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Primera Luz

¿Es Dios un concepto que usamos para llenar todo lo que no podemos explicar? ¿Se insinúa Dios a los hombres en la infinita complejidad, del universo revelándose como creador? Un lector de Argentina nos presenta algunas preguntas interesantes.

Un científico creyente, Roger Trigg, va a realizar un proyecto de investigación sobre la Fe. Me desconcierta lo que dice en una parte de dicho artículo: ¿Qué es lo que quiso decir?

Me gustaría contar con el escrito original del Dr. Trigg. Las traducciones suelen ser inexactas, especialmente en estas materias tan delicadas, en las que un “para” debiera haber sido un “por” si se malentiende toda una frase o algo peor. Por eso no puedo contestarte así sobre lo que el Dr. Trigg “quiso decir” sino sobre lo que este traductor en particular ha querido traducir. Esperemos que la traducción sea conceptualmente fiel e íntegra. Ahora publico aquí el párrafo que me enviaste, que estimo es una cita de Trigg.

“Estos puntos pueden ilustrarse mediante razonamientos sobre la idea de Dios como Creador. Esta puede parecer una noción difícil para la ciencia y es fácil desestimarla como acientífica. Ciertamente, la idea de hacer de Dios la causa “científica” del inicio del universo puede parecer una invocación al llamado “Dios de los agujeros”. Estamos invocando a Dios, podría parecer, porque no podemos de momento encontrar otra explicación. Ciertamente, la idea de que la teología aproveche al máximo las dificultadas halladas en la ciencia parecería una estrategia arriesgada e inestable. ¿Qué pasa si resulta que la ciencia termina por dar razón del origen de las cosas con la completa satisfacción de los científicos? ¿Deben decir los teólogos que esto no puede suceder o que tal explicación sería pobre por su propia naturaleza? Puede que parezca algo incongruente la disputa entre teólogos y físicos sobre el papel de un vacío cuántico, del mismo modo que la idea de Dios como causa, en cualquier sentido científico reconocible, hace surgir más preguntas que respuestas. ¿Podría ser Dios una causa entre muchas (aunque una que opera en un momento crucial) más que la causa de todo? Esto último, ¿no es del todo diferente de nada que pueda tratarse científicamente? Pero si uno aduce que sencillamente hay distintos tipos de explicaciones, una vez más religión y ciencia se separan en distintos compartimentos de modo que ninguna puede aprender de la otra. Estos problemas son esencialmente temas de nuestra comprensión racional de la realidad, e inciden sobre el núcleo de la naturaleza tanto de la religión como de la ciencia, y de ahí la posible relación entre ambas.”

1. ¿Es posible que la ciencia explique como surgió todo? Francis Collins ex presidente del Proyecto del Genoma Humano responde que aunque la ciencia explique todo, no refuta a Dios, ya que Dios esta en el plano sobrenatural.

Implícito en esta pregunta estaría el concepto de que la ciencia ya ha avanzado tanto que poco queda por explicar. Esta es una situación recurrente. En la primera mitad del siglo XX, Bertrand Russell tuvo la idea de afirmar que en poco tiempo se podría disponer del conocimiento completo de toda la Matemática, punto. [1] El asunto se discutió hasta que Gödel presentó su famoso teorema. Luego siguieron y siguen surgiendo campos desconocidos para los matemáticos del tiempo de Bertrand Russell, un ateo militante que, al menos en eso, quedó archiprobado en su error. [2]

De esa experiencia concluimos que no se puede juzgar o sospechar la finitud de un sistema de conocimientos partiendo de los axiomas con los cuales dicho sistema cuenta en principio. Una analogía sencilla sería decir que un hombre primitivo, per impossibili, encuentra un sistema de transmisión de un Rolls Royce. Este hombre imaginario estudia el sistema toda su vida y logra desarmarlo y entender todas sus partes usando una serie de axiomas que desarrolla de acuerdo con su limitada experiencia. Como tal, determina que ha aprendido todo lo posible sobre esta maquinaria desconocida y concluye que, por lo tanto, no hay nada más que aprender. Sin embargo este imaginario cavernícola desconoce el automóvil que hace uso de dicha transmisión, las complejas disciplinas de ingeniería e industria que la produjeron y su aplicación básica.

Efectivamente la ciencia está a siglos-luz de conocer los secretos de lo infinitamente grande y de lo infinitamente pequeño en el universo. De hecho no se encuentra manera de reconciliar el universo cuántico con el universo regido por la relatividad einsteniana. Suponiendo que ciertos esfuerzos, como la Teoría de Cuerdas pudieran reconciliar en el papel ambos sistemas (quantum y relatividad), nos encontramos ante una serie de imposibilidades, como ser la de observar físicamente el comportamiento de estos corpúsculos definidos en la Teoría de Cuerdas. En esto se cumple lo que tantos científicos han afirmado: a medida que se obtienen más conocimientos sobre el universo, más misterios se abren ante la curiosidad humana. Y estos misterios son cada vez más insondables. Presuponer que la ciencia pueda “alguna vez” entenderlo “todo” y explicar su origen, es algo que desafía la experiencia científica del hombre hasta hoy. Podemos, como el primitivo de mi ejemplo, suponer que ya lo hemos entendido todo. Sin embargo, la ciencia de hoy (la seria ciencia dura como la de los teoremas de Gödel) ya nos anuncia que es aventurado (al menos) tratar de medir la plenitud comenzando desde lo incompleto.

Ahora suponiendo, de nuevo per impossibili, que mañana un genio pudiera entender el universo en toda su complejidad desde la astrofísica, pasando por los secretos de la vida y llegando a las mismas raíces del orden de la materia y la energía sin dejar nada en la oscuridad… si el primitivo pudiera deducir, observando un pedazo de transmisión en su isla, todos los secretos de la producción en Detroit, las complejidades de la producción industrial americana, las autopistas y las líneas de producción, la alienación psicológica de los obreros en los sistemas de producción en serie y las luchas entre los gerentes de General Motors y los sindicalistas del automotor… Eso solamente le generaría todas las preguntas e inquietudes del hombre moderno. En nuestro segundo supuesto, si nuestro genio entendiera el universo con la facilidad que un niño entiende una llave de luz… aún así no podría discernir el por qué de toda su experiencia. Simplemente sería un hombre muy avanzado en su búsqueda y aún no descubriría la razón de existir de ese laberinto que ha logrado descifrar.

Recordemos que hemos planteado este supuesto desde la remotísima posibilidad de que la ciencia — en un dia futuro — lo explique “todo” y eso es algo que, por lo expuesto y a todas luces, está muy lejos de suceder.

2. Según lo dicho por el Dr Collins me inquieta lo siguiente ¿Cómo podríamos seguir sosteniendo la creencia en Dios si nada “natural” hiciera de puente hacia él? Es decir, necesariamente en el mundo natural tiene que haber algo (como el origen del universo) que no pueda ser explicado naturalmente, no tiene que producirse la “completa satisfacción de los científicos”.

Aquí el Dr. Collins debiera explicar lo que el entiende por “natural”. Hasta ahora el origen del universo no puede ser explicado “naturalmente”. De hecho la ciencia hasta principios del siglo XX consideraba que el universo era inmanente, siempre había existido y no encontraba “prueba” de una causa inicial. Curiosamente, un pueblo de pastores, al filo de la Edad de Bronce, entre Armenia y Palestina, creía en un principio ex-nihilo. No porque dispusieran de algún medio natural de establecer la creación a partir de la nada, sino porque — ellos mismos lo declaran así —s u Dios se los ha revelado: beresith barah Elohim... En el principio Dios creó… Y estos obstinados hebreos siguieron creyendo lo mismo hasta que la ciencia (Hubble, Penzias, Wilson, Gamow, et al) se puso al día con ellos. Hoy sabemos que ese principio fue hace unos 13.700 millones de años y los rastros de la energía liberada en ese fogonazo inicial están por todos lados: los llamamos “el universo” que, por lo que se puede saber, es nada más ni nada menos que los escombros y las ondulaciones producidas por una inmensa generación de energía que ocurrió en un punto original.

Ahí tenemos un hecho natural. Un pueblo, contra mundum, cree en un principio creativo. Es como si a mi me preguntan por Manuel y yo digo, “Manuel está muerto”. Pasan los días y Manuel no aparece. Tampoco me creen a mí que Manuel esté muerto. Pero al tanto, aparece Manuel con un cuchillo clavado en la espalda. Estoy muy seguro, que en un caso así, la policía va a querer hablar conmigo y querrán saber cómo es posible que yo supiera, antes que nadie, sobre la muerte de Manuel.

Lo mismo ocurre aquí. Los hebreos emiten una afirmación sorprendente y que no puede ser intuitiva pues nadie en la experiencia humana, ha visto salir algo de la nada. Luego viene Tomás de Aquino con sus “cinco vías” para probar la existencia de Dios, etc. Y cuando se descubre en el siglo XX, cuarenta siglos después de que Abraham saliera de Aram, camino a Palestina… que los condenados, cabeciduros pastores estaban en lo cierto. Y eso sin saber del espectro residual de microondas, el efecto Doppler o nada por el estilo. Cosas que también le eran desconocidas al Tomás de Aquino, dicho sea de paso. Sin embargo, los policías de este misterio ni siquiera consideran a esos como sospechosos de tener una complicidad, una revelación especial que solamente puede venir de la escena del crimen… no. Por el contrario, usan lo descubierto poco y tarde para tratar de probar que la revelación religiosa es una patraña o al menos, una ilusión bonachona e ignorante. ¡Ellos, la ciencia! ¡Que estuvieron equivocados por cuarenta siglos!

Ahí tiene Ud. un puente natural. Uno de cientos. Que no hay lugar para listar las muchas cosas que se producen siglo tras siglo. ¿Es necesario que Dios baje del cielo, un anciano de toga y barba blanca y comience a hacer trucos de magia para “probar” que existe? Contemplemos por un momento esa suposición. Primeramente tratemos de suponer por un momento que Dios existe. Dije suponer y no admitir. Suponiendo que Dios exista, El es el origen emisor de la “patada inicial” del Big Bang tan altisonantemente proclamado ahora como si probara justamente que Dios no existe… Esa patada inicial — en teravatios — sería un número tan grande que todos los granitos de arena en la tierra  representando cada uno un cero, en una cifra que comienza con un uno, no podría alcanzar a representar el número completo. Uno tiembla al imaginarse un encuentro con un tigre o un león. Imagínese Ud. si bajara a la tierra en todo su esplendor, el poseedor de semejante poder ¿Qué pasaría? Pues para empezar, si sobrevieviéramos, por la gracia de Dios, perderíamos completamente nuestro libre albedrío. Moralmente sería un acto de coerción que dejaría a Don Corleone como a un inocente niño de pecho en comparación. Dios, entonces, debe presentarse a nosotros en otra guisa. Y lo ha hecho, pero su lógica es misteriosa. Dios es misterioso y se resiste a comportarse como Anatole France y Richard Dawkins lo esperan. Ese es el problema.

3. ¿Qué significa como dice Küng y el Padre Loring que Dios “no es demostrable”?

El Padre Loring tiene razón, a Dios no se lo puede “demostrar” porque para ello habría que comprender y aprehender la misma naturaleza divina. Volviendo a lo dicho en párrafos anteriores, no se puede definir lo completo desde lo incompleto y no se puede entender la infinitud desde la finitud. Eso requiere un poco de meditación pero en el fondo, es una verdad de Perogrullo.

Esto se explica en forma sencilla así: imagine Ud. que debe darle a un niño de cuatro años, una explicación detallada del matrimonio y de la reproducción sexual. El niño no puede comprender o tan siquiera aprehender los conceptos necesarios para demostrarse a sí mismo, por ejemplo, si desea casarse o no. Simplemente no tiene las herramientas necesarias y sus conceptos, por necesidad serán aproximados. Es necesario reducir la explicación a los términos del niño (papá, mamá, cariño, semillitas, plantas, flores… cosas que el niño conoce). En eso consiste la revelación divina. Dios le dice al pastor Abraham: “En el principio” y Abraham puede entender eso y lo registra en la historia sagrada. Lo extremadamente llamativo es que la historia sagrada siempre termina teniendo razón, si uno la examina detenidamente.

Se puede intuir sensatamente, por el sentido común, que las complejidades del universo revelan una mente creativa y un propósito o dirección. Pero es mucho pedir que se nos “demuestre” a Dios, como si fuera el teorema de Tales.

4. Küng por ejemplo dice que la creencia en Dios se basa en una “confianza fundamentada en la realidad” ¿Es solo eso? (aunque no es poco) Dice a su vez que el ateísmo no es irrefutable, que es posible ¿Dónde esta la aseveración de Pablo, donde la fe es “certeza y prueba” y donde las pruebas que da la creación hacen que “no tengan excusa” (Romanos 1, 20)?

Aunque no comulgo con las ideas teológicas del Dr. Küng creo que esa expresión en particular es acertada. En la experiencia cristiana hay elementos que nos permiten intuir con bastante precisión las intenciones sobrenaturales. Por supuesto, hay quienes descartan dichas experiencias (Fátima, Lourdes, etc.) como psicosis colectivas, autosugestión, etc. Ante eso, la respuesta del hombre nacido ciego a los fariseos es apropiada: “lo único que yo sé es que yo no veía y ahora veo”.

5. ¿Qué opina entonces de esto?

Opino lo mismo que San Pablo: “pues lo que de Dios se puede conocer, está en ellos manifiesto: Dios se lo manifestó. Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad, de forma que son inexcusables; porque, habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, antes bien se ofuscaron en sus razonamientos y su insensato corazón se entenebreció.”

La vida en toda su complejidad, el universo en toda su magnificencia y la maravilla de las estructuras abstractas que subyacen a todos nuestros conocimientos, la profundidad maravillosa de los libros sagrados… en mi opinión… son demasiada evidencia.

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[1] El logista supremo del siglo XX y amigo íntimo de Einstein fue el misterioso y reservadísimo Kurt Gödel, profesor del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton. Gödel puso de cabeza al siglo XX con dos pruebas que conjuntamente se popularizaron como el “teorema de lo incompleto.” Esto puso límites no solamente a la matemática sino también a la teoría de inteligencia artificial. No hay un solo manual de teoría superior de números que no contenga una respetuosa referencia al trabajo de Gödel. Durante su vida no se retrajo de reconocer que creía en Dios, en la línea del matemático germano Gottleib Leibniz. Para Gödel, así como para Flew, a medida que se aprende más, más se da cuenta uno de que existe una inteligencia creativa en las sombras. Aun el fallecido filósofo de Harvard, Robert Nozick admitió haber llegado a tener conciencia de que había “algo” en los confines de su campo de conocimientos. Ninguno de los nombrados pudo definirse mejor sobre el asunto. (Paul A. Wagner, Dios y la Evidencia, Primera Luz Vol. IX)

[2] (Abril 28, 1906 Brno – Enero 14, 1978 Princeton, New Jersey) Matemático y filósofo austro-americano. Uno de los más importantes estudiosos de la lógica que han existido. Gödel tuvo una inmensa influencia en el pensamiento científico y filosófico de siglo XX, en un tiempo en que algunos como Bertrand Russell, A. N. Whitehead y David Hilbert, adelantaban en el uso de la lógica y la teoría de conjuntos para entender las bases fundamentales de la Matemática. Gödel es mayormente conocido por sus dos teoremas de lo incompleto, publicados en 1931 cuando tenía 25 años de edad, al año de terminar su doctorado en la Universidad de Viena. El más conocido de sus teoremas de lo incompleto, afirma que que en un sistema recursivo axiomático consistente con la capacidad de describir la Aritmética de los números naturales (Aritmética de Peano), hay proposiciones verdaderas sobre los números naturales que no pueden ser probadas usando los mismos axiomas. Para probar este teorema, Gödel desarrolló una técnica hoy conocida como numeración de Gödel, que codifica una serie de expresiones formales como si fueran números naturales. Además probó que la hipótesis del continuo no puede ser probada falsa partiendo de los axiomas aceptados de la teoría de conjuntos, si dichos axiomas deben permanecer consistentes. Hizo contribuciones importantes a la teoría de pruebas, clarificando las conexiones entre la lógica clásica, lógica intuicionista y lógica modal.

 

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