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Victor Claveau

¿Cómo sabe uno si está enseñando la verdad y que la propia interpretación de la Biblia es la correcta? ¿Cómo puede ser que el Espíritu Santo no le otorgue a todos la misma interpretación? ¿Qué clase de autoridad visible nos ha dejado el Señor Jesucristo para que sigamos sus enseñanzas?

Hace algún tiempo me encontré envuelto en una discusión con un discípulo del grupo protestante “Calvary Chapel Church”, aquí en California. George es una persona con años experiencia en la enseñanza cristiana protestante. Obviamente, George se considera una persona capacitada para enseñar y se ofreció gentilmente para contestar cualquier pregunta que yo, como católico, pudiera tener sobre las enseñanzas de su fe.

—Hay una pregunta que quisiera hacerte—le dije. Se hizo evidente su entusiasmo e inmediatamente se puso a mi disposición.

—¿Qué te gustaría saber?—me contestó entusiasmado, dándome lugar para hacer mi pregunta.

Le dije—¿Cómo sabe uno si está enseñando la verdad y que la propia interpretación de la Biblia es la correcta?—Se hizo inmediatamente evidente que esa no era la pregunta que estaba esperando. Evidentemente intrigado, pensó por unos segundos y respondió.

—Bueno… he estado estudiando la Biblia por muchos años y siempre pido la guía del Espíritu Santo—

—¿Cuál Espíritu Santo?—le pregunté sin perder el tiempo y sin revelar mis intenciones.

—¿Cómo? Hay un solo Espíritu Santo—me contestó.

—Efectivamente—le respondí yo—Hay un solo Espíritu Santo y la gran mayoría de la gente me contesta lo mismo cuando les hago esa pregunta. Todos invocan la ayuda del Espíritu Santo. Ahora bien, mi segunda pregunta ya te la imaginarás ¿Cómo puede ser que el Espíritu Santo no le da a todas estas personas sinceras la misma respuesta? Estoy seguro que el Espíritu Santo no sufre de esquizofrenia y me parece evidente que debe haber una sola verdad. Si todos fueran guiados por el Espíritu Santo en toda cuestión teológica ¿Cómo es posible que haya decenas de miles de denominaciones cristianas y que cada una de ellas crea sinceramente que el Espíritu Santo las está guiando? Me da la impresión que Jesús no quiso que sus creyentes funcionaran de semejante manera—

George se quedó sentado, mirándome y sin responderme. Aproveché su momentáneo estupor para preguntarle otras cosas.

—¿De veras crees que el Señor Jesucristo predicó por tres años, estableció una Iglesia y luego nos dejó sin establecer ninguna autoridad visible que enseñara sus doctrinas? Jesús tiene que haber estado consciente del caos que resultaría si cada uno tuviera que interpretar sus palabras al uso propio. Por quince siglos hubo completa unidad porque todos miraban a la Iglesia Católica como punto de referencia. Cuando Martín Lutero rechazó la autoridad de la Iglesia en 1517, abrió la puerta a todo tipo de interpretaciones, desatando el caos que desde entonces nos ha afectado sin cesar. Lo cierto es que Jesús nos dejó una autoridad que habla por El cuando dijo: “Quien a vosotros escucha a Mí escucha” (Lucas 10, 16). Las Escrituras nos muestran que había obispos, presbíteros y diáconos en la Iglesia que Jesús nos dejó. Hechos 15 nos describe la clase de autoridad que operaba en esta Iglesia visible en el primer siglo.

En estos días no hay capricho ni moda pasajera a la que alguien no le encuentre una explicación bíblica. La mayoría de las gentes están tan envanecidas que se erigen como intérptretes competentes de la Palabra de Dios. Su postura es: ‘Creo que la Biblia quiere decir esto, por lo tanto eso es lo que la Biblia dice’. Estos quieren que quede bien sentado que nuestros antepasados eran todos tontos y que por todos estos siglos el mundo cristiano ha estado en tinieblas. Y por supuesto, ¡ahora con ellos ha llegado la luz! Lo cierto es que en los días que corren no hay libro que sea más malinterpretado, falseado, torcido y abusado que la Biblia.

Hay quienes tratan de probar con la Biblia que Cristo es Dios pero nunca fue hombre, tal como lo hicieron los antiguos herejes. Otros, como los unitaristas, creen que Cristo es solamente un hombre y no Dios. Otras denominaciones creen que en la Nueva Ley Cristo no comparte su sacerdocio con nadie. Otros creen que hasta las mujeres pueden compartir el sacerdocio o presbiterio. Todos lo “prueban” Biblia en mano.

Una secta prueba con la Biblia que el Bautismo es innecesario para los niños pero necesario para los adultos. Otros prueban con la Biblia que el Bautismo no es necesario para nadie en particular y que es solamente una ceremonia de iniciación como las que se requieren cuando uno se asocia con una fraternidad cualquiera. Los Campellistas, también llamados “Iglesia de Cristo” o “Primeros Cristianos” prueban con la Biblia que para ser bautizado uno debe ser sumergido completamente en agua. Otros prueban con la Biblia que el Bautismo es innecesario y que la práctica debe abandonarse. Otros creen que se puede bautizar a los muertos.

Los Testigos de Jehová prueban con la Biblia que habrá un milenio en el cual todos tendrán una segunda oportunidad. Los calvinistas prueban con la Biblia que la mayor parte de la humanidad ni siquiera tendrá una oportunidad sino que han nacido predestinados a la perdición sin importar sus acciones meritorias. En suma, cada doctrina cristiana conoce docenas de variaciones según la denominación que las enseñe.

Todos estos grupos creen que sus enseñanzas están sólidamente fundamentadas en la Biblia. Están dispuestos a creer que todo el mundo está equivocado, a excepción de ellos mismos. Creen que la Iglesia que Cristo fundó (léase la Iglesia Católica) fue un fracaso pero, afortunadamente, ellos han llegado por fin para poner las cosas en orden. Entretanto la Biblia nos avisa: “Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por su propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas.” (1 Timoteo 4, 3-4). Y también: “La paciencia de nuestro Señor juzgadla como salvación, como os lo escribió también Pablo, nuestro querido hermano, según la sabiduría que le fue otorgada. Lo escribe también en todas las cartas cuando habla en ellas de esto. Aunque hay en ellas cosas difíciles de entender, que los ignorantes y los débiles interpretan torcidamente— como también las demás Escrituras— para su propia perdición.”

Hoy dia se estima que se superan las veinte mil denominaciones protestantes y sectas que provienen de la fractura del cristianismo iniciada por los reformadores alemanes. Si les pidiéramos que nos contesten esta sola pregunta: ¿Qué es lo que la Biblia realmente enseña? cada uno nos daría una respuesta diferente. Sin embargo cualquier persona con sentido común sabe que solamente puede haber una verdad. No se puede tener “un solo rebaño y un solo Pastor, una fe y un bautismo” permitiendo que cada persona pervierta las Escrituras para satisfacer sus propias teorías personales. Eso sería, sin duda, sabotaje bíblico.


Bible Sabotage, por Victor Claveau. Publicado por The Pope John Paul II Society of Evangelization, Hesperia California, 2007. El libro puede ser obtenido en idioma inglés por medio del sitio de JPIISOE en la red. Una versión en español se halla en preparación.

Extraído del libro Bible Sabotage, que se publicará en breve, en español.

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