anticoncepcion

Vademécum de Apologética Católica

La Biblia deja claro que existen y han existido las relaciones sexuales contranaturales. La cultura del mundo de hoy está en desacuerdo con la Biblia y propone la doctrina del consentimiento entre adultos. Este modo de pensar prevalece en nuestros días y afirma que la única condición para que una conducta sea permitida es el consentimiento de los participantes. De ese modo el simple hecho de desear una cierta conducta la justifica automáticamente. De esa manera la lujuria ha suplantado a la procreación y ha venido a ser el resultado más deseable de las relaciones sexuales.

Romanos 1, 26 — Por eso, Dios los entregó también a pasiones vergonzosas: sus mujeres cambiaron las relaciones naturales, por otras contrarias a la naturaleza.

La Biblia deja claro que existen y han existido las relaciones sexuales contranaturales. La cultura del mundo de hoy está en desacuerdo con la Biblia y propone la doctrina del “consentimiento entre adultos”. Este modo de pensar prevalece en nuestros días y afirma que la única condición para que una conducta sea permitida es el consentimiento de los participantes. De ese modo el simple hecho de desear una cierta conducta la justifica automáticamente. De esa manera la lujuria ha suplantado a la procreación y ha venido a ser el resultado más deseable de las relaciones sexuales.

Salmos 127, 3-5 (§ 126, 3-5) — Los hijos son un regalo del Señor, el fruto del vientre es una recompensa; como flechas en la mano de un guerrero son los hijos de la juventud. ¡Feliz el hombre que llena con ellos su aljaba! No será humillado al discutir con sus enemigos en la puerta de la ciudad.

Los niños son una bendición de Dios para el hombre y la mujer.

1 Crónicas 25, 4-5 — De Hemán: los hijos de Hemán, a saber, Buquías, Matanías, Uziel, Sebuel, Ierimot, Jananías, Jananí, Eliatá, Guidaltí, Romantí Ezer, Iosbecasá, Malotí, Hotir y Majaziot. Todos estos eran hijos de Hemán, el vidente del rey en los asuntos referentes a Dios. Para exaltar su poder, Dios había dado a Hemán catorce hijos y tres hijas.

Dios honra y bendice a sus fieles con hijos e hijas.

1 Crónicas 26, 2-4 — Los hijos de Meselemías fueron: el primogénito, Zacarías; el segundo, Iediael; el tercero, Zebadías; el cuarto, Iatniel; el quinto, Elám; el sexto, Iehojanán y el séptimo, Eliehoenai. Los hijos de Obededóm: el primogénito, Semaías; el segundo, Iehozabad; el tercero, Ioaj; el cuarto, Sacar; el quinto, Natanael; el sexto, Amiel; el séptimo, Isacar y el octavo, Peuletai. Dios, en efecto, lo había bendecido.

Dios honra y bendice al fiel Meselemías con hijos.

Génesis 30, 22-24 — Dios también se acordó de Raquel, la escuchó e hizo fecundo su seno. Ella concibió y dio a luz un hijo. Entonces exclamó: “Dios ha borrado mi afrenta”. Y lo llamó José, porque dijo: “Que el Señor me conceda un hijo más.”

Dios se acuerda de Rebeca y le brinda un hijo. Rebeca consideraba que el estar estéril era una afrenta, una vergüenza de la que Dios la rescató al darle su primer hijo. Más tarde por este José, se salvará en Egipto la familia entera de Jacob.

Génesis 9, 7 — Vosotros, por vuestra parte, sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y dominadla.

Dios ordena multiplicarse, ése es su primer mandamiento—que luego se repite en

Génesis 1, 27-28—y nos pide que tengamos fe en la promesa que El nos ha dado de sustentarnos a nosotros y a nuestra familia (Salmos 37, 25) como corresponde a la justicia del Reino de Dios que no se olvida de sus súbditos fieles (Mateo 6, 33, Daniel 3, 17-18.)

Oseas 9, 10-17 — Como uvas en el desierto, yo encontré a Israel; como una breva en la higuera, al comienzo de la estación, yo vi a sus padres. Pero, al llegar a Baal Peor, se consagraron a la ignominia y se hicieron abominables como el objeto de su amor. ¡Efraím! su gloria saldrá volando como un pájaro: no habrá más parto, ni embarazo, ni concepción. Aunque críen a sus hijos, se los quitaré antes que sean hombres. Sí, ¡ay de ellos cuando yo los abandone! Cuando yo vi a Efraím, era una plantación en una pradera, pero tendrá que llevar sus hijos al verdugo. ¡Dales, Señor…! ¿Qué les darás?. Dales un vientre estéril y pechos resecos. Castigo por el crimen de Guilgal. Toda su perversidad se manifestó en Guilgal: allí comencé a detestarlos. Por la maldad de sus acciones los arrojaré de mi casa, ya no los amaré más; todos sus jefes son rebeldes. Efraím está herido, se ha secado su raíz, ya no fructificará. Aunque tengan hijos, yo mataré el fruto precioso de sus entrañas. Mi Dios los rechazará porque no lo escucharon y andarán errantes entre las naciones.

La ausencia de hijos, la infertilidad, es una desgracia a los ojos de Dios.

Exodo 23, 25-26 — Vosotros serviréis al Señor, vuestro Dios y él bendecirá vuestro pan y vuestra agua. Yo apartaré de vosotros las enfermedades; en vuestro país ninguna mujer abortará ni será estéril y colmaré el número de vuestros días.

La abundancia de hijos y la fertilidad son evidencia de la bendición de Dios.

Deuteronomio 7, 13-14 — El te amará, te bendecirá y te multiplicará. Bendecirá el fruto de tu seno, el fruto de tu suelo—tu trigo, tu vino y tu aceite—y las crías de tus ganados y rebaños, en la tierra que El te dará, porque así lo juró a tus padres. Serás más bendecido que todos los demás pueblos. Nadie será estéril entre vosotros, ni los hombres, ni las mujeres, ni los animales.

La bendición de Dios se extiende en forma de fertilidad y vida para la comunidad de los fieles.

Hebreos 7, 9-10 — Y en cierto modo, hasta el mismo Leví, que percibe los diezmos, los pagó por medio de Abraham, pues ya estaba en las entrañas de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.

Para Dios, las generaciones por venir están presentes potencialmente en sus progenitores. Evitar su nacimiento es frustrar adrede los planes de Dios y buscar enemistad con El.

Job 10, 8-11 — Tus manos me modelaron y me hicieron y luego, cambiando de parecer, me destruyes. Acuérdate que me hiciste de la arcilla y que me harás retornar al polvo. ¿Acaso no me derramaste como leche y me cuajaste como el queso? Me revestiste de piel y de carne y me tejiste con huesos y tendones.

Dios conoce a sus almas desde el momento de la concepción.

Génesis 38, 8-10 — Judá dijo entonces a Onán: “Unete a la viuda de Er, para cumplir con tus deberes de cuñado y asegurar una descendencia a tu hermano”. Pero Onán, sabiendo que la descendencia no le pertenecería, cada vez que se unía con ella, derramaba el semen en la tierra para evitar que su hermano tuviera una descendencia. Su manera de proceder desagradó al Señor, que lo hizo morir también a él.

El pecado de Onán—desperdiciar el don de la vida—es una ofensa mortal contra el propósito de Dios y contra Dios mismo. La semilla del hombre es considerada “generación” o sea, descendencia que no puede ser desperdiciada.

Deuteronomio 25, 5-10 — Si varios hermanos viven juntos y uno de ellos muere sin tener hijos, la mujer del difunto no se casará con un extraño. El hermano del difunto se unirá con ella y cumplirá con sus deberes de cuñado tomándola por esposa. El primogénito que ella dé a luz llevará el nombre de su hermano difunto y así su nombre no se borrará de Israel. Pero si el cuñado se niega a tomarla por esposa, ella subirá a la puerta de la ciudad donde están los ancianos y dirá: “Mi cuñado se niega a perpetuar en Israel el nombre de su hermano y no está dispuesto a cumplir en mi favor sus deberes de cuñado”. Entonces los ancianos de su ciudad llamarán a ese hombre y le pedirán una explicación. Si él persiste en su negativa, diciendo: “No quiero casarme con ella”, su cuñada se acercará a él en presencia de los ancianos, le quitará la sandalia del pie, lo escupirá en la cara y le dirá: “Así se debe obrar con el hombre que no edifica la casa de su hermano”. Y en adelante, se lo apodará en Israel: “Casa del descalzo”.

Negarse a preservar la familia de un hermano era considerado una deshonra en el Antiguo Testamento. La preservación de la vida honra al hombre, pero su negativa a preservar y procrear vida contra la voluntad de Dios, efectivamente obra todo lo contrario.

Levítico 20, 13-18 — Si un hombre se acuesta con otro hombre como si fuera una mujer, los dos cometen una cosa abominable, por eso serán castigados con la muerte y su sangre caerá sobre ellos. Si un hombre se casa con una mujer y con la madre de esta, lo que hace es una depravación, tanto él como ellas serán quemados, para que no haya tal depravación entre vosotros. Si un hombre tiene trato sexual con una bestia, será castigado con la muerte y también matarán a la bestia. Si una mujer se acerca a una bestia para unirse con ella, matarán a la mujer y a la bestia, ambas serán castigadas con la muerte y su sangre caerá sobre ellas. Si alguien se casa con su hermana—sea hija de su padre o de su madre—de manera que él ve la desnudez de ella y ella la de él, cometen una ignominia, ambos serán exterminados a la vista de sus compatriotas. Por haber tenido relaciones con su hermana, él deberá cargar con su culpa. Si un hombre se acuesta con una mujer en su período menstrual y tiene relaciones con ella, los dos serán excluídos de su pueblo, porque él ha puesto al desnudo la fuente del flujo de la mujer y ella la ha descubierto.

En el Antiguo Testamento las ofensas sexuales tenían como castigo la muerte. Aun hoy, esto nos muestra la seriedad de estas violaciones a las justas leyes de Dios. Ver el párrafo previo sobre Génesis 38, 8-10 donde Dios mismo ejecuta la sentencia de muerte sobre Onán cuando éste evitó inseminar a la viuda de Er.

Levítico 21, 16-20 — El Señor siguió diciendo a Moisés: Habla en estos términos a Aarón: Ninguno de tus descendientes que tenga un defecto corporal se acercará a ofrecer el alimento de su Dios, a lo largo de las generaciones. No podrá acercarse nadie que tenga un defecto corporal: ninguno que sea ciego, rengo, desfigurado o deforme; que tenga la pierna o el brazo rotos; que sea jorobado o raquítico; que tenga una mancha en los ojos; que esté enfermo de sarna o de tiña, o que esté castrado.

La castración, otra forma de evitar la reproducción, es una injuria contra la dignidad humana. (Deuteronomio 23,1-2).

Levítico 22, 20-25 — No ofrezcan nada que tenga algún defecto, porque no les será aceptado. Y si alguien—sea en cumplimiento de un voto especial o como ofrenda voluntaria—presenta al Señor en sacrificio de comunión un animal del ganado mayor o menor, para que esa ofrenda le sea aceptada, tendrá que ser sin defecto: no habrá en ella ninguna imperfección. No deberán ofrecer ni presentar como ofrenda que se quema para el Señor ningún animal ciego, estropeado o mutilado, ulcerado, sarnoso o purulento. En cambio, podrán ofrecer como ofrenda voluntaria un buey o una oveja con un miembro demasiado largo o demasiado corto; pero no les será aceptado en cumplimiento de un voto. Tampoco ofrecerán animales con los testículos aplastados, destrozados, arrancados o cortados. No harán nada de esto en su tierra, ni aceptarán estos animales a los extranjeros para ofrecerlos como alimento de su Dios, porque en ellos hay una deformidad y tienen un defecto. Por eso no les serán aceptados.

En el Antiguo Testamento la castración es inaceptable a Dios hasta para los animales domésticos.

Romanos 1, 25-27 — Por eso Dios los entregó a las apetencias de su corazón hasta una impureza tal que deshonraron entre sí sus cuerpos; a ellos que cambiaron la verdad de Dios por la mentira y adoraron y sirvieron a la criatura en vez del Creador, que es bendito por los siglos. Amén. Por eso los entregó Dios a pasiones infames; pues sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza; igualmente los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se abrasaron en deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre, recibiendo en sí mismos el pago merecido de su extravío.

La función natural de la mujer y su más alta dignidad es la maternidad. Las relaciones estériles entre personas del mismo sexo son abominables a la vista de Dios.

1 Timoteo 2, 9-15 — Así mismo que las mujeres, vestidas decorosamente, se adornen con pudor y modestia, no con trenzas ni con oro o perlas o vestidos costosos, sino con buenas obras, como conviene a mujeres que hacen profesión de piedad. La mujer oiga la instrucción en silencio, con toda sumisión. No permito que la mujer enseñe ni que domine al hombre. Que se mantenga en silencio. Porque Adán fue formado primero y Eva en segundo lugar. Y el engañado no fue Adán, sino la mujer que, seducida, incurrió en la transgresión. Con todo, se salvará por su maternidad mientras persevere con modestia en la fe, en la caridad y en la santidad.

Los hijos son el honor que Dios brinda a la mujer para que ella le rinda honor a Dios en su cuerpo.

1 Corintios 6, 19-20 — ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios y que no os pertenecéis? ¡Habéis sido bien comprados! Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo.

El cuerpo de cada hombre o mujer cristianos, es a la vez una dádiva de Dios y morada el Espíritu Santo. No es posesión exclusiva del creyente y no debe ser usado contra la voluntad de Dios.

La sexualidad adquiere una forma egoísta y autocomplaciente de explotar a la otra persona cuando se la separa de la procreación. El Papa Pablo VI predijo que la anti-concepción traería todos los abusos que hoy efectivamente tienen lugar contra la mujer y contra la vida. En su profética encíclica Humanae Vitae encontramos estas palabras: “Podría también temerse que el hombre, habituándose al uso de las prácticas anticonceptivas, acabase por perder el respeto a la mujer y sin preocuparse más de su equilibrio físico y psicológico, llegase a considerarla como simple instrumento de goce egoísta y no como a compañera, respetada y amada.” ¿Quién puede negar que nuestra cultura ha tomado precisamente ese camino?

 

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