crucifijo

Vademécum de Apologética Católica

El Crucifijo es un símbolo del misterio de la Pascua. De él aprendemos que, para compartir la victoria de la Resurrección, debemos unirnos al sufrimiento de Cristo en la Pasión. Se nos recuerda vívidamente que no hay nacimiento a una nueva vida sin antes morir a esta vida. Es un mensaje que es difícil de aceptar y es por eso que lo debemos tener siempre presente.

Números 15, 37-41 — Yahvé dijo a Moisés: “Habla a los israelitas y diles que ellos y sus descendientes se hagan flecos en los bordes de sus vestidos y pongan en el fleco de sus vestidos un hilo de púrpura violeta. Tendréis, pues flecos para que, cuando los veáis, os acordéis de todos los preceptos de Yahvé. Así los cumpliréis y no seguiréis los caprichos de vuestros corazones y de vuestros ojos, que os han arrastrado a prostituiros. Así os acordaréis de todos mis mandamientos y los cumpliréis y seréis hombres consagrados a vuestro Dios. Yo, Yahvé, vuestro Dios, que os saqué de Egipto para ser Dios vuestro. Yo, Yahvé, vuestro Dios.”

Este mandamiento de Dios nos enseña que la contemplación de un objeto puede recordarnos algo que inclina nuestros pensamientos a la santidad.

2 Timoteo 2, 11-12 — Es cierta esta afirmación: Si hemos muerto con El, también viviremos con El; si nos mantenemos firmes, también reinaremos con El; si le negamos, también El nos negará.

El Crucifijo es un recordatorio de esa importantísima y suprema verdad. Nuestra salvación depende completamente de la Cruz de Jesús, así como la sangre del cordero pascual en el dintel de las puertas significó la salvación de los primogénitos de Israel en Egipto. Los primeros padres de la Iglesia vieron la sangre en el dintel como una prefiguración de la Cruz.

Mateo 10, 38 — El que no toma su cruz y sigue detrás mío, no es digno de mí.

Jesús nos habla frecuentemente de su Cruz. ¿La rechazaremos o la aceptaremos? Esa es la pregunta que debemos hacernos cuando vemos un Crucifijo.

Gálatas 6, 14 — En cuanto a mí ¡Dios me libre gloriarme si nos es en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo es para mí un crucificado y yo un crucificado para el mundo!

Los cristianos que hacen uso y muestra del Crucifijo están siguiendo el ejemplo del apóstol San Pablo y se glorían—en forma visual—en la Cruz de Nuestro Señor.