damian-de-molokai

George Rutler

El domingo 11 de octubre de 2009 el Papa Benedicto XVI elevó a los altares a cinco nuevos santos: Zygmunt Szczesny Felinski (1822-1895) , Arzobispo de Varsovia; Francisco Coll y Guitard (1812-1875), sacerdote dominico; Jozef Damiaan De Veuster, (1840-1889), Sacerdote de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y María; Rafael Arnáiz Barón (1911-1938), religioso trapense; y Marie de la Croix (Jeanne) Jugan (1792-1879), fundadora de las Hermanitas de los Pobres.

Los hogares de ancianos de Jeanne Jugan hoy están en 32 países, y parte de su generosa labor ocurre aquí en mi propia diócesis. Una estatua de San Damien representa al estado de Hawaii en el Capitolio de los Estados Unidos. Las noticias de su heroica labor entre los leprosos de la isla de Molokai se esparcieron rápidamente después de su muerte. Teddy Roosevelt dió instrucciones a la Gran Flota del Pacífico de arriar a media asta las banderas al pasar frente a la tumba del santo. En 1934, otro Roosevelt, Franklin D. envió un crucero de la marina a transportar el cuerpo del sacerdote a su Bélgica nativa, donde fue recibido por el rey belga, el Cardenal-Arzobispo, y 100.000 personas que vivaron al Padre Damien como «De Grootste Belge» — el más grande de los belgas. Un día durante la Misa, el Padre Damien habló a su congregación de exiliados diciendo «nosotros» porque él mismo había contraído la lepra. La lepra, también llamado el mal de Hansen, puede ser tratada con drogas que se descubrieron en los mil novecientos cuarenta. Hoy día hay unos 2,5 millones de pacientes en el mundo que sufren de esa enfermedad. Unos 75 leprosos pueden ser curados con lo que cuesta una cirujía plástica promedio en New York.

Cuando Jesús le dijo a aquel joven rico, (que quizás era de la misma edad que el P. Damien cuando llegó a Hawaii,) que se deshiciera de todo lo que le impedía acercarse a Dios, «su rostro decayó, y se fue muy triste, porque tenía muchas posesiones.» (Marcos 10, 22). Cristo el Salvador no es un cirujano plástico. En la Misa no nos dice, «Levantad vuestros rostros,» sino «Sursum Corda» – «Levantad vuestros corazones.» El rostro de San Damien era de los más hermosos, pero fue desfigurado como el del Mesías: «Fue despreciado y rechazado por los hombres; varón de dolores, que conoció la pena; y escondimos nuestro rostro de él….» (Isaías 53,3).

Entre los que despreciaban al P. Damien había un rico misionero presbiteriano en Honolulu, el Reverendo Doctor Hyde quien, en 1890 en una carta a otro misionero el Rev. H.B. Gage, escribió que el sacerdote católico era sucio, terco, prejuicioso y promiscuo. Robert Louis Stevenson, que era entonces un presbiteriano escocés, había visitado el leprosario. Después de leer ese ataque al Padre Damien, publicó una flamígera respuesta al Dr. Hyde, con estas palabras:

«Si el mundo algún día le recuerda a Ud. será en el día en que el Padre Damien de Molokai sea llamado a los altares, será únicamente por la carta que Ud. escribió al Reverendo H.B. Gage.»

En la Plaza de San Pedro, 119 años más tarde, se ha cumplido aquella predicción.


 

 

Anuncio publicitario