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Severo Aguijón

María [Magdalena], tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume. Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo: «¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?» Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella. (Juan 12, 3-7)

Parece que el buen apóstol Juan no sabía la regla de «respeto a las personas» cuando se cargó a Judas de un plumazo. En fin. Aquí vamos de nuevo y ya me imagino lo que el «magisterio paralelo» va a ladrar esta vez, cuando aquí me sumo a quienes están sonando la alarma por el escándalo de la Campaña Católica para el Desarrollo Humano (Catholic Campaign for Human Development) conocida en los Estados Unidos por sus siglas CCHD.

Recientemente se ha hecho público que CCHD ha contribuído más de siete millones de dólares a la ONG filocomunista ACORN en lo que va de los últimos diez años, así como otros grupos que promueven el aborto, la legalización de la prostitución y el homomonio.

La CCHD es una organización reconocida por el cuerpo de obispos americanos y aparece siempre en nuestras iglesias entre el Dia de Acción de Gracias y la Navidad para solicitar donaciones después de la Misa. O sea, los veremos entre esta semana y el fin de diciembre.

No han aparecido aún por mi parroquia, pero estimo que cuando lo hagan, si el párroco tiene el mal gusto de dejarlos hablar, vamos a ser muchos los que nos vamos a levantar del asiento para esperarlos afuera, donde serán prolijamente abucheados y se les pedirá que tengan el buen gusto de no regresar nunca más. Y los obispos, que tomen nota.

Recientemente tuvimos que tolerar la vergüenza que una menor de edad centroamericana a cargo de Caridades Católicas, quedara embarazada. Luego se le facilitó el acceso a una clínica abortista. No entro en detalles porque la historia se pone peor.

Mientras se cierran parroquias en todo el país por falta de fondos para mantenerlas, mientras los ministerios de paz y justicia se ven en figurillas para mantener sus despensas llenas y así proveer para familias en emergencia en medio de una de las recesiones económicas más fuertes de los últimos treinta años… hay agencias católicas como ésta que se tragan siete millones de dólares del bolsillo de los fieles para entregarlos a una de las organizaciones de acción política más corruptas que existen, al presente bajo investigación de varias agencias federales.

Una amiga, a la que llamaremos Isabel, comenta:

«Por los pasados nueve o diez meses he estado trabajando en ayudar a los necesitados y desamparados sin techo. Primero tuve que ocuparme de una chica embarazada de 18 años y su esposo de 19. Llamé a Caridades Católicas, quienes ofrecieron enrolarlos en toda clase de «programas» pero sin darles un solo gramo de asistencia real. Las iglesias locales no quisieron molestarse tampoco. Sin embargo en un solo domingo, en una sola parroquia, se reunieron 25.000 dólares para ayudar a las víctimas del sunami en Indonesia. ¿Es que hemos perdido el camino?»

Ya habrá quien me acuse de hablar mal de CCHD, de generalizar, de robarle caramelos a los ciegos, de tener caspa y de hablar con la boca llena. Perfecto. Ahora pónganse un minuto a pensar si la bolsa de las limosnas de la Iglesia debe ser usada en cualquier proporción para promover el avance de las fuerzas del anticristo. Y meditemos sobre qué pensará Jesús de todo esto. Caridades que donan millones a organizaciones de acción política, pedófilos morfinómanos que viven una vida de lujo desvergonzado y dejan hijas del polvo y del «espíritu» (las peores) y no nos olvidemos de los inefables apologistoides homosexuales. (Apocalipsis 17, 1-3)

No es cuestión de inventarse una doctrina para apañar y defender otra cosa indefendible. Es cuestión de arrepentirse y dar prueba de contrición.

¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién permanecerá de pie cuando aparezca? […] ¿Puede un hombre defraudar a Dios? ¡Sin embargo, vosotros me defraudáis a mí! Vosotros decís: «¿En qué te hemos defraudado?» En el diezmo y en los tributos. Sobre vosotros pesa una maldición, porque vosotros, la nación entera, me defraudáis. Malaquías 3, 2-9