus hijos… quienes se saciarán con la leche de sus pechos consoladores, y saborearán el deleite de sus senos generosos…»

En el Cantar de los Cantares vuelve y refiere al mismo asunto de esta forma tan peculiar: «Una sola es mi paloma hermosísima, una sola, predilecta de su madre, preferida de quien la dió a luz. Al verla, la felicitan las muchachas, las reinas y concubinas la bendicen…»

¿Por qué es obligación para todos los cristianos dar gloria a Dios por María?

Ya van varios artículos de Sapia que examino. En este abundan los artilugios de siempre; las cosas citadas a medias, los textos bíblicos cercenados a conveniencia, el dislate dictatorial espetado sin la menor reflexión, la conclusión fácil o forzada. No faltan las gastadas pullas del protestantismo que descansan en la seguridad de que la grey es ignorante de los idiomas bíblicos y de la historia sagrada, cuando no de la historia, a secas.

¡Qué diferente la actitud del apologista protestante C. S. Lewis cuando en su obra «Mero Cristianismo» llega al mismo meollo de esta controversia. En pocas palabras nos invita a informarnos, a portarnos como caballeros y a considerar que el mundo no-cristiano nos está observando y que podemos ser causa de tropiezo para aquellos que aún no han llegado a familiarizarse con Cristo:

«Hay quienes llegan a conclusiones infundadas cuando consideran que nunca digo nada de la Bendita Virgen María aparte de lo que se debe decir para afirmar el nacimiento virginal de Jesús ¿No son obvias la razones que tengo para no hacerlo? Agregar a eso me llevaría a un terreno de fuertes controversias. Y no hay ninguna otra controversia entre cristianos que necesite ser tratada con mayor delicadeza que ésta. Las creencias católico-romanas en este aspecto son guardadas con algo más que el fervor que normalmente se reserva a otras sinceras creencias religiosas. Más bien (y muy naturalmente) se observan con la singular y caballerosa sensibilidad que un hombre siente cuando ve que el honor de su madre o de su amada están en juego. Es muy difícil disentir con esos sentimientos y no aparecer en sus ojos como un patán, aparte de ser un hereje. En la acera opuesta, las creencias protestantes sobre este asunto despiertan sentimientos que llegan hasta las mismas raíces del monoteísmo. A los protestantes radicales les parece que la distinción entre Creador y criatura (no importa cuán santa) han sido puestas en peligro, que el politeísmo ha vuelto a levantarse otra vez. Y por eso no es fácil disentir con ellos y no aparecer a sus ojos como algo peor que un hereje ¡un pagano! Si hay algún tópico que con seguridad pudiera destrozar un libro sobre ‘mero’ cristianismo -si hay un tema que pudiera ser falto de todo provecho a aquellos que todavía no creen que el Hijo de la Virgen es Dios-éste es esa clase de tema.» (Clive Staples Lewis, Mero Cristianismo [orig. en inglés, traducción del autor])

Las palabras de Lewis debieran hacer reflexionar al protestante agresivo que cree que atacando a María ataca al paganismo. ¡Si sólo pudieran ver la falta de sentido de semejante comparación y el daño que le hacen al corazón de Jesús! Todo esto sólo sirve para hacer tropezar al que no es cristiano y C. S. Lewis lo apunta con mucha certeza. C. S. Lewis fue protestante toda su vida y uno de los grandes defensores de la fe sin tener jamás que rebajarse a ser un anti-católico, lo cual es admirable cuando se considera que es un hijo de Belfast donde las diferencias entre católicos y protestantes suelen ser sangrientas.

¿Que lugar le damos a María?

Creo que el catolicismo tiene la obligación de dar a María Santísima el lugar que Dios le ha dado. No creo que haya más remedio que acudir a ella como Reina y Madre y como la prometida vencedora de la descendencia de la serpiente del Edén. Creo también que hemos demostrado en estas pocas páginas que hay argumentos razonables, bíblicos y teológicamente factibles para dar a María esa gloriosa posición.

Lo que el catolicismo no puede hacer es descartar a María por lo que los protestantes en su prejuicio e ignorancia creen que el marianismo católico es. Si alguien me dijera hoy «olvidémonos de Dios el Padre y hagamos de María una Diosa-Madre» yo también me alejaría de tal idea con toda la velocidad de la que sean capaces mis pies. No me engaño: siempre habrá algún «investigador» que volverá a repetir las viejas conclusiones fundamentalistas, no importa cuántas veces sean refutadas y no importa cuántas veces se lo dirija a buenos y honestos libros… Por eso seguimos exhortando a aprender con buena fe. La Iglesia no le tiene miedo a la verdad y no necesita recortar textos bíblicos para defenderse o inventar mentiras para llevar almas a Cristo. La verdad siempre impera. Las mentiras no prevalecen.

Para Sapia, que nos trata de desobedientes al citar al Salvador cuando dijo «¿Por qué me llamáis Señor, Señor y no hacéis lo que yo digo?» Le respondo: eso es lo que dijo María. En los primeros días de la Iglesia, cuando nadie ni tan siquiera sabía la misión que Cristo traería al mundo, María ya nos instaba a obedecer: «Haced todo lo que él os diga» y aunque reticente al principio, el Señor atendió el llamado de su Madre y cubrió las necesidades de aquella boda en Caná.

Hebreos 13:8 dice: «Jesucristo es el mismo, ayer, ahora y siempre» ¿Por qué tenemos que creer que Jesucristo ha cambiado y ya no presta atención a los amorosos pedidos de su Madre en nuestro favor?

Si hemos de hacer lo que el Señor dice y lo que la Biblia enseña, entonces debemos obedecerlo y también obedecer y escuchar a los maestros que El mandó a enseñar «El que a vosotros escucha a mi escucha» le dijo a los apóstoles (Lucas 10:16) Y esos apóstoles impusieron las manos sobre los obispos del primer siglo para que fueran obedecidos y llevaran la delantera siendo maestros, ejemplos y mártires ¿Cómo es posible que un desobediente máximo como Sapia nos venga con consejos de obedecer a Jesús entonces? Obedecer al Magisterio es obedecer a Jesús.

Esa soberbia de reclamar obediencia siendo uno mismo desobediente es un indicio de auto-idolatría. La misma Virgen en su humildad agradece que Dios haya puesto su mirada en ella. «Que así sea como me has dicho, he aquí la esclava del Señor» (Lucas 1:38) ¡Qué diferente de las acusaciones del enemigo y sus servidores!

Compare el lector en su corazón el Magnificat de María con el escrito de Sapia y luego decida a quién quiere glorificar con su obediencia.

Magnificat anima mea Dominum

«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque se ha fijado en su humilde esclava. Desde ahora todas las generaciones me bendecirán porque el Poderoso ha hecho tanto por mí: El es santo y Su misericordia llega a sus fieles generación tras generación. Su brazo interviene con fuerza, desbarata los planes de los arrogantes, derriba del trono a los poderosos y exalta a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide con las manos vacías. Auxilia a Israel, Su siervo, acordándose de la misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abrahán y su descendencia, por siempre.»—María de Nazareth (Lucas 1, 46-56)

 


[1] conocereislaverdad.org  La Exaltación de María en el Catolicismo Romano según aparece en Junio 1, 2005

[2] Ibidem

[3] También conocido como San Alfonso de Ligorio.

[4] Ibidem 1

[5] Ibidem 1

[6] Ibidem 1

[7] Ibidem 1

[8] Ibidem 1

[9] Ibidem 1

[10] Ibidem 1

[11] Ibidem 1

[12] Recuerde el lector que la división de la Biblia en capítulos y versículos no se establece hasta bien avanzado el siglo XIII. Para el apóstol que lo escribió el texto es continuo.

 

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