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Damian Thompson

Fue algo sumamente chocante ver el ataque a S.S. Benedicto XVI en la televisión. Me dió vuelta el estómago. Para un hombre de 82 años, tener que presidir un servicio religioso bajo la mirada de millones de personas es algo que impresiona bastante. Además, recordemos que Joseph Ratzinger no es un hombre naturalmente dado al público como su predecesor. Estas cosas no le resultan fáciles. Me imagino el horror de ser violentamente empujado al piso en un momento de semejante tensión. Que no resultara herido es un pequeño milagro. Si el Papa se hubiera fracturado la cadera, lo que fácilmente pudiera haber ocurrido, su salud hubiera sido dañada seriamente: muchas personas de edad no se recuperan nunca de una caída violenta. Así como sucedió, Benedicto continuó impasiblemente, casi como si nada hubiera ocurrido.

La Iglesia Católica realmente necesita a Benedicto XVI: su salud (que, gracias a Dios, parece estar muy bien) es motivo de preocupación y no justamente porque de ella depende la visita papal a Gran Bretaña. Este Santo Padre es un conductor avezado y radical. En el año 2007, proclamó una carta apostólica histórica, Summorum Pontificum, que acercó las nuevas y antiguas formas del Rito Romano una a otra. Va a tomar años para que se «asiente» como corresponde, aunque la transformación ya ha comenzado. ¿Quién considera en estos días que la celebración del Rito Tridentino es algo peligrosamente exótico, como era el caso hace algunos años? Sí, hay obispos que continúan desatendiendo los desos del Papa, pero el Vaticano sabe quiénes son, en parte, gracias al Internet.

Y luego tenemos la Constitución Apostólica para ex-anglicanos, Anglicanorum Coetibus. Esta es una iniciativa personal de Benedicto XVI que comenzará a tomar forma en este año que entra. Como el Papa ha puesto a un lado el consenso haragán de la liberalidad – tal como lo hizo con Summorum Pontificum – el plan requiere una presión constante de la Santa Sede para ser implementado correctamente. Si sale bien tendremos un poderoso testimonio de fieles anglicanos «cruzando el Tíber». Creo que podemos confiar en el Arzobispo Vincent Nichols en esto; pero no tanto en sus colegas.

Más que nada, el Papa Benedicto XVI necesita tiempo para asegurarse que todas sus iniciativas serán incorporadas en la renovación fundamental de la adoración que él ha venido soñando por décadas. Una renovación que complete en forma apropiada la visión del Concilio Vaticano II, prohibiendo los abusos que fueron permitidos por el Arzobispo Bugnini y restaurando las invariables tradiciones de la Iglesia . ¡Ad multos annos!