el-bautizo-de-karina

Enrique Monasterio

Vino de Perú en busca de trabajo y encontró mucho más de lo que buscaba en la casa de Álvaro y Carmen. Algún mérito tuvieron los niños, con los que aprendió todo lo necesario para remozar su fe y recibir los tres Sacramentos de la iniciación cristiana: el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Después de una catequesis pausada y profunda, hemos podido celebrar la ceremonia en la Parroquia de los Padres Carmelitas de la calle Ayala, en Madrid.

El párroco ofició la Santa Misa y yo me reservé la homilía. No recuerdo muy bien lo que dije, porque andaba medio tocado por algún virus invernal. Supongo que conté la historia de aquel anciano doctor de la Ley llamado Nicodemo que fue a ver a Jesús una noche y le saludó con un discurso algo ampuloso que había preparado para la ocasión. El Señor le bajó cariñosamente de su pedestal y le dijo que debía volver a nacer por el agua y el Espíritu Santo. Sólo así entraría en el Reino de los Cielos.

Luego hablé de la Gracia, que es la belleza que Dios crea en el alma cuando la traspasa con su mirada. Y expliqué que Karina fue una mártir del siglo IV y que su nombre deriva precisamente de la palabra griega “Kharis”, que significa “gracia”. Así que habría que traducirla como “agraciada” o “querida”.

Karina estaba elegantísima y un poco nerviosa. No dejó de sonreír ni un solo instante. Álvaro y Carmen, que fueron los padrinos parecían tan felices como ella.
Creo que no debo contar nada más. Aunque me diera permiso, algunas cosas no deben salir en un blog; ni siquiera en un globo como este. Las fotos, sí… María, ¿cómo no me has mandado una de todo el grupo: de los padrinos, los niños, los demás compatriotas que vinieron a acompañarla?

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