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Esta carta, recibida recientemente en nuestra redacción, es de nuestro entrañable amigo José Luis Sansaloni. Para comprender lo que se relata en ella estimo necesario agregar algunos datos anecdóticos pero, sin embargo, importantes. Unas semanas antes de que comenzaran a ocurrir estos cambios en la vida de José Luis, tuvimos una conversación sobre el asunto de invocar a la Virgen María. José Luis era por ese entonces, miembro de una iglesia pentecostal. Así fue que José Luis se decidió a pedir a Santísima Virgen su intercesión y guía para llegar a Cristo mismo. En eso, luego de orar sentado en su automóvil, José Luis encontró un pequeño calendario atorado en el limpiaparabrisas. El calendario tenía una imagen de la Virgen y en el reverso una leyenda: “Abre tus ventanas”. A quienes estamos acostumbrados a estos pequeños detalles de Nuestra Señora… no nos parece que sea para tanto (sonrisa.) Para José Luis, sin embargo, fue el empujón que necesitaba para caer de lleno en brazos del Señor en su Iglesia. Espero que esta carta produzca en ustedes la misma alegría que produjo en mí. Cuando Dios otorga estas hermosas muestras de gracia, todos los sufrimientos que uno pueda padecer declarando el Evangelio se evaporan y solo queda la fragancia de la Divina Presencia en su huerto, del cual todos somos fruto y labrador al mismo tiempo.

Queridos amigos:

Hoy me he puesto a reflexionar un poquito en lo que ha pasado en este último mes, y os mando lo que el Señor ha puesto de una manera sencilla en mi corazón. No es un testimonio muy extenso, han pasado muchos más detalles, pero en síntesis, y dando por supuesto el montón de cositas que han hecho Cristo, el Espiritu Santo y Maria en mi vida, resumo lo que he sentido:

Señor ten piedad.
Cristo ten piedad.
Señor ten piedad.
Cristo óyenos.

No tenía ni la menor idea de que esas palabras tan hermosas del Kyrie, que pronunció un cura joven lleno de amor por Cristo llamado Leopoldo, en la Liturgia Sagrada de la Santa Misa, y que me impactaron tanto aquella fría noche del 13 de Enero de 2005 en el templo de San Mateo en Lucena, iban a ser el comienzo de una “caída libre” a tumba abierta hacia los brazos de mi amado Jesús. Ahora después de unos pocos días que hace que sucedió aquello veo a Cristo como si fuera mi amado papá, esperando a que yo tomara la decisión de saltar a sus brazos confiado sabiendo que por fin, todo aquello que le había rogado durante los últimos meses e incluso años, por fin se iba a cumplir.

Me viene a la mente la imagen de un niñito pequeño rogándole a su padre que le tomara en sus brazos para dar un salto un poco “peligroso”, y el papá le dijera, “hijito mío, aún no estas preparado, tus piernecitas aún no están fuertes para hacer esa flexión y saltar, pero no te preocupes que cuando hayas crecido un poco mas, papa va a jugar contigo y te va a permitir que tú saltes, y no te preocupes que yo te tomaré fuerte y no te va a pasar nada, al contrario te va a gustar, porque vas a venir a mi regazo y vamos a ser muy felices los dos”. A decir verdad no solo fueron las palabras del Kyrie las que me impactaron, fueron todas y cada una de las oraciones, versos, lecturas, respuestas, y movimientos que se efectuaron aquella noche ante mis asombrados ojos.

Yo había estado, que recuerde, en dos o tres misas en toda mi vida, (una de ellas por invitación de Carlos en Barcelona) y aunque ví la Palabra de Dios leida alli, y salí en las todas las ocasiones lleno de paz, no fueron lo que pudiéramos decir un culto tremendo de Poder Divino, al cual yo estaba acostumbrado en mis reuniones de la iglesia evangélica pentecostal, a decir verdad tampoco lo fue en esta última Misa a la que asistí en San Mateo, no salí de allí ni hablando en lenguas ni me caí en el Espíritu, ni lloré ni reí, pero si fuí lleno de una tremenda Paz, la Paz que sólo mi Padre me puede dar. Desde pequeño mi mamá me llevaba en brazos a la Parroquia Mare de Deu de Montserrat en el barrio del Guinardo de Barcelona, y allí me hacía en la frente la Señal de la Cruz con agua bendita. Aunque me sorprendió hace sólo unos días enterarme que mis padres me bautizaron como católico en otra Parroquia cercana, la de Cristo Redentor, también en el mismo barrio, puesto que he tenido que solicitar mi Fe de Bautismo, para poder recibir la confirmación, momento que espero con grande ansiedad.[1]

Sigo con mi relato: Algunos años después de las visitas con mi madre a la Iglesia, cuando ya estaba en los primeros cursos de primaria, con seis años, un día asustado me arrodillé y le pedí al Señor a través de mi Angel de la Guarda que me sacara de un apuro y fue ipso facto que lo hizo, aquello corroboró aun más si cabe mi Fe en El, yo sabia con certeza que Cristo me sacaría de aquel apuro infantil y aquella grac

iosa anécdota ahora con el tiempo me hace ver que Cristo siempre ha estado conmigo, y me ha amado mucho más de lo que merecí nunca.

En aquella época yo estaba muy enfrascado en aprender el Catecismo puesto que aquella primavera de 1966 iba a recibir mi Primera Comunión, pero una visita inesperada a casa de unas jovencitas Testigos de Jehová, cambiaron todos los planes de mi familia, y preguntándome el porqué de aquel cambio, me quedé sin hacer mi Primera Comunión. Recuerdo vívidamente que mis padres cambiaron mi querido Catecismo, y mis relatos del Evangelio por un libro de tapas anaranjadas, lleno de dibujos bastante horribles para un niño de mi edad, llamado “De Paraíso perdido a Paraíso recobrado”, se cambió la sencillez del Evangelio por impactantes ilustraciones de dragones rojos, y gente que moría en Armagedón bajo una lluvia de granizo enorme. Ahí comenzaron mis tres décadas y pico con los Testigos de Jehová, en las cuales no voy a profundizar pues ya lo hice en su día, cuando el Señor me llevó a mi siguiente paso de acercamiento a El. A través de mi encuentro personal con el Señor en el año 1999 dejé a los Testigos de Jehová y me fuí acercando cada vez más a la Iglesia Evangélica, primero fue en una independiente neotestamentaria, doctrinalmente catalogada como bautista, donde tomé mis aguas bautismales y mas tarde durante estos últimos cuatro años, a través de una congregación pentecostal de las Asambleas de Dios en Andalucía donde me trasladé por un llamado claro de Cristo a servirle, dejando mi tierra natal y toda nuestra familia.

Ha sido un tiempo muy hermoso, nada hay en el del cual me pueda arrepentir, allí he conocido grandes hijos de Dios, he podido percibir en mi el tremendo Poder del Espíritu Santo, y he disfrutado enormemente de alabar a Cristo como encargado de un grupito de alabanza. No obstante mi hambre y sed de Cristo, no me permitía estar tranquilo, habia un anhelo en mí que no se acababa de llenar, y mi ruego y súplica constante al Señor era “Padre si todavía hay algo mas que me quieras dar, dámelo por favor, me muero y me marchito si no tengo más de Ti”. Asi fue como empecé a tener un sentir negativo en cuanto al tiempo de la Santa Cena en la iglesia pentecostal, primeramente la irregularidad con la que se efectuaba en nuestra comunidad (a veces pasaba un mes sin realizarla) y segundo, la irreverencia a mi juicio, al usar unos símbolos poco apropiados (pan de molde, y zumo de frutas). Además en mi fuero interno, faltaba una seriedad, unas palabras biblicas, no sé, algo. Algo que después el Señor me ha mostrado que se llama “liturgia”. Evidentemente ahí faltaba algo muy grande y era la Presencia Viva de Cristo, sinceramente me estaba marchitando en ese lugar. Cuando participaba de los “emblemas” en la iglesia pentecostal, me decía a mí mismo “Señor yo creo firmemente que este es Tu Cuerpo y esta es Tu Sangre, no me importa lo que crean los demas”. Evidentemente, el Señor oía mi oración, y no permitió por mucho mas tiempo esa situación.

En el interín, mi hermano Carlos me llamaba cada semana, el me hablaba de sus descubrimientos y milagros que le sucedían dentro de la Fe Católica y yo le escuchaba, algunas palabras me impactaban, versículos que hablaban sobre la Tradición Apostólica, sobre las tres columnas en las cuales se sustenta el protestantismo “Sola Gracia, Sola Fe, Sola Escritura” como bíblicamente no se sostenían, incluso empecé a leer Roma Dulce Hogar de Scott Hahn, libro que, al principio, me pareció de que mi hermano Scott había leído demasiada teología y se le había formado un tremendo “cacao mental” pero debo decir que una vez más la obra en mi corazón ha sido de Cristo, puesto que no hay un razonamiento humano que pueda convencerte de nada, solo es la obra del Espíritu Santo, toda la gloria es para El.

Con esto no quiero decir que mis conversaciones con Carlos no fueran interesantes y muy fructíferas, y que mi hermano ha sido y es un gran apoyo para mí, pero estoy segurísimo, que sus oraciones han hecho mucho más en mi vida que las largas horas de conversación telefónica, que cruzaban el Atlántico semana tras semana. ¡Qué hermoso es todo, ahora cuando se ve desde la perspectiva del tiempo pasado! Carlos es un hermano y amigo muy especial para mí, y de veras que mi corazón sufría cuando el tuvo aquella gran pérdida de fe al ver su vida laboral truncada y prácticamente viviendo en su auto. ¡Cuántas veces oré por él, y cuántas veces él ha orado por mí en estos últimos meses cuando veía mi tristeza dentro del mundo evangélico! Doy gracias al Señor por todo este tiempo, por todos estos meses, por haberme traído aquí a Andalucía lugar el cual yo tildaba de “cuna de la idolatría” por su fervor religioso, en fin por tantas cosas, por haberme llevado a San Mateo ese templo tan antiguo de Lucena, por haberme encontrado con Leopoldo, el joven cura que para mí ha sido una bendición, nada de esto es casualidad, y no entro en mas detalles de las cositas que han ido sucediendo y que me demuestran que El, Cristo y Ella, María mi gran desconocida están detrás de todo.

Anhelo el poder participar de nuevo en la Eucaristía, mientras llega el certificado de fe de bautismo desde Barcelona, oro a Cristo que todo este increíble espacio celestial que se abre ahora delante de mí, pueda ir asimilándolo poco a poco, y que El siga teniendo misericordia de este hijito suyo que lo único que quiere es estar a su lado, a sus pies, en sus brazos o donde sea, pero cerquita de El, y ahora también maravillosamente amado por alguien a quien desconocía como madre pero que se me ha revelado de una manera increíble también, de veras me siento parte de una familia completa. Gracias sean dadas al Padre al Hijo y al Espíritu Santo, que con la intercesión de mi amada madre, Maria, y de mis hermanos en la fe tanto de la iglesia visible como la invisible han realizado este milagro maravilloso en mi vida.

Lucena 9 de Febrero de 2005.

José Luis Sansaloni

 


[1] Para apreciar el viaje que hoy lleva a nuestro amigo a la Iglesia favor de leer su propio relato inicial al tiempo de dejar el jehovismo. Unas pocas semanas luego de escribirnos estas líneas José Luis fue recibido en la Iglesia Católica. La historia completa de su conversión está relatada por él mismo en el artículo Un día tendrás que venir a María.