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Claudio Alejandro Silva

“Dios te conoce más y mejor que tú mismo” dijo San Agustín de Hipona. Es una profunda alegría pertenecer desde hace casi un año a la feligresía de la Iglesia Católica, siento que ya nadie podrá moverme de aquí. No sucederá como me pasó en otros lugares – pronto verán cuales – donde no permanecí. Yo sabia que sería así. Solo Dios podría realizar tal prodigio: que una persona como yo, ateo declarado, enemigo de las iglesias y de la Biblia, hoy sienta un enorme deseo de proclamar las verdades de la Palabra de Dios a la luz de la Sagrada Tradición y el Depositum Fidei que la Iglesia a acumulado con diligencia a lo largo de los siglos. Aun cuando no somos intachables en nuestra fe, y de vez en cuando tambaleamos, esto no hace más que cumplir las inspiradas palabras de San Agustín: “El Hombre es un mendigo de Dios”.

La frase que encabeza mi exposición resume todo mi proceso de conversión. Puede que algún aspecto de mi historia quede en el tintero, me esforzaré para que no sea así.

Mis primeros contactos con la fe

Nací en la Patagonia Argentina, hace veintiséis años, en una familia evangélica, mis padres eran dos grandes pastores –ya no pastorean, se han retirado- que tenían el don de sanidad y de lenguas, predicaban ardientemente la Palabra del Señor. Desde pequeño me inculcaron el amor a Nuestro Señor Jesucristo entregándose desinteresadamente a Su voluntad. Así también me entregaron mucho afecto y me permitieron acceder a una formación íntegra.

Para siempre estaré agradecido a Dios por los maravillosos padres que me obsequió. Si bien solo han aceptado parcialmente mi conversión, yo no reniego de ellos. Tal como se verá, ni mi encuentro con el catolicismo, ni mi distanciamiento de la fe evangélica los tiene a ellos o a ningún otro como “responsables.” Me ha movido la voluntad de Dios. Fui bautizado a los 16 años y por inmersión, como ya ustedes sabren, los evangélicos no aceptan el bautismo de los niños. Mi adolescencia no fue diferente de la de cualquier otra persona.

Siempre tenía la instrucción de mis padres amparada en la Biblia, eso me ponía en alerta.

Un giro inevitable

¿Qué sabía yo del catolicismo en ese entonces? Casi nada. Recuerdo que cuando se realizaba una procesión en mi pueblo o se la transmitía por televisión surgía la urticante mofa de mis familiares y cuanto evangélico presenciara tal evento. De vez en cuando algún predicador arremetía contra el Santo Padre –como por ejemplo, desear que el avión en el que él viajaba se estrellara contra una montaña. Y por supuesto las burlas contra la iconografía católica, siempre amparados en los mismos versículos. En un primer momento no me daba cuenta de todo esto o no le prestaba mucha atención, pero con el tiempo comenzó a resultarme repulsivo.

¿Hasta cuándo, oh simples, amaréis la simpleza, y los burladores amarán el burlar y los necios aborrecerán la ciencia? (Proverbios 1,22) Cada vez que me molestaba la burla hacia lo que fuere, citaba este versículo.

En una ocasión surgió una polémica respecto a la Virgen Maria ¿Cómo debía ser entendida por nuestra Iglesia? Fue la Madre de Jesús, sí. Es interesante ver que muchas mujeres bíblicas son citadas con cierta regularidad en las Iglesias Evangélicas (Sara, Rebeca, Agar, Ester, María Magdalena, Tabita-Dorcas) pero no la Virgen Maria y esto es algo que muchos evangélicos deberían preguntarse, quizás ven a Maria como demasiado católica.

A los diecisiete años sucedió algo que marcaría el curso de mi fe: Decidí leer la Biblia por mi cuenta. Sabía que una de las enseñanzas principales de la iglesia evangélica era: “Todo está en la Biblia, no hay nada más que buscar, solo hay que leerla y ya está”. Comencé a leer la Biblia con la intención de leerla toda, habituado a la lectura seguro no me tomaría mucho tiempo. Empecé por supuesto por Génesis y debí haber llegado hasta 2 Samuel, ya no podía seguir leyéndola, había contemplado tanta pero tanta violencia que se me hizo imposible seguir ¿Cómo podía ser este el libro de Dios? Le pedí a mi padre que me explicara, pero no eran satisfactorias sus respuestas – aquí es preciso considerar que muchos pasajes bíblicos son una complicación para los evangélicos y existen diversas interpretaciones, un análisis detenido de la fe evangélica deja ver que esta fe esta fundada solo parcialmente en la Biblia y bastante en la opinión personal de muchos predicadores y pastores.

A pesar de esta situación no abandoné la iglesia evangélica , pero ya no era lo mismo, asistía solo por que tenia ciertas amistades y porque alguna que otra chica me gustaba. Pronto empecé a hacer vacuas comparaciones entre lo que se enseñaba en la Escuela y lo que se enseñaba en la Iglesia, por supuesto, incompatibles. En la Universidad – Profesorado en Historia – la poca Fe que tenía se cayó completamente al tomar contacto con la filosofía marxista.

Ridículas ideas que existen en un sentido casi subliminal: “Si estás en contra de la Iglesia – sobre todo la Católica – eres muy inteligente”. Es un auténtico fanatismo anti-religioso y los cristianos que asisten a la universidad sabrán de lo que estoy hablando –a pesar de que la universidad a la que asisto fue fundada por salesianos y usa campante el nombre de Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco. Caí como cualquier otro joven de mi edad en este discurso parcializado, recortado de la realidad tanto secular como religiosa que se presenta en la Universidad – al menos a la que yo asisto.

Divagando

Esporádicamente teníamos discusiones en casa porque yo no podía entender como había gente que podía creer en la Biblia, nunca se llegaba a nada claro realmente. Bajo la influencia de la filosofía marxista, incursioné en un partido de izquierda. Era tan pesimista la visión que ellos tenían y tan lejana estaba la ejecución de sus muchos sueños que no duré más de un mes, para finalmente retirarme. Tiempo después, atraído en este caso por las terapias de origen oriental, ingresé en la Escuela Gnóstica, pero me retiré cuando me enteré que para “avanzar” era obligatorio abonar cierta suma Hallé por otra parte que el gnosticismo es muy “sabelotodo” y eso es jugar a ser Dios – aquí es donde se ve la coherencia del cristianismo católico al declara la fe como un misterio.

En una ocasión estuve charlando con un monje budista en San Miguel de Tucumán; le pregunté que pensaba del cristianismo y él me contestó: “La finalidad de la religión es el desarrollo de la espiritualidad, y de eso los evangélicos, nada. Los católicos… mejor… si, mejor”. Esto me dejó pensando pero todavía estaba lejos de convertirme. Saliendo de la ortodoxia universitaria “Nadie puede decir: ¡Jesús es Señor! si no por el influjo del Espíritu Santo”. 1 Corintios 12-3 — “Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abba Padre!” Gálatas 4-6 En la universidad se me enseñó todos los elementos básicos de la leyenda negra de la Iglesia Católica, el protestantismo en cambio no tiene leyenda negra y se lo elogia en varias ocasiones-.

Sospechando de la continua insistencia contra el catolicismo, empecé a estudiar otras versiones de los hechos y me encontré con una realidad diferente, desarrollar esto requeriría una larga exposición y por ello lo dejaremos para otra ocasión. Uno podría cuestionar –y está en su derecho- las otras versiones de la historia de la Iglesia Católica como leyenda blanca, sin embargo ¿si se enseña una versión de los hechos por qué no se enseña la otra? Es evidente que quienes arman los planes de estudio eligen entre ambas cosas –en vez de enseñar ambas como debe hacerse en todo ámbito democrático- y en esa elección existe una intencionalidad indiscutible. Este descubrimiento fue importante en mi proceso de conversión, sin duda la Gracia de Dios estaba actuando, él sabía que éste era uno de los caminos por el que me llevaría a su Iglesia.

Fue un paso importante en mi conversión, pero creo que más importante aun fue una sensación que se instaló en mi corazón. Hoy sé que fue la acción del Espíritu Santo: el deseo de estar en la Iglesia Católica. Cientos de veces había rechazado ir a la iglesia ¿Pero había considerado también el catolicismo? La respuesta es: no. Cada vez que rechazaba el Cristianismo lo que en verdad rechazaba era las iglesias que había conocido hasta ese entonces, pero yo jamás había estado en una Misa, ni conocía a fondo las doctrinas católicas, solo conocía lo poco que se filtraba al ámbito evangélico, hoy sé que se filtra, tergiversado. Esa sensación inexplicable, la necesidad de estar en la Iglesia Católica se instaló en mí con tanta fuerza que sólo llegaría a definir al momento de acercarme.

Lo poco que sabia del catolicismo y que me agradaba de éste El arte religioso católico, la solemnidad de la liturgia, la Virgen Maria, la vida monástica, el canto gregoriano, la buena preparación intelectual de los sacerdotes. Sólo algunas de las cosas que recuerdo me atraían del catolicismo, pero existía algo tanto o más importante: Lo que yo llamo “El derecho de antigüedad”, si la Iglesia Católica tenía realmente dos mil años de existencia tendría seguramente mucho para enseñar ¿Cómo se puede despreciar a la Iglesia Católica teniendo en cuenta esto? ¿Cómo un verdadero cristiano no va a prestar atención a lo que la Iglesia Católica tiene para explicar? Me vienen tres cosas a la mente que confirman esto: por un lado los muchos conversos al catolicismo que abandonaron el ámbito protestante, el deseo de la Iglesia Católica de dialogar con todo el mundo y la resistencia de muchos evangélicos contra el ecumenismo. Recuerdo que en ese momento pensé: “yo debo ser el único ex-evangélico que debe querer hacerse católico, no debe haber ninguno más en el mundo”. Hoy sé que los conversos al catolicismo venidos del protestantismo se cuentan por cientos de miles y sus testimonios son impresionantes y de una gran riqueza doctrinaria y conceptual.

En la Iglesia ante la verdad

La primera vez que entré a la Iglesia Católica fue a fines del año 2003, tuve la oportunidad de conversar con un sacerdote diocesano, nuestra charla no fue tanto sobre aspectos de doctrina sino una charla mas contemporánea, la situación de la Iglesia Católica en general, me sorprendió ver que este sacerdote no atacó mis antepasados evangélicos ni se puso en actitud de juez implacable, sino todo lo contrario.

En encuentros sucesivos sí, nos adentramos un poco más en la doctrina. Se presentó la posibilidad de viajar en misión al interior de la provincia, oportunidad que por supuesto no desaproveché. Conocí una hermandad mexicana y a dos jóvenes católicos que mostraban un creciente compromiso con la fe, allí es donde asistí a mi primera Misa, la verdad me gustó mucho, no perdí la atención en ningún momento. A partir de allí decidí asistir a Misa regularmente, una de las cosas que recuerdo es que me sorprendía al escuchar las lecturas bíblicas, porque me preguntaba ¿Esto está en la Biblia? ¡Yo nunca había escuchado “esto” ni lo “otro”!

Hoy puedo decir con toda seguridad que en la Iglesia Católica se lee más la Biblia que en cualquier reunión evangélica de la denominación que sea, y no solo eso: toda la Misa es bíblica. Todo lo que en ella se dice y hace. Decenas de pasajes que recuerdo cuyo significado ignoraba mientras asistía a la iglesia evangélica cobraron significado a la luz de la fe católica. Aun así, no se ausentaba de mi mente todo el adoctrinamiento anti-iconográfico que recibí en la iglesia evangélica, pero tampoco me sentía molesto, ya encontraría las respuestas – y las encontré.

Respecto a mi conversión, charlé con algunos sacerdotes, cual debería ser el camino a seguir. Tomé entonces la catequesis, con un simpatiquísimo sacerdote, refresqué mi memoria. Por lo general los sacerdotes católicos no son muy combativos con las Iglesias separadas, como sin embargoi lo son los evangélicos contra los católicos. Sin embargo tuve la suerte de encontrarme con un católico que sí era combativo. De él aprendí muchísimo en tan sólo un fin de semana. Me entregó una ficha con todas las respuestas católicas en contra de las objeciones de las sectas.

Debo mencionar en esta dirección también a una hermana salesiana que asimismo me ayudó a rebatir con pruebas –tal como nos enseñó nuestro primer pastor en 1 Pedro 3,15 – los continuos embates de las sectas contra el catolicismo. También debo mencionar varios sitios de Internet y la continua asistencia a Misa y a prestar atención continua a las lecturas.

Capítulo aparte merece la notable importancia que tuvo en mi reconocimiento de las verdades de la fe católica, la cadena de televisión EWTN. Yo no sabía que existía un canal católico, casi nadie lo sabía, sólo las hermanas de la Legión de María que estuvieron gestionando para que de una vez por todas los católicos tuvieran voz. Solo había una señal de un canal evangélico y tres o cuatro radios también evangélicas, ni una católica.

A mediados de Agosto del 2004, encontrándome yo en pleno proceso de conversión ¡Aparece la señal! ¡Fue tremendo cómo Dios me facilitó las cosas! Casi puedo ver su Poderosa Mano diciéndome: “Toma, conoce mi Iglesia”. Mis programas preferidos son: El Regreso a Casa, EWTN Live, Los Hispanos en los Estados Unidos, Herejías Antiguas y Modernas, Las leyendas negras de la Iglesia, Mundo Católico, Mitos del Papado, Nuestra Fe en Vivo, Un día en la vida de un sacerdote y En concierto –  inolvidable la Misa de Paco Peña!! Espectacular!!! Hijo de Dios, miembro de su Iglesia

Finalmente después de una acelerada catequesis me dispuse al bautismo, no tuve acompañamiento de parte de mi familia, sí de los compañeros de catecismo. El 5 de Septiembre de 2004 me convertí en un Hijo de Dios y miembro de su Iglesia, libre de la mancha del pecado original, la Iglesia después me hizo un bello obsequio: la foto de la Virgen de Luján – que luego encontré en Apocalipsis 12- y el Rosario a Jesús Misericordioso. Al final de la Misa fuimos a celebrar junto a todo el grupo de catecismo y también de aquel amigable sacerdote que les comenté, a un pub, compartiendo nuestra fe. Muy lindo realmente.

El 26 de Septiembre de 2004 fue mi primera comunión – previa confesión que, debo ser sincero, me costó. Sin embargo cuando vi en uno de los últimos capítulos del Evangelio de San Juan, que Jesús mismo, perdonador de pecados, había hecho partícipes de perdonar pecados a sus discípulos, tomé muy en serio ese momento- esta vez, junto a una de las compañeras de catecismo. Y el 3 de Octubre de 2004 la efusión del Espíritu Santo se hizo presente con su portentoso vigor en la Confirmación, más de un centenar de personas de todas las edades se confirmaron y yo por supuesto también entre ellos. Una verdadera fiesta, la Fiesta del Señor.

Luego me dediqué a recorrer mi ciudad en busca de las personas que se dedicaban enteramente a la vida religiosa, conocí dos hermandades, una salesiana, con una encantadora hermana española que además de la enseñanza catequística se dedica a recibir donaciones de todo tipo, en particular se especializa en la reparación de ropa por lo cual cuenta con tres máquinas de coser, cada vez que quiero donar alimentos o ropa recurro a ellas.

La otra hermandad, franciscana de origen español, también se dedica a juntar todo tipo de donaciones y a la enseñanza de la fe, todo con la característica dulzura franciscana. Me tomé el trabajo de estar en las Misas de las distintas parroquias y capillas y conocer y charlar con cada sacerdote. Me sentía como encontrando una joya perdida entre los matorrales, fue muy enriquecedor para mí. De todas maneras se nota la escasez de personas dedicadas a la vida religiosa cristiano-católica.

Mi familia ante mi conversión

Entre indiferente y combativa se movió la actitud de mis familiares. No me acompañaron, más bien trataron por todos los medios de hacerme desistir, pero al presentarles yo fundamentos bíblicos de la fe católica, se tenían que callar –recomiendo a todos los que quieren debatir con evangélicos, citar continuamente la Biblia, allí es donde está el triunfo de la fe católica. Lamentablemente se hace difícil entrar en un debate calmado con unos evangélicos como mis padres, que ya se habían formado así durante años.

Los mayores debates giraban en torno a La Virgen Maria y el Santo Padre. A menudo medito, que marginando a la Iglesia Católica es donde las sectas prosperan, hoy la fe católica esta siendo transformada por toda la sofocación protestante en algo distante. Yo quiero luchar por la Iglesia de Cristo ¿En que ayudaría a ello levantando mi propia iglesia atacando ciegamente al catolicismo? Varias veces me he preguntado, si hubiera tenido que elegir una iglesia evangélica ¿Cuál hubiera elegido? Porque se vuelve confuso en medio de tantos movimientos, algunos de ellos enfrentados y contradictorios.

En la Iglesia Católica tenemos la misma enseñanza desde hace siglos, la Misa es prácticamente idéntica desde hace 1845 años. Esto también me demuestra que he tomado la decisión correcta. El Catecismo de la Iglesia Católica: Recomiendo e incentivo a las personas que todavía no tienen el Catecismo de la Iglesia Católica que lo consigan por algún medio, porque es estupendo. He sido tremendamente bendecido leyéndolo y hay tanto y está tan bien organizado, hay tantas citas bíblicas. La mala fama que tiene entre los evangélicos no se justifica en absoluto. Es una colección impresionante de documentos, cartas y obras de hombres y mujeres santos y algunos no canonizados, que es en verdad imperdible. Se que hay una ingente bibliografía apologética, como: Respuestas Católicas, o Defiende tu Fe, Descubriendo la verdad –que incluye el testimonio de Marcus Grodi- y muchos, muchos otros.

Mis objetivos próximos

Lo primero es formarme debidamente para enfrentar cualquier desafío en mi deseo de evangelizar. Me gustaría sobre todo dedicarme a corregir la mala e injustificada fama que tiene la Iglesia Católica, mostrándole a la gente la verdadera enseñanza de nuestra fe. También esta en mis planes futuros, junto a la pastoral juvenil, armar una radio o por lo menos tener un programa. Por el momento estamos renovando el Centro Juvenil, para tener un espacio propio dentro de la Iglesia, sabemos que esto va a atraer mas jóvenes. Casarme está en mis planes; formar una familia –había considerado primeramente la vida religiosa célibe y no la he descartado completamente- traer a mi familia de nuevo a la Iglesia Católica o al menos crear un nuevo linaje católico dentro de mi familia –la mayor parte de mis tíos y primos son católicos. por supuesto pido vuestra oración por mis objetivos. Por cierto ¡El Señor nos bendijo ya con una casa nueva, no tendremos que alquilar más, las oraciones del Rosario a la Virgen fueron contestadas ya por el Señor!

Una sencilla conclusión

Cuando contemplo la Iglesia, su riqueza doctrinaria, su arte majestuoso, la vivencia de generaciones enteras de cristianos acumulada en el Depositum Fidei, la seriedad con la que ésta toma a la Biblia, sólo puedo decir: ¡Amo a la Iglesia Católica! Es una obra de arte magnifica, exquisita. Por supuesto, está compuesta también por seres humanos y yo no estoy dispuesto a hacer la vista gorda ante eso, pero tampoco me iría de la Iglesia por causa de algún suceso desagradable. No encuentro razón alguna que justifique tal cosa. No voy a perder los maravillosos dones que existen en la Iglesia por los errores que puedan cometer un puñado de pecadores. Y si me fuera de la Iglesia ¿A dónde iría? ¡Sólo en el cielo podremos estar a salvo del pecado y los pecadores!

En una confesión que hice hace unas semanas, le comentaba al sacerdote que yo amaba a la Iglesia y este me dijo: “Mmm… no sé. Tendrías que conocerla más”. Yo amo sus doctrinas, sus enseñanzas, los medios que la Iglesia me brinda para desarrollar mi santidad etc. Y contemplando esto es que uno ve la poderosa mano de Dios. “La Iglesia Católica, la Santa Iglesia de los pecadores. La magnifica obra de la mano del Señor, en su misericordioso trabajo por transformar a los pecadores en santos.” (Dr. Sánchez Rojas Profesor de Teología.)

Cuando uno va a un museo y contempla una obra maestra, admira la obra pero más admira al autor. Amo a la Iglesia como la obra magnifica que es, pero más amo al Artista … Dios mismo. Glorifiquemos al Señor con nuestras vidas.