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Vademécum de Apologética Católica

La Nueva Alianza no destruyó a la Antigua Alianza sino que la completó y cumplió. La Iglesia Católica ve la historia de la salvación de la humanidad como una acción de Dios completa e indisoluble. Como católicos hemos llegado a ser hijos de Abraham, Isaac, Jacob y Moisés. Nuestra liturgia tiene mucho en común con la liturgia de nuestros hermanos mayores en la fe, el pueblo judío. Por ejemplo, no hay ninguna otra tradición cristiana que presente la Santas Escrituras en procesión al comienzo de cada liturgia, elevándola por sobre la congregación de fieles. Sin embargo nuestros hermanos judíos lo hacen precisamente así. La tradición más antigua, fundada por Jesús y sus apóstoles — o sea, la Iglesia Católica — es verdaderamente la fe de Israel llevada a su completa realización.

2 Corintios 3, 2-3 — Vosotros sois nuestra carta, escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todos los hombres. Evidentemente sois una carta de Cristo, redactada por ministerio nuestro, escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne, en los corazones.

La Nueva Alianza, el Nuevo Testamento de Dios, está vivo en el corazón de la Iglesia y no es un mero documento legal.

2 Corintios 3, 7-9 — Que si el ministerio de la muerte, grabado con letras sobre tablas de piedra, resultó glorioso hasta el punto de no poder los hijos de Israel fijar su vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, aunque pasajera, ¡cuánto más glorioso será el ministerio del Espíritu! Efectivamente, si el ministerio de la condenación fue glorioso, con mucha más razón lo será el ministerio de la justicia.

Este pasaje hace referencia a Exodo 34, 29-35, mostrando claramente que la Nueva Alianza es aún más gloriosa que la Antigua Alianza.

Hebreos 8, 6-13 — Mas ahora ha obtenido él un ministerio tanto mejor cuanto es Mediador de una mejor alianza, como fundada en promesas mejores. Pues si aquella primera fuera irreprochable, no habría lugar para una segunda. Porque les dice en tono de reproche: He aquí que días vienen, dice el Señor y concertaré con la casa de Israel y con la casa de Judá una nueva alianza, no como la alianza que hice con sus padres el día en que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto.Como ellos no permanecieron fieles a mi alianza, también yo me desentendí de ellos, dice el Señor. Esta es la alianza que pactaré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en su mente, en sus corazones las grabaré y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Y no habrá de instruir cada cual a su conciudadano ni cada uno a su hermano diciendo: “¡Conoce al Señor!”, pues todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos. Porque me apiadaré de sus iniquidades y de sus pecados no me acordaré ya. Al decir nueva, declaró anticuada la primera y lo anticuado y viejo está a punto de cesar.

La Nueva Alianza ha florecido desde el tronco de la Antigua Alianza y es por eso que ha fructificado. Sin embargo, ambas alianzas son expresiones del amor de Dios por sus hijos. Dios ha dispuesto que la Antigua Alianza se realice plenamente en su Nueva Alianza, la Iglesia.

Hebreos 9, 23-28 — En consecuencia, es necesario, por una parte, que las figuras de las realidades celestiales sean purificadas de esa manera; por otra parte, que también lo sean las realidades celestiales, pero con víctimas más excelentes que aquéllas. Pues no penetró Cristo en un santuario hecho por mano de hombre, en una reproducción del verdadero, sino en el mismo cielo, para presentarse ahora ante el acatamiento de Dios en favor nuestro y no para ofrecerse a sí mismo repetidas veces al modo como el sumo sacerdote entra cada año en el santuario con sangre ajena. Para ello habría tenido que sufrir muchas veces desde la creación del mundo. Sino que se ha manifestado ahora una sola vez, en la plenitud de los tiempos, para la destrucción del pecado mediante su sacrificio. Y del mismo modo que está establecido que los hombres mueran una sola vez y luego el juicio, así también Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez para quitar los pecados de la multitud, se aparecerá por segunda vez sin relación ya con el pecado a los que le esperan para su salvación.

La Antigua Alianza de Dios con su pueblo encierra las promesas que deben cumplirse al llegar el tiempo de la Nueva Alianza, eso es la “plenitud de los tiempos”, la oportunidad histórica en la que Cristo se revela a la humanidad en la Encarnación del Hijo de Dios. Dios ha querido que la Antigua Alianza “sea una sombra” de la Nueva Alianza, prefigurando los dones de la gracia divina que se hacen disponibles por medio del sacrificio de Cristo en la Nueva Alianza.

Hebreos 10, 1 — No conteniendo, en efecto, la Ley mas que una sombra de los bienes futuros, no la realidad de las cosas, no puede nunca, mediante unos mismos sacrificios que se ofrecen sin cesar año tras año, dar la perfección a los que se acercan.

Las representaciones típicas del Antiguo Testamento apuntan a las realidades del Nuevo Testamento.

 

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