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Santos Católicos

San Agustín nació en África, en Tagaste en el 354. Sus padres eran de clase media, el padre mantenía a toda la familia, aunque ésta no se podía permitir ningún lujo. Él era pagano, aunque acabó convirtiéndose al cristianismo y su madre, que se llamaba Mónica, era una mujer religiosa y gran cristiana.

Desde muy niño aprendía a invocar a Dios de la mano de su madre, fue inscrito en el orden de los catecúmenos de la Iglesia; a los siete años tiene una enfermedad gravísima y por el peligro de muerte pidió el bautismo, pero como mejoró su misma madre se opuso a que fuera bautizado. En esta época Agustín se empezó a interesar por el juego, que, como dirá él, le traerá muchos castigos, «pecaba yo Señor, quebrantando los preceptos de mis padres y maestros. Podrían ser de provecho para el día de mañana aquellas letras que ello, fuera cual fuese su intención, pretendían que yo aprendiese. Mi desobediencia no se basaba en una opción personal por lo mejor, sino en la afición al juego… triunfos soberbios… y la curiosidad por los espectáculos.» Pero sus padres le obligaron a estudiar. Sin embargo Agustín reprochará a sus padres que se preocupaban más por su carrera intelectual que por su propio crecimiento y adolescencia. San Agustín da gracias a Dios pues detrás de todo ello estaba Él, Él era quien le cuidaba verdaderamente. Estudia gramática, filosofía… y se interesa por el latín.

En el periodo de la adolescencia y juventud, irán despertando en Agustín las pasiones y los «males de la ociosidad», los efectos de malas compañías… propias de su edad. «No guardaba yo la mesura, de alma a alma, que marcan los linderos luminosos de la amistad .. siguiendo los impulsos de mi dispersión, … abandonándoos yo a Vos, … pero Tú siempre estabas a mi lado «.

Gracias a la ayuda económica de un vecino suyo, su Padre consigue enviarle a Cartago para continuar sus estudios, es allí donde se unirá con una mujer y tienen un hijo no deseado llamado “Deodato» (dado por Dios), al que luego amará con todo su corazón. San Agustín se volcará totalmente en sus estudios, para llegar a convertirse en un hombre culto, elocuente.

Conversión

San Agustín va a leer el Hortensio de Cicerón y toma conciencia del ser personal con respecto al mundo y a Dios. En este libro va a echar de menos el nombre de Cristo, lo que ahora va a importarle es la verdad, la sabiduría que es bien y que produce felicidad, debido a la influencia de su madre vio que la sabiduría y la verdad sólo pueden estar ligadas en Cristo.

En esta búsqueda de Cristo, Agustín lee la Biblia, pero no la entiende. La actitud adecuada para comprenderla era la de hacerse como niños, postura que el santo no estaba dispuesto a admitir, y buscando, buscando cae en la secta de los maniqueos, éstos le prometen encontrar a un Dios que da sentido a todas las cosas racionalmente: el origen del mundo, el problema del mal… Pero decepcionado de la doctrina maniquea ya que no le da lo que busca realmente, cae en el escepticismo, empieza a dudar de todos y de todas las cosas.

Agustín va a conocer a San Ambrosio, gran hombre y gran orador, » tenía al mismo al mismo Ambrosio por un hombre feliz según el mundo, pues tanto le honraban las altas potestades…  pero estaba equivocado » A mi no se me brindaba la oportunidad de preguntar lo que deseaba a tan santo, pues era de pocas palabras y mis inquietudes necesitaban una persona con quien había de desahogarme y nunca la hallaba». Gracias a la escucha de su predicación, Agustín fue conociendo la Sagrada Escritura y su interpretación espiritual.

Es ahora cuando decide permanecer, en la Iglesia católica, hasta que surja algo mejor. Está lleno de preguntas sobre Dios, el mal… y la figura de Cristo va calando en su vida, una idea le queda fijada en su corazón: Cristo ha estado presente en el camino de su vida.

Empieza a leer a San Pablo , éste le revelará que el verdadero camino es Cristo. Siente interés por conocer a personas que desde niños siguen a Cristo, quiere ver que esto que lee es verdadero y se puede hacer realidad. Agustín encuentra a Cristo en la Iglesia a través de personas concretas.

Agustín leerá en Romanos 13,13: , «No en comilonas, ni borracheras … sino revestíos de nuestro Señor Jesucristo y no cuidéis de la carne.» — «No quise leer más, ni fue menester; pues apenas leída esta sentencia, como si una luz de seguridad se hubiera difundido en mi corazón, todas las tinieblas de la duda se desvanecieron». Su conversión hace a San Agustín retirarse, dejarlo todo para encontrar y conocer a Cristo. Para rezar y llevar una vida en la que cultive la amistad con él.

Vida Cristiana

Decide instalar una comunidad de seglares en la propiedad de su padre; comunidad dedicada a la búsqueda de la verdad, lectura de la Sagrada Escritura, oración y vida en Cristo.

Poco a poco irá descubriendo la necesidad que la gente tiene de él para resolver sus dudas de fe. San Agustín empieza a escribir y a predicar a Cristo resucitado.

El pueblo se fija en Agustín y pide que sea ordenado sacerdote, no se siente preparado para esta tarea y pide un tiempo para orar y estudiar la doctrina cristiana. Será ordenado sacerdote y se dedicará a pregonar el Evangelio de Cristo por toda África. A los pocos años será ordenado como obispo de Hipona.

Esta nueva vida, que él no buscaba al principio, será una gran carga, pero poco a poco aceptará el encargo de la Iglesia por amor a Cristo humilde.

Agustín en el ejercicio de su episcopado se encargará de purificar las malas costumbres de la gente del pueblo, se ocupará de anunciar el amor de Dios a los hombres, un amor infinito, misericordioso y gratuito. Llevará una vida religiosa intensa, austera, humilde y se preocupará por los más pobres «El pobre espera de ti, tú espera de Dios».

Tomado de Santos Católicos

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