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John Camarena

“Como muchos conversos antes que yo, he tenido la sensación de regresar al hogar, así me siento en este día y estoy más que satisfecho. No han habido grandes sensaciones ni sentimientos sublimes, tampoco grandes revelaciones o la gracia de comprender alguna compleja realidad teológica. Solamente siento que he entrado en la verdadera historia y que todo está en su sitio. Es algo imposible de explicar.” — Alec Ginness

Sólo me arrepiento de una cosa, eso es, si pongo a un costado las miles de falencias como hombre, esposo, padre, abuelo, bisabuelo y amigo además de la actitud egoísta que como actor he tenido. Me arrepiento de de no haberme hecho católico a mis veinte años. De haberlo hecho mi vida hubiera sido más ordenada y más dulce.

Nació en la primavera de 1914, en Londres. Alec Guinness fue un actor aclamando a lo largo de cincuenta años de tablas, cine y televisión. Fue ordenado caballero en 1959. Murió en le verano del 2000 en Londres. De su esposa, Merula, tuvo un hijo, Matthew.

Nació y creció en la fe de la Iglesia de Inglaterra. A los dieciséis años ya se consideraba ateo lo cual atribuyó a su temprana habilidad para detectar la hipocresía en los adultos a su alrededor. Trabajó en el ramo publicitario, que en esas épocas, como todas las ocupaciones creativas, estaba infectado del desprecio por la religión que los marxistas estaban ya desparramando por el mundo. A pesar del ambiente, el joven Alec se embarcó en una búsqueda espiritual. Tuvo sucesivos encuentros con los cuáqueros, algunos espiritualistas y un templo budista, entre otras experiencias. Ninguna lo atrajo particularmente.

Uno de los bombardeos del blitz lo sorprendió llegando a Londres, sorteando incendios y derrumbes llegó a un refugio ubicado bajo la vicaría de una iglesia anglicana. En la puerta lo recibió un sacerdote anglicano que el conocía y que le había enseñado a hacer la Señal de la Cruz. Era Cyril Tomkinson y ese fue el inicio de una larga amistad durante la cual Tomkinson guió a Guinness en la lectura de los grandes autores cristianos. Esta amistad le ayudó a atenuar su anticlericalismo, aunque no su anticatolicismo. Cuando su hijo Matthew contrajo la polio, quedando paralizado de la cintura para abajo, Guinness comenzó a detenerse por las noches en una pequeña iglesia Católica de regreso a su casa. Fue una de esas noches cuando hizo una extraña promesa frente a Dios. “Si Matthew se recupera, nunca le impediré convertirse al catolicismo…” prometió.

En unos tres meses el muchacho se recuperó plenamente. Pasaron los años y la familia se mudó al campo (Hampshire). En ese momento ninguna de las buenas escuelas de la zona tenía vacantes y un amigo les recomendó un escuela dirigida por los jesuitas. El rector de la escuela les anticipó que muchos de los muchachos protestantes que pasaban por sus aulas terminaban convirtiéndose al catolicismo para asimilarse a la mayoría católica del colegio. Guinness recordó su promesa y no puso objeciones a que su hijo estudiara allí, a pesar de las advertencias del jesuita. Un año más tarde Matthew entró en la Iglesia Católica y sus padres, Alec y Merula, asistieron a su Confirmación pero no se conviertieron ellos mismos.

En 1955 Guinness conoció aun sacerdote católico, el P. Henry Clarke que era a su vez un converso del anglicanismo. Guinness le pidió al P. Clarke que lo instruyera en la doctrina católica y así comenzaron a reunirse regularmente.

Sin decidirse todavía, visitó un monasterio trapense con la esperanza que la monotonía de la vida monacal le produciría suficiente rechazo como para descartar el catolicismo. Contrario a lo esperado, la temporada en el monasterio resultó ser positiva y edificante.

Cuando tuvo que pasar un tiempo en California para filmar The Swan (El Cisne), le prometió al P. Clarke que asistiría Misa cada domingo. Quiso ir con Grace Kelly pero se disgustó con cierto sacerdote joven que declaraba “somos los únicos que se levantan temprano para adorar al Señor.” Esto causó en él cierta desazón y se mantuvo indeciso hasta regresar a Inglaterra.

Ya había tenido ocasión de representar a un sacerdote católico en una película filmada en Francia. Una noche, regresaba caminando a su hotel todavía vestido con el traje clerical que su papel requería. Ya comenzaba a oscurecer cuando un muchachito del lugar de escasos ocho o nueve años lo alcanzó corriendo “¡Bon soir, mon Pére!” le dijo el muchachito alcanzándolo en el camino y tomándole la mano. Caminaron en silencio por unos minutos sin que Guinness se atreviera a revelarle al chiquillo que él no era un sacerdote. Finalmente el muchachito se despidió de él, desapareciendo en una de las casas del pequeño pueblo. Guinness se quedó pensando sobre qué clase de fe sería esa que inspiraba tanta confianza y cariño en un desconocido por el solo hecho de ser clérigo. En cierta forma, el encuentro con el muchacho en esa tarde de la campiña francesa le enseñó la maravilla de la comunión universal de esa comunidad que él había mirado desde afuera ya por mucho tiempo.

En la primavera de 1946 fue recibido en la Iglesia por el P. Clarke. En esa ocasión declaró: “Como muchos conversos antes que yo, he tenido la sensación de regresar al hogar, asi me siento en este día y estoy más que satisfecho. No han habido grandes sensaciones ni sentimientos sublimes, tampoco grandes revelaciones o la gracia de comprender alguna compleja realidad teológica. Solamente siento que he entrado en la verdadera historia y que todo está en su sitio. Es algo imposible de explicar.”

Su esposa Mirula fue recibida en la Iglesia unos meses después, mientras Alec filmaba Puente sobre el Rio Kwai en Ceylán (hoy Sri Lanka).

 


Para más detalles se pueden consultar las siguientes obras:
Blessings In Disguise; Alec Guinness, pub. Knopf, New York, 1985.
My Name Escapes Me: The Diary of a Retiring Actor; Alec Guinness, pub. Hamish Hamilton, Londres, 1996.
A Positively Final Appearance; Alec Guinness, pub. Viking, New York, 1999.