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Ellen Rice

El Mito de la Inquisición Española un especial de la BBC/A&E de 1994, es uno de esos programas que definitivamente hay que ver para cualquiera que desee saber como los historiadores evalúan a la Inquisición Española ahora que se han hecho públicos sus archivos. Este especial incluye comentarios de historiadores cuyos estudios verifican que el cuento de la hora más oscura de la Iglesia fue gran medida fabricado.

En su breve presentación de 60 minutos “El Mito de la Inquisición Española” provee apenas un resumen de los orígenes y la refutación de los mitos de tortura y genocidio. El documental definitivamente logra dejar al espectador con ganas de saber más. Las creencias, por largo tiempo aceptadas por la audiencia, son suficientemente debilitadas por el testimonio de expertos y la exposición de cómo se llegó a formar el mito.

La Inquisición comenzó en 1480. España comenzaba la histórica reunificación de Aragón y Castilla. El matrimonio de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla creó una España unificada que no se veía desde los tiempos del domino romano. Temerosos de que las leyes regulatorias del exilio o conversión fueran deformadas por los “conversos”, como por ejemplo “católicos” que asistían a las sinagogas, Fernando e Isabel comisionaron una investigación o inquisición.

Comenzaron la inquisición en la esperanza de que la unidad religiosa fomentara la unidad política, y otros jefes de estado anunciaran el trabajo que España estaba haciendo para por el advenimiento de una Cristiandad unificada. El documental claramente y sin ambages narra el contexto histórico, que indica que los españoles no estaban haciendo algo inusual teniendo en cuenta las normas contemporáneas.

El mito de la Inquisición, que los españoles llaman la “leyenda negra” no surgió en 1480. Comenzó unos cien años después, exactamente un año después de ;la derrota protestante en la batalla de Muhlberg por cuenta del nieto de Fernando de Aragón, el Emperador, Carlos V.

En 1567 una feroz campaña de propaganda comenzó con la publicación de un panfleto protestante escrito por una supuesta víctima de la Inquisición llamado Montanus. Este personaje (un protestante, por supuesto) pinta a los españoles como bárbaros que abusan de las mujeres y sodomizan a los muchachos jóvenes. El protagonista pronto crea estos “enemigos encapuchados” que torturan a sus víctimas en horribles aparatos como ser la “Dama de Hierro”, llena de cuchillos (y que nunca fue usada en España). El especial de BBC/A&E expresa francamente las razones para esta batalla de palabras: los protestantes peleaban con palabras porque no podían ganar en el campo de batalla.

La inquisición tiene un carácter secular (civil) aunque el crimen fuera la herejía. Los inquisidores no tenían que ser necesariamente clérigos pero sí debían ser abogados. Las investigaciones debían ser reguladas por reglamentos y eran cuidadosamente monitoreadas. Significativamente, estos historiadores declaran falso un documento de la Inquisición que declara el genocidio de millones de herejes.

Lo que está documentado es que de 3000 a 5000 personas murieron durante los 350 años que duró la Inquisición. también se documentan los “autos de fe”, sentencias públicas a herejes en las plazas de los pueblos. Pero el gran mito del control del pensamiento por hermandades siniestras es refutado por la evidencia de los archivos. Los inquisidores disfrutaban de una poderosa posición en las ciudades, pero esto era constantemente questionado por otros jugadores del poder. En las áreas alejadas, no tenían suficientes empleados. En aquellos días era casi imposible para uno o dos inquisidores cubrir el territorio de mil millas asignado a cada equipo. Como el programa documenta, 3000 a 5000 ejecuciones documentadas, palidecen en comparación con los 150,000 quemas de brujas documentadas en otras partes de Europa durante los mismos siglos.

La aproximación es puramente histórica y por lo tanto no entra en asuntos de índole eclesiástica en lo que toca a la libertad de religión. Quizás esto sea lo mejor. Ya que el crimen era la herejía, la Iglesia estaba implicada pero los hechos muestran que esto era un asunto secular o civil.

Una faceta de la Leyenda Negra que se evapora bajo el escrutinio de este filme es el rumor que Felipe II, hijo de Carlos V, mató a su hijo Don Carlos por consejo de un viejo ciego, Gran Inquisidor. Sin un ápice de evidencia, esta leyenda ha sido eternizada en la ópera ‘Don Carlos’ de Verdi.

Este programa puede ser inadecuado para los niños. Hay escenas de pobres almas quemándose en el madero y primeros planos de los métodos de tortura. Escenas que representasn brujas consultando con demonios panzones son especialmente grotescas. Para los niños esto es el tipo de cosa que se ve en una pesadilla.

Desacreditar la Leyenda Negra trae al caso el pegajoso asunto del revisionismo. Reinvestigar la historia es inválido solamente si se pone una agenda delante de la realidad. Los expertos ­que una vez vreyeron en el mito de la Inquisición – no estaban predispuestos a hacer una canonización feminista de Isabel de Castilla o a proclamar que Torquemada era un marxista. Henry Kamen del Alto Concilio de Investigación Científica de Barcelona ha dicho frente a la cámara que la investigación de los archivos de la Inquisición “demolió la imagen previa que del asunto tenían los historiadores.”

¿Y que hay del futuro de la Leyenda Negra? Para muchos puede continuar siendo más real que la realidad. Está el atractivo emocional de estar contra la Iglesia. Los disidentes de hoy pueden imaginarse fácilmente los ojos viles de Torquemada como una metáfora de de la “dictadura, control y condenas” promulgadas por la Iglesia. El mito es la forma más facil de endorsar el estado secular: “des-religionar” el estado y des-criminalizar la herejía. ¿Qué revisionista hará eso? ¿Quien seguirá a Montanus en reescribir la Historia?

Nuestra crisis del siglo XX del hombre jugando a ser Dios – usurpando poderes sobre la concepción de la vida, la vida y la muerte – nos deja sin alternativas en lo que toca a desmitificar a la Inquisición, debemos recordar que 3.000 o 5.000 víctimas son todas ellas demasiadas.

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